martes, 17 de marzo de 2015

Los días de la crítica (1)



Desde agosto de 2012 hasta octubre de 2014 estuve escribiendo para un periódico regional (sí, dirán muchos, ya cualquiera puede tener una columna de opinión, pero en mi favor debo decir que tampoco me pagaban, así que era una cuestión más personal que otra cosa) y bueno, esa fue una de las razones por las que estuve ausente de este blog. Ahí me entretuve teniendo discusiones de todo un poco, equivocándome, saliendo avante, retrocediendo y bueno, queriendo ofrecer mi punto de vista sobre varios temas que me entretenían o me parecían importantes de llevar. Todo ello bajo aquel entendido— sobre el que alguna vez escribió de forma excelsa David Osorio—  de que las ideas ni las opiniones deben ser respetadas. En tal sentido, me fui contra otros colegas cuando observé que daban opiniones con las que no estaba de acuerdo y de igual forma acepté palo por mis opiniones, haciendo la aclaración que si las críticas que me hacían llevaban a una discusión interesante respondía y si no no. 

Por ejemplo, una vez hice un par de denuncias contra ciertas personas de mi universidad y una de las respuestas (que me pasó un amigo) fue de un personaje que en una de esas páginas de Facebook de memes empezó a insultarme, que ofendí su magnánima universidad tan querida y grande (a pesar que sólo la conocen en su ciudad de operación) y empezó atacarme, no rebatiendo lo escrito por mí, sino llamándome "maricón" e incitando a su cúmulo de "seguidores" (de la página de Facebook quiero decir) para que me insultaran y realizaran un linchamiento mediático conmigo. Bueno, una vez vi ese llamado a armas, simplemente hice caso omiso del personaje, de su página web y seguí mi vida  porque esa es la clase de personas con las que no vale discutir. Sólo ofrecen pérdida de tiempo que se hace tan corto y se va tan rápido (además de que otras personas que sí toqué con lo que escribí, me enviaron amenazas de verdad sobre las que no voy a hablar porque ya dejé ese tema en el pasado, al igual que cualquier tipo de sentido de pertenencia que hubiese sentido por la universidad en la que pasé el pregrado).

Pero por ejemplo, también, una vez discutí con un colega que también escribía en el periódico que proponía adoptar la lectura de la Biblia antes de las sesiones de los concejos municipales y tuvimos una discusión (yo oponiéndome por razones que en mi opinión, tenían más peso que las de él) que llevó a varias conclusiones interesantes. Bueno. El caso. Varias de las columnas subidas en la web, se perdieron por culpa de los distintos cambios de servidor que tuvieron allá en el periódico (aunque quedan las copias en papel, que afortunadamente nadie leerá y dejarán todos mis errores—a veces horrores— de novato y de redacción en el olvido). 

Voy entonces a traer varias de aquellas columnas (no todas, porque hay unas que verdaderamente merecen el olvido) sólo para no dejar perderlas y para retomar cuando pueda esos temas, que de una u otra manera siento que voy a tener que seguir tocando porque son situaciones que se van a seguir dando o temas que van y vienen. Voy a intervenir de vez en cuando para hacer comentarios sobre algo que escribió el yo de aquellos días y bueno, no sé la razón exacta por la cual hago esto. Sólo lo hago.

¡Ah y last but not least! Las fechas que voy a ponerle a los textos, son las de la última modificación en Word.

Sobre Bogotá Góspel y la ruptura de la neutralidad del Estado en materia religiosa 
14/08/2012 
El primer fin de semana de agosto de este año se celebró en el parque Simón Bolívar la quinta versión del Festival Bogotá Góspel, trayendo de nuevo a la escena, aquel viejo debate sobre la separación de la Iglesia y Estado.
Todo esto gracias a un grupo de manifestantes que con pancartas como “ESTADO, NINGÚN PESO DE MI BOLSILLO PARA PROMOVER NINGÚN CULTO” y “¿LES GUSTARÍA QUE DE SUS BOLSILLOS SE PAGARA UN CONCIERTO DE MÚSICA PAGANA?” hicieron presencia en el lugar para dejar su voz de protesta por el financiamiento con recursos del Distrito del festival Bogotá Góspel, cuya finalidad (según el Proyecto de Acuerdo No. 516 de 2008) es la de promover los “valores morales y cristianos en la sociedad”. Como resultado de aquel acto de desobediencia civil, los manifestantes fueron agredidos por algunos fanáticos cristianos e incluso por miembros de la fuerza pública presentes en el lugar, sin que fueran escuchadas sus críticas sobre el financiamiento de ese festival con dineros del Distrito.  Al respecto hay que decir que Colombia (como ya lo ha dicho la Corte Constitucional en sentencias como la C 817/11) es un estado laico, secular, no vinculado a ningún credo en particular, en el cual se respeta y permite la práctica religiosa de los ciudadanos por hacer parte de la autonomía de los individuos. Como consecuencia de ello, el Estado debe ser neutral en temas religiosos (sin importar si determinado culto alberga una gigantesca cantidad de fieles), puesto que de no ser así, se atentaría contra el pluralismo religioso consagrado en el artículo 19 de la Carta Política al colocar en una posición de desventaja a las demás religiones que no son promovidas con igual ahínco.El deber de neutralidad (según la Corte Constitucional en la sentencia ya citada) en materia religiosa por parte del Estado, le prohíbe a sus órganos y autoridades (como representantes del mismo) establecer una religión o iglesia oficial,  identificarse explicita o formalmente con una religión, realizar actos oficiales de adhesión (así sean simbólicos) a una creencia, religión o iglesia;  tomar decisiones o medidas que tengan una finalidad religiosa y adoptar políticas o desarrollar acciones cuyo impacto primordial real sea promover, beneficiar o perjudicar a una religión o iglesia en particular frente a otras igualmente libres ante la ley.Por ello es que considero que las protestas realizadas aquel día, en el parque Simón Bolívar, son fundadas, puesto que la institucionalización del evento Bogotá Gospel y su respectivo financiamiento con dineros públicos es contrario a la constitución y rompe flagrantemente con la neutralidad en materia religiosa con la que debe actuar el Estado por medio de sus funcionarios, al promover (y me permito citar de nuevo el texto del acuerdo) “valores morales y cristianos en la sociedad”, en detrimento de los de otras religiones. Y no me malinterpreten, no estoy en contra de que los cristianos hagan un festival con el cual busquen impulsar los valores y dogmas de su culto, ya que si lo quieren hacer, pueden hacerlo. Me opongo es a que este tipo de eventos se hagan con recursos y apoyo del Estado, por los motivos anteriormente expuestos y porque estoy completamente seguro que si el Estado (llámese distrito, municipio o departamento)  realizara un evento para promover los valores de la cienciología (por ejemplo), esos mismos cristianos que rompieron carteles saldrían a las calles a protestar por ello y tendrían toda la razón para hacerlo.

Esta fue la segunda columna que escribí y debo decir que uno de los grandes problemas que tuve de entrada es que no sabía sintetizar bien. Estaba acostumbrado a escribir sin limitaciones de espacio y de un momento a otro, me encontré con que sólo contaba con 600 palabras. Por ello, da la impresión de que aquello que escribí es un retazo de recortes. También, el título estaba larguísimo y no invitaba a nada. Lo peor es que en el periódico terminó llamándose  Sobre Bogotá Góspel y la ruptura en materia religiosa, con lo cual se perdió un poco lo que quería decir. Lo importante es que al  menos el recuento de los hechos desde este lado del espectro no se quedó en simples blogs, sino se pudo (al menos) llegar a un medio de comunicación tradicional (así fuese más chiquito que varios de esos blogs). A pesar de que una columna no va a cambiar la opinión de una persona ni tampoco es más importante que la parte de las noticias, en algo ayudará creo.

El tema de Bogotá Góspel lo retomaría casi un año después a raíz de una pequeña decisión favorable que se dio en contra de aquel festival cristiano, pero que ya fue echado para atrás hace poco tiempo. Bueno, aquella lucha hay que seguir dándola porque no es posible que se utilicen recursos públicos de un Estado laico para promover un culto religioso.

Una pequeña victoria para el Estado laico


22/07/2013 
En una de mis primeras columnas esgrimí mi inconformidad por el financiamiento — con dineros públicos— de “Bogotá Gospel”, puesto que sufragar un festival estrictamente cristiano (o en otras palabras, beneficiar a una secta o religión) con recursos provenientes del erario, rompía indiscutiblemente la neutralidad del Estado en materia religiosa (véase sentencia C-766 de 2010).
Por tal razón, fui de los que celebró que el gobierno del alcalde Petro pusiera orden a esta situación anticonstitucional, cortándole el apoyo pecuniario al evento (acto que como ya sabemos, está prohibido en nuestro país laico). Sin embargo, al observar las declaraciones victimistas de la concejal y pastora Clara Lucía Sandoval, y del pastor y concejal de la familia (no puedo evitar relacionar ese remoquete con un guiño al Padrino) Marco Fidel Ramírez, en las que inventaron una persecución en su contra y posaron como discriminados, me pareció pertinente intervenir.
Durante más de cien años,  nuestros abuelos y padres padecieron el Estado confesional levantado por la Constitución Política de Colombia de 1886. En virtud de ella, se “proclamó la religión católica como elemento esencial dentro del orden social y la responsabilidad del Estado de proteger la Iglesia” y se dejó en las manos de la Iglesia la educación pública.Un hijo de esa política de Estado fue el Decreto 820 de 1902, que conllevó no sólo a que se le “consagrara” el país al corazón de Jesús, sino también a que se destinaran dineros públicos a la construcción de la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús.
Sin embargo, con la Constitución de 1991 se implantó un modelo pluralista, en el cual las religiones no tendrían ningún privilegio que las llevara a implantar el dogma, la intolerancia y la persecución contra el que pensara diferente. Esto nos lleva al tema de la discriminación: si el Distrito financiara el evento cristiano Bogotá Gospel, sí ejercería un acto de discriminación en contra delas demás religiones, puesto que violaría el precepto constitucional a la igualdad, en virtud del cual “todas las personas gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin que contra ellas pueda producirse ninguna discriminación, por razones de religión”.
Lo anterior según lo explica la Procuraduría (de otros tiempos) en la sentencia C-350 de 1994 “significa que cada una de ellas, y cada iglesia a la cual pertenezcan, cuentan con la garantía constitucional consistente en que su respectiva fe, es tan valiosa para el Estado”. Esto quiere decir que en lugar de discriminar a los pastorcitos (que sí discriminan con sus políticas y declaraciones excluyentes de minorías como la comunidad LGTBI), el hecho de no financiar el evento les permite estar en un ámbito de igualdad con las demás religiones del país (que según cifras del Ministerio del Interior, a este año, existen 850), ya que de hacerlo estaría promoviendo la (secta, iglesia o como quieran) cristiana y los estaría beneficiando por encima de otras religiones, acto, que ocurrir a favor de otra religión (piénsese Bogotá Cienciologa) los llevaría a implantar pancartas en frente del Mininterior.

Como en aquella columna, yo intervendría en varias ocasiones emitiendo opiniones a favor del estado laico, que más que una creencia personal, es una regla de derecho de orden constitucional. Así, después de ver un artículo de opinión en el que alguien (no recuerdo quien) señaló un evento en que uno de esos sinuosos pastores hizo una serie de comentarios tontos en los que estaba a favor de la explotación del oro del páramo de Santurbán, porque la biblia lo decía, me le fui con toda, porque considero que el medio ambiente no es algo que debamos tomarnos a la ligera con un libro de ficción en la mano. Además, fue una de las últimas veces que me disculparía con alguien a quien pudiese afectar, puesto que un par de columnas después, recibiría una horda de insultos por parte de otros personajes (diferentes de los religiosos) que me recordarían que cualquier cosa que uno escriba siempre va a ofender a otra persona y por eso, lo importante no es si uno ofende o no a nadie, sino si uno ofrece buenos argumentos para enriquecer un debate.
De ambientalistas satánicos y mineros santos 
04/06/2013 

Pido disculpas de antemano si hiero la sensibilidad de alguien. Si usted querido lector, tiene unas arraigadas (que rayan con lo dogmático) creencias religiosas, lo invito a que no lea esta columna y pase a la de cualquiera de mis colegas de página que tendrán muchas cosas interesantes que decirle.
La semana pasada, me enteré por medio de El Espectador  de un evento organizado por la secta Casa sobre la Roca, en el cual, el pastor Luis Enrique Cerón (al cual se le deberían elevar los diezmos por su “incansable” labor) esgrimió “Dios creó la minería y Santander la desprecia”. Un argumento demasiado válido y científicamente comprobado, que no debe confundirse con otros muy parecidos como “Dios creó la marihuana y el mundo la desprecia” o “Dios creó la cocaína y Colombia la repudia”.
La labor de este incansable pastor es de suma importancia, porque después de tanto tiempo, alguien le hace verdadero frente a esos satánicos y diabólicos ambientalistas, que basados en documentos técnicos como “Minería en Colombia, Fundamentos para superar el modelo extractivista” (elaborado por la Contraloría General de la República) dicen herejías como que los efectos ambientales producto del modelo extractivista son serios, evidentes e irreversibles por cuanto “ la generación de grandes cantidades de residuos, la desaparición y contaminación de las aguas y del aire, la pérdida del suelo y de la biodiversidad, son sólo algunos de los costos ambientales que representa la minería a gran escala” . Es decir, mentiras producto de la supina ignorancia de las sagradas escrituras, que valen más que cualquier documento diabólico, técnico y científico. ¡Aleluya!
También es menester tener en cuenta las palabras del cristiano Joao Carrelo (presidente de Eco Oro) para quien el oro es bueno porque un versículo del génesis lo dice. En tal sentido, les pido que no confundan este argumento con otros parecidos como: “ya que en génesis 1 : 1 - 12, Dios vio que el fruto de los arboles es bueno, la marihuana también es buena”.    
Con todo ello lo que quiero decirles es que si los promotores de la minería quieren que los tomemos en serio, nos deben tomar primero a los ciudadanos en serio (porque al momento de escribir esta columna, no soy capaz de leer los argumentos de ellos sin reírme y sentirme insultado). Los que protestan por la posible explotación aurífera no lo hacen por amor a la oposición, sino porque observan atónitos como el Gobierno Nacional y las entidades territoriales del lugar en el que viven, reparten licencias ambientales como si fueran lechona en tiempos de campaña, haciendo caso omiso de los riesgos ambientales que afectarían a futuro su calidad de vida.
Llevar temas ambientales y técnicos al plano religioso, tiene consecuencias patibularias, como el hecho de que se banalice el tema y termine en un rifi y rafe maniqueísta en donde no se discute con verdaderos argumentos, sino con pasajes literarios basados en la ficción, que no aplican en el caso concreto.
Por todo ello, si alguna iglesia o secta quiere organizar un “foro” sobre minería y daños ambientales, lo puede hacer. Sin embargo, no nos pidan que los tomemos en serio si nos vienen a convencer de que algo es bueno “porque la biblia lo dice”, sobre todo, si ese algo “bueno” tiene riesgos descubiertos a través del método científico y de la investigación, no de la ficción literaria.

Aquella defensa continuaría como en los dos rounds que mencioné al principio de este artículo:
De la Biblia y otros demonios 
25/11/2013 

Leí con interés su columna del sábado titulada “a propósito de la Bibliocracia”, puesto que contiene una tesis con la que no puedo estar de ninguna manera de acuerdo, ya que al igual que muchos comentaristas soy opositor beligerante de esos políticos que intentan meternos de forma arbitraria su religión y su fanática visión de la moral, como si fuera la única verdadera. En tal sentido rechazo categóricamente la arbitraria exigencia de leer la Biblia antes de los debates del Concejo de Santa Marta y la anticonstitucional imposición del “mes de la Biblia” en Cartagena.
Y no lo hago por moda ni para posar de intelectual, sino porque creo en primer lugar, que si bien la doctrina cristiana ha sido históricamente un bastión de la cultura colombiana, este hecho en lugar de haber sido beneficioso para nuestro Estado, lo ha perjudicado. No es sino recordar que durante finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la Iglesia Católica se encargó con su influencia de recibir prebendas por parte del Estado, de satanizar y perseguir a todo pensamiento contrario a su dogma, de reducir los derechos civiles del pueblo colombiano (en especial de las mujeres) y muchas otras actuaciones reprochables que se encuentran recogidas en los libros de historia. 
En segundo lugar, la Corte Constitucional dictaminó contundentemente que estamos en un Estado secular, pluralista, en el que ninguna religión puede tener privilegios por parte del Estado, ni tampoco puede imponer sus dogmas con el beneplácito de los funcionarios públicos. Todo ello con el ánimo de que los ciudadanos puedan “gozar de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin que contra ellas pueda producirse ninguna discriminación, por razones de religión” o en otras palabras, para que las religiones puedan operar con igualdad de condiciones y no contaminen el Estado con su intolerancia e intransigencia que se puede observar —por ejemplo— en las declaraciones del réprobo concejal Marco Fidel Ramírez y su abominable persecución a los que piensan diferente a él.
Adicional a lo anterior, he de recordar que la Biblia no es de ninguna manera un libro sagrado, sino humano (tal como lo expone Asimov en su portentosa y gigantesca Guía de la biblia), que en palabras de Einstein puede ser entendida como “una colección de leyendas honorables, pero aún primitivas que son no obstante bastante infantiles”. Porque sí, al igual que el Corán,  Las mil y una noches o el Popol Vuh, la Biblia es un bello libro literario de mitos, poemas y leyendas, que de ninguna manera puede ser entendido como norma legal vigente (a menos que queramos un orden arbitrario y fanático como el que existe en medio oriente).
Además, concuerdo con usted en que si consideráramos los pasajes bíblicos como fuente de moral, nuestra sociedad sería muy diferente, porque es menester recordar que en el texto “sagrado” se acepta la esclavitud (Levítico 25:44), se trata a la mujer como cosa (Deuteronomio 21:11-14), se permiten las violaciones (Genesis 22: 23-30) y se mencionan otro sinnúmero de vejámenes.   
Todo ello me lleva a pensar en que tiene razón en decir que no vivimos en una “Bibliocracia”, porque la cosa es mucho peor: estamos en una sociedad liberal que ciertos fanáticos-religiosos quieren llevar a un fundamentalismo en el que se eliminen varias de nuestras libertades individuales, se persiga a todo aquel que piense diferente y se nos obligue a leer y escuchar, un texto que varios no queremos ni leer ni escuchar.

Ahí vendría la respuesta del colega donde ofrecería sus argumentos que quise rebatir la semana siguiente.

 En defensa del laicismo 
02/12/2013 

En primer lugar, mi afirmación sobre la existencia del Estado laico, lejos de ser una cavilación escrita en el frío solitario del otoño apaciguándose, ¡es una realidad! En la sentencia C-817 de 2011 (por tomar una de las tantas otras que existen como la C- 1175 de 2004 o la C- 766 de 2010) se señala que “el Estado Constitucional colombiano acepta que la práctica del culto hace parte de las libertades individuales, pero a su vez, merced de la norma constitucional que proscribe tratos preferentes a un credo particular, no puede servirse de ese reconocimiento para vincular el poder público a determinadas expresiones de culto, con el único argumento de la importancia de esa práctica religiosa”. También que “…el carácter más extendido de una determinada religión no implica que ésta pueda recibir un tratamiento privilegiado de parte del Estado, por cuanto la Constitución de 1991 ha conferido igual valor jurídico a todas las confesiones religiosas, independientemente de la cantidad de creyentes que éstas tengan. Se trata de una igualdad de derecho, o igualdad por nivelación o equiparación, con el fin de preservar el pluralismo y proteger a las minorías religiosas”.
Esto lleva a que el Estado deba mantener un deber de neutralidad que “conlleva la prohibición estatal de alentar u otorgar un trato más beneficioso o desfavorable, a un credo en específico, fundado en esa misma condición”, lo que quiere decir que los funcionarios públicos (como representantes del Estado) tienen prohibido “identificarse formal y explícitamente con una iglesia o religión o (iii) realizar actos oficiales de adhesión, así sean simbólicos, a una creencia, religión o iglesia.”. Por ello, al ser la Biblia una recopilación de los libros canónicos del judaísmo y del cristianismo (¿le suena la encíclica Providentissimus Deus del papa León XIII?), su lectura en recintos estatales por funcionarios del Estado es un acto contrario a nuestra Constitución.
Frente al tema de la Biblia como guía moral de la sociedad, me permito recordar que ésta es ante todo un libro con poemas, narraciones, apólogos y en general historias que se encuentran contaminadas de la moral de otra época y las condiciones socio-humanísticas que eran aceptadas por la sociedad del respectivo escribiente (sí, porque ese cuento de la intervención divina es una elucubración fantástica que hasta el momento, nadie ha probado). Es por ello que debe leerse con sentido crítico y escéptico para que no se llegue al punto de tolerar ciegamente la violación (errata: no era Génesis sino Deuteronomio y los versículos son el 27 y el 28), el tratamiento de la mujer como cosa (1 Corintios 14:34 -35 y muchísimos más pasajes bíblicos que existen a pesar de su incertidumbre) y la persecución de minorías como los homosexuales. Si parece que esto es una obviedad y que los religiosos lo tienen claro, no es sino mirar a los Estados confesionales de medio oriente, para poder enterarnos de lo que ocurre cuando se practica fanáticamente los preceptos del libro “sagrado”. O no vayamos tan lejos, no es sino mirar al concejalillo de Bogotá Marco Fidel Ramírez. 
Por lo anterior, comparto su invitación a la lectura de la Biblia, pero en el espacio privado de cada funcionario público y no en los recintos de propiedad estatal en donde se debe obedecer a una neutralidad en materia religiosa.
Por último, también comparto como humanista su rechazo a las persecuciones fundadas en motivos bíblicos, como no bíblicos.

martes, 2 de septiembre de 2014

Lo sagrado es profanable



Creo que a estas alturas del partido, ustedes ya conocen los detalles de la suspensión de la apertura de la exposición  Mujeres ocultas de María Eugenia Trujillo: hace un par de días, un grupo de católicos furibundos interpusieron una decena de tutelas en las que solicitaban que se prohibiera la exposición. ¿La razón? Según los accionantes la obra de la artista plástica laceraba sus creencias y ofendía a su dios. Bajo aquel entendido, el hecho de permitir la exposición daría como inmediata consecuencia la vulneración de los derechos al libre desarrollo de la personalidad y a la libertad de cultos de los católicos (eso decían).

Todo parecía una pataleta más de una horda de fanáticos religiosos para quienes sólo su verdad puede ser mostrada, pero no, un magistrado del Tribunal de Cundinamarca pensó que aquel argumento era lo suficientemente sólido para decretar como medida cautelar la prohibición de que se abriera la exhibición y ahí fue Troya. Y lo fue porque el Tribunal de forma se pifió y con ganas. Una medida cautelar dentro de un proceso de tutela sólo se puede tomar cuando hay una probable (y con esta palabra quiero indicar que el grado de certeza sea superior al 50% por decirlo de alguna manera) violación de derechos fundamentales de una persona. No por capricho. No por darles gusto a un cúmulo de trolls. Y pues bueno, al momento de escribir esta entrada no se ha resuelto todavía la tutela (que debería salir contraria a los intereses de los demandantes) y el caso sigue.

De todas formas, esta mañana leí la entrevista que le hizo la revista Arcadia al estudiante de derecho que armó los esqueletos de las tutelas y quiero hacerle unos comentarios. Empecemos.



¿Usted a qué se dedica?

Yo soy estudiante de derecho en la Universidad Republicana de Colombia. También he venido trabajando haciéndole seguimiento a distintos tipos de fenómenos pero no enfocados en el derecho sino en la sociología. Me he convertido en referente para algunos colectivos específicos.


¿De qué tipo de colectivos está hablando?

No son grupos constituidos en personería jurídica, sino grupos de personas con intereses comunes. El común denominador  es que son grupos de personas abiertamente católicas y practicantes. Personalmente, también soy católico y practicante. Eso ha generado cierta afinidad. Para ellos resulta muy atractivo contar con alguien desde el lado jurídico que comparta las mismas inquietudes y que sea coherente con sus líneas de pensamiento.

Hablando específicamente de la exposición Mujeres ocultas, ¿alguno de estos grupos lo contactó para promover la serie de tutelas?

La cosa es la siguiente: la exposición ya se había hecho en Cartagena. Cuando se habló de traer la obra a Bogotá, y de utilizar el antiguo claustro de la Iglesia del Santa Clara, pues pasó algo muy curioso: los colombianos católicos se sintieron gravemente ofendidos. Hace unos 15 días Voto Católico convocó a gente a firmar una recolección de firmas y de esa manera presentar una solicitud a la ministra de Cultura y a la directora del museo, pidiéndoles que retiraran la obra de la agenda del museo. No hubo una respuesta que la gente considerara decorosa de parte del ministerio y del museo. Básicamente, desacreditaron las posturas manifestadas por la gente de la recolección de firmas y desestimaron la solicitud. De inmediato gente se empieza a poner en contacto conmigo.

En primer lugar me llama la atención que el señor estudiante de derecho arrogue la vocería de los católicos a un grupúsculo intolerante, que no es sino uno más de los tantos que hay en el país. Para no ir tan lejos, les cuento que el colectivo Católicas por el Derecho a Decidir apoya la exposición y se opone a la censura de la que fue objeto la artista Trujillo por parte de los administradores de justicia del Tribunal. También me parece inocuo el argumento del señor estudiante de derecho de que como hubo una supuesta recolección de firmas por parte del colectivo con el cual tiene afinidades (según la respuesta anterior), la solicitud de prohibición debió haber sido tomada en cuenta. Pero no. Al señor estudiante de derecho se le olvida que en Colombia uno puede exponer sus obras a pesar de que a un numeroso grupo de ciudadanos no les guste. No es sino recordar lo dicho por la Corte Constitucional en la sentencia T-104 de 1996 

“En un Estado como el que define la Constitución, en el que las personas son moralmente autónomas, a nadie puede impedírsele difundir o tener acceso a las obras que quiera, so pretexto de su contenido inmoral o antiestético.  El hacerlo, entrañaría un acto de censura, proscrito de nuestro ordenamiento constitucional y violatorio del derecho a la difusión de la expresión artística.  La censura consiste, precisamente, en prohibir o recortar la difusión de cualquier idea por la sola razón de ser contraria a una ideología determinada, incluso si dicha ideología es la acogida por la mayoría de habitantes de una región o de todo el territorio colombiano”.


¿Gente de Voto Católico?

No. Me contactaron personas de un grupo de oración llamado Ejercito del Santo Rosario. No estamos hablando de Voto Católico, Colombia Derecha, Restauración Nacional, sino de un grupo que se reúne a rezar el rosario. Me buscaron para ver si en materia de derecho se puede hacer algo. Me contaron que sienten que la exposición es abiertamente ofensiva, lesiva, que incita al odio y la violencia y que ridiculiza nuestro ejercicio libre de culto y nuestro libre desarrollo a la personalidad. Entonces yo digo: la acción de tutela es la más cercana y ofrece de entrada una garantía de que se puede hacer algo ya después de que la ministra de Cultura envió correos electrónicos a todos los firmantes de la petición de Voto Católico diciéndoles que lo lamentaba pero que la exposición seguía adelante.

Dice el estudiante de derecho que la exposición incita al odio y a la violencia. Yo por el contrario, creo que quienes incitan al odio y a la violencia son los miembros del mismo grupo católico, que amenazan a todo aquel que no piense como ellos y constantemente están atosigando a todo aquel que no anda rezándole a la virgen los tres avemarías del día. Además ¿alguien me puede explicar cómo es eso de ridiculizar el libre desarrollo a la personalidad? Yo sé que ese derecho se puede violar o vulnerar cuando se le prohíbe a un chico tener el pelo largo…pero de ahí a ridiculizar y más por una exposición de arte…no sé. Creo que a quien sí le violaron si derecho a la libre expresión fue a la artista plástica al no permitirle expresarse. En tal sentido, creo más bien que el Tribunal violó el derecho fundamental de una persona, al querer —de manera torpe— defender la ficción de un grupo de ciudadanos. 

¿Usted mismo también presentó una tutela?

No. No lo hice porque muy probablemente en el transcurso de las tutelas yo iba a tener que actuar. Consideré que uno no puede ser juez y parte. Yo fui el encargado de la substanciación, por así decirlo. Me encargué de reunirme con las personas y mirar que es lo que ellos querían hacer. Me di cuenta que había un denominador común y entonces redacté la tutela. Y de esta manera ya luego las personas la leyeron y me pidieron que se las hiciera llegar a los tribunales de Cundinamarca. Y fue un proceso limpio.

¿Juez y parte? ¿Es que al caso iba a fallar las acciones de tutela?

¿Si no hubiera tenido el conflicto de ser juez y parte hubiera presentado una tutela?

De hecho estoy todavía en derecho de hacerlo.

¿Y lo haría?

Efectivamente. Porque encuentro una coherencia absoluta entre el sentimiento de las personas que presentaron las tutelas de que se está violando una serie de derechos y de principios constitucionales. Y por eso precisamente me buscaron. Aquí no estamos hablando de honorarios. Esto es un trabajo ad honorem.

Se necesita más que un sentimiento para decir que hay vulneración de derechos fundamentales. Por ejemplo, el hecho de prohibirle la exposición a una artista porque a un grupo de ciudadanos no les gusta, es mandar al carajo el pluralismo del que se habla en el acápite de principios en la Constitución y es de paso vulnerarle el derecho fundamental a la libre expresión.



¿Y qué acción tomaría si el juez eventualmente permite la exposición?

En nuestro país pasa algo. Así la persona gane o pierda la tutela, esta va a revisión. Y aquí efectivamente entramos a lo que hace más especial lo que pasó. Esto no fue un ataque personal contra la artista, la ministra ni a la directora del museo. No se trató de rencores o venganza. Aquí se va a abrir un hito, que vamos a empezar a mirar muchos conceptos de la constitución pero que esta es un poco parca a la hora de tratar. Cuando uno coge la constitución nos dice que habrá libertad de cultos y que toda persona podrá propender su fe de manera pública o privada. Pero en ningún momento dice que el estado colombiano se comprometerá a garantizar esto a través de algún mecanismo. No nos dice como el estado colombiano favorece eso.

El señor estudiante de derecho confunde el culo con las témporas. La revisión es un mecanismo extraordinario que a veces se puede dar, como también puede que no. En todo caso, la decisión que tomen los magistrados de la Corte Constitucional deberá estar conforme a la Constitución y por tanto, en vista de los precedentes que le dan la razón a la artista y no al grupo de ciudadanos ofuscados, lo más seguro es que se les falle en contra. Además, contrario a lo que dice el señor estudiante, no se va abrir un hito sino va a haber una reiteración de jurisprudencia y la corrección de un error gigantesco que debe ser reparado.

Frente a las declaraciones sobre la libertad de cultos, me parece que el señor estudiante o no ha leído el desarrollo jurisprudencial de la Corte Constitucional o simplemente hace caso omiso de él. Contrario a lo que dice SÍ hay una gigantesca jurisprudencia en la que se muestra como se ha defendido la libertad de cultos en nuestro país. La cuestión es que el concepto de libertad de cultos nunca va a ser igual a la imposición de una idea por encima de otra. En ningún momento se le ha impedido al señor estudiante de derecho ir a rezar a su iglesia, ni nada por el estilo como consecuencia de la exposición.

¿Entonces ustedes quieren reformar la constitución?

No. Hay un autor colombiano que habla mucho del reformismo crónico de las constituciones políticas. Más que una reforma, lo que se tiene que hacer es entrar a mirar los alcances de la norma. Si hay una norma que es tan amplia, tendrán que empezarse a hablar como se debe hacer pero todo en la hermenéutica del respeto. Mientras se haga todo dentro del respeto esto no tiene porque convertirse en un “dame y lleva”. Hicimos uso de un mecanismo constitucional que está a la mano de cualquier colombiano que sienta que hay una entidad pública o privada que está violando sus derechos fundamentales. Aquí se va a empezar a hablar por primera vez desde la constitución de 1991 cuales son lo alcances y el espíritu de la norma constitucional en cuanto a libertad de culto. 

El señor estudiante de derecho toca un punto que me parece que él mismo debería analizar: los alcances de la norma. Todos sabemos que en la Constitución existe una serie de derechos, cuya interpretación y alcance los conocemos por la lectura de la jurisprudencia. La Corte Constitucional es—según nuestra Carta Política— la guardiana de la Constitución y en tal sentido, sus sentencias son una suerte de piedra Rosetta sobre nuestros derechos fundamentales. Llama la atención la forma en la que el señor estudiante de derecho esgrime que se va a empezar a hablar sobre la libertad de cultos, como si no hubiera sentencias precedentes sobre el tema. Esto me hace pensar que todavía le falta un largo mar por descubrir.



¿Qué sabe de las amenazas de muerte contra la directora del museo?

Es lamentable. Realmente no tengo conocimiento. Hay que mirar la naturaleza y de donde viene la amenaza. Yo conozco uno a uno los 76 accionantes de la tutela y sé que son gente incapaz de hacer eso porque usted mira y son gente ya grande y no son niños de 16 años que de pronto en un momento de rabia pueden hacer o decir eso.

Personalmente el día de ayer estuve frente al museo y allí si fue abordado e intimidado por una serie de personas que estaban en contra de la tutela. Estaba una posición cómodo y segura por qué había Guardia Presidencial a ambos lados. ¿Qué se me ha manifestado en estos días? Pues amenazas. En eso entiendo la posición de la directora del museo. Si a ella la han amenazado pues a mí también. Con la diferencia de que yo no gozo de un protocolo de seguridad. 

En otras ocasiones he tenido que evidenciar como jaquean cuentas y correos y desde esos correos que pertenecen a la contraparte empiezan a auto amenazarse. No estoy diciendo que sea el caso. Solo digo que como pudo ser personas no del Ejercito del Santo Rosario, que dudo mucho, pudo también ser personas de los mismos que se sienten atacados o censurados por la tutela que estén generando esa retórica. Porque ya hemos visto eso. Nosotros nos fuimos por vías de ley con la tutela.

No sé por qué siempre toman esa actitud victimista luego de que existe una amenaza contra sus contrapartes. Esa actitud de “si la amenazan, pues a mí también y yo soy un pobre angelito sin escolta” no me parece que quede bien. Si tiene amenazas en su contra, el señor estudiante de derecho puede ir a la Fiscalía a denunciar. Tampoco me parece muy correcto de su parte sugerir de forma inopinada y tonta que existe una operación de auto-amenazas por parte de la directora del Museo, porque estaría empezando de una presunción de culpabilidad realmente ridícula. Sobre todo teniendo en cuenta que por parte de miembros de aquellos grupos de presión cristianos ya se han dado casos de amenazas en contra de aquellos que no piensan como ellos.   

¿Usted entonces cree que es más probable que las amenazas vengan desde adentro y no de una persona religiosa molesta con la exposición?

 Usted está hablando de dos fenómenos distintos. No estoy desmintiendo el tema de las amenazas. No tengo conocimiento. No las he visto. Supongo que si efectivamente se han dado la señora ministra o la directora del museo pedirán a las autoridades competentes que les presten asesoría y harán pruebas de peritazgo para determinar si las amenazas efectivamente provienen de un agente externo o si fue de una persona que accedió ilícitamente a cuentas de correo. ¿Qué si creo que algún religioso lo hizo? No lo puedo creer. Porque efectivamente uno de los elementos que me hizo creer en las tutelas fue la coherencia. Estoy pidiendo al gobierno colombiano la defensa de unos derechos fundamentales. Lo hago porque reconozco que efectivamente no estoy vulnerando los derechos de nadie.

Inicia el señor estudiante de derecho diciendo que la entrevistadora está “hablando de dos fenómenos distintos”, pero no indica cuáles, ni tampoco a qué hace referencia con “fenómenos”. Sin embargo es cierto que en la respuesta anterior, el señor estudiante sugiere levemente que puede existir una especie de operación de bandera blanca, razón por la cual se le hace la pregunta. Llama la atención que el estudiante de derecho no está enterado de cómo funciona nuestro Estado, porque las tutelas no se presentan ante el gobierno colombiano, sino ante los jueces de la República que son otras personas diferentes.

Además, contrario a lo que dice el señor estudiante de derecho, con su tutela está pidiendo que se le vulnere el derecho de la artista a la libre expresión.

Usted no, pero eso no quiere decir que haya gente que sienta mucha rabia hacia la exposición...

Pues mire, lo que he visto en general es que el católico en Colombia es de aguante. Ya hemos sido humillados, vilipendiados, ridiculizados desde hace muchos años. Nosotros no estamos pidiendo que no nos traten feo. Estamos pidiendo que aquello que para nosotros y que nuestra cultura ha definido como sagrado se mantenga en esos limites. Porque la sacralidad ha sido imprimida también por la tradición de la gente. De la misma manera como una custodia, que es un objeto sagrado, puede ser pisoteado, entonces la vida que también ha sido considerada como sagrada podría ser pisoteada y los recursos públicos que se hablan como recursos sagrados también pueden ser pisoteados. Con esta exposición están generando una violencia simbólica. Ahora, no he sentido de parte de los accionantes o de la gente con la que he hablado ese tipo de rabias o deseos de querer tomarse la justicia por sus propias manos.

Esto ya me parece absurdo. “Católico de aguante”. Al parecer el señor estudiante de derecho no fue a las clases de historia del colegio para enterarse que estuvimos bajo un Estado confesional y católico durante más de cien años, y que fue a la iglesia católica a la que se le entregó hasta la educación. El poder e influencia de la iglesia católica en la historia de Colombia siempre ha sido grande y se le ha dado desde dinero y exenciones tributarias hasta participación en decisiones estatales, lo cual en términos directos quiere decir que la iglesia tuvo el poder de promover la discriminación (¿se acuerdan aquello de los hijos naturales?), la persecución del pensamiento diferente y en fin, tantas cosas que nos mantienen como una rémora del desarrollo.  

También considero que comparar algo tan inherente al ser humano como la vida con un pedazo de lata es una tontería. Ya que habla de recursos públicos y recursos sagrados, debería el señor acordarse que su iglesia no paga impuestos y por tanto “desacraliza” un elemento tan importante del Estado como el presupuesto. Pero bueno, eso es harina de otro costal. Me parece que la violencia simbólica es la que propugna los grupos católicos como los del señor estudiante de derecho, que se oponen al pluralismo y quieren prohibir que alguien diga algo diferente a lo que ellos consideran su verdad absoluta.


¿Qué es lo que le molesta específicamente de la obra de María Eugenia Trujillo?

La obra fue presentada en Cartagena de una manera diferente a como fue presentada en Bogotá. Toda obra de arte tiene una curaduría, una explicación genérica de lo que es la obra y de lo que quiere conseguir. En el Palacio de Inquisición de Cartagena se hizo la presentación de la obra y ahí, dentro del elemento formal de presentación, se hablaba de las mujeres que eran desfloradas, violadas, sometidas, subyugadas, esclavizadas con la aprobación y bendición de la iglesia católica. Eso para Cartagena. Cuando llega a Bogotá cambian completamente el concepto de la curaduría, no de las obras. Entonces dicen: es una muestra que trata de reivindicar a la mujer subyugada y sometida a través de la historia.  Aquí pasa lo siguiente: el Museo Santa Clara era un convento de las monjas clarisas, monjas de clausura, luego por el proceso de transito de convento a museo, se volvió un museo de arte religioso. Y tenía la finalidad de servir como acervo de toda esa cultura arquitectónica, de ornato, literaria, de la Bogotá colonial. Siempre se ha denominado como museo de arte religioso. El espacio en si mismo habla de manera directa de la creencia de los católicos, era un lugar de culto.


Aquí el señor estudiante de derecho manda al tártaro toda su retórica sobre los derechos fundamentales y deja de presente la verdadera razón de la búsqueda de la prohibición: no le gusta la exposición a causa del lugar. Sí, así de sencillo. El problema es de interpretación y por tanto, imitando aquellos viejos inquisidores de la Edad Media, si algo no me gusta, pues busco su prohibición. O lo quemo. 



¿Entonces si la exposición hubiera sido en otro lugar no hubieran interpuesto las tutelas?

Lo que pasa es que hay un valor agregado. Usando toda esta atmósfera de la exposición, la artista lo que hace es que entra a tomar elementos del culto católico y los combina con formas sugestivas donde hay cavidades vaginales y otro tipo de partes de cuerpo femenino con el fin de reivindicar. Pero se está valiendo además de ornato, de imágenes y de elementos del culto católico que la misma sociedad ha adoptado como sagrados. Elementos que para los católicos están revertidos de una mística fundamental. La custodia es algo tan delicado que solo el sacerdote puede tocarla. Porque la custodia es donde queda contenido el santísimo sacramento que es la presencia real de Cristo y de Dios. Tan delicado y sagrado es para nosotros, que incluso dentro de la misma iglesia hay restricciones en cuanto a su acceso.

¿Que la sociedad ha adoptado como sagrados? Yo hago parte de la sociedad colombiana y no considero aquellos objetos como sagrados, de la misma manera que muchos otros ciudadanos del país que no son católicos. Si “la custodia” y demás objetos son tan sagrados dentro de su rito católico, pues ellos pueden hacer dentro de su iglesia toda clase de parafernalias que les dé la gana, pero por favor, no nos las quieran imponer o sino van a tener vehementes respuestas de nuestra parte sobre sus latas.

Si nos centramos en las mujeres católicas que presentaron la tutela, ellas no se sienten reivindicadas. Se sienten más bien ridiculizadas porque yo no puedo decir que una manera de proteger algo es exponerlo, no puedo decir que una manera de respetar el cuerpo de la mujer como algo sagrado, sea exponiéndolo a través de la vulneración de un elemento que forma parte de la personalidad de muchas mujeres colombianas. La mayoría de las mujeres colombianas son católicas y una de las formas que ellas expresan su religiosidad es a través de los elementos que se utilizan para el culto. Y cuando yo ridiculizo o propendo un irrespeto contra un elemento de culto, estoy yéndome contra el elemento litúrgico y cuando hago eso estoy yendo en contra del elemento doctrinal y cuando hago eso voy en contra del elemento formal de la manera como yo creo, vivo y expreso mi fe. Y en la medida en que algo atente contra eso me está violando mi derecho a la libertad de expresión.

Sobre este punto ya hablé al principio de esta entrada. Es falso decir que las mujeres católicas (sí, con el categorismo más absoluto) se siente ofendidas porque ya mostré que no es verdad. Aun así, si se sintiesen ridiculizadas pues hombre, que hagan alguna crítica u otra exposición. Estamos en una sociedad pluralista en donde la libertad de expresión nos permite criticar modelos antiguos y desacralizar aquello que para algunos es inmodificable. El argumento de la mayoría no es de recibo porque implicaría que estuviésemos en una tiranía de la mayoría (en la que no estamos), en lugar de una democracia en donde todos tienen voz y voto para decir las cosas. Es en eso que consiste el derecho a expresarse libremente y no como dice el señor estudiante de derecho en que si no me gusta algo, pues entonces lo prohíbo.

Usted habla de libertad de expresión pero ¿qué pasa con la de María Eugenia Trujillo?

El catálogo de derechos de la constitución política de Colombia tiene un límite de ejercicio. Por ejemplo, si a mí mañana me parece que es bueno decir que Nietzsche, Marx y todos los ateos son asnos, yo tengo derecho a hacerlo, pero ¿qué pasa cuando yo lo aterrizo a una realidad específica? Mi derecho de libertad de expresión tiene un límite y ese limite es mientras yo no vaya en contra de los derechos de otros. Estas expresiones artísticas generan irrespeto y violencia simbólica. Si hay algo que la sociedad ha considerado sagrado por tanto siglos es pisoteada, entonces todo aquello que tiene esos tintes de sacralidad podría ser pisoteado. Decir sagrado es como las sociedades, en su proceso histórico, han ido creando unas instituciones, derechos y principios que son intocables e innegables. Entonces la artista tiene pleno derecho a ejercer su libertad de expresión en la medida en que el ejercicio de ese derecho no vaya en contra en contravía de los derechos de otro. 

Aquí empieza el señor estudiante de derecho a mostrar su flaqueza en conocimientos jurídicos o mejor de sentido común. ¿Uno como “aterriza” eso de que “que Nietzsche, Marx y todos los ateos son asnos”? o peor aún ¿Cómo afecta el derecho de los otros el hecho de que alguien diga que “Nietzsche, Marx y todos los ateos son asnos”? Está claro que los derechos tienen límites pero no son las estolideces expresadas por el señor estudiante de derecho (sí, también estoy haciendo uso de mi libertad de expresión para decir que las declaraciones del supuesto cuasiabogado son ridículas. ¿Eso quiere decir que estoy “aterrizando” los límites o que todavía siguen en vuelo?). 




¿Por qué creen que la exposición atenta contra el derecho a la libertad del culto?

Afecta la libertad de culto por la violencia simbólica. Lo que está haciendo es tomar, por ejemplo, las profundas creencias católicas y transmitirlas como si fueran un escenario de manipulación, subyugación, dominación y violación de la mujer. 

Lo que el señor estudiante de derecho expresa es su opinión de la obra, no un hecho de violencia. Una opinión que me parece cegada por el dogmatismo, puesto que la teleología de la exposición no está ni cerca de su interpretación, aunque ese no es el motivo de discusión en este momento.

¿Entonces las expresiones artísticas que critican la religión católica son censurables?

Lo que pasa es que ese término no ha sido traído a colación: censura. Aquí no hay censura. Y menos censura previa. Aquí simplemente hay un ejercicio por parte del Estado que le confiere la constitución. El Estado aquí no está censurando. Hay personas que sienten que sus derechos fundamentales están siendo vulnerados y el Estado tiene que garantizar varias cosas: primero, que le estoy dando la oportunidad a la artista de demostrar que su obra no es ofensiva. Aquí no hay censura porque todos los tratados internacionales dicen: la libertad de expresión, enciso siguiente: esta libertad en caso de inminente contraposición con los derechos del otro tendrá que ser estudiada por el estado y tendrá que determinarse a través de la moral, de la costumbre. Tienen que entrar a mirarlo desde el contexto específico. 

El Tribunal prohíbe la exposición y “no hay censura”. ¡Qué maravilla! Qué maravilla que ahora la prohibición de la expresión de una artista sea un “ejercicio” de Estado.  Y después se preguntan por qué hay algunos que defendemos el laicismo a ultranza… No voy a comentar sobre los débiles argumentos jurídicos del señor estudiante de derecho, porque son absurdos y demuestran una falta de conocimientos jurídicos (o peor, de sentido común) gigantesca que cualquiera puede observar fácilmente sin necesidad de estudiar derecho.


Si no es censura, ¿usted como llamaría el posible evento de que un juez cierre del todo la exposición?

Insisto. No es censura. Es el ejercicio de un derecho de acción de tutela. El ejercicio al derecho que tengo de que el Estado favorezca y garantice el ejercicio de mis derechos. Incluso el mismo auto de la tutela dice: esto no va en contraposición de la libertad que tiene el museo y la artista. Simplemente es que si a mi viene un grupo de 75 personas y me dicen esa exposición va en contravía de sus creencias, su dignidad humana, su libertad de culto, de su libre desarrollo de la personalidad, yo como Estado tengo que decir: un momento, esta gente los está acusando a ustedes de esto, demuéstrenme si es cierto o no lo es. Si no es cierto, las medidas cautelares simplemente se levantan y la exposición sigue. Las medidas cautelares no son censura. Nosotros no hemos ganado la sentencia. A nosotros simplemente nos dieron una medida preventiva esperando que se pueda aclarar la situación. 


Ahora la prohibición de la exposición de una obra artística se llama “ejercicio de un derecho de acción de tutela”. El resto de sus declaraciones me hacen pensar que el señor estudiante de derecho no sabe en qué clase de Estado vivimos, ni en qué época andamos. Sin embargo, ahí les comparto la entrevista de la revista Arcadia para que sean ahora ustedes quienes tomen sus propias posiciones y bueno, como lo dije al principio, ojalá el Tribunal corrija aquel chascarrillo que ocasionó.