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jueves, 25 de mayo de 2017

El juego de la ballena azul o la noticia creada a partir de rumores


Me llama la atención la facilidad y despreocupación con la que los medios de comunicación colombianos propagan las noticias sin siquiera corroborar la veracidad de los hechos. Lo importante para ellos es el escándalo, las visitas en la página web y la zozobra. Digo esto porque vi durante dos semanas una ola de pánico creada por una supuesta problemática pública en razón de un juego de redes sociales llamado la Ballena Azul. Éste, según la periodista de la BBC Lucía Blasco consiste en un “desafío que invita a niños y adolescentes a superar 50 pruebas (una por día)”, cuya última consiste en suicidarse.

La noticia la leí en la página del diario Vanguardia Liberal, uno de los más importantes de la región de Santander en Colombia, en donde se hablaba de un “peligro mortal”, que llevaría incluso a los periodistas a un debate en colaboración con la Universidad Autónoma de Bucaramanga, en el cual se buscaba mostrar los peligros de aquel reto, aunque en realidad sólo cayera en lugares comunes y en una declaración de la funcionaria del gobierno local , que aceptó que no tiene certeza del primer suicidio por culpa de este juego.

Aquel diario no fue el único en reproducir aquella información. A mi parecer, el periódico El Tiempo (uno de los más importantes a nivel nacional en Colombia) fue aún más lejos al indicar que aquel juego de redes sociales era una “ciberamenaza que mata”. Como para la sala de redacción de aquel diario, la noticia no era lo suficientemente atrayente decidieron agregar el elemento del satanismo, que siempre que aparece, logra tocar una fibra sensible en los ciudadanos de un país tan religioso como Colombia.

Sin embargo tanto en el primero, como en el segundo medio de comunicación (como tantos otros que decidieron publicar como borregos) se evidenciaron varias cosas: la primera es que en principio quisieron atribuir varios suicidios a la Ballena Azul sin siquiera conocer las circunstancias personales de los chicos que se quitaron la vida. Ello conllevó a que en los días subsiguientes, la Policía Nacional empezara a descartar que varios de los famosos suicidios hayan sido consecuencia de aquel juego de redes sociales. Además aquel gran “peligro” terminó por salir de las páginas de los diarios dos semanas después de su primera publicación, por lo que me queda muy difícil pensar que en verdad hubiese sido un problema a nivel colectivo.     

Pero esta es en verdad la consecuencia de un fenómeno de una tendencia mundial, como es la publicación de noticias falsas como si fueran reales, a partir de rumores de internet.

1. El origen de un rumor

La primera vez que supe del famoso juego de la Ballena Azul fue a través de un vídeo del famoso youtuber Dross publicado el 6 de marzo de este año, es decir, más de un mes y medio antes de su primera publicación en un diario colombiano. Como sé, y el mismo Dross lo ha dicho, todo lo que publica él, no es más que entretenimiento sacado de la web sin ninguna pretensión de pasar por algo serio. Por tanto, para mí no fue más que una leyenda urbana y no le presté mucha atención a la noticia, hasta que la vi en medios colombianos supuestamente serios, que decidieron tomarla como un peligro de seguridad nacional.  

Fue ahí que me empecé a preguntar sobre el origen de aquella noticia, y ello me llevó a encontrarme en inicio, con el hecho de que la mayoría de los diarios en inglés que la reproducían no pasaban de ser pasquines de baja reputación como The Sun  o Daily Mail

Pero aquello no sació mi curiosidad. Quería saber de verdad como había empezado el asunto, es decir, si los datos expuestos por los periódicos eran reales o no, y lo que me encontré fue con una serie de eventos que me muestran la poca deontología de los periodistas y el poco nivel de veracidad de los medios de hoy en día. El sitio de internet Snopes, una suerte de cazadores de mitos y leyendas urbanas de internet, se dio a la tarea de averiguar si había algo más detrás de aquel juego y lo que encontraron fue que la supuesta historia de los 130 adolescentes que se suicidaron en Rusia, luego de jugar a la ballena azul (la que dio inicio a todo), no es tal.

En realidad, aquella fue una reproducción sin contrastar de un artículo llamado “Los grupos de la muerte”, que fue publicado en mayo de 2016 por el periódico Novaya Gazeta. En él, se reportaba que durante un período de seis meses, 130 adolescentes se suicidaron y 80 eran chicos que habían tenido acceso a un juego en redes sociales, el de la ballena azul.

Esta noticia recibió en los meses subsiguientes toda clase de críticas. Una investigación de Radio Free Europe demostró que ninguno de los suicidios estaba realmente ligado al famoso juego. El periódico ruso Meduza criticó que en el artículo no se expusiera el contexto (es decir, que en Rusia ya había una tasa altísima de suicidios de adolescentes desde antes de que el juego se creara) y se demostró que el autor de la crónica de Novaya Gazeta manipuló ciertos datos para narrar la historia que él quería contar (como que varios suicidios ni siquiera fueron probados del todo).   
Así que los famosos 130 suicidios en Rusia, por culpa del juego de la Ballena Azul, no están verdaderamente probados.

2. Críticas de otros lados del planeta

La famosa noticia del juego de la ballena azul tuvo un alcance mundial y llegó a otros países como Francia, en donde se reprodujo a través de varios diarios de reputación discutible, como otros que intentaron amplificar el problema intentando sembrar el pánicoen la población. Sin embargo medios de comunicación más serios como el periódico francés Liberation, decidieron hacer sus investigaciones que fueron publicadas el 31 de marzo de 2017 bajo la forma de un artículo titulado “El reto de la ballena azul, la fábrica del rumor”.

Para el periodista Alexandre Hervaud, aquel supuesto fenómeno “amenazante pero también infundado”, es una invención de los medios de comunicación que crean peligros a partir de hechos circunstanciales y poco veraces. Él expone que en Francia (donde el asunto llegó un poco antes que en Latinoamérica y también generó un pánico tal que obligó a la intervención de la policía), esta “mediatización sensacionalista” hizo eco de noticias supuestamente relacionadas con la ballena azul que en realidad no eran tales.

Así, la prensa local decidió de catalogar la fuga de dos adolescentes como parte del reto de la ballena azul, a pesar de que la policía lo negó posteriormente. En Reims, un chico de trece años decidió quitarse la vida ahorcándose en su casa y la prensa decidió de nuevo culpar al juego de la ballena azul  (aunque luego la policía desmintió de nuevo aquellos hechos). En la región de Champagne-Ardenne, en un reportaje televisivo, el medio de comunicación comunicó sobre el peligro del juego de la ballena azul, utilizando como prueba el testimonio de una adolescente que dijo “yo conozco a alguien que lo jugó” y “está muerto”. De nuevo ninguna comprobación de la veracidad de aquel comentario.

Es por ello que para el periodista, las noticias relacionadas con el juego de la ballena azul, le recordaron un caso de los años 80 en el que por medio de folletos, empezaron a difundir la noticia de que a los tatuajes temporales, de esos que se pegan los niños a partir de calcomanías, se les había echado LSD y éste se estaba propagando por el país. Aquel rumor había nacido a partir de una leyenda urbana estadounidense (la Mickey Mouse Acid) que llegó a Francia en 1988 y se hizo viral a partir de la ciudad de Niza, llegando incluso a la puerta del Ministro de Educación francés, a pesar de su falsedad.

Así que bueno, para el diario, el reto de la ballena azul es simplemente una muestra de esta era de noticias falsas (fake news para los gringos), y de una mezcla de “complotismo” con cultura pop, amplificada por notas periodísticas más alarmistas que veraces.

3. Reflexiones finales   

Desearía contar con más tiempo para mostrarles más fuentes que evidencian el pánico generado a partir de un rumor, que tiene más de ficción que de realidad. Sin embargo, creo que el asunto es meridiano: como lo escribí hace ya un buen tiempo, el alarmismo alrededor del juego de la ballena azul es en el fondo uno de esos momentos de histeria colectiva a los que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación; uno de esos momentos de pánico moral, de sicosis global, resultado de unos medios que disfrazados de padres (queriendo obtener visitas y reproducciones), hacen eco de cualquier noticia impactante (real, medio real o falsa) para ganar espectadores. Lo cual no quiere decir que Internet sea un lugar sano, o que los suicidios adolescentes no sean un problema del que tenemos que estar pendientes. Pero el problema no se puede reducir a un juego virtual cuyas víctimas son a cada rato desmentidas. El suicidio adolescente merece un debate más serio.

Un debate que vaya más allá de una declaración de autoridades que simplemente dan un parte de tranquilidad que no toca el problema de fondo, de un fiscal que abre investigaciones intentando mejorar su imagen luego de sus descalabros por actos de corrupción y de unos medios que ya no diferencian un rumor de un hecho, y generan una psicosis colectiva inventada y justificada a partir de noticias poco veraces que desvían la atención de los verdaderos problemas que originan este tipo de tragedias.

4.Epílogo

En los momentos en que cierro esta entrada, me encuentro con que el diario Vanguardia Liberal publica la noticia de un nuevo “juego que preocupa el mundo”: el abecedario del diablo . No voy a decir que ese juego me parece una exageración, ni que el medio, con un tono paternalista decide contar un problema sin siquiera verificar los datos. Simplemente limitémonos a saber que aquel periódico, como tantos otros, simplemente está buscando atención, sin importar el nivel de veracidad de su noticia. 


Fuente de la imagen: http://www.meta-media.fr/files/2017/02/snopes-fake-news-sites-600x333.jpg

lunes, 13 de febrero de 2012

Memento Mori - Jonathan Nolan

MEMENTO MORI
Por: Jonathan Nolan
Traducido por: Eladio Linacero



El cuento que inspiró la película "Memento" de Christopher Nolan.

Advertencias:
-Esta es una traducción mía y por tanto me tomé algunas libertades.
-Este texto puede tener fallos de redacción, razón por la cual les solicito que me los informen para corregirlos.
-Si cometí errores en la traducción de expresiones les pido el favor que me lo informen para corregirlos y de paso aprender de ellos.
-Si quieren tomar este texto para reproducirlo en otra página pueden hacerlo con mucho gusto. Solo les solicito que me den el reconocimiento y ya. Si quieren modificar este texto y hacer uno (posiblemente) mejor, también pueden hacerlo.

Les agradezco su atención en estas primeras líneas.
 

Tome el cuento y la nota inicial de la siguiente webComo siempre les recomiendo, si saben inglés, les recomiendo que se dirijan a la fuente oficial.

1

"What like a bullet can undeceive!"
—Herman Melville

Tu esposa siempre decía que ibas tarde para tu propio funeral. Recuerdas? Esa pequeña broma te la hacía constantemente porque eras un vago – siempre tarde, siempre olvidándote de las cosas, incluso desde antes del incidente.

En este instante probablemente te preguntes si eras tú el que se dirige tarde para el funeral de ella.

Estuviste ahí, puedes estar seguro de ello. Para eso es la foto que se encuentra clavada en la pared junto a la puerta. No es costumbre tomar fotos en un funeral, pero alguien, tus doctores (supongo) creyeron que no lo ibas a recordar. Ellos la dejaron ahí, grande y bonita, cerca de tu puerta, donde no pudieras evitar verla cada vez que te levantes.

Ves el chico de la foto, aquel con las flores? Ese eres tú. Y qué estás haciendo? Estas leyendo la lápida, intentando descifrar en qué funeral te encuentras; de la misma manera que ahora intentas entender por qué alguien colocó esa foto cerca a la puerta. ¿Por qué molestarse en leer algo que no recuerdas?

Ella se fue, se fue y se fue para bien, y tú, debes estar sintiendo un dolor horrible en este momento, mientras te enteras de esta mala noticia. Créeme. Sé cómo te sientes. Probablemente estás destrozado. Sin embargo dale cinco minutos o tal vez diez y quién sabe si hasta de pronto, puedas ir media hora antes de que lo olvides.

Pero lo vas a olvidar, te lo garantizo. Un par de minutos más y te dirigirás a la puerta buscándola otra vez cuando veas la foto. Cuantas veces tendrás que oír la noticia, antes de que una parte de tu cuerpo diferente de ese destrozado cerebro tuyo empiece a recordar?

La pena nunca termina ni tampoco la rabia. Es inútil si no sabes a dónde dirigirla. Posiblemente no puedas entender qué demonios está pasando. Te confieso que tampoco puedo entenderlo. Una amnesia retrograda. Eso es lo que dice el letrero. La enfermedad de NRM[1]. Tu suposición es tan buena como la mía.  

Lo más probable es que no entiendas qué te paso. No obstante lo anterior, sí puedes recordar que le ocurrió a ELLA ¿estoy en lo cierto? Los doctores no quieren hablar de eso. Ellos no quieren responder mis preguntas ya que creen que no está bien que un tipo en tu condición oiga sobre esas cosas. Sin embargo, ¿recuerdas lo suficiente, cierto? Recuerdas su rostro.

Esa es la razón por la que te escribo. Algo estúpida, supongo. No sé cuántas veces tendrás que leer esto antes de oírme. La verdad tampoco sé cuánto tiempo has estado encerrado en ese cuarto. Tú tampoco lo sabes. Pero tienes una ventaja al olvidar y es que olvidarás estimarte como un caso perdido.
Tarde o temprano vas a querer hacer algo con eso y va a ser en ese momento que confiaras en mí, porque soy el único que puede ayudarte.

2

Earl abre un ojo después del otro para ver un tramo del techo de tejas blancas, interrumpido por un letrero escrito a mano sobre su cabeza, que era lo suficientemente grande para que lo pudiera leer desde su cama.
El reloj despertador sonaba en algún lado. Earl leyó el cartel, parpadeó, lo leyó de nuevo, y luego miró alrededor de la habitación.

Era un cuarto blanco, abrumadoramente blanco, desde las paredes y cortinas, hasta los muebles y el cubrecama. El despertador seguía sonando desde la mesa blanca al lado de la ventana con cortinas blancas. Probablemente en ese punto, se percató que estaba encima de su cubrelecho blanco. Tenía puesta una bata y zapatillas.

Se recostó para leer de nuevo el letrero en el techo que decía con gigantescas mayúsculas ESTA ES TU HABITACIÓN. ESTA ES TU HABITACIÓN EN EL HOSPITAL. ES DÓNDE VIVES AHORA.

Earl se levantó para dar un vistazo alrededor suyo. La habitación era muy grande para ser la de un hospital—el linóleo vacío se extendía desde la cama hacia tres direcciones: dos puertas y una ventana. La vista desde esta no ayudaba mucho: unos árboles en un césped bien cuidado, que terminaban en una carretera de asfalto con dos carriles. Los arboles se encontraban pelados, lo que indicaba que la primavera estaba por empezar o terminaba el otoño.

Cada pulgada de la mesa estaba cubierta por post-it, documentos cuidadosamente impresos, manuales de psicología y fotografías enmarcadas. Encima de todas esas cosas, reposaba un crucigrama medio hecho. El despertador estaba sobre unos periódicos doblados. Earl apagó la alarma del despertador para tomar un cigarrillo del paquete que tenía en la manga de su camisa. Dio una palmadita en los bolsillos vacíos de su piyama en busca de un cerillo, revolvió los papeles de la mesa y revisó los cajones.

Eventualmente se encontró con una cajita de fósforos pegada en la pared al lado de la ventana. Otro letrero estaba encima de la caja y decía en grandes letras amarillas: ¿UN CIGARRILLO? MIRE LOS QUE ENCENDIÓ, IDIOTA.
Earl se rió del letrero, encendió su cigarrillo y tomó una chupada. Pegado en la ventana frente a él, estaba otro trozo de papel de libreta titulado como TU HORARIO.

En él, había una tabla con todo el día dividido en horas: de 10 de la noche a 8 de la mañana, “VUELVE A DORMIR”. Earl observó el reloj despertador para percatarse que eran las 8:15. Según la luz de afuera, debía ser de día. Miró su reloj: 10:30. Luego, lo acercó a su oído para escucharlo y ajustarlo con base en el reloj despertador.

De acuerdo con el horario, entre las 8 y las 8:30, era el momento de LAVARSE LOS DIENTES. Earl rió de nuevo y caminó al baño.

La ventana del baño estaba abierta. Cruzó los brazos por el frio y se percató de un cenicero con un cigarrillo quemándose en su ceniza. Frunció el ceño, apagó la colilla y la reemplazó con otra.

El cepillo de dientes estaba untado de crema. El grifo era de aquellos que tienen un botón, para que cada vez que fuera oprimido, botara agua. Earl estrujó el cepillo en su boca y lo movió en ella mientras abría el botiquín. Los estantes estaban repletos de vitaminas, aspirinas y antidiuréticos de un solo uso[2]. El enjuague bucal también era de un solo uso y contenía un líquido azul dentro de una botella de plástico cerrada que alcanzaba simplemente para llenar un vaso pequeño. Solo la crema de dientes era de tamaño normal. Earl escupió la pasta que tenía en la boca y la reemplazó con el enjuague bucal.  Luego, dejó el cepillo de dientes cerca a la crema y a continuación, se percató de un pequeño papel doblado entre el estante de vidrio y la parte trasera de metal del botiquín. Escupió el espumoso fluido azul en el fregadero y tomó más agua para botar los residuos. Después de aquel ritual, cerró el botiquín y sonrió ante su reflejo en el espejo.

“¿Quién necesita media hora para lavar sus dientes?”

El papel estaba doblado en un tamaño diminuto, por lo que parecía una nota de estudiante de sexto año de primaria. Earl lo desdobló y lo alisó con el espejo para leer el contenido del papelito:

SI PUEDES LEER TODAVÍA ESTO, ES PORQUE ERES UN ASQUEROSO COBARDE

Earl quedó estupefacto, observó nuevamente el papel y lo volvió a leer. Luego lo volteó y se percató que por detrás decía lo siguiente:

PD: DESPUÉS DE QUE HAYAS LEÍDO ESTO, ESCÓNDELO DE NUEVO.

Earl leyó de nuevo los dos lados y posteriormente dobló la nota al tamaño original para dejarla escondida tras el tubo de la crema de dientes.
Se fijó en ese momento en su cicatriz, que empezaba detrás de su áspera y gruesa oreja y desaparecía abruptamente donde nace su pelo. Earl se volteó y observó por el rabillo del ojo la trayectoria de su cicatriz; la siguió con la yema de un dedo antes de volver a mirar el cigarrillo quemándose en el cenicero. Un pensamiento entró en su mente, y después, salió del baño.

La puerta de su habitación atrajo su atención mientras tenía una mano en el pomo. Dos fotos estaban clavadas en la pared, cerca de la puerta. La atención de Earl se dirigió inicialmente a la resonancia magnética en la que se podía ver un pequeño marco negro y brillante, con el cráneo de alguien. La foto había sido marcada como TU CEREBRO. Earl la observó. Miró sus círculos concéntricos en diferentes colores. Diferenció las grandes órbitas de sus ojos y detrás de ellas, los lóbulos gemelos de su cerebro; pequeñas arrugas, círculos y semicírculos.  En la mitad de su cabeza estaba señalado con un marcador, como gusano en albaricoque, desde la parte de atrás de su cuello, algo diferente. Deformado, roto, pero exclusivo. Una mancha negra con forma de flor que reposaba en la mitad de su cerebro.

Earl se inclinó a mirar la otra foto. Era una fotografía de un hombre con flores, parado al lado de una tumba recién cavada. Estaba inclinado leyendo la lápida. Por un momento se miró como en un salón de espejos o al comienzo de un sketch infinito: Earl miró la foto una y otra vez, viendo al pequeño personaje que estaba en ella, inclinado y leyendo la lápida durante mucho tiempo. Luego empezó posiblemente a llorar o quizás miró el dibujo en silencio. Finalmente, volvió a su cama donde se acostó cerrando los ojos para intentar dormir.
El cigarrillo terminó de quemarse en el baño. El reloj despertador contó hasta diez y volvió a sonar de nuevo.

Earl abre un ojo después del otro para ver un tramo del techo de tejas blancas, interrumpido por un letrero escrito a mano sobre su cabeza, que era lo suficientemente grande para que lo pudiera leer desde su cama.

3

No podrás tener una vida normal nunca más. Debes saberlo. Como puedes tener una novia si no puedes recordar su nombre? No podrás tener niños, a menos que quieras que ellos crezcan con un padre que no los reconoce. Seguro que no podrás conseguir trabajo. No hay muchas profesiones que valoren el olvido, salvo posiblemente la prostitución o seguramente la política. 

No. Tu vida se acabó. Eres hombre muerto. La única cosa que los doctores desean hacer es enseñarte a que no seas una carga para los camilleros, y ellos probablemente no te dejen ir nunca a tu casa, donde sea que esté.

Así que la cuestión no es “ser o no ser”, porque no lo eres. La cuestión es si deseas hacer algo con aquello; si te interesa la venganza.

Para la mayoría de la gente sí. En pocas semanas, ellos planean, maquinan y toman medidas para realizar su objetivo. Pero el paso del tiempo es lo que se necesita para corroer ese impulso inicial. El tiempo roba; ¿no era lo que ellos decían? Y el tiempo eventualmente convence a la mayoría de ustedes que el perdón es una virtud. De manera conveniente, cobardía y perdón se ven igual desde una determinada distancia. El tiempo te arrebata tu coraje.

Si el tiempo y el miedo no son suficientes para disuadir a las personas de su venganza, siempre está la autoridad, quien moviendo suavemente su cabeza dirá: Nosotros lo entendemos, pero usted va a ser mejor persona si lo deja ir. Va a estar por encima de ellos. No se rebajará a su nivel. Y además dice la autoridad: si intentas algo estúpido, te encerraremos en una pequeña habitación.

Aunque ellos ya te encerraron en una pequeña habitación, ¿no? Solo que no te encerraron con llave ni te cuidan completamente porque eres un lisiado. Un cadáver. Un vegetal que probablemente no podrá recordar que tiene que comer o cagar si alguien no está ahí para recordarte.
Y el paso del tiempo…ya no te importa, ¿cierto? Siempre los mismos diez minutos, una y otra vez. Así que, ¿cómo puedes perdonar, si ni siquiera recuerdas olvidar?

Probablemente eres del tipo de los que dejan así, ¿no? Eso era antes. Pero ya no eres el hombre que solías ser. Ni siquiera la mitad. Eres una fracción; eres el hombre de los diez minutos.

Claro, la debilidad es mayor. Es el impulso principal. Probablemente prefieras estar sentado y llorando en tu cuartico. Vivir en tu finita colección de recuerdos, puliéndolos cuidadosamente uno tras otro. Media vida detrás de un vidrio, enclavijada en un cartón como si fuera una colección de bichos exóticos. ¿Prefieres vivir detrás del vidrio? Conservado en aspic.

Eso quisieras, pero no puedes, ¿cierto? No puedes por la última adición a tu colección. La última cosa que recuerdas. La cara de él, ese rostro y tu esposa, observándote y pidiéndote ayuda.

Y puede que ahí sea donde tú puedas retirarte cuando todo acabe. Tu pequeña colección. Ellos pueden encerrarte en otro cuarto pequeño y puedes vivir el resto de tu vida en el pasado. Pero únicamente si tienes un papelito en tu mano que diga que ya lo atrapaste.

Sabes que digo la verdad. Sabes que hay un montón de cosas por hacer. Parece imposible, pero estoy seguro que si cada uno cumple con su parte, algo se nos ocurrirá. Pero no tienes mucho tiempo. Tienes de hecho, solo diez minutos antes de que todo de empiece de nuevo. Así que haz algo con el tiempo que tienes.

4

Earl abrió sus ojos y parpadeó en la oscuridad mientras sonaba el despertador. Decía 3:20. La luz de la luna entraba por la ventana, indicando que debía ser muy temprano en la madrugada. Earl encendió con torpeza la lámpara, con un movimiento brusco y por poco la tira al suelo. Aquella luz incandescente se propagó por la habitación, coloreando de amarillo los muebles metálicos, las paredes, y también la frazada. Luego se acostó boca arriba para mirar encima las tejas –también amarillas— del techo, interrumpidas por un letrero escrito a mano. Earl leyó aquella inscripción dos, o quizás tres veces, antes de parpadear y mirar el cuarto alrededor suyo.

Era una habitación sin muchos muebles, probablemente institucional. Había un escritorio al lado de la ventana, el cual estaba casi vacío; con excepción de un despertador cuya alarma sonaba por todo el lugar. En aquel momento, Earl probablemente se percató de que estaba vestido y tenía hasta sus zapatos puestos debajo de las sabanas. Se levantó de su cama y se dirigió el escritorio. Nada de aquella habitación podría sugerir a cualquier observador, que alguien vivía, vive o vivió en aquel sitio, excepto aquellos curiosos recortes de cinta pegados en uno y otro lado de la pared. No hay fotos, no hay libros, nada. Por la ventana se puede ver una luna llena brillando sobre aquel césped pulcramente cuidado.        

Earl presionó el botón de apagar la alarma del despertador y luego miró fijamente las dos llaves pegadas con cinta que tenía en la parte trasera de su mano. Empezó a quitarse la cinta, mientras observaba los cajones vacíos. En el bolsillo izquierdo de su chaqueta descubrió un montón de títulos valores por valor de cien dólares, junto a una carta en sobre cerrado. Luego procedió a revisar el resto de la habitación y el baño donde solo había fragmentos de cinta, colillas de cigarrillo y nada más.

Earl jugó de manera distraída con el tejido de la cicatriz que había en su cuello mientras se devolvía para la cama. Se acostó boca arriba, para mirar de nuevo el techo y leer el letrero encima de él: SAL. SAL DE AHÍ AHORA MISMO. ESA GENTE ESTÁ TRATANDO DE MATARTE.

Earl cerró sus ojos.

5

¿Recuerdas cuando intentaron enseñarte a hacer listas en la escuela? Aquellos tiempos en que el reverso de tu mano era tu agenda del día. Si por alguna razón, aquellas asignaciones se iban con el agua de la ducha, simplemente no los hacías. No hay dirección, decían. No hay disciplina. Así que intentaron forzosamente que lo escribieras en un sitio en donde durara más.
Claro, tus profesores se orinarían de la risa si te vieran ahora, ya que te has convertido en el fruto exacto de sus lecciones sobre organización; ni siquiera puedes ir a mear sin consultar una de tus listas.

Ellos tenían razón. Las listas son las únicas capaces de sacarte de este lío.
Esta es la verdad: la gente, incluso la gente normal, no es más que una persona con una serie de atributos. No es tan simple. Todos estamos a merced del sistema límbico, de nubes de electricidad fluyendo por nuestro cerebro. Cada hombre está dividido en fracciones de veinticuatro horas, a las que le siguen otras veinticuatro horas y así sucesivamente. Es una pantomima cotidiana, un hombre tras otro cediendo el control: un backstage lleno de perdedores implorando por sus 5 minutos de fama. Cada semana, cada día. El hombre enfadado le cede la antorcha al malhumorado, este a su vez al adicto al sexo, al introvertido, al extrovertido, etc. Cada hombre es una turba, una larga cadena de idiotas.   

Esta es la tragedia de la vida: por solo unos pocos minutos de cada día, cada hombre se vuelve un genio. Son instantes de lucidez, de revelación, como quieras llamarlo. Las nubes se bifurcan, los planetas se alinean y todo empieza a ser obvio: Debo dejar de fumar, posiblemente; como puedo ganar rápidamente un millón de dólares, o cual es la llave eterna de la felicidad. Esta es la miserable verdad: por unos pocos instantes, los secretos del universo son expuestos a nosotros simples mortales. La vida es como el truco barato de un prestidigitador.

Pero entonces el genio, el erudito, tiene que pasar la antorcha al chico que sigue en la vía, quien seguramente es un pobre diablo que solo quiere comer una simple bolsa de papas y aquella inspiración, lucidez y salvación le es confiada a un imbécil, a un hedonista o a un simple narcoléptico.           
La única forma de salir de este enredo, obviamente, es tomar medidas para asegurarte que controlas a todos esos idiotas en los que te conviertes. Coger de la mano a cada uno de aquella cadena de idiotas y dirigirlos. La mejor forma de hacerlo es con una lista.

Es como una carta que te escribes a ti mismo. Un plan maestro, preparado por el chico que puede ver la luz, hecho con instrucciones sencillas para que el resto de idiotas comprendan; que puedan seguir los pasos desde el uno hasta el cien. Repítelo cuantas veces sea necesario.

Tu problema es un poquito más agudo, posiblemente, pero fundamentalmente es el mismo.

Es como aquel programa de computadora, “La Habitación China”, ¿lo recuerdas? Un chico se sienta en una pequeña habitación con unas cartas con letras en un lenguaje que no comprende, las cuales tiene que ordenar con la secuencia que otro le dictamina. Las cartas, una vez ordenadas, presuntamente forman un chiste en chino, pero el chico, por supuesto, no entiende el idioma. Solo sigue instrucciones.

Hay unas diferencias obvias con tu situación, claro: escapaste de la habitación en que te tenían, así que todo el programa debe ser portátil. Y el chico que da las instrucciones…bueno ese eres tú también, o al menos, una versión anterior de ti.

Y la broma que resulta al final… puede que sea graciosa[3], aunque no creo que los demás la encuentren cómica.

Esa es la idea. Todo lo que tienes que hacer es seguir tus instrucciones. Como al subir las escaleras o descender de las escalinatas. Un escalón a la vez, siguiendo la lista. Así de sencillo.

Y el secreto –obviamente—de cualquier lista es mantenerla en un lugar donde puedas verla.

6

ÉL PUEDE OIR EL ZUMBIDO por medio de sus pestañas. Insistentemente. Estira el brazo con dirección al reloj despertador, pero no puede apagarlo porque su brazo está inmóvil.

Earl abre sus ojos y ve a un grandulón inclinado sobre él. El hombre lo observa irritado, y continua con su trabajo. Earl observa alrededor de él: está muy oscuro para que sea la oficina de un doctor.

Es entonces cuando el dolor inunda su cerebro, bloqueando el resto de preguntas que tiene. Se retuerce de nuevo, jala salvajemente su antebrazo que le quema como si estuviera en llamas. El brazo no se mueve y el hombre vuelve a mirarlo de manera odiosa. Earl se acomoda en la silla para mirar por encima de la cabeza del hombre.

El ruido y el dolor provienen de una pistola que se encuentra el mano del hombre…un arma con una aguja donde debería haber un cañón. La aguja se clava en la parte inferior del antebrazo de Earl, en la carne viva, marcando unas letras con su paso.

Earl intenta acomodarse de nuevo intentando ver mejor las letras en su brazo, pero no puede. Por lo tanto, se recuesta y observa el techo.
Eventualmente el tatuador apaga el ruido; limpia con gasa el antebrazo de Earl y va a un cuarto donde saca un panfleto que describe qué se debe hacer en caso de posible infección. Después, posiblemente, le cuente a su esposa sobre el hombre y su pequeña nota. Posiblemente su esposa lo convenza de llamar a la policía.

Earl observa su brazo. Las letras brillan en su piel con un pequeño sangrado. Ellas salen desde la correíta de su reloj hasta el parte interior del codo. Earl parpadea luego de ver el mensaje y lo lee de nuevo. Este dice con pequeñas letras mayúsculas, YO VIOLÉ Y ASESINÉ TU ESPOSA.

7

Hoy es tu cumpleaños, así que te tengo un regalito. Desearía haberte comprado una cerveza, pero quien sabe dónde habría terminado.

Así que…te traje una campanita. Creo que empeñé tu reloj para comprarla, pero de todas formas, ¿para qué demonios te sirve un reloj?

Probablemente te estás preguntando, ¿por qué una campana? De hecho, estoy seguro que te lo vas a preguntar cada vez que la encuentres en tu bolsillo. Ya hay muchas palabras. Demasiadas para cada pregunta a la que quieres encontrarle su respuesta.

Bueno no, es una broma. Una broma pragmática. Pero piénsalo de esta manera: No estoy me estoy riendo de ti, sino contigo.

Me gustaría pensar que cada vez que tú metas tu mano en tu bolsillo para sacar la campanita, te preguntes ¿por qué tengo esta campanita? Y una parte de ti, una pequeña pieza de tu roto cerebro lo recuerde y te rías como yo lo hago ahora.

Además ya sabes la respuesta. Es algo que ya aprendiste. Así que si le echas cabeza, lo sabrás.

En tiempos remotos, la gente estaba obsesionada con el miedo a ser enterrada viva. Lo recuerdas? La ciencia médica no era una mínima parte de lo que es hoy, por lo que no era extraño que de un momento a otro, muchos desgraciados despertaran en un ataúd. Por tal razón los ricos tenían pequeños tubos de respiración en sus ataúdes, que partían desde su cajón y llegaban a estar por encima del barro; para que en el hipotético caso que alguno de ellos despertara bajo tierra, no se quedara sin respiración. Ahora bien, ellos probablemente probaron los tubos y se percataron que podían gritar a todo pulmón a través de ellos, pero eran muy estrechos para llevar el sonido. Por lo menos no el necesario para llamar la atención. Por tal razón incrustaron en los tubos, unas cuerdas atadas a campanitas que estarían en las lapidas. Si el muerto volvía a la vida, lo único que tenía que hacer era agitar la campanita hasta que alguien viniera y lo sacara de aquel agujero. 

Estoy riéndome ahora, mientras te imagino en un bus o probablemente en un restaurante de comidas rápidas, con tu mano introduciéndose en tu bolsillo y encontrándose con la campanita; mientras te preguntas de donde vino, por qué la tengo. Posiblemente la hagas sonar también.

Feliz cumpleaños, compañero.

No sé quién satanáces encontró una solución a nuestro problema, por lo que no sé si te debo felicitar o me debo felicitar a mí mismo. Lo admito, es un pequeño cambio en tu estilo de vida, pero sin embargo, es la solución más elegante.

Mírate y encontrarás la respuesta.

Eso suena como algo salido de una tarjeta de felicitación de esas que venden en las papelerías de los supermercados. No sé cómo se te ocurrió, pero me quito el sombrero ante ti. No es que entiendas de qué demonios ando hablando, pero honestamente, ha sido una idea genial. Después de todo, la gente necesita espejos para recordarse a sí misma quienes son. Tú no eres diferente.

8

LA VOCECITA MECÁNICA HIZO UNA PAUSA, antes de empezar a repetir las mismas palabras. Decía: “son las 8:00 am. Esta es una llamada de cortesía”. Earl abrió sus ojos y colocó el auricular en el lugar que correspondía. El teléfono reposaba en la cabecera de chapa barata que se extendía por detrás de la cama, pasaba por una esquina y terminaba en el minibar. La televisión estaba encendida, con imágenes color carne halagándose entre ellas. Earl se recostó y se sorprendió al verse tan viejo, bronceado y con el pelo alejándose de su rostro, como rayos de sol. El espejo en el techo estaba roto y el color plateado se desvanecía en los pliegues. Earl continuó observándose a sí mismo, estupefacto de lo que veía. Estaba vestido de los pies a la cabeza, pero su ropa era vieja y desgastada.

Earl tocó una zona familiar de su muñeca izquierda, donde ya no estaba su reloj. Dejo de mirar el espejo para centrarse en su brazo. Estaba desnudo y su piel tenía distinto bronceado, como si nunca hubiese tenido un reloj. El color era igual en toda su piel, con excepción de una flecha negra ubicada al interior de su muñeca, que señalaba la manga de su camisa. Observó la flecha por un instante y posiblemente dejó de frotársela para remangar su camisa. 

La flecha apuntaba a una frase tatuada alrededor de la parte interior de su brazo. Earl leyó la oración una o posiblemente dos veces. Otra flecha salía del principio de la frase y señalaba un poco más arriba del brazo de Earl y desaparecía con la manga. Desabotonó su camisa. 

Bajó su mirada a su pecho, pudo descifrar las formas, pero no pudo enfocarse en ellas, razón por la cual, miró al espejo sobre él.

La flecha iniciaba en el brazo de Earl, cruzaba su hombro y descendía por su torso superior; terminando en la imagén de la cara de un hombre que ocupaba la mayoría de su pecho. La cara era de un hombre alto, calvo, con bigote y barba. Era una cara particular, pero como en los retratos policiales, tenía cierta cualidad irreal.

El resto de su torso superior estaba cubierto por palabras, frases, partes de información e instrucciones, que estaban escritas al revés, pero que se veían al derecho en el espejo.

Luego de observar lo anterior, Earl se levantó, abotonó su camisa y se dirigió al escritorio; donde sacó un lapicero y un pedazo de papel de cuaderno en el que se dispuso a escribir.

9

No sé dónde estarás cuando leas esto. No estoy seguro si te importara leer esto. Supongo que no lo necesitas.

De verdad es una lástima que tú y yo nunca nos podamos conocer. Pero, como dice la canción “Con el tiempo, cuando leas esta nota, yo ya no estaré”.
Así somos de cercanos en este momento. Es lo que siento. Muchas piezas ya se han unido, se han dado a entender. Supongo que es cuestión de tiempo antes de que lo encuentres.

Quien sabe que habremos hecho para llegar ahí. Debe ser una historia infernal; si tan solo tú pudieras recordar algo de eso. Supongo que es mejor que no lo hagas.

Creo que me acabo de dar cuenta de algo, que probablemente encuentres útil.
Todo el mundo está esperando que El Fin de los días empiece, pero ¿qué pasaría si ya pasó al lado de nosotros? ¿Si la última broma del Día del Juicio hubiese ocurrido y nosotros no nos percatamos? El Apocalipsis llegó silenciosamente; los elegidos ya fueron enviados al cielo y el resto de nosotros, los que fallamos la prueba seguimos vagando, inconscientes de ello; muertos, errantes mucho después de que los dioses dejaron de prestarnos atención, optimistas sobre el futuro.

Pienso que si fuera cierto, da igual lo que hagas. No hay expectativas en ti. Si tú no puedes encontrarlo, no importa, porque nada importa. Y si tú lo encuentras, podrás matarlo sin temer por las consecuencias, porque no hay consecuencias.

Eso es lo que pienso ahora, en este miserable cuartico. En la pared hay fotos enmarcadas de barcos. ¿Dónde estamos? Yo no sé; pero si me preguntaras, creo que estamos en algún lugar de la costa. Si estas preguntándote porqué tu brazo izquierdo esta 5 veces más moreno que el derecho, no sé qué decirte. Supongo que hemos estado manejando mucho tiempo… y no, no sé qué le paso a tu reloj.

¿Todas esas llaves? ni idea. No reconozco ninguna. Llaves de autos, llaves de casas, y llavecitas para candados. ¿En qué mierda nos hemos estado metiendo?

Me pregunto si él se sentirá estúpido cuando lo encuentres, hallado por el hombre de los diez minutos. Asesinado por un vegetal.

Me iré en un instante. Dejaré el lapicero, cerraré los ojos y entonces podrás leer esto si quieres.

Solo quiero que sepas que estoy orgulloso de ti. Ya no hay personas importantes que queden para decírtelo. Las que quedan, tampoco querrán hacerlo

10

LOS OJOS DE EARL ESTABAN BIEN ABIERTOS, mirando a través de la ventana del auto. Sus ojos sonreían. Sonreían a través de la ventana en dirección a la muchedumbre que se reunía en el otro lado de la calle. Aquella turba aglomerada alrededor del cuerpo de la puerta. El cuerpo que se vaciaba lentamente a través de la acera en el desagüe de la tormenta.

Un chico gordito, en posición boca abajo y con los ojos abiertos. Era calvo y tenía barba. En la muerte, como en los retratos policiales, los rostros tienden a ser todos iguales. Pero este es definitivamente peculiar, aunque en realidad podría ser cualquiera.

Earl siguió riendo mientras observaba el abyecto cuerpo y el carro se alejaba del lugar. ¿El carro? ¿Quién lo dice? Puede ser un coche de policía o simplemente un taxi.

Mientras el auto se adentraba en el tráfico, los ojos de Earl brillaban bajo la oscuridad de la noche, observando las últimas imágenes del cuerpo, antes de que este desapareciera en el círculo de peatones preocupados que se aglomeraba a su alrededor. Reía mientras el vehículo proseguía con su ruta, alejándose de la muchedumbre.

La sonrisa de Earl empezó a esfumarse poco a poco. Algo le había ocurrido. Empezó de un momento a otro a buscar en sus bolsillos, de manera relajada inicialmente, como un hombre que busca sus llaves; pero luego mucho más desesperado. Posiblemente el par de esposas que estaban en las manos no le permitía buscar bien. Empezó a vaciar el contenido de sus bolsillos en el asiento. Algo de dinero, un montón de llaves, trozos de papel.

Un objeto de metal, salió disparado de su bolsillo y rodó a través del asiento. Earl se puso frenético. Se inclinó con dirección al plástico que lo separaba del conductor y le suplicó que le prestara un lapicero. Posiblemente el conductor del taxi no hablaba mucho inglés o posiblemente el policía no estaba acostumbrado a hablar con los sospechosos. Sea cual sea la razón, la barrera divisoria entre el hombre que conduce y el pasajero de atrás siguió cerrado y ningún lapicero fue a parar a sus manos.

El carro pasó sobre un bache y Earl parpadeó mientras observó su reflejo en el espejo retrovisor. Estaba calmado. El conductor pasó por otra curva y el objeto de metal se movió en dirección a su pierna mientras emitía un minúsculo sonido. Lo tomó para observarlo de manera curiosa. Era una campanita. Una campanita de metal. En ella estaba escrito su nombre y un compendio de fechas. Reconoció la primera: el año en que nació. La segunda no significa nada para él. Nada de nada.

Al mover la campanita entre sus manos, se percató que el espacio en su muñeca donde solía estar su reloj estaba vacío. Solo había una flecha apuntando a su brazo. Earl observó la flecha y empezó a remangarse su camisa.

11

“Vas a llegar tarde a tu propio funeral” te decía. ¿Recuerdas? Entre más lo pienso, más tonto lo veo. Qué clase de idiota, después de todo, tiene alguna especie de prisa por llegar al final de su propia historia?

Y además, ¿cómo puedo saber si voy tarde? Ya no tengo reloj. No sé qué hicimos con él.

De todas maneras, ¿para qué putas necesitas un reloj? Era una antigüedad. Peso muerto para tu muñeca. El símbolo del viejo tú, el que creía en el tiempo.

No. Tacha eso. No fue hace mucho que perdiste tu fe en el tiempo de la misma manera que el tiempo perdió la fe en ti. ¿Quién lo necesita? ¿Quién quiere ser uno de esos pobres diablos que viven en la seguridad del futuro, la seguridad del momento después del momento, en que sintieron algo fuerte? Viviendo en el momento siguiente, donde ellos no sienten nada. Arrastrándose por las manecillas del reloj, lejos de la gente que les hizo cosas innombrables. Creyendo la mentira de que aquel tiempo, curaría todas las heridas, que no es sino una forma eufemística de decir que el tiempo nos insensibiliza.
Pero eres diferente. Eres mucho más perfecto. El tiempo significa tres cosas para la mayoría de la gente, pero para ti, solo una. Una singularidad, un momento: Este momento. Eres como el centro del reloj, el eje donde se mueven las manecillas. El tiempo se mueve alrededor de ti, pero nunca te mueve a ti. Ha perdido la habilidad de afectarte. ¿Qué dicen ellos? ¿Que el tiempo es un ladrón? No para ti. Cierra tus ojos y podrás empezar una y otra vez. Evoca esa emoción necesaria tan fresca como las rosas.

El tiempo es un absurdo. Una abstracción. La única cosa que importa es el momento. Este preciso momento que se repite un millón de veces. Debes creerme. Si este momento se repite, si sigues intentando –porque tendrás que seguir intentando – finalmente podrás seguir con el siguiente punto de tu lista. 
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[1] En inglés CRS disease, que quiere decir “Can't Remember Shit Disease” o sea, “no recuerdo una mierda”.
[2] Del inglés single –serving package.
[3] La frase en el original es “Got the punch line”. “Punch line es la parte final de un chiste con la que el humorista busca hacer reír. Como en español no hay un equivalente, eso fue lo mejor que pude hacer con aquella frase. 


Imagen tomada de: http://www.decine21.com/EstructurasBd/Peliculas/N2590/Imagenes/memento11.jpg


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Traducción "Memento Mori" by Eladio Linacero is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 3.0 Unported License.
Creado a partir de la obra en www.impulsenine.com.

viernes, 20 de enero de 2012

Indefinido el destino de SOPA

En el día de hoy mientras entraba a mi correo electronico me encontré con esta noticia:

Hi everyone!

A big hurrah to you!!!!! We’ve won for now -- SOPA and PIPA were dropped by Congress today -- the votes we’ve been scrambling to mobilize against have been cancelled.

The largest online protest in history has fundamentally changed the game. You were heard.

On January 18th, 13 million of us took the time to tell Congress to protect free speech rights on the internet. Hundreds of millions, maybe a billion, people all around the world saw what we did on Wednesday. See the amazing numbers here and tell everyone what you did.

This was unprecedented. Your activism may have changed the way people fight for the public interest and basic rights forever.

The MPAA (the lobby for big movie studios which created these terrible bills) was shocked and seemingly humbled. “‘This was a whole new different game all of a sudden,’ MPAA Chairman and former Senator Chris Dodd told the New York Times. ‘[PIPA and SOPA were] considered by many to be a slam dunk.’”

“'This is altogether a new effect,' Mr. Dodd said, comparing the online movement to the Arab Spring. He could not remember seeing 'an effort that was moving with this degree of support change this dramatically' in the last four decades, he added."

Tweet with us, shout on the internet with us, let's celebrate: Round of applause to the 13 million people who stood up - #PIPA and #SOPA are tabled 4 now. #13millionapplause


Con un poco de escepticismo entré a google news para mirar si era cierto y me encontré con estas dos noticias:


Discúlpenme que sea tan improvisado y no traduzca las noticias ni hable del caso megaupload (que también se merece un post), pero esta es una noticia extraordinaria que debía ser reseñada. 

No obstante lo anterior, me permito decir no hay que bajar la guardia ya que “la industria” y sus “SS” están sacando cualquier excusa para encarcelar a quienes se les atraviese en sus intereses, con lo que no quiero crear un ambiente de conspiranoia, sino decir cosas que se estan viendo. En fin. Llama la atención como el gobierno del presidente del código abierto, está promoviendo actuaciones como la de ayer (el FBI es un agente del Departamento de Justicia del país estadounidense). Ya uno no sabe que es peor: un presidente republicano con todos sus defectos o uno como Obama que hace las cosas al contrario de lo que propone. 


Bueno, dejo hasta acá este post ya que estoy escribiendo ideas sueltas sin ningún orden, lo cual no beneficia esta entrada. En otro momento hablaré con más calma del asunto.

viernes, 13 de enero de 2012

Dos artículos de Alfredo Iriarte

Hoy extraigo en esta entrada, dos artículos escritos por Alfredo Iriarte y recogidos en el libro “Lo que lengua mortal decir no pudo", invitándolos con ello, a que lean más de este prolífico pensador y escritor.

UNA ESTRELLA MÁS EN LA BANDERA



Para nadie es un secreto que el imperio norteamericano, que empezó modestamente con las trece colonias en 1776, creció hasta alcanzar las impresionantes de hogaño sin reparar mucho en la licitud de los medios, con el sabio expediente de trocar los escrúpulos de conciencia por el <<Destino Manifiesto>>. Igualmente sabido es que en cada caso los medios fueron diferentes y que en  cada caso se aplicó el más aconsejable. Por ejemplo: para mutilar medio México y hacer de él parte de la Unión, Estados Unidos emprendió una brutal guerra de agresión. Sin embargo, Lousiana fue comprada a Francia sin que nadie tuviera que morir para ello. 

El general Jackson ocupó la Florida y España la <<cedió>>. Claro que en la expedición de Jackson los muertos fueron indios seminoles. Este prócer norteamericano fue uno de los más aguerridos exterminadores de indios. Por eso es uno de los padres de la patria elegidos para ornamentar billetes con su efigie. En la Florida estuvo Jackson singularmente eficaz. Los pocos descendientes que hoy quedan de los seminoles luchan con cocodrilos en repugnantes escenas circenses para solaz de los turistas.
Alaska fue comprada al régimen zarista y Hawai ocupada en el proceso de expansión al oeste del Pacifico. El occidente del país fue ganado en guerras en las que el civilizador WASP (White, Anglo Saxon, Protestant) diezmó a los pueblos bárbaros, que no hablaban inglés, usaban plumas, tenían tez cobriza y defendían sus tierras.

Cuba, Puerto Rico, Panamá, Honduras, Nicaragua, Santo Domingo, Haití…El coto privado de los marines…El Caribe es el Mare Nostrum de los Estados Unidos, había dicho Teodoro Roosevelt.
Depredación, etnocidio, compraventa, ocupación. Todos los medios fueron permisibles siempre que condujeran a colocar más estrellas en la bandera nacional. Hubo, sin embargo, uno en el que nunca pensaron los gringos, acaso porque, pensándolo bien, es ciertamente insólito: que una joven república suramericana endeudada y mendicante se ofreciera espontáneamente para aumentar la rutilante constelación. Pues bien: eso ocurrió, esa joven nación fue Colombia y quien propuso formalmente su anexión a los Estados Unidos fue su presidente constitucional el doctor Mariano Ospina Rodríguez, cofundador del Partido Conservador y grande de la patria, además de haber engendrado una copiosa progenie de presidentes.

El 10 de julio de 1857, el presidente Ospina dirigió a su copartidario el general Pedro Alcántara Herrán, a la sazón ministro de Colombia en Washington, este histórico mensaje:

Me permito llamar otra vez la atención de usted sobre este punto: ¿Qué inconveniente le resultaría a la Nueva Granada de anexarse a la Unión Americana? La Unión estaría dispuesta a aceptar la anexión. Todos los hombres que tienen sentido común han empezado a preguntarse: siendo cierto que estos países van a ser absorbidos por la Confederación del Norte, ¿por qué no se hace de una vez aquella operación pacíficamente?

Mucho se ha hablado y escrito entre nosotros de estas plutocracias latinoamericanas serviles, genuflexas y venales que jamás han vacilado en traficar con la soberanía nacional a trueque de los mendrugos que les arroja el amo de turno. Pero yo estoy seguro de que ni en la más delirante imaginación de ninguno de estos lacayos llegó a caber la idea de entregar un país entero. Ellos siempre han enajenado riquezas, derechos, dignidad, trozos de tierra. Pero a ninguno se le ocurrió jamás <<salir del paso>> en forma tan expedita. El doctor Ospina Rodríguez les ganó a todos. Si su antecesor Mallarino planteó la venta de buena parte de la nación, él no podía quedarse atrás. Él no se puso con timideces de pedacitos ni de entregas parciales. El país entero o nada.

Lo cierto fue que los fámulos golpearon a la puerta y los caimacanes no respondieron. ¿Por qué? No lo sé. Desde luego que debieron de tener razones muy sólidas. Una de ellas pudo ser que entonces no habían inventado aún la novedosa figura del <<Estado libre asociado>> en virtud del cual es posible crear una curiosa especie de sub-gringos que, siendo <<American Citizens>>, padecen la capitis diminutio de pertenecer a razas inferiores y mestizas. Otra pudo ser que los arúspices de Washington ya entonces vislumbraban las ventajas que les ofrecían las neocolonias.

En todo caso, aquí el propósito no es discutir la actitud de Washington ante la abyecta oferta sino la oferta en sí, que difícilmente puede encontrar paralelo en la secular historia de infamias que, como dice Eduardo Galeano, va de Hernán Cortés a los funcionarios del BID, pasando por los infames de marina.
Cabe, pues, al ilustre fundador de uno de nuestros grandes partidos tradicionales el singular honor de haber sido un egregio paradigma de todos los vendepatrias que en el continente han sido desde la Independencia hasta nuestros días y desde el río Bravo hasta el estrecho de Magallanes.

 EL MULTIMUEBLE POÉTICO



Hace ya muchos años que la figura prócera del doctor Núñez, altísimo poeta y regenerador de iguales dimensiones, viene siendo blanco de los vituperios de leguaraces y envidiosos, en su doble condición de salvador de la República zarandeada por la anarquía y cifra suprema de la poesía colombiana. 
En estas líneas voy a referirme exclusivamente a la personalidad lírica del ilustre cartagenero y a demostrar fácilmente la inanidad y la injusticia de los ataques con que sus detractores han pretendido ensombrecer su obra poética.

Yo estoy convencido de que, si bien la opera omnia del portalira –regenerador—<<no tiene presa mala>>, el poema que sobresale dentro de su conjunto con dimensiones colosales es el que se convirtió en la letra de nuestro glorioso himno patrio, a cuyos acordes marciales se ponen de pies millones de colombianos, que precede a las peroratas presidenciales y clausura las emisiones diarias de las radiodifusoras y los canales de televisión.

En las estrofas vibrantes del himno de la patria amada brilla con esplendor inusitado el genio poético del felibre –regenerador—. Su concepción es audaz y revolucionaria y sus tropos y metáforas plenos de belleza, así les pese a los estólidos que han llegado a la desvergüenza de llamar cursis y ramplones los versos del himno con que aprendimos, de niños, a amar a la tierra de nuestros lares y penates.

Y ahora, concrétemonos a la magna revolución poética que representa el himno del doctor Núñez. Ella consiste en el genial hallazgo de que la poesía puede componerse con piezas intercambiables, a manera de prodigioso multimueble lirico. En otras palabras, el rapsoda nos da un poema matriz con cuyos versos, alterando su colocación, pueden elaborarse otros poemas en número casi infinito. Veamos, pues, el resultado de una de esas operaciones de ingeniería poética, que fue posible solamente gracias al luminoso genio literario de quien no fue menos diestro en las piruetas líricas que en las políticas:

—I—
La Virgen sus cabellos
Termópilas brotando
Mortal el viento hallando
Arranca en agonía.
Si el sol alumbra a todos
A orillas del Caribe,
En su expansivo empuje
Los cuelga del ciprés.

—II—
Constelación de cíclopes
Se colma de despojos;
En átomos volando
Cesó la horrible noche
Con cada espiga un héroe
Hambriento un pueblo lucha
De Boyacá en los campos
Que riega dos océanos
—III—

 Ricaurte en San Mateo
Se baña en sangre de héroes;
Debajo de laureles
Seguridad buscó;
Espadas cual centellas
Bendicen su pasión
Porque el viril aliento
Desprecia su virtud

—IV—
La humanidad entera
Lamenta su esperanza;
La abnegación es mucha
De su invencible luz.
Centauros indomables
Ganaron la victoria;
De sangre y llanto un río
Circunda su alba tez.

—V—

En surcos de dolores
Bolívar cruza el Andes
Que cubre losa fría;
Pero este gran principio
Resuena, y los que sufren
Descienden a los llanos,
Horrores prefiriendo
A pérfida salud.

—VI—

Independencia grita.
Nariño predicando.
<<el rey no es soberano>>
Con llamas escribió.
La humanidad entera
Derrama las auroras
Y de su amor viuda
Se mira allí correr.


Imagenes tomadas de:
-http://www.semana.com/photos/%5C1403%5CImgArticulo_T1_60712_2009321_175934.jpg
-http://mas.lne.es/fotos/img/2008/2/228/30271278647a76491cfb232.96008667-4.jpg

domingo, 25 de diciembre de 2011

Más sobre las bananeras - Alfredo Iriarte



En esta entrada recojo un escrito del gran Alfredo Iriarte donde escribe sobre uno de los episodios poco conocidos de las bananeras. Lo extraje del libro “Lo que lengua mortal decir no pudo” y lo reproduzco para quienes no lo conocen:

MÁS SOBRE LAS BANANERAS 



Suele creerse que el episodio de las bananeras ha llegado a ser tan ampliamente conocido en todos sus pormenores ominosos, que poco o nada hay que agregar para que las gentes colombianas lo abarquen en su real dimensión de espanto y vergüenza. Yo, sin embargo, creo poder incluir en esta serie unos cuantos hechos que, por haber sido muy precariamente divulgados, caben perfectamente dentro del propósito cardinal de la serie el cual, como se indicó al comienzo de la misma, es sacar a la luz del sol algo del detritus que los gatos académicos han sepultado bajo asépticos y decorativos cúmulos de tierra, cumpliendo con ello fielmente la misión que les compete como custodios que son de un sistema que, en la medida en que se toma conciencia de su progresiva decrepitud, más se esfuerza en aparentar no sólo una vitalidad a toda prueba sino también un abolengo y unas ejecutorias intachables.

El acto de recrear la historia se torna particularmente grato cuando, en vez de apelar a relaciones, crónicas y documentos, la distancia que nos separa de los hechos nos permite acudir al testimonio directo de quienes la protagonizaron y vivieron. Tal es mi caso en estos capítulos sobre las bananeras. El país conoce bien a José Gnecco Mozo. Sabe de su brillante inteligencia, de su largo y fecundo magisterio en la ciencia del derecho constitucional, de sus atributos como historiador, tratadista y escritor.

Actualmente, José Gnecco, a la altura de sus 72 años, disfruta de las más envidiables condiciones de mocedad intelectual y física y, en consecuencia, de una memoria sorprendente. En largas y fecundas sesiones he tenido la oportunidad de oírle revelar unas veces y otras corroborar, hechos desconcertantes relacionados con ese sombrío episodio de la historia colombiana.

Por otra parte, antes de que se diga que lo que sigue es la versión mendaz de un apátrida comunista, debo aclarar que Pepe ha sido siempre, es y morirá godo, pero que a pesar de llevar por la vida ese rótulo, ya más anacrónico que oprobioso, ha sido, es y morirá honesto.

En 1928, Pepe Gnecco era secretario de Gobierno del doctor José María Núñez Roca, entonces mandatario seccional del Magdalena. El doctor Núñez tampoco era comunista. Era un patricio conservador de entrañables convicciones republicanas, atemperado y civilista. Era, además, un patriota. Se entiende, por tanto, que fuera tan adverso a los desmanes del ejército como a las maquinaciones inicuas de la United Fruit Company.  El hecho es que su suerte aciaga y el doctor Abadía Méndez lo llevaron a la Gobernación del Magdalena en los días de la gran huelga.

A la vez que el doctor Nuñez Roca ejercía el poder formal, ejercía a su vez el poder real el célebre Mr. Bradshaw, gerente general de la United de Colombia. Corrían ya los días críticos de la huelga. Los obreros habían logrado ya la unidad decisiva y recorrían la Zona impidiendo el corte de la fruta y haciendo imperiosa la exigencia de sus derechos burlados. Por esos días Mr Bradshaw empezó a visitar diariamente el despacho de la Gobernación, en la ciudad de Santa Marta. El procónsul llegaba todas las mañanas a la oficina de Núñez Roca ataviado con finos trajes de lino y escoltado por su séquito de abogados nativos, en cuyas garras de buitres, las leyes de Colombia pasaban a ser marionetas serviles de la Compañía explotadora.

Llegaba cotidianamente el prepotente virrey rodeado por su corte de juristas venales y exegetas a sueldo – herramientas indispensables del imperialismo – que hicieron decir bellamente a Luis Cano, en la época dorada y abolida en que los liberales eran nacionalistas: <<son más temibles para este pobre país los abogados de la Universidad de Colombia que los de la Universidad de Columbia>>. Lo cierto es que todos los días llegaba Mr Bradshaw con su cortejo de sanguijuelas a beber café  al despacho de Núñez Roca. La visita siempre era breve. Mientras el gringo saboreaba su tinto se desarrollaba a diario y en forma reiterada y machacona el siguiente dialogo:

Bradshaw (incisivo): Dígame una cosa, doctor Núñez, ¿las autoridades de Colombia sí están de veras en condiciones de garantizar la integridad de las vidas y bienes de los norteamericanos en la Zona Bananera?

Núñez Roca (desconfiado): Puede usted estar tranquilo, Mr Bradshaw. El ejército de Colombia está listo a asumir con presteza y eficacia la defensa de las vidas norteamericanas y los intereses de la compañía.

Bradshaw (desconfiado): Quiero seguir creyendo en usted. Ojalá no me defraude. Porque usted ya debe saber que ayer los obreros devastaron dos comisariatos y cometieron tales y cuales atropellos.

Núñez Roca (persuasivo): Eso es comprensible dentro de esta situación de emergencia, querido Mr Bradshaw. Pero debe usted estar seguro de que nada grave ocurrirá porque para impedirlo están las autoridades de la República.

Bradshaw (más sosegado): Confío en que las cosas no empeoren señor gobernador. Hasta la vista.

En ese momento desaparecían Bradshaw y su escolta de sabandijas hasta el día siguiente. Uno cualquiera de esos días Pepe Gnecco, intrigado, preguntó a Núñez Roca por qué expresaba con tanta certeza a Bradshaw la seguridad de las garantías del ejército colombiano en tanto que la situación se hacía cada vez más incontrolable. Sin perder la calma, el gobernador abrió de su gaveta de su escritorio, extrajo un catalejo y e invitó a su joven secretario a subir a la terraza de la Gobernación. Una vez allí le entregó el catalejo y le dio con el mismo talante apacible:

-Enfoque la vista hacia el centro de la había, mire en esa dirección hacia alta mar y encontrará la razón de mi actitud hacia el gringo.

El secretario apuntó el catalejo hacia donde se le indicaba y halló la razón del viejo gobernador en forma de destructores norteamericanos hermosamente artillados y cabalmente rellenos de marines ávidos de playas nuevas para su inextinguible furor bélico. Esto último no lo vio Pepe con el catalejo pero no requirió demasiada sagacidad ni rara clarividencia para adivinar que, en esas circunstancias, mal podían estar dos navíos de guerra de bandera norteamericana frente a la bahía de Santa Marta, cargados de monjas.  Núñez Roca no necesitó palabras para expresar lo obvio: que si él le dejaba entrever a Bradshaw duda alguna sobre la eficacia del ejército colombiano como guardián de la Compañía, el desembarco de los infantes seria cosa de horas.  Dicho en mejores palabras: los obreros en huelga por sus legítimos derechos tenían dos opciones: ser diezmados por los cobrizos soldados colombianos o por los infantes de Marina ojizarcos y catires.

Pero la suerte estaba echada. Ya se percibían en la Zona los pasos marciales de Carlos Cortés Vargas. Los obreros colombianos no serían ejecutados por verdugos extranjeros. Eso podía constituir una afrenta a la dignidad nacional. El Carnicero, con sus ametralladoras emplazadas en Ciénega, se anticiparía a los marines, impidiendo así en forma providente que militares foráneos profanaran con sus botas la integridad del suelo patrio y la soberanía de la República. Y conste que no se trata de especulaciones ni conjeturas. Así lo declaró públicamente y en forma reiterada el general Cortés Vargas.