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domingo, 22 de enero de 2012

La nueva política del miedo de Estados Unidos

"Cuidado con las macros ocultas"
Tron

Glosario Previo:

Industria: Para la teleología de este texto, llamaré industria a ese conjunto de personas de carne y hueso, empresas y demás, que conforman el vasto mundo de las organizaciones que promueven, defienden y de una forma u otra, se encuentran relacionadas con el derecho de autor.  

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Los últimos tres días han sido un torrente de información para nosotros los usuarios de internet. El día jueves los miembros directivos de megaupload fueron encarcelados en Nueva Zelanda por una orden emitida por el FBI (cuerpo policivo de Estados Unidos con jurisdicción en Estados Unidos a las órdenes del Departamento de Justicia del gobierno federal de los Estados Unidos de América para precisarlo lo mejor posible) y de la que hasta el momento hay una orden de extradición que lo más posible es que se dé. Lo anterior tiene como elemento curioso (por no decir trascendental), que los ciudadanos en mención, no son estadounidenses. 

El día viernes en lo corrido del día, se informó que quedó indefinido el destino de SOPA y por tanto, esta batalla de orden (casi) legal, la ganaron los internautas, defensores de los derechos civiles y la propia internet.

El sábado me enteré por medio de dross que el FBI tiene en la mira a los usuarios Premium de megaupload que descargaron o compartieron archivos con copyright, razón por la cual, más de uno, estamos (aquí tengo que incluirme por haber tenido cuenta premium) a la expectativa de cuál va a ser nuestro futuro.

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Los derechos de autor son el conjunto de derechos que protegen al AUTOR(es decir, a la persona que con su imaginación, conocimientos, etc.; crea la obra) y su obra. Existen dos clases de derechos de autor: los derechos morales que son los derechos inherentes al autor por el simple hecho de crear su obra y le permiten a este divulgarla (derecho de divulgación), ser reconocido como creador de la obra (derecho de paternidad), derecho a mutilar, modificar, transformar su obra como le dé la gana (derecho de integridad) y de arrepentirse de publicar su obra sacándola de circulación (arrepentimiento) y por el otro lado existen los llamados derechos patrimoniales, que aunque en principio son del autor, por medio de diferentes contratos o licencias, su titularidad puede pasar a terceros quienes deciden qué hacer con su explotación económica (razón por la cual son las grandes industrias quienes pelean los derechos de autor).

Del anterior breviario que les expuse se desprende todo ese vasto mundo de los llamados derechos de autor, que tuvo su origen en la República Ateniense, su primera controversia en el llamado caso San Columba vs San Finnan y su primera ley con el “Statute of Anne”. En Colombia, la primera ley del derecho de autor fue proferida por el prócer Francisco de Paula Santander (ley del 10 de mayo de 1834) y bueno, desde esa época, estamos en este cuento.  

Si miran un poco de la historia de los derechos de autor se pueden encontrar con que esta guerra de la Industria contra el usuario no es nueva y tuvo su antecedente más ejemplar en la época en que Gutenberg inventó la “imprenta” que logró masificar de manera abrumadora los libros, permitiendo la circulación del conocimiento de una manera que nadie se imaginaba hasta ese momento. Para entender la magnitud de semejante invento histórico, los remito a la novela de Umberto Eco llevada al cine de la mano de Jean-Jacques Annaud, El Nombre de la Rosa, donde los austeros monjes de la iglesia católica tenían guardados libros de filosofía platónica, aristotélica, entre otros; en los rincones más oscuros de las bibliotecas de sus abadía, donde solo muy pocos, tenían acceso al lugar. Por tal razón con el invento  de Gutenberg, se logró que libros como la Biblia pudieran ser leídos por muchos y no por pocos. Luego de lo anterior, la Iglesia Católica (que podemos denominar para este texto como “la industria en su etapa arcaica”) lucho contra las copias no autorizadas por medio de (si me permiten llamarlo así) normas legales como la bula IndexLibrorum prohibitorum  que censuraba los libros que la Iglesia veía como “perniciosos para la fe” (en una lista que llegó actualizarse por más de 4 siglos) y que prohibía la licencia de impresión. Como dato curioso, por aquella lista negra pasaron grandes obras de la literatura como Los Miserables de Víctor Hugo, obras de Copérnico (quien en mi opinión, fue el que dio lugar a los “hombros de gigante” de Newton con sus conocimientos), Nietzche, Beccaria, entre otros.

Mientras la iglesia luchaba contra los usuarios de entonces, los gobiernos no se quedaron atrás y empezaron a controlar la impresión de libros, dictaminando qué libros se imprimían y cuáles no, cuantos se podían imprimir, etc. ¿Les parece familiar?

Como último dato para terminar, en aquel siglo XVI, los derechos de autor, tenían en Inglaterra  el nombre de monopolio.
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Sonny Bono fue un artista, productor y político que ingresó a la política luego de que por culpa de la estúpida burocracia estatal, no pudiera abrir un restaurante en Palm Springs (California). Bonno había tenido una buena carrera musical que le permitió ser conocido por la gente, así que no le fue difícil llegar en el año de 1994 a la Cámara de Representantes. 

El excantante y ahora congresista no tuvo un paso ni bueno ni malo por el congreso. Murió a la edad de 63 años cuando se estrelló contra un árbol mientras esquiaba en las frías montañas de Nevada, dejando su puesto en el Congreso que fue tomado por el ave rapaz de su tercera esposa Mary Bono, quien en este texto llamaremos la “Inquisidora del conocimiento”.

Ahora bien, a la querida Inquisidora del conocimiento le parecía que las mansiones y millones de dólares que le dejaba su esposo, eran poca cosa para su manutención y por tanto propuso que los derechos de autor no prescribieran luego de 50 años de muerto el creador, sino que debían agregarle 20 años más, ya que ella tenía que dejar viviendo como reyes a sus hijos sin importar cosas secundarias como el conocimiento. La arpía citada anteriormente, argumentaba que “la voluntad de su marido era que sus derechos duraran para siempre”  y por tanto, los congresistas de USA profirieron la Sonny Bono Copyright TermExtension Act  donde aumentaron el número de años para la protección del derecho de autor. 

Ah, por cierto, antes de continuar, se me olvidaba comentar que años atrás de que esta señora nos saliera con semejante ley, la Unión Europea había proferido una norma que aumentó a 95 años la protección al derecho de autor luego de la muerte de este y de paso, revivió los derechos de autor expirados.

Ahora bien, mientras el Congreso celebraba de la mano de la Industria esta ley que promulgaba de todo menos el conocimiento, Eric Eldred, un programador y editor de obras de dominio público, consideró (acertadamente creo yo) junto a su abogado Lawrence Lessig que la norma en cuestión era inconstitucional ya que la Constitución de los EstadosUnidos en su artículo I, Sección 8 garantizaba el derecho de autor por un tiempo limitado con el ánimo de asegurar el progreso, cosa que contrariaba la ley al no contribuir al progreso. 

El resultado de lo anterior, fue una demanda fallada en contra y un proyecto llamado “Copyright Commons” que derivó en las ya conocidas licencias creative commons.

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Escribo esta entrada con los cuatro puntos que están leyendo porque como dice Dross en el video que coloco al comienzo de este punto, parece ser que el FBI investiga a todos los usuarios de cuentas Premium de megaupload, sin importar los derechos de tipo fundamental como el derecho a la privacidad de sus datos y (lo peor) sin permiso de un juez, que de acuerdo a los tratados internacionales que si están ratificados por USA, debe ser el juez natural de cada persona o en otras palabras, el juez competente del país de origen de la persona.

Lo anterior nos muestra que el 2012 empieza con una nueva política del miedo orquestada por Estados Unidos, la cual, como muchas otras propuestas anteriormente, está dispuesta a pasar por encima de cualquier ciudadano, haciendo caso omiso a las normas jurídicas que regulan sus estados (diferentes a los Estados Unidos). Digo política del miedo, porque la Industria por medio de sus “SS” busca que se condene a páginas grandes y usuarios pequeños por igual, sin importar que ellos simplemente hayan subido una película de hace años que no se consigue en el país de origen o un estreno en calidad paupérrima. También buscan condenar a todas las personas que hayan visto, oído o descargado, algún producto SIN SU AUTORIZACIÓN. La violación de derechos patrimoniales (que no vulneran derechos fundamentales como lo pueden hacer un genocidio o una invasión a un país) se ha vuelto al parecer, un tema de seguridad nacional para Estados Unidos y su industria.

Al día de hoy es tan peligroso ver películas por internet (online) o bajar música, como distribuir droga, o si no, pregúntenle a la madrecabeza de hogar con cuatro hijos que fue condenada a pagar 1.5 millones porbajar 25 canciones por kazaa!!. Las humildes empresas que perdieron miles de millones de dólares por aquellas 24 canciones y que fueron a juicio son: Capitol Records, Sony BMG Music, Arista Records, Interscope Records, Warner Bros. Records y UMG Recordings; unas pobres almas de Dios que no tienen un peso para comprar un pan.

El año 2012 va a ser el año de los monopolios, de las empresas multimillonarias, de las penas irrisorias, de la justicia a órdenes de las multinacionales y bueno, de la lucha de la industria avariciosa con sus abogados de contratos con muchos ceros contra el pobre diablo como uno que simplemente tuvo una cuenta en megaupload.

Sé que la violación de derechos de autor está mal y creo que a nadie le gusta que violen su derecho moral de paternidad (por medio del plagio) o que sea víctima de la piratería. El problema es que la industria que gana millones de dólares que nosotros solo vemos en los indicadores, está tomando una lucha en la que busca aplastar con su exceso (y abuso) del poder a las personas del común que simplemente quieren acceder a contenidos. Quieren fomentar una cultura del miedo donde el usuario de internet, se someta a sus exigencias (para consumir un producto que compró o sino recuerden el diferendo entre los usuarios de ps3 y SONY por Linux) y tenga miedo antes de oprimir click en cualquier link, puesto que puede ser ilegal y por tanto puede ir a la cárcel. A partir de ahora, nosotros los usuarios, somos para la industria unos delincuentes que compran sus productos.

Algunos dirán que estoy siendo demasiado exagerado y hasta conspiranoico, pero es lo que se ve, es lo que muestran las noticias de los últimos días. Nadie está exento de ir a una cárcel en Estados Unidos aunque la ley de su país no condene esas acciones y nadie está exento de pertenecer a esas listas negras que crea el gobierno norteamericano para dañar la vida de las personas (sí, aquellas listas que violan la soberanía de un país).

Todo porque los directivos de "la Industria" no se actualizan a la época en la que estamos y luchan con medios verdaderamente efectivos a la piratería, en lugar de medidas de censura, como por ejemplo buenos precios y buenos productos. Saben que es lo más curioso? Que la única industria que fue capaz de comprender esto fue la industria de la pornografía y por tanto, no van a encontrar ninguna empresa de este tipo en la lista de propulsores de SOPA, pero si en los que se opusieron a esta ley como Youporn .

A los usuarios que puedan leer esta entrada, les pido (como lo hizo dross) que no envíen correos amenazantes o groseros al FBI, ya que (como dice DROSS y lo repito porque vale la pena hacerlo) ellos los pueden guardar para que cuando ustedes viajen a Estados Unidos (o a cualquier país que tenga tratado de extradición con ellos) los cojan y los traten como delincuentes que atentan contra la Seguridad Nacional, no obstante que no haya ninguna amenaza real. El FBI recordemos, sigue órdenes del Departamento de Justicia del Gobierno Federal de los Estados Unidos (o sea el del presidente Obama).

Quien sabe qué llevó al presidente del supuesto código abierto a realizar las acciones más draconianas jamás pensadas por nosotros. Solo espero que esto no llegue a peor. El caso es que aquel Gran Hermano imaginado por Orwell parece hoy más cierto que nunca con los últimos acontecimientos, con el agravante que no respeta nacionalidad ni soberanía de un país. Todos los usuarios de internet sin importar su raza, nacionalidad o idioma, son igual de vulnerable ante el gigantesco poder de las empresas. Ya nos mostraron de qué son capaces. Nuestro futuro es incierto y lo único cierto es que posiblemente en las próximas semanas empecemos a ver, cuál va a ser el destino de la internet. 


Imágenes tomadas de :

-http://s3.jrnl.ie/media/2012/01/mega-390x285.jpg
-http://www.elblogdesilvero.com.ar/wp-content/uploads/2012/01/derechos-de-autor.png
-http://parterre.com/wp-content/uploads/2011/09/domingo_mickey.jpg

Video tomado de:


 -http://www.dross.com.ar 

viernes, 13 de enero de 2012

Dos artículos de Alfredo Iriarte

Hoy extraigo en esta entrada, dos artículos escritos por Alfredo Iriarte y recogidos en el libro “Lo que lengua mortal decir no pudo", invitándolos con ello, a que lean más de este prolífico pensador y escritor.

UNA ESTRELLA MÁS EN LA BANDERA



Para nadie es un secreto que el imperio norteamericano, que empezó modestamente con las trece colonias en 1776, creció hasta alcanzar las impresionantes de hogaño sin reparar mucho en la licitud de los medios, con el sabio expediente de trocar los escrúpulos de conciencia por el <<Destino Manifiesto>>. Igualmente sabido es que en cada caso los medios fueron diferentes y que en  cada caso se aplicó el más aconsejable. Por ejemplo: para mutilar medio México y hacer de él parte de la Unión, Estados Unidos emprendió una brutal guerra de agresión. Sin embargo, Lousiana fue comprada a Francia sin que nadie tuviera que morir para ello. 

El general Jackson ocupó la Florida y España la <<cedió>>. Claro que en la expedición de Jackson los muertos fueron indios seminoles. Este prócer norteamericano fue uno de los más aguerridos exterminadores de indios. Por eso es uno de los padres de la patria elegidos para ornamentar billetes con su efigie. En la Florida estuvo Jackson singularmente eficaz. Los pocos descendientes que hoy quedan de los seminoles luchan con cocodrilos en repugnantes escenas circenses para solaz de los turistas.
Alaska fue comprada al régimen zarista y Hawai ocupada en el proceso de expansión al oeste del Pacifico. El occidente del país fue ganado en guerras en las que el civilizador WASP (White, Anglo Saxon, Protestant) diezmó a los pueblos bárbaros, que no hablaban inglés, usaban plumas, tenían tez cobriza y defendían sus tierras.

Cuba, Puerto Rico, Panamá, Honduras, Nicaragua, Santo Domingo, Haití…El coto privado de los marines…El Caribe es el Mare Nostrum de los Estados Unidos, había dicho Teodoro Roosevelt.
Depredación, etnocidio, compraventa, ocupación. Todos los medios fueron permisibles siempre que condujeran a colocar más estrellas en la bandera nacional. Hubo, sin embargo, uno en el que nunca pensaron los gringos, acaso porque, pensándolo bien, es ciertamente insólito: que una joven república suramericana endeudada y mendicante se ofreciera espontáneamente para aumentar la rutilante constelación. Pues bien: eso ocurrió, esa joven nación fue Colombia y quien propuso formalmente su anexión a los Estados Unidos fue su presidente constitucional el doctor Mariano Ospina Rodríguez, cofundador del Partido Conservador y grande de la patria, además de haber engendrado una copiosa progenie de presidentes.

El 10 de julio de 1857, el presidente Ospina dirigió a su copartidario el general Pedro Alcántara Herrán, a la sazón ministro de Colombia en Washington, este histórico mensaje:

Me permito llamar otra vez la atención de usted sobre este punto: ¿Qué inconveniente le resultaría a la Nueva Granada de anexarse a la Unión Americana? La Unión estaría dispuesta a aceptar la anexión. Todos los hombres que tienen sentido común han empezado a preguntarse: siendo cierto que estos países van a ser absorbidos por la Confederación del Norte, ¿por qué no se hace de una vez aquella operación pacíficamente?

Mucho se ha hablado y escrito entre nosotros de estas plutocracias latinoamericanas serviles, genuflexas y venales que jamás han vacilado en traficar con la soberanía nacional a trueque de los mendrugos que les arroja el amo de turno. Pero yo estoy seguro de que ni en la más delirante imaginación de ninguno de estos lacayos llegó a caber la idea de entregar un país entero. Ellos siempre han enajenado riquezas, derechos, dignidad, trozos de tierra. Pero a ninguno se le ocurrió jamás <<salir del paso>> en forma tan expedita. El doctor Ospina Rodríguez les ganó a todos. Si su antecesor Mallarino planteó la venta de buena parte de la nación, él no podía quedarse atrás. Él no se puso con timideces de pedacitos ni de entregas parciales. El país entero o nada.

Lo cierto fue que los fámulos golpearon a la puerta y los caimacanes no respondieron. ¿Por qué? No lo sé. Desde luego que debieron de tener razones muy sólidas. Una de ellas pudo ser que entonces no habían inventado aún la novedosa figura del <<Estado libre asociado>> en virtud del cual es posible crear una curiosa especie de sub-gringos que, siendo <<American Citizens>>, padecen la capitis diminutio de pertenecer a razas inferiores y mestizas. Otra pudo ser que los arúspices de Washington ya entonces vislumbraban las ventajas que les ofrecían las neocolonias.

En todo caso, aquí el propósito no es discutir la actitud de Washington ante la abyecta oferta sino la oferta en sí, que difícilmente puede encontrar paralelo en la secular historia de infamias que, como dice Eduardo Galeano, va de Hernán Cortés a los funcionarios del BID, pasando por los infames de marina.
Cabe, pues, al ilustre fundador de uno de nuestros grandes partidos tradicionales el singular honor de haber sido un egregio paradigma de todos los vendepatrias que en el continente han sido desde la Independencia hasta nuestros días y desde el río Bravo hasta el estrecho de Magallanes.

 EL MULTIMUEBLE POÉTICO



Hace ya muchos años que la figura prócera del doctor Núñez, altísimo poeta y regenerador de iguales dimensiones, viene siendo blanco de los vituperios de leguaraces y envidiosos, en su doble condición de salvador de la República zarandeada por la anarquía y cifra suprema de la poesía colombiana. 
En estas líneas voy a referirme exclusivamente a la personalidad lírica del ilustre cartagenero y a demostrar fácilmente la inanidad y la injusticia de los ataques con que sus detractores han pretendido ensombrecer su obra poética.

Yo estoy convencido de que, si bien la opera omnia del portalira –regenerador—<<no tiene presa mala>>, el poema que sobresale dentro de su conjunto con dimensiones colosales es el que se convirtió en la letra de nuestro glorioso himno patrio, a cuyos acordes marciales se ponen de pies millones de colombianos, que precede a las peroratas presidenciales y clausura las emisiones diarias de las radiodifusoras y los canales de televisión.

En las estrofas vibrantes del himno de la patria amada brilla con esplendor inusitado el genio poético del felibre –regenerador—. Su concepción es audaz y revolucionaria y sus tropos y metáforas plenos de belleza, así les pese a los estólidos que han llegado a la desvergüenza de llamar cursis y ramplones los versos del himno con que aprendimos, de niños, a amar a la tierra de nuestros lares y penates.

Y ahora, concrétemonos a la magna revolución poética que representa el himno del doctor Núñez. Ella consiste en el genial hallazgo de que la poesía puede componerse con piezas intercambiables, a manera de prodigioso multimueble lirico. En otras palabras, el rapsoda nos da un poema matriz con cuyos versos, alterando su colocación, pueden elaborarse otros poemas en número casi infinito. Veamos, pues, el resultado de una de esas operaciones de ingeniería poética, que fue posible solamente gracias al luminoso genio literario de quien no fue menos diestro en las piruetas líricas que en las políticas:

—I—
La Virgen sus cabellos
Termópilas brotando
Mortal el viento hallando
Arranca en agonía.
Si el sol alumbra a todos
A orillas del Caribe,
En su expansivo empuje
Los cuelga del ciprés.

—II—
Constelación de cíclopes
Se colma de despojos;
En átomos volando
Cesó la horrible noche
Con cada espiga un héroe
Hambriento un pueblo lucha
De Boyacá en los campos
Que riega dos océanos
—III—

 Ricaurte en San Mateo
Se baña en sangre de héroes;
Debajo de laureles
Seguridad buscó;
Espadas cual centellas
Bendicen su pasión
Porque el viril aliento
Desprecia su virtud

—IV—
La humanidad entera
Lamenta su esperanza;
La abnegación es mucha
De su invencible luz.
Centauros indomables
Ganaron la victoria;
De sangre y llanto un río
Circunda su alba tez.

—V—

En surcos de dolores
Bolívar cruza el Andes
Que cubre losa fría;
Pero este gran principio
Resuena, y los que sufren
Descienden a los llanos,
Horrores prefiriendo
A pérfida salud.

—VI—

Independencia grita.
Nariño predicando.
<<el rey no es soberano>>
Con llamas escribió.
La humanidad entera
Derrama las auroras
Y de su amor viuda
Se mira allí correr.


Imagenes tomadas de:
-http://www.semana.com/photos/%5C1403%5CImgArticulo_T1_60712_2009321_175934.jpg
-http://mas.lne.es/fotos/img/2008/2/228/30271278647a76491cfb232.96008667-4.jpg

domingo, 25 de diciembre de 2011

Más sobre las bananeras - Alfredo Iriarte



En esta entrada recojo un escrito del gran Alfredo Iriarte donde escribe sobre uno de los episodios poco conocidos de las bananeras. Lo extraje del libro “Lo que lengua mortal decir no pudo” y lo reproduzco para quienes no lo conocen:

MÁS SOBRE LAS BANANERAS 



Suele creerse que el episodio de las bananeras ha llegado a ser tan ampliamente conocido en todos sus pormenores ominosos, que poco o nada hay que agregar para que las gentes colombianas lo abarquen en su real dimensión de espanto y vergüenza. Yo, sin embargo, creo poder incluir en esta serie unos cuantos hechos que, por haber sido muy precariamente divulgados, caben perfectamente dentro del propósito cardinal de la serie el cual, como se indicó al comienzo de la misma, es sacar a la luz del sol algo del detritus que los gatos académicos han sepultado bajo asépticos y decorativos cúmulos de tierra, cumpliendo con ello fielmente la misión que les compete como custodios que son de un sistema que, en la medida en que se toma conciencia de su progresiva decrepitud, más se esfuerza en aparentar no sólo una vitalidad a toda prueba sino también un abolengo y unas ejecutorias intachables.

El acto de recrear la historia se torna particularmente grato cuando, en vez de apelar a relaciones, crónicas y documentos, la distancia que nos separa de los hechos nos permite acudir al testimonio directo de quienes la protagonizaron y vivieron. Tal es mi caso en estos capítulos sobre las bananeras. El país conoce bien a José Gnecco Mozo. Sabe de su brillante inteligencia, de su largo y fecundo magisterio en la ciencia del derecho constitucional, de sus atributos como historiador, tratadista y escritor.

Actualmente, José Gnecco, a la altura de sus 72 años, disfruta de las más envidiables condiciones de mocedad intelectual y física y, en consecuencia, de una memoria sorprendente. En largas y fecundas sesiones he tenido la oportunidad de oírle revelar unas veces y otras corroborar, hechos desconcertantes relacionados con ese sombrío episodio de la historia colombiana.

Por otra parte, antes de que se diga que lo que sigue es la versión mendaz de un apátrida comunista, debo aclarar que Pepe ha sido siempre, es y morirá godo, pero que a pesar de llevar por la vida ese rótulo, ya más anacrónico que oprobioso, ha sido, es y morirá honesto.

En 1928, Pepe Gnecco era secretario de Gobierno del doctor José María Núñez Roca, entonces mandatario seccional del Magdalena. El doctor Núñez tampoco era comunista. Era un patricio conservador de entrañables convicciones republicanas, atemperado y civilista. Era, además, un patriota. Se entiende, por tanto, que fuera tan adverso a los desmanes del ejército como a las maquinaciones inicuas de la United Fruit Company.  El hecho es que su suerte aciaga y el doctor Abadía Méndez lo llevaron a la Gobernación del Magdalena en los días de la gran huelga.

A la vez que el doctor Nuñez Roca ejercía el poder formal, ejercía a su vez el poder real el célebre Mr. Bradshaw, gerente general de la United de Colombia. Corrían ya los días críticos de la huelga. Los obreros habían logrado ya la unidad decisiva y recorrían la Zona impidiendo el corte de la fruta y haciendo imperiosa la exigencia de sus derechos burlados. Por esos días Mr Bradshaw empezó a visitar diariamente el despacho de la Gobernación, en la ciudad de Santa Marta. El procónsul llegaba todas las mañanas a la oficina de Núñez Roca ataviado con finos trajes de lino y escoltado por su séquito de abogados nativos, en cuyas garras de buitres, las leyes de Colombia pasaban a ser marionetas serviles de la Compañía explotadora.

Llegaba cotidianamente el prepotente virrey rodeado por su corte de juristas venales y exegetas a sueldo – herramientas indispensables del imperialismo – que hicieron decir bellamente a Luis Cano, en la época dorada y abolida en que los liberales eran nacionalistas: <<son más temibles para este pobre país los abogados de la Universidad de Colombia que los de la Universidad de Columbia>>. Lo cierto es que todos los días llegaba Mr Bradshaw con su cortejo de sanguijuelas a beber café  al despacho de Núñez Roca. La visita siempre era breve. Mientras el gringo saboreaba su tinto se desarrollaba a diario y en forma reiterada y machacona el siguiente dialogo:

Bradshaw (incisivo): Dígame una cosa, doctor Núñez, ¿las autoridades de Colombia sí están de veras en condiciones de garantizar la integridad de las vidas y bienes de los norteamericanos en la Zona Bananera?

Núñez Roca (desconfiado): Puede usted estar tranquilo, Mr Bradshaw. El ejército de Colombia está listo a asumir con presteza y eficacia la defensa de las vidas norteamericanas y los intereses de la compañía.

Bradshaw (desconfiado): Quiero seguir creyendo en usted. Ojalá no me defraude. Porque usted ya debe saber que ayer los obreros devastaron dos comisariatos y cometieron tales y cuales atropellos.

Núñez Roca (persuasivo): Eso es comprensible dentro de esta situación de emergencia, querido Mr Bradshaw. Pero debe usted estar seguro de que nada grave ocurrirá porque para impedirlo están las autoridades de la República.

Bradshaw (más sosegado): Confío en que las cosas no empeoren señor gobernador. Hasta la vista.

En ese momento desaparecían Bradshaw y su escolta de sabandijas hasta el día siguiente. Uno cualquiera de esos días Pepe Gnecco, intrigado, preguntó a Núñez Roca por qué expresaba con tanta certeza a Bradshaw la seguridad de las garantías del ejército colombiano en tanto que la situación se hacía cada vez más incontrolable. Sin perder la calma, el gobernador abrió de su gaveta de su escritorio, extrajo un catalejo y e invitó a su joven secretario a subir a la terraza de la Gobernación. Una vez allí le entregó el catalejo y le dio con el mismo talante apacible:

-Enfoque la vista hacia el centro de la había, mire en esa dirección hacia alta mar y encontrará la razón de mi actitud hacia el gringo.

El secretario apuntó el catalejo hacia donde se le indicaba y halló la razón del viejo gobernador en forma de destructores norteamericanos hermosamente artillados y cabalmente rellenos de marines ávidos de playas nuevas para su inextinguible furor bélico. Esto último no lo vio Pepe con el catalejo pero no requirió demasiada sagacidad ni rara clarividencia para adivinar que, en esas circunstancias, mal podían estar dos navíos de guerra de bandera norteamericana frente a la bahía de Santa Marta, cargados de monjas.  Núñez Roca no necesitó palabras para expresar lo obvio: que si él le dejaba entrever a Bradshaw duda alguna sobre la eficacia del ejército colombiano como guardián de la Compañía, el desembarco de los infantes seria cosa de horas.  Dicho en mejores palabras: los obreros en huelga por sus legítimos derechos tenían dos opciones: ser diezmados por los cobrizos soldados colombianos o por los infantes de Marina ojizarcos y catires.

Pero la suerte estaba echada. Ya se percibían en la Zona los pasos marciales de Carlos Cortés Vargas. Los obreros colombianos no serían ejecutados por verdugos extranjeros. Eso podía constituir una afrenta a la dignidad nacional. El Carnicero, con sus ametralladoras emplazadas en Ciénega, se anticiparía a los marines, impidiendo así en forma providente que militares foráneos profanaran con sus botas la integridad del suelo patrio y la soberanía de la República. Y conste que no se trata de especulaciones ni conjeturas. Así lo declaró públicamente y en forma reiterada el general Cortés Vargas.