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lunes, 23 de enero de 2012

Carlos Fuentes en A Fondo Con Joaquín Soler Serrano




Otro de los escritores que viene a Hay Festival Cartagena 2012, es Carlos Fuentes cuya presentación no es necesaria por parte de este humilde bloguero ya que es uno de los mejores escritores que ha dado a luz México (no obstante que sus últimas novelas no han sido las mejores). En virtud de lo anterior, traigo la entrevista que tuvo con Joaquín Soler Serrano y que no ha sido hasta ahora distribuida en video y que tomé del libro "Escritores a Fondo". 


<<Era una vida como de gitanos con frac>>

-Carlos Fuentes, diplomático, hijo de diplomáticos, nacido en 1928 en México y escritor desde los 20 años, salta al conocimiento de las mayorías con su libro Cambio de Piel, Premio Biblioteca Breve 1967. ¿En qué ambiente social y familiar se desenvolvieron tus primeros años?
-Mi padre era, como tú lo acabas de decir, diplomático, de modo que llevamos un poco esa vida de gitanos de frac que es la de los diplomáticos, recorriendo muchas capitales, sobre todo del hemisferio americano. Estuve, siendo muy pequeño, en Montevideo y en Río de Janeiro, donde tuve mi primer contacto con la literatura en las rodillas de don Alfonso Reyes, que era entonces nuestro embajador en tanto que mi padre era secretario de la embajada. Posteriormente pasé ocho años en Washington, y allí me hice bilingüe, y fueron años desgraciados, años sin vacaciones, porque iba a la escuela norteamericana y empezaba a perder el español y mi padre me decía: <<¡No es posible, tu eres mexicano, tu lengua es el castellano!>>, y durante las vacaciones en Estados Unidos me mandaba al colegio en México para seguir aprendiendo el castellano. ¡Ocho años sin vacaciones! Para mí las vacaciones solo existían en las novelas de Mark Twain, pero no en la vida real.

-Pero esos viajes a México te permitían adquirir el sentido de tu nacionalidad…
-Así es, en efecto, gracias a ellos tuve consciencia de mi filiación mexicana, de mi pertenencia a una cultura. Recuerdo que esa toma de conciencia personal sucede cuando nacionaliza el petróleo el presidente Lázaro Cárdenas en 1938. Hasta ese momento yo había sido un niño, un niño querido en las escuelas, que participaba en los juegos y en las representaciones teatrales, que era buen alumno, y que tenía amigos…Pues bien, de la noche a la mañana empezaron a aparecer esos titulares gigantescos en la prensa: <<El rojo Cárdenas nos roba nuestro petróleo.>> <<Los mexicanos nos han confiscado…, etc.>> y me convertí en un apestado. Me di cuenta de que pertenecía a una nación, a su cultura y también a su historia.

-Estuviste también en Chile…
-Sí y en Santiago proseguí mis estudios. Fuer para mí esa instancia chilena muy importante, porque me encontré realmente con mi lengua, mi historia, mi cultura, y no sólo le debo eso a ese país al que quiero tanto, sino también el haber despertado a la consciencia política. Y es que era imposible vivir en Chile en la época del Frente Popular sin tener una participación en la consciencia política aunque tuviera uno 11 años de edad: la libertad sindical, la libertad de prensa, la extraordinaria politización de la gente…En Chile aprendí todas esas cosas, y allí empecé a escribir.

-Luego hay otra etapa bonaerense…
- Sí, me tocó asistir en Buenos Aires al ascenso del peronismo. Esta fue una experiencia desagradable de mi juventud, porque el ministro de educación era entonces un insulso novelista de cierto éxito popular que se llamaba Hugo Wast, aunque su verdadero nombre era Martínez Zubiría. Este señor Wast, como ministro de educación, impuso una serie de normas de interpretación de la historia en las escuelas, en virtud de las cuales, si a uno le preguntaban: <<¿Quién tenía la razón, Atenas o Esparta?>>, había que contestar <<Esparta>> y así por el estilo…¡Ah!, y teníamos que cantar todos los días estribillos como este:

¡Uno, dos, tres, cuatro…

Tenemos Perón para rato!

Lo de Perón era tremendo. A otra pregunta sobre los tres hombres más grandes de la historia de América nos hacían responder: <<Colón, San Martín y Peron>>. Así que pedí out y regrese a México, y habiendo toda la vida en escuelas laicas y liberales en virtud de la ideología de mi padre, mi madre decidió que ingresara en una escuela religiosa, y fue la de los maristas. Descubrir aquella cultura, aquella enseñanza fue un verdadero shock para mí. En un momento traumático como es el de la adolescencia, descubrir las nociones del pecado resultó tremendo. Ya de ahí pasaría luego a la Universidad, a seguir el camino que se les reserva (o más bien se les reservaba) a los escritores hispanoamericanos, que debían ser abogados para evitar morirse de hambre.

<<Conocer la estructura, la lógica, las formas, aunque solo sea para violarlas>>



-Sin embargo, tu vocación literaria era ya una cosa decidida
-Sí, pero no había quien te librara de hacerte abogado. Algo incomprensible. Recuerdo que una vez estaba yo comiendo con Alfonso Reyes, quien trataba de persuadirme de que siguiera la carrera de abogado, contra mi inclinación literaria. (Había escrito ya cuentos en Chile. Y una infumable novela de ochocientas páginas que pasaba en una plantación de Haití con mucho vudú). Y Reyes me decía: México es un país muy formalista, y la gente necesita un asa para levantar nuestra tacita, y ese asa es el título profesional, el título de abogado. México, según sabes, es un país de licenciados. Desde que llegaron los primeros licenciados a quitarle los frutos de la conquista a Hernán Cortés, los licenciados han imperado en México, de modo que yo debía licenciarme. Me resistí duramente, pedí venir a Europa, estudié en Ginebra, supe entender en Suiza que era interesante para un escritor conocer el derecho, y que no el faltaba razón a Stendhal cuando decía que <<el mejor modelo para un novelista es el código civil napoleónico>>.   

-El indispensable conocimiento de las estructuras.
-Eso, aunque solo sea para violarlas. Hay problemas de estructura, de lógica, de formas, incluso para violar la estructura, la lógica y las formas. Yo diría que ese conocimiento es necesario para cualquier artista. Picasso era un extraordinario dibujante clásico, que era dueño de la forma a efecto de violarla. Y es el caso de muchas de las empresas de la narrativa hispanoamericana actual. No es gratuito el desencaje de tiempos y espacios que buscamos, sino que hay siempre una razón, y en cualquier cosa conocer las formas es básico. A mí el derecho me dio el conocimiento de las formas a violar. Regresé a la escuela de derecho de México, y tuve la enorme ventaja de conocer a un gran maestro español, refugiado de la emigración repúblicana, don Manuel Pedroso, que había sido rector de la Universidad de Sevilla y era un gran internacionalista, un hombre que formó toda una generación de mexicanos, y que nos enseñó a leer y a pensar. Nos daba clases de derecho constitucional y de teoría del estado, y nos decía: <<En vez de rellenarte de teorías, leer seriamente tres libros: La República de Platón; El Principe de Maquiavelo y El Contrato Social de Rousseau. Con eso basta.>> Y si yo le decía <<No puedo con el derecho mercantil, don Manuel, no me entra>>, me decía <<léete el Cesar Birotteau de Balzac y entenderás todo lo que es el derecho mercantil.>> Y cuando llegué a esa clase de derecho mercantil, me dije: aquí es el Rubicon, donde se parten las aguas. O apruebo derecho mercantil y soy abogado, o renuncio al derecho y me hago escritor.
-Y decidiste lo segundo, claro.
-Así fue. Viví un poco en la diplomacia, y cuando mi primera novela, La Región Más Transparente, tuvo un gran éxito editorial en México, eso ya me petrimitió vivir de mis regalías, y a partir de entonces he vivido siempre escribiendo, con el intermedio de la embajada de París, que ocupé durante los dos últimos años.

<<El “Quijote” funda la literatura europea y nos enseña a leer de nuevo>>.



-¿Qué influencias más decisivas recibiste de tus padres?
-De mi padre una gran curiosidad, un gusto enorme por la lectura, y una gran afición al cine. Recuerdo como uno de los días más felices de mi vida aquel en que mi padre me llevó al cine (tenía yo unos 10 años y estábamos en Nueva York) para ver Citizen Kane de Orson Welles. En ese momento se abrió ante mis ojos un mundo y decidí ser novelista; entendí la relación entre el destino personal y la circunstancia histórica, que luego sería tema constante de todas mis novelas. Mi padre pertenecia a una familia de emigrantes alemanes y españoles, españoles de Canarias y de Murcia, y alemanes por parte de mi abuela, emigrados políticos, ya que mi abuelo había sido un socialista lasaliano alemán en oposición a Bismarck que decidió emigrar al Nuevo Mundo y fundó una plantación cafetalera en el estado de Veracruz. Mi madre no tenía la orientación liberal de mi padre, sino que es mucho más tradicionalista, católica, lo que siempre me creó un conflicto que agradezco, porque me enseñó una cosa muy importante, Joaquín, y es que solo se puede combatir lo que se ama, y se tiene que conocer lo que se combate por dentro para poder escribir sobre ello. De los dos recibí, sobre todo, mucho cariño.

-Naturalmente, la tuya fue una niñez sin problemas económicos.
-Desde luego, ninguno. Yo pertenezco a la alta burguesía mexicana.
-¿Y eso no te planteó algún condicionamiento de entrada para tu entendimiento del mundo?
 - Por supuesto, pertenecer a esa clase social, y además ser un mexicano que observaba a su país desde el extranjero, me permitió una perspectiva de la cual carecen los demás escritores de mi generación.



-¿Por eso irritó tanto La región más transparente?
-Si, fue un libro que molestó mucho y tuvo gran repercusión en México, porque yo podía ver a la ciudad de México y el fenómeno histórico mexicano con una distancia que no tenía mis contemporáneos. Era también el resultado de mi vida fuera del país lo que yo estaba viendo: Cárdenas, lo que pasó después de Cárdenas, llegar a una ciudad donde se burlaban de mí porque hablaba un poco como chileno o como argentino, y porque usaba las bombachas argentinas, porque no sabía los chistes mexicanos (las groserías, los albures, como se dice en México) …Todo eso me condicionó para tener una perspectiva muy peculiar frente al país, y frente al lenguaje del país.

-Tal voracidad de lector, que has confesado a veces, ¿te llevaba por caminos concretos?
-Yo creo que leí lo que todos los niños. Hay un amigo mío, Llerasi, que es hijo de un pintor español emigrado tras la guerra civil, que esta haciendo la biografia de Sartre. Él creció en los Estados Unidos, adonde se fue su padre, y una vez que salía de ver a Sartre me dijo: he empezado por pedirle que me dé la lista de los libros que leyó de niño y yo no conozco ni uno solo de estos libros. Dime tú que libros son…
-¿Y eran?
-Pues allí se hablaba, por ejemplo de Alejandro Dumas. Y es que cambian los libros de la infancia de una cultura a otra. Yo tuve la fortuna de compartir los libros de la infancia del mundo hispánico con los de la infancia del mundo anglosajón, y fui lector de Julio Verne, de Alejandro Dumas y de Robert Louis Stevenson.

-¿Cuándo empiezas a hallar en los libros el gusto de lo literario?
La más grande revelación literaria me ocurrió a los 12 años, cuando leí el Quijote por primera vez. Desde entocnes es un libro que leo todos los años sin falta. Cada semana santa le dedico a leer el Quijote.
-Sobre él has escrito bastantes páginas…
-Sí, porque no solamente creo que es el libro esencial de nuestra literatura, sino que es también la novela fundadora. Es la novela que funda la literatura europea, la narrativa europea moderna, y sigue siendo el libro más moderno que se ha escrito. Te he dicho que lo leo cada año, y  en cada nueva lectura he descubierto facetas y aspectos que antes no habían advertido.
-En tus lecturas sistemáticas de ese libro descubres también las intenciones cervantinas…
-Estoy seguro de que cualquier lector de Cervantes que se propusiera escribir un libro sobre Cervantes daría una riqueza de interpretación insospechada para todo lo demás, incluso para los profesores y cervantólogos con diploma. Es un libro para todos porque es un libro que nos enseña a leer de nuevo. Y ése fue el propósito inicial del libro: hacer una nueva lectura del mundo frente al mundo de la escolástica, que se dejaba atrás y frente al mundo tridentino de Felipe II. Y sigue siendo hoy un libro que nos enseña a leer de nuevo.

El cuadro sociopolítico del México en que me tocó crecer

-En esa época de tus años juveniles, ¿Cuál era el cuadro político mexicano?
-Yo nací el año del asesinato del presidente electo Álvaro obregón, gracias al cual se impuso el maximato de Plutarco Elías Calles como jefe máximo de la revolución, y la fundación del Partido Nacional Revolucionario que con el tiempo llegaría a ser el actual PRI (Partido Revolucionario Institucional).  En aquel momento la fase armada de la revolución mexicana había terminado, y se trataba de crear instituciones que permitiesen a la Revolución desaturnizarse, ya que la Revolución Mexicana (como toda revolución) tuvo su carácter satúrnico, devoró a sus propios hijos, proliferaron las facciones y los ejércitos privados, los grupos en guerra entre sí. El gran mérito de Calles fue demostrar al país que se necesitaba en ese momento una unidad revolucionaria frente a la amenaza exterior. Esta amenaza provenía de los Estados Unidos, que estaban en contra de la aplicación de la Constitución mexicana, y notablemente en contra del artículo 27, que preveía la nacionalización de las riquezas del subsuelo, y también en contra de la reforma agraria que afectaba a muchos intereses norteamericanos. Ese partido fundado por Calles ha seguido en el poder desde entonces. Pero Calles creó además una serie de instituciones fundamentales, entre ellas el Banco Nacional de México, y creó una política de infraestructura básica (carreteras, electrificación, sanidad, educación, etcétera), que fue el primer país del mundo subdesarrollado en diseñar y acometer. No obstante, Calles se dedicó posteriormente a hacer el poder detrás del trono y fue amainando en su actitud revolucionaria a medida que se iban enriqueciendo él y sus amigos y fueron cambiando las circunstancias internacionales, pero en esos momentos llegó al poder Lázaro Cárdenas, y fue quien le dio el impulso a la revolución mexicana. Llevó la reforma agraria a sus últimas consecuencias, y liberó totalmente el peonaje mexicano, lo convirtió en mano de obra barata para la industrialización de México, con lo cual sentó las bases de esa industrialización y nacionalizó el petróleo.
-Que estaba siendo explotado irracionalmente por compañías extranjeras…
-Tanto que las reservas mexicanas estaban agotándose… Al nacionalizar el petróleo, canalizó esa enorme fuerza hacia el país mismo, lo que permitió que el país se industrializara de forma veloz. En esa época que a mi me tocó de niño, la Revolución mexicana, un poco como el Japón después de la restauración de 1860, creó un estado nacional, que a su vez creó las clases sociales modernas, el estado revolucionario alfombró al país, lo amuebló, y después de la salida de Cárdenas lo ocupó la burguesía nacida al amparo de la reforma revolucionaria.

-Y a ti te tocó vivir el momento de esa nueva burguesía
-Una burguesía rapaz, poco ilustrada, egoísta, que estaba logrando una extraordinaria acumulación de capital con la teoría de que el capital al acumularse en la cima acaba por desparramarse hacia la base. Tal cosa no sucedió en México ni ha sucedido en parte alguna del mundo. Y ése era el cuadro político y social dentro del cual crecí, asumí, ví y describí notablemente en La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz, que son dos libros críticos sobre esta situación.

<<La Revolución permitió a México conocer su propio rostro>>

-La Revolución mexicana fue vista con simpatía por el mundo. Era una revolución que tenía un halo romántico…
-En efecto. Y yo añadiría que fue la revolución más revolucionaria, porque lo fue sobre todo en el aspecto cultural, entendiendo a la cultura en su aspecto profundo de los lazos hondos que unen a una sociedad. Tú sabes que cuando Cortés se presentó ante Carlos V, el emperador le preguntó: ¿y cómo es ese país que ha conquistado usted?  Y Cortés no dijo una palabra, agarró un papel, lo hizo bola, y se lo puso en la mesa al emperador. Así le mostraba lo que era México: un país de una orografía impresionante, de abismos, picos, aislamiento en una palabra, y que en virtud de estas dificultades de la comunicación geográfica creció como un país de aislamientos, de compartimentos estancos. Hace tres o cuatro años, regiones indígenas del estado de Jalisco, donde viven los indios güicholes, unos artesanos maravillosos y aterrizamos en un campo de aviación junto al cual había un enorme barranco, un gigantesco abismo, tan hondo como el Cañón del Colorado, que es el Cañón del río Santiago en Jalisco. Del lado en que aterrizábamos nos recibían sus jefes indígenas; del otro lado del barranco estaban los jefes indígenas de otro pueblo haciendo señas. Los del pueblo al que llegamos nos dicen: llevamos siglos y siglos de vernos, pero nada más que vernos, pero nunca nos hemos hablado ni hemos estado cerca, siempre nos separa este abismo, un abismo que sin duda no era solo físico, sino también cultural. Y entonces el presidente mandó su avión para que los jefes de un pueblo fueran al otro y por fin se pudieran dar las manos. Y éste es el sentido más profundo de la Revolución Mexicana: la ruptura del aislamiento que existía entre los mexicanos. Porque lo cierto es que los mexicanos no se conocían entre sí. Y lo hicieron gracias a la Revolución, en el sentido de las grandes cabalgatas de Pancho Villa, que venía desde el norte, y de las de Zapata, que venían desde el sur, para encontrarse ambos en la Ciudad de México. Y esas gentes acarreaban canciones, colores, lenguajes, modos de hablar, modos de amar, modos de comer, modos de llorar, modos de odiar, que finalmente se juntaron, se fundieron, y permitieron a México conocerse, revelar su propio rostro. Y voy a contarte una anécdota muy significativa a este respecto: cuando las fuerzas de Zapata, que venían del estado de Morelos, ocuparon la ciudad de México en 1915, los peones, con carrilleras, y fusiles, y grandes sombreros de palma, fueron acuartelados en los viejos hoteles particulares, en las viejas mansiones del porfiriato, de la aristocracia del antiguo régimen. Descubrieron un lujo que desconocían: grandes arañas, escaleras maravillosas, pisos de mármol, pero sobre todo descubrieron espejos de cuerpo entero con marco dorado. Entonces arrojaron sus fusiles y se dedicaron a verse en los espejos, porque aquella era la primera vez que se veían, jamás se habían visto antes, ni sabían cómo eran, y estaban allí reunidos y diciéndose: <<Mira, soy yo>>, <<ése eres tú>>, y finalmente: <<somos nosotros>>…Es decir, que la Revolución permitió a México descubrir su rostro, permitió descubrir su <<nosotros>>, y ésta es la gran vitalidad de la Revolución mexicana, a pesar de todas las <<traiciones>>, las claudicaciones…es un hecho cultural, histórico, sumamente profundo, que sigue latiendo en el centro del país en sus entrañas ¡y guay del que se desvíe demasiado de esa consciencia revolucionaria, porque el país si tiene consciencia y sabrá responder!  

-¿Y adonde quiere ir la Revolución Mexicana?>>
-Tiene ahora problemas nuevos. Es una crisis total de sistema o modo operatorio. En 1968, gracias al movimiento estudiantil, que fue también un despertar del país amodorrado por el desarrollismo económico, se vio que México no tenía respuestas a un desafío social y político de la juventud y de grandes capas de la clase media y de la clase proletaria. Sólo supo responder con el crimen, con la matanza del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, en la plaza de las Tres Culturas. La respuesta política vino más tarde con el presidente Luis Echevarría, quien hizo una apertura democrática con el propósito de que las fuerzas sociales y políticas se sintieran libres para actuar, para expresarse y para criticar, y sobre todo con un ánimo dispuesto a la autocrítica y al señalamiento de los problemas nacionales. Echevarría corrió el enorme riesgo de que se le acusara de crear problemas…problemas que a veces datan del tiempo de los aztecas…o incluso de la colonia española, o del 15, el 17, el 39, tanto da, puesto que eran problemas endémicos, muy viejos, que él puso de relieve. Y nos dijo estas cosas tremendas pero evidentes: el país sufría una explosión demográfica incontenible; el desempleo escalaba cotas muy altas; la su producción era más que preocupante; la riqueza estaba muy injustamente repartida…Y sólo mediante la apertura de los canales de comunicación social a efecto de los problemas surgieran y de paso se discutieran, se podría llegar a las soluciones. Creo que por todos estos motivos fue muy interesante la etapa que inició Echevarría, y por esa razón yo le presté mi ayuda, pues sentí que las críticas que yo había hecho en mis libros coincidían a otro nivel (a un nivel político) con el esfuerzo que realizaba Luis Echevarría.

<<Aquellos conquistadores rudos se llevaban nuestro oro, y nos dejaban su oro: la lengua>>

-Desde la perspectiva que dan los años, ¿Cómo ve el mexicano moderno la época de la conquista y de la colonia?
-La historia tiende a tomar caminos maniqueos con mucha facilidad, lo sabes tú y lo sé yo. En México se procedió a la exaltación exagerada de los vencidos, la exaltación de los valores indígenas frente a los valores españoles. Es una aberración histórica, pero que tenía sentido en mi país, porque tendía a revalorizar el mundo indígena, a rescatarlo de su postración. Es significativo que en México hay una estatua de Cuahtémoc, el último emperador azteca vencido, y no hay ninguna de Hernan Cortés. Fíjate que en Lima hay una estatua de Pizarro, y que en Perú ha habido una oligarquía que durante siglos se ha perpetuado en el poder, descendientes todos de los capitanes de Pizarro, de los conquistadores en suma.  En cambio en México, que ha sido un país de transtornos violentos, en el que ninguna clase dirigente ha podido mantenerse como tal y las aristocracias han sido barridas cada cuarenta o cincuenta años del poder por insurgencias populares volcánicas, era natural que se valorizara la herencia indígena por encima del a herencia española para darle razón al vencido. Incluso Porfirio Díaz, nuestro dictador de principios de siglo, lo decía de una manera bastante jocosa. Decía: <<Al niño hay que darle la razón aunque no la tenga>>. Es verdad que había demagogia en esto, pero también había un lado humano: al vencido es al que hay que proteger. Y esta corriente se desbordó en aspectos maniqueos, como por ejemplo los murales de Diego Rivera, en los que aparece Cortés como una especie de monstruo, parece el enano calabacillas, es un bufón de corte, jorobado, con las rodillas hinchadas, sifilítico…¡un horror! Y sabemos perfectamente que no era así. También aparece Alvarado siempre poniéndoles el fuego rojo a las indias en la frente, en una especie de maniqueísmo a la western, de buenos y malos, españoles malos e indios buenos…Y ha tenido que pasar mucho tiempo, ha tenido que pasar la guerra civil y la emigración (que nos trajo a los mejores hombres de España), para que México acabe por entender que tenemos dos herencias, y que hay que asumirlas y decantarlas, que hay aspectos negativos y positivos en ambas herencias, y en esto también se le debe mucho al presidente Echevarría, que fue el primer presidente meixcano en insistir en que descendemos de indios y de españoles, y que nuestra herencia española es valiosísima y no podemos echarla por la borda.

-En ese sentido, Octavio Paz ha influido grandemente…
-Ha sido sumamente útil, porque es el primer gran poeta mexicano que, siendo además un gran ensayista, entra a fondo en el estudio de esos tres siglos de nuestro silencio histórico, que son los siglos de la colonia, sobre los cuales casi nada se sabe, sobre los cuales casi nada se ha escrito, y en los que la Inquisición, la lejanía, y una serie de factores le impusieron silencio a México y a sus escritores. Sor Juana Inés de la Cruz es un ejemplo evidente. Y estamos en trance de recuperar todo esto. Yo creo que no hay una página escrita más hermosa sobre el problema que estás planteando que la que Neruda dedica en sus memorias a la lengua española, y habla de estos conquistadores rudos que se lo llevaban todo, pero que también nos lo dejaban todo. Se llevaban nuestro oro, y nos dejaban su oro, su lengua.

<<A mí no me interesa agradar al lector y tenerlo adormecido>>

-En 1955 fundaste la Revista Nacional de Literatura, en cuyos artículos editoriales expusiste siempre la convicción de que la disciplina es el nombre cotidiano de la creación.

- En todos nuestros países hay una tendencia a que la vida literaria oscile entre el café y la academia, y hemos sido testigos de tantas generaciones de escritores que por falta de emulación o por provincianismo terminan perdidas en las oficinas públicas y en las cantinas. Yo siempre supe desde niño, y lo supe por Reyes y Pedroso, que sin dsiciplina no hay obra literaria. Hay que levantarse todos los días y sentarse en la máquina de escribir tanto si llueve como si truena. No llego al extremo de decir que caminaría sobre el cadáver de mi abuelita para escribir un libro como un personaje del Watergate, pero sí diría que nada debe impedir que el escritor se siente y trabaje diariamente. Porque de otro modo no se escriben los libros, y el escritor se queda en promesa, demasiadas promesas y muy pocas realizaciones. El mundo hispanoamericano es un mundo de promesas excesivas que no llegan a realizarse. Afortunadamente hay una generación de escritores hispanoamericanos que entendieron el problema de la disciplina como esencial para la creación literaria, y tanto nosotros como los que nos precedieron inmediatamente, y hablo de los padres de la literatura moderna de la América Latina, como son Borges, Carpentier u Onetti, todos hemos tenido una consciencia muy clara de que no somos la culminación de nada, sino el principio de algo. Nuestra literatura sigue siendo sumamente pobre en comparación con el cuerpo riquísimo de la literatura inglesa, o alemana, o francesa, pero hay que empezar y hay que empezar con una lección de disciplina, de integridad, de probidad en la creación del lenguaje, del ejercicio de la imaginación, para sentar los cimientos de lo que puede ser una gran literatura del futuro.
-¿Escribes con la misma facilidad en inglés que en castellano?
-Sí, pero me abstengo de hacerlo en inglés.
-Alguna novela y algunos artículos habías escrito en inglés…
-Pero me di cuenta de que no tiene chiste, de que no vale la pena ser un escritor más de lengua inglesa, que es una lengua que se basta a sí misma, de una riqueza salvaje. No hay lengua con una literatura más rica en estos momentos. No hay un lenguaje más liberado y más capaz de metamorfosearse, de nutrirse a sí mismo, de explotar, de morir, de renacer, que la lengua inglesa. De manera que me pareció mucho más  interesante plantearme los problemas de la creación frente a la lengua castellana, una lengua sometida, depauperada, metida en toda clase de corsés morales, políticos y religiosos. Esto representaba un desafío. Y además, yo creo que uno escribe en la lengua en que sueña y ama e incluso insulta. Tenemos la experiencia de que nos insultan en inglés o en francés y el insulto nos pasa como aire; nos insultan en español y respondemos.

-Tu respuesta a este reto es amplia y fecunda: el lenguaje experimenta cambios asombrosos, se producen distorsiones…
-Déjame que te diga cosas sumamente concretas de mi quehacer y el de muchos compañeros hispanoamericanos, ahora ya sin teorizar en absoluto. Se nos ha acusado de jugar con el idioma, de teorizar en absoluto. Se nos ha acusado de jugar con el idioma, de romperlo, de desquiciarlo de una manera gratuita, no experimental. No es cierto, Joaquín, porque para mí el lenguaje es la expresión de algo y el sostén de algo: el lenguaje sostiene al poder, el lenguaje es la cultura, es comunicación es memoria, es olvido. Para mí, el hecho de escribir novelas está íntimamente ligado al acto de la memoria. Hay muchas maneras de la memoria: hay una manera que es la de Proust, que es la memoria de la memoria, un hombre que quiere recordar; hay otra manera que es la de Kafka, la memoria del olvido: Kafka se está recordando que quiere olvidar. Para mí el problema como hispanoamericano es recordar todo lo no dicho por la historia; es rescatar del silencio de casi cuatro siglos de nuestra historia, pues creo de la manera más profunda que un individuo (o un pueblo) sin un pasado vivo no puede tener un presente vivo ni un futuro viable. Éste es para mí el papel que juega el lenguaje: ser el vehículo mismo de este acarreo, de este rescate o salvación de la mentira y del olvido. Esa considero que es la tarea principal mía como novelista…y de muchos amigos y colegas míos.

-Es una manera de obligar al lector…
-Y al crítico también, si es que el crítico es lector. Hay que obligarles a darse cuenta de que la palabra no puede seguir siendo como antes. Esta palabra que estoy distorsionando se ha convertido en una moneda gastada, y hay que troquelarla de nuevo, para que pueda volver a circular y a significar algo. Lo que estoy haciendo es llamar la atención del lector, haciéndole detenerse, incluso mediante una injuria o una bofetada, a reflexionar sobre la palabra o la frase que está leyendo, y que no la pase por alto, lo cual nos conduce a una manera especial de concebir la relación novelista-lector, y la única relación que yo concibo es la de una pugna: a mí no me interesa agradarles al lector y tenerlo adormecido.
-Lo que tú haces es provocarle abiertamente
-¡Bastante adormecido estaba! Y si los medios de adormecimiento abundan en el mundo actual, ¿por qué voy a añadir yo un elemento hipnótico más? Al contrario, yo quiero sacudir al lector, sacarlo de su modorra, ayudarlo a escribir la novela conmigo. Y en esto debo señalar la influencia de mi amistad con Buñuel, porque yo creo que fue él quien directamente me enseñó esa lección a través del trato personal y de sus películas, que son todas películas abiertas, en que finalmente la solución queda en manos del espectador.

<<Hernán Cortés es el hombre más importante de México y hay que rescatarlo de la ignominia con que ha sido cubierto>>



-Hablemos de tus libros: Los días enmascarados trataban de dar validez al tema mitológico. De La Región más transparente hemos hablado antes. Las buenas consciencias es en cierto modo una novela anglosajona.
-Es mi homenaje a Pérez Galdós. Hasta aparecen personajes de Fortunata y Jacinta.
-La Muerte de Artemio Cruz la empezaste en Cuba, desde la perspectiva de la Revolución Cubana y es una novela política…
-La novela de un hombre que surgió con la Revolución y que narra la historia desde su lecho de muerte. Y en su agonía se desdobla en tres: hay un <<yo>>, un <<tu>> y un <<él>>.
-Pasado, presente y futuro. Las técnicas de Carlos Fuentes empiezan a ser más complejas y nos da tres planos distintos. Aura es una novela casi gemela de La Muerte de Artemio Cruz.
La escribí como un respiro de la otra, y ambas se refieren a Artemio Cruz. La primera se refiere a una muerte disfrazada de vida, y Aura a una vida disfrazada de muerte.
-Aura es una muchacha que vive con una vieja excéntrica en un caserón casi en ruinas…
-Y llegas tú, y tú entras, tú llamas a la puerta…sí, eres tú, el lector; quien se enamora de la joven (NOTA: SPOILER) y al final descubre que la joven es una emanación de la vieja, a la cual la presencia de él le ha dado una apariencia de juventud, pero cuando ese amor se va agotando vuelve a ser la vieja, no es más que la vieja, y él permanece prisionero de la vieja para siempre.



-¿Ese <<tú>> soy yo, o se trata de un <<tú>> abstracto?
- Es el tú más concreto del mundo. Es el que tiene el libro manos, es el tú del espectador que está viendo Las meninas.
-Es un intento verdaderamente audaz de que el lector esté dentro de la historia.
-Eso lo inventó Velásquez y está en el Prado.
-Sí, pero no en la narrativa. Sigue luego Cantar de Ciegos, cuentos en los que te refieres a la vieja creencia de que los ciegos son videntes, adivinos, autorizados a leer en el futuro…
-¡Ahí tienes a Homero y a Borges!...
-Cambio de piel presenta al lector un proyecto más ambicioso que todos los anteriores: un mapa del inconsciente mexicano. Cuatro personajes muy diversos parecen hacer un viaje por la carretera de México a Cholula, sin llegar jamás a Cholula. ¿Cuántos planos se mezclan en esta novela?
-Hay muchos, pero son sobre todo planos culturales, que finalmente se resuelven en uno solo: el plano de la historia.
-Los críticos han dicho que es tu mejor obra.
-Creo que un escritor escribe una sola obra con distintos capítulos. Y aún podría ir más allá y diría repitiendo una observación de mi amigo García Márquez que en realidad en América Latina estamos escribiendo una sola novela con distintos capítulos: en Cuba escribe un capítulo Alejo Carpentier; en Argentina, Julio Cortázar; en Perú, Vargas Llosa…

-En Zona sagrada hay una visión personal de un joven obsesionado por la personalidad mítica de su madre, famosa estrella de cine. Y luego aparece este tremendo libro, Terra Nostra, del que Antonio Tovar ha escrito que trata poco generosamente a España.
-¡No es cierto! En absoluto. Tomo uno de los personajes de la leyenda negra española, que es Felipe II, para demostrar que este hombre no pertenece totalmente al mundo de las tinieblas, sino también en gran medida al mundo de la luz. Eso no me parece una actitud poco generosa, ni mucho menos.
-La novela gira en torno a tres fechas decisivas: 1521, derrota de los comuneros; 1492, descubrimiento de América; 1598, muerte de Felipe II. Son tres fechas simbólicas que corresponden a las tres partes del libro: el viejo mundo, el mundo nuevo y el otro mundo. Un joven blanco llega a América, huyendo de España, convertida en viejo mundo por voluntad de Felipe II y va a fundar un mundo nuevo. El hombre blanco acaba con el mundo ritual americano, pero la colonización americana acabará con el viejo mundo de la monarquía universal.
-Lo que pasa, Joaquín, es que ese peregrino en tierras de Indias busca una utopía. Claro que me salto a la torera las fechas históricas, porque el descubrimiento de América en Terra nostra tiene lugar durante el reinado de Felipe II, y he tratado de reunir allí, en un Escorial de la imaginación a todos los Austrias coexistiendo en el mismo espacio y en el mismo tiempo. Hay una abolición del tiempo histórico real a fin de darle una intensidad mayor a una serie de eventos históricos que suceden casi al mismo tiempo. Y el peregrino en tierras de América se encuentra, al enfrentarse a la teocracia azteca, con un régimen tan opresivo como el régimen del viejo mundo que abandonó.
-Es un esfuerzo colosal, un ejercicio de estilo impresionante, en el que se nos da una concepción enteramente novedosa de lo que es el fenómeno de la conquista…
-Ahora devolvemos las carabelas…
-Afortunadamente, son de ida y vuelta.
-Las naves se quemaron una sola vez…pero no se quemaron realmente nunca.

-¿Qué memoria queda en México de Hernán Cortés?
-Creo que Hernán Cortés es el hombre más importante de México, pero hay que rescatarlo de la ignominia con que ha sido descubierto…
-Ha sido una maniobra digamos natural…
-Porque fue el gran vencedor. Pero en verdad yo pienso que Cortés era un derrotado: por la Corona y por la Iglesia. Cortés representaba la promesa de modernidad de España que fue aplastada por Carlos V en Villabar al derrotar los comuneros. Y es muy significativo que la derrota de la revolución comunera de Castilla que tiene lugar en Villalar en 1521 ocurre el mismo año de la caída de Tenochtitlán en manos de Cortés, es decir, que España era en la Edad Media, y a principios del siglo XVI, el país más democrático de Europa sin duda alguna. Y se convierte en una nación de régimen vertical y autoritario gracias a la restauración del imperio vertical por Carlos V que interrumpe todo ese gran proceso de democratización española: fueros, vida municipal libre, garantías, etc. Y en lugar de la teocracia vertical azteca, lo que Carlos V impone es una teocracia vertical de los Austrias. Aquel experimento democrático avanzado que pudo haber cambiado totalmente la ruta política de la América española fue frustrado en ese momento y con eso se frustró también la personalidad de Hernán Cortés, que representaba a esos hombres nuevos salidos de las pequeñas ciudades de Extremadura, Castilla y Andalucía, que eran hijos de molineros, de porquerizos, de agricultores, que fueron los verdaderamente derrotados.
-Y que eran probablemente los que iban por delante en la España de su tiempo…
-Sí, detrás ya solo vinieron los tinterillos, los licenciados.
-Es impresionante también la historia de amor de Cortés
-Apasionante. Y esencial para entender la historia de México, porque el peor insulto que hay en México es hijo de la Malinche, hijo de la chingada, el hijo de la mujer violada, el bastardo…Y México siempre se ha sentido como un país huérfano, un país sin padre, porque el conquistador Hernán Cortés tuvo este hijo natural, violó a la mujer nativa y luego la abandonó…Y la gran respuesta política de la colonia española, concretamente del arzobispo de México, Zumárraga, fue crearle una Madre a los mexicanos: la Virgen de Guadalupe. En ello se puede estar en desacuerdo, pero hasta los comunistas son guadalupanos. Es el símbolo de nuestra maternidad pura, es la anti-Malinche, sustituimos a la Malinche por la Virgen de Guadalupe, y al papá ausente, Hernán Cortés, por el señor presidente de la República.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Mario Vargas Llosa en "A Fondo" con Joaquín Soler Serrano



“A fondo” fue un programa de entrevistas transmitido por la televisión española desde 1976 hasta 1981, donde invitaban a diversos artistas a una charla, conducida por el célebre Joaquín Soler Serrano, el cual, por medio de preguntas lograba indagar sobre los sentimientos más profundos, las anécdotas menos conocidas y las facetas menos distinguidas de aquellas personalidades del ámbito artístico invitadas al programa. Borges, Cortazar, Onetti, Dali o Elia Kazan son algunos de los personajes que pasaron por este programa dejándonos muchas de las mejores entrevistas que deberían servir de enseñanza para las próximas “camadas” de periodistas que salgan al mundo laboral.

Ahora bien, uno de los entrevistados más celebres que pasó por el programa fue el escritor peruano Mario Vargas Llosa que estoy seguro, no necesita presentación. El problema de lo anterior es que no pude encontrar la entrevista realizada al hombre en youtube y por tanto me di a la tarea de buscarla en cuanto medio pudiera estar. Lo bueno de todo es que me topé con ella en uno de los capítulos del libro “Escritores a Fondo” en donde se transcribe la charla entre Soler Serrano y Vargas Llosa y aquí la comparto:

Las procesiones bárbaras de Cochabamba

- Antes de los 40 años, Mario Vargas Llosa había alcanzado en el mundo un gran prestigio, su nombre se había barajado en las nominaciones en el Nobel, y sus lectores en España y América se contaban por cientos de miles. Usted nació en Arequipa, Perú, en marzo de 1936.
- Sí, pero conocí la tierra en que nací siendo ya adolescente, porque mi familia se trasladó a Bolivia cuando yo apenas tenía un año. Y vivimos en Cochabamba casi diez años, así que, en realidad fue en Bolivia donde aprendí a caminar, a leer, a escribir…
- Qué recuerdos conservas de esos años de Cochabamba?
- Muchas imágenes que son muy distintas unas de otras. Uno de los recuerdos más vivos de esos años es el de los Carnavales, que no sé si serían tan importantes en Cochabamba como lo son en mi memoria. Pero recuerdo que realmente eran un hecho extraordinario para mí y para todos los muchachos de mi edad. La ciudad entera se empapaba, se <<jugaba con agua>>  toda una semana, y la vida quedaba totalmente paralizada. No había colegio, por supuesto, y uno se preparaba para los Carnavales con mucha anticipación: llenando canastas con globos, haciendo unos proyectiles temibles que se llamaban <<cascarones>> (que eran huevos vacíos, que se rellenaban con aguas de colores) acopiando <<chisguetes>>…Era una fiesta un poco bárbara, pero que para un niño de pocos años resultaba estimulante. Otro recuerdo muy plástico es el de las procesiones de Semana Santa, que, según mi memoria, tenían colorido y violencia, porque los campesinos bajaban a la ciudad a participar en las procesiones y lo hacían generalmente bebidos. Desfilaban con machetes, y hasta con cartuchos de dinamita que hacían explotar por las calles. Recuerdo que todo eso me asustaba mucho
-¿Cuáles fueron los primeros libros amigos?
-Libros de aventuras, novelas por las que guardo aún mucha devoción…
-¿En especial por quién?
-En especial por Dumas, aunque lo leí después. Pero en Cochabamba ya recuerdo haber leído historias como El hijo de Nostradamus que me dejaron fascinado.
-La afición por la cultura y la literatura francesa parece común a todos los escritores hispanoamericanos
-Hace 20 o 25 años era un fenómeno general en toda América Latina. No sé si seguirá sucediendo. La literatura francesa en particular y la cultura francesa en general han influido muchísimo en la historia social y cultural de nuestros países. Los escritores de mi generación descubrimos la literatura a través de los autores franceses del XIX y más modernos. De Dumas a Victor Hugo, Flaubert, Stendhal, Balzac…  cuando ingresé en la Universidad, Sartre y Camus eran los grandes nombres, los maestros de mi generación.
-En 1945, la familia regresa al Perú. A una ciudad que conocemos por tus novelas: Piura.
-Sí, Piura es una ciudad del norte de Perú. Una ciudad muy distinta de Cochabamba que es una ciudad de la sierra, en tanto que Piura lo es de la costa, del litoral, aunque no esté al borde de la mar. Cuando yo llegué a Piura, se hallaba en el centro de un desierto, un enorme desierto llamado de Sechura, que había impuesto a la ciudad unas características muy especiales. Era una población muy aislada, sus habitantes eran mucho más extrovertidos que los cochabambinos, mucho más alegres y comunicativos. Piura era una ciudad que vivía en la calle. Viví dos años en Piura, en esa época, y guardo un recuerdo imborrable.

Piura: ciudad de sustancia novelesca

-Fueron dos años de cambio, de adaptación, de nuevas experiencias…
- Por una parte perdí los amigos que tenía en el colegio, cosa que para un niño es siempre un poco traumática. Además, hablaba como boliviano, y los demás chicos se burlaban de mí. Pagué un poco el precio que paga todo forastero para ser aceptado en una nueva sociedad. Pero al mismo tiempo, Piura era una ciudad llena de color y un mundo un poco aventurero. En sus barrios, muy diferenciados unos de otros, había rivalidades terribles. Y para mí, desde el punto de vista ya de literatura, resultaron años muy fecundos, porque a base de recuerdos de nostalgias de Piura he escrito buena parte de lo que he escrito.
-¿Había mucha sustancia novelesca en Piura?
-Sí, cosas que en la memoria se me grabaron muy fuertemente y que después me sirvieron, por lo menos, de estímulo para muchas historias, muchos personajes.
-¿Cuándo advierte Mario Vargas Llosa que es un escritor? ¿Fue en esos primeros años, o más tarde?
-Yo creo que debió ser, como en muchos casos, un proceso un poco misterioso que se manifestó no de manera fulminante a través de un hecho decisivo, sino más bien, de manera paulatina, gradual. Comenzó como un juego. Yo recuerdo que en Cochabamba ya escribía, escribía poemas que eran imitaciones y paradojas de cosas que leía. Comencé a escribir pequeñas historias; en Piura también escribía pequeñas historias. En ese tiempo vivía yo con mis abuelos y con unos tíos que me celebraban mucho estas aficiones porque era mi familia materna. Y en la familia materna había una buena tradición, si no de escritores, si de amantes de la literatura. Y entonces era una actividad que yo más o menos comparaba un poco con los deportes, y con los juegos. Fue después, cuando tuve que preparar una carrera, al entrar a la Universidad, cuando se me planteó la literatura como una alternativa posible. En realidad, era lo que más me interesaba, era lo que hacía con más gusto, era aquello a lo que hubiera querido dedicar más tiempo. Pero claro, en un país como el Perú era inconcebible que alguien en su sano juicio pudiera elegir una carrera literaria, y decir <<yo voy a ser escritor>>  era como elegir la locura, el disparate. De modo que elegí la abogacía, que es lo que suele ocurrir con muchos escritores. Y entonces estudié derecho, aunque muy pronto descubrí que jamás sería capaz de ejercer esa carrera, descubrí que era una aberración peor que la literatura. Y entonces trabajé en el periodismo mucho tiempo, pero todos esos años seguí escribiendo, seguí escribiendo y la literatura iba ganando terreno.
-Hay noticia de una obra de teatro que escribiste a los 16 años titulada La Huida del Inca
-Sí, es una obra que escribí cuando estaba en el colegio todavía. Me gustaba mucho el teatro. Era lo primero que escribí, más o menos, en serio, en serio en el sentido que me tomó mucho más tiempo, rehíce muchas páginas. No recuerdo siquiera de qué hablaba. Me acuerdo que era una obra que comenzaba en la época contemporánea, el personaje era un escritor que se extraviaba en un viaje al Cuzco y se encontraba con unos indios que le contaban una leyenda incaica, que era el cuerpo de la obra. Y luego había un epílogo donde el escritor volvía a la ciudad con esta leyenda. Pero lo siento: he olvidado la leyenda.

<<En el Leoncio Prado descubrí lo que era mi país>>

-Mientras tanto, han pasado otras cosas en la vida de Vargas Llosa. Ha ido a Lima en el año 47 y en el año 1950 se produce su entrada en el colegio que quizá era famoso entonces, pero que es mucho más famoso hoy.
-El Leoncio Prado.
-El Leoncio Prado que ganó en difusión desde la novela. Ese colegio parece que marcó algo importante en tu sensibilidad…
-Bueno, está asociado directamente con la literatura mi ingreso en ese colegio. Mi padre descubrió, cuando yo estaba en segundo de enseñanza media, estas afirmaciones literarias mías.  Y entonces, con mucha razón, se alarmó y quiso impedir que esta tendencia tan peligrosa prevaleciera.  Pensó que un buen remedio podía ser el colegio militar, colegio muy especial, que daba una enseñanza secundaria regular, pero que estaba colocado en manos del ejército. El ejército tenía la organización, el control de los estudiantes y al mismo tiempo que esos estudios regulares, se hacía un entrenamiento militar intensivo, con lo cual me quedaba liberado del servicio militar. Y era un colegio que tenía características también bastantes especiales, porque era un colegio en el que estaba representado todo el Perú. Había muchachos que venían de familias muy adineradas, muy acomodadas, a los que mandaban sus padres para que se corrigieran porque eran muy traviesos o muy flojos. Y también había muchachos de familias muy humildes que entraban a través de un sistema de becas bastante amplio, porque veían en el colegio la antesala a la carrera militar. Y además venían muchachos de provincias, de la sierra, de la selva. O sea, que estaba representado un poco el Perú entero. Cada uno aportaba a este colegio sus conflictos, sus traumas de región, de familia, de clase. Y eso resultaba bastante explosivo; además entrábamos ahí de 14, de 13 años, una edad muy delicada en la vida de una persona. Y entonces todo ese mundo sometido a una vida militar producía a veces reacciones traumáticas; creo que ese fue mi caso, yo lo pasé muy mal en el Leoncio Prado. Bueno, por una parte descubrí un poco lo que era mi país, descubrí la violencia terrible en las relaciones humanas, que yo creo que son bastante características en el Perú  que hasta entonces ignoraba. Y he seguido viviendo un mundo, un mundo diríamos un poco marginal,  al mundo del Perú violento. Pero por otra parte fue un choque muy brusco, es decir, yo no estaba en absoluto preparado para esa violencia en las relaciones ni para ese sistema disciplinario tan terriblemente estricto. Y recuerdo que desde que fui cadete pensé escribir alguna novela, o no sabía exactamente qué, pero aprovechando esta experiencia, o mejor aún, vengándome un poco de esta experiencia.
-Como una pequeña revancha
-Sí, era una manera de quitarme de encima ese trauma, que fue descubrir el mundo.
-Y sin embargo, visto desde lejos, visto desde aquí, por ejemplo, el peruano es un hombre encantador, es un señor que dialoga con muchísima cortesía, que es muy ceremonioso, que es muy cortés
-Bueno, el peruano suele hablar poco, suele ser bastante introvertido y suele hablar sobre todo de una manera bastante indirecta. Parece que ésa es una influencia que nos viene de muy lejos, que nos viene de nuestra mitad india, de los incas. Y el indio peruano actual es muy solemne, muy formal, y al mismo tiempo muy indirecto; está considerado de mala educación y muy grosero decir las cosas directamente. Todo lo contrario de lo que ocurre en España. Por eso, los peruanos cuando llegamos a España, a veces nos sentimos como agredidos cuando nos hacen preguntas muy directas. Eso en el Perú no suele ocurrir, las preguntas generalmente se hacen dando una gran parábola.
-¿Debemos seguir conversando con parábolas…?
-No, ya estoy acostumbrado hablar como los españoles. Yo he vivido muchos años aquí.
-Así es, Vargas Llosa es un hombre que conoce muy bien el medio español, ha estado aquí bastante tiempo. ¿Cuándo vino la primera vez?
-En el 58, al terminar la Universidad, vine con una beca, dotada con 120 dólares, que en el año 58 era una fortuna en Madrid. Realmente viví como un príncipe con esa cantidad.



<<Aquí en Madrid comencé a ser un escritor de verdad>>

-Pero yo había oído contar que Vargas Llosa tuvo que inventarse otras muchas cosas para tener ingresos extras.
-¡No! Fue antes de venir aquí cuando era estudiante. Trabajé en muchos sitios.
-Y el famoso grupo de danzas incaicas ¿a qué época pertenecía?
 -Eso fue en el año 58, en Madrid, cuando estaba en la Universidad. Había un festival folklórico en Cáceres, y muchos grupos hispanoamericanos que venían al festival.  Entonces un grupo de estudiantes peruanos organizamos un conjunto para poder ir hasta Cáceres, para poder conocer Cáceres. Y ante nuestra estupefacción, ganamos el cuarto premio en este concurso de profesionales, y nos llevaron a bailar por todas las plazas de toros de España durante un mes.
-Pero eso no estaba hecho con el ánimo de ganar dinero…
-No, no. Exclusivamente con el ánimo de conocer cosas. Fue muy divertido, porque era un grupo de ocho, de los cuales sólo seis éramos peruanos. Y teníamos dos gallegos disfrazados de peruanos a los que les habíamos prohibido hablar para que no los reconocieran por el acento que eran españoles.
­-Y hubo una época peor, que fue esa época de muchos oficios.
-Pero esa fue antes de venir a España. Yo me casé muy joven, a los diecinueve años. Sin dejar de estudiar, pase de ser un hijo de familia a ser un amo de casa. Y tuve que empezar a encontrar trabajos, y los trabajos que conseguí estaban todos muy mal pagados. De tal manera que tuve que reunir varios, y llegué a reunir hasta siete trabajos.
-¿Simultáneamente?
- Simultáneamente, sí. Eran trabajos por horas, muy distintos todos. Trabajaba en una radio, en una biblioteca, también con un historiador (un profesor mío de la universidad), hacía reportajes para una revista, escribía crónicas para un suplemento; y tuve un trabajo bastante estrafalario, que era fichar los cuarteles de la época colonial del cementerio general de Lima, porque no sabían que muertos estaban allí.  A mí me pagaban un tanto por muerto, y me daban unas fichas que debía rellenar. Me pagaban por muerto una cantidad que no me acuerdo, pero que era una cantidad bastante ridícula.
- ¡Siete! Eso es lo que aquí llamamos el pluriempleo, siete trabajos a un tiempo. Lo que le permite a Vargas Llosa poder seguir trabajando, manteniendo  su casa y estudiando. ¿Escribiendo también ya?
-Escribía, pero desgraciadamente no tenía mucho tiempo. Escribía los domingos, y las noches; pero generalmente llegaba tan cansado, que no hacía sino intentar escribir. En realidad, esos años pues…Bueno la literatura era importante para mí, era probablemente lo que más me importaba, pero a lo que menos tiempo le dedicaba. Fue en realidad aquí, al llegar a España en el año 58, con esa beca, cuando ya prácticamente pude disponer de mi tiempo y dedicarme a la literatura de una manera, podríamos decir, exclusiva. Porque, aunque tenía otros trabajos, los elegía en función de la literatura. Fue aquí en Madrid, cuando comencé a ser un escritor de verdad.

<<No sería capaz de escribir una obra puramente imaginaria>>

-La primera obra conocida y publicada es <<Los Jefes>>
-Eran cuentos que había escrito en Lima. La mayor parte de ellos, a base de recuerdos de los años que viví en Piura, o personajes o pequeñas isutaciones vinculadas a aquella ciudad. Los traje a España y al llegar aquí los presenté a un concurso de cuentos que había convocado una editorial de Barcelona. Ése fue mi primer libro publicado.
-¿Guardas por él una cierta estimación?
 -No me desolidarizo de él, pero son cuentos adolescentes y muy imperfectos.
-El libro que hace conocer tu nombre es La ciudad y los perros
-También es el primer libro que escribí en serio, trabajando mucho, esforzándome al máximo y también con una cierta ambición desde el punto de vista de la propia novela.
-En la Casa Verde nos encontramos con una temática completamente distinta. Ahí ya no pareces vivir solo de tus recuerdos, de tus vivencias infantiles, sino debes investigar incluso el ambiente, la atmosfera, la zoología, la botánica…
-En realidad, todo lo que he escrito parte siempre de experiencias personales, de algunos hechos vividos, de algunas personas conocidas o de situaciones que, más o menos, han estado cerca de mi propia experiencia. En realidad, todo eso ocurría en lo que he escrito hasta ahora de ficción. Lo que pasa es que eso es un punto de partida simplemente, y luego después se mezcla con elementos puramente imaginarios. En <<La Casa Verde>> la mitad de la historia está situada en Piura y está escrita casi exclusivamente con la memoria, con la nostalgia. Pero la otra parte de la historia, la que ocurre en la selva, sí me exigió una cierta documentación, porque la selva yo la conocía de una manera muy superficial. Sobre todo, en la primera versión de la novela había estado, apenas, tres semanas. Y entonces tenía una gran inseguridad, cada vez que la situaba la historia en la selva tenía muchas dudas.  Y traté de suplir esa falta de conocimiento de la selva con lecturas y con investigación.  Pero, en realidad, toda mi obra es siempre el fruto de esa mezcla de ambas cosas: de hechos vividos y de hechos imaginados. Es más, yo creo que no podría escribir una historia puramente imaginaria, utilizando exclusivamente la fantasía.
-Sin embargo, el esfuerzo fue notable. No era sólo cosa de ir a la selva; era también ver cómo había sido narrada, descrita. Tuviste que leer muchos libros sobre la selva
-Sí, leí muchos libros. Durante unos años prácticamente sólo leí libros sobre la Amazonía, leí algunos libros científicos, pero sobre todo leí libros de viajes, y literatura de ficción sobre la Amazonía; que es muy abundante y es una literatura muy folklórica, una literatura muy local. Descubrí cosas muy divertidas leyendo esos libros, y es que la imaginación permea prácticamente todo lo que se ha escrito, no solamente la ficción, sino también los libros científicos, supuestamente científicos sobre la selva. Me acuerdo mucho del libro de un aparente especialista en la flora y fauna amazónicas que catalogaba animales puramente imaginarios, animales de las leyendas, del folklore amazónico. Y hay muchos casos de ésos, es que un mundo muy imaginario la selva.
-La Casa Verde empezó siendo un cuento y además estaba proyectado como cuento. Y el cuento fue desbordando todas las previsiones convirtiéndose en un mamotreto de mil y pico de páginas.
-Bueno, casi todo lo que he escrito ha nacido como una historia muy pequeña que luego va germinando y creciendo y mezclándose con otro tipo de historias.  Y luego el trabajo mayor es cortar la historia y dejarla reducida a proporciones presentables. Desde que salí de Piura había querido escribir sobre una casa verde que conocí cuando era muy niño, un sitio que resultaba muy pintoresco y al mismo tiempo muy fascinante para quienes teníamos diez años en Piura y en el año 45, que era una casa que estaba al otro lado del rio, en pleno arenal, considerada un lugar peligroso, un lugar asociado a una serie de previsiones. A los niños no nos permitían acercarnos, nos hablaban muy mal de él, pero no nos explicaban muy bien por qué era tan malo. Era una casa verde en la que solo había señoras y a la que visitantes nocturnos, que eran siempre varones. Y todo eso parece muy pecaminoso y al mismo tiempo excitante para nuestra imaginación. Y bien, yo había querido escribir alguna vez una historia vinculada a esta imagen. Escribí primero un cuento, que no salió. Y cuando ya estaba viviendo en Europa retomé la idea. Pero se mezcló con otra que tenía sobre una novela vinculada con la selva. Esas tres semanas que estuve en la selva también había visto muchas cosas que me resultaban muy estimulantes desde el punto de vista literario. La mezcla de esas dos ideas es lo que resulto en la novela.

Vargas Llosa y García Márquez, amigos y contrincantes.

Imagén de Matador, publicada en Soho de diciembre de 2011.

-La Casa Verde es galardonada con el premio Rómulo Gallegos el 66 en Caracas, donde se produce un hecho de indudable importancia histórica, y es que Mario Vargas Llosa conoce al otro protagonista (porque aunque son más, parece claro que los dos protagonistas básicos del llamado boom hispanoamericano son precisamente Vargas Llosa y García Márquez). Tú conociste a Gabriel García Márquez en Caracas al recoger tu premio.
-Exactamente, sí. Nos conocimos al llegar, en el aeropuerto; él llegaba de México y yo de Londres. Y nos conocimos allí en el aeropuerto.
-Os presentó alguien?
-¡No! Habíamos tenido ya contacto por carta, nos habíamos escrito porque nos habíamos leído mutuamente. En ese viaje leí <<Cien años de soledad>> que estaba recién publicada y que me impresionó mucho.
- Esa amistad que nació en Caracas parece que ha sido una amistada muy honda, muy intensa y en algunos momentos incluso de gran comunicación.
-Sí, hemos sido muy amigos. También fuimos vecinos en Barcelona durante cuatro años.
-Y parece que hubo una vez en público unos diálogos García Márquez-Vargas Llosa.
-En Lima, sí, eso fue en Lima. Ese mismo año del Rómulo Gallegos. Él hizo una gira por Sudamérica, estuvo en Lima y tuvimos una conversación en la Universidad. Fue una conversación anecdótica, a base de anécdotas sobre todo literarias.
-Hablando de anécdotas, los periódicos publicaron en su día la noticia de que habías tenido un altercado violento, en el que Vargas Llosa había puesto knock out a su amigo García Márquez. ¿Eso significa el fin de la amistad?
- Bueno, los periodistas tienen a veces más imaginación que los propios novelistas.
-¿Pero qué pasó? ¿O es mejor ignorarlo?
-Ha habido un incidente, efectivamente, pero no tiene características literarias ni políticas, como han dicho los periódicos. Me he encontrado aquí con una revista, donde he visto que este incidente parece que fue fraguado por un editor para levantar las ventas de El otoño del patriarca y de Pantaleón y las visitadoras.
- ¿Pero no es eso?
-No, no. En absoluto.
-O sea, que no fue ni un incidente comercial ni un incidente político por discrepancias o divergencias ideológicas, como también se ha dicho en alguna parte. Ha sido por cuestiones de tipo personal.
-Así es.
-¿Y seguiréis siendo amigos? ¿O no se sabe?
-Pues eso no se sabe nunca. Como todo es tan relativo…

<<Conversación en la Catedral>>, el libro que más trabajo me ha costado

-Nuevo libro en la cronología de tu obra: Conversación en la Catedral. ¿Cómo germina la idea de este libro?
-Nace también de experiencias personales. Lo que sucede es que en este caso concreto las experiencias personales coinciden con las experiencias de un país entero. Entre los años 48 y 56 tuvimos en el Perú, para variar, una dictadura militar conocida con el nombre de <<ochenio>>, la dictadura del general Odría. Estos años fueron cruciales para mí y para toda mi generación, para todos los peruanos que en esos años pasamos de ser niños a adolescentes y de adolescentes a hombres. Bajo esa dictadura dejé el colegio, entré en la universidad y descubrí la literatura y la política. Todas esas experiencias están frustradas por la dictadura. Que era una dictadura muy especial, es decir, una dictadura que fue menos sanguinaria que otras dictaduras de la época. Porque la verdad es que Odría no mató tanta gente como Pérez Jiménez o Rojas Pinilla, por ejemplo. Compensatoriamente, yo creo que corrompió más gente que ninguna otra dictadura de ese tiempo. Fue una dictadura terriblemente corruptora, destruyó los espíritus de una manera monstruosa. Esa es la idea que está en el origen de Conversación en la Catedral: describir una sociedad bajo el imperio de una dictadura militar corruptora. Pero no contar esta historia políticamente, sino contarla en las manifestaciones que tienen los distintos aspectos de la vida, la Universidad, la familia, el trabajo. En distintas generaciones y también en distintos sectores sociales. Esta novela me planteó muchas dificultades; porque el tema era tan vasto que no encontraba manera de atraparlo. Hasta que después de dar muchas vueltas, hallé la fórmula que apliqué a la novela, que es la fórmula de una conversación, de un diálogo entre un muchacho, antiguo universitario, antiguo militante clandestino, y un antiguo guardaespaldas de funcionarios de la dictadura. Y un poco a través de la vida de estos personajes, de los recuerdos de estos personajes, traté de ir desvelando la historia de esta sociedad.
­-Y hay una concentración de tipos y de gentes, realmente, muy amplia y muy variada.
-Sí. Yo llegué en algunos momentos a creer que perdía el hilo. Es el libro que más trabajo me ha costado. Creo que es también el libro más ambicioso que he escrito. Cuando me preguntan qué prefiero de todo lo que he escrito, qué es lo que menos me disgusta, siempre digo que es Conversación en la Catedral, quizá porque es el libro que más dolores de cabeza me dio.
-Más o menos ¿Tienes idea de cuántos personajes pululan en esa <<conversación>>?
-No.
-Un país entero?
-Hay muchos personajes secundarios, pero los principales no son más de una docena.
-Pero es un friso representativo: como un corte seccional de la vida del Perú de entonces.
-Es lo que quise hacer por lo menos. Es lo que pretendí.

<<La literatura es como la marihuana>>

-Pantaleón y las visitadoras es, sin embargo, la novela que ha llegado a mayor número de lectores.
-Es más asequible que las otras, es más divertida. Y también ha influido la película, que para mí fue una experiencia sumamente instructiva, porque descubrí que hacer cine aún es más difícil que escribir. En el fondo, un escritor tiene tanta libertad, que solo depende de su propio talento. Y el director de cine depende del talento de muchas otras personas. Otro descubrimiento fue que una novela y un film tienen más divergencias que coincidencias. Contar una historia con imágenes es casi enteramente lo contrario que contarla con palabras.
-Pero el gran descubrimiento de Pantaleón fue el humor
-Siempre me había opuesto al humor en la literatura, había dicho que era alérgico al humor y algunos críticos me recordaron esas frases. Pero cuando escribí Pantaleón supe que esa historia sólo podía ser narrada en una línea humorística. Eso fue para mí como descubrir un mundo riquísimo. Un mundo en el que abundé luego con La tía Julia y el escribidor.
- ¿Te preocupa el lenguaje en la construcción de una novela?
-La forma, tanto en lo que concierne al lenguaje como a la estructura, me interesa estrictamente en función de los temas y de los personajes. En este sentido mi idea de la novela es muy tradicional. Yo estoy por la novela anecdótica, por la aventura novelesca, y los problemas de estilo y de técnica son siempre secundarios.
-¿Cuáles son tus hábitos de trabajo?
-Me encierro en el escritorio todos los días de lunes a sábado unas seis horas por jornada. Mis horas más fértiles son las primeras, cuando comienza el día. Jamás he podido escribir por las noches.
-¿De dónde vienen los Vargas y los Llosa?
 -Los Vargas llegaron al Perú en la primera hora de la conquista con Pizarro. Los Llosa llegaron un poco después. Se concentraron todos en Arequipa. Parece que llegaron de Santander, pero que hasta allí habían llegado de un pueblecito entre Barcelona y Valencia que se llama Llosa precisamente. Mi padre era aviador de la Panaérea y en el aeropuerto conoció a mi madre. Pero mi padre fue un poco aventurero: piloto, marino, periodista, nómada…vivió en muchos sitios. Hasta que al final se fueron a vivir a los Estados Unidos. Quizá haya heredado de mi padre el afán de viajar, la existencia nómada…
-¿Por qué escribes?
-Ningún escritor lo hace pensando en servir a sus semejantes o mejorar la humanidad. La literatura es para el escritor lo que la marihuana para un adicto a esta yerba. No es una profesión. Es algo más profundo, más visceral y complejo. Se escribe en función de uno mismo, de una problemática personal. Es el más individualista y egoísta de los quehaceres. Uno escribe porque ha tenido experiencias sobre todo negativas de las que trata de librarse. Así de sencillo.