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jueves, 12 de enero de 2012

Quiero escribirles esta entrada de manera singular



Advertencia: Este post es personal y por tanto solo importa a quien aquí escribe. Si usted ha entrado a este blog a mirar cosas de verdadera importancia como el FAQ de Twin Peaks o escritos de diversa clase hechos por otras personas que escriben muchísimo mejor que yo, le recomiendo que haga caso omiso de la entrada y evite sentir que ha perdido valiosos minutos de su vida que pudo desperdiciar o aprovechar en algo diferente.

El otro día me acordé de un texto que escribí cuando contaba con 15 años y cursaba por aquel entonces décimo grado en el colegio.  Lo tengo en mi mente porque antes de escribirlo, yo era tomado como un aburrido vago de pelo largo, rostro sin expresión y malas calificaciones; pero luego de presentarlo y demostrar que escribía mejor que el resto del salón, mejoró el trato por parte de mis profesores y esto llevo a que ellos dejaran la hostilidad conmigo, lo cual me permitió recuperar 10 materias (de 14) que iba perdiendo a mitad de año (todo es una cadena de hechos consecutivos). Debo advertir que –como pueden ver – no soy la gran cosa en materia de escritura, sino lo que pasaba era que leía más que mis compañeros de curso y por tanto tenía más imaginación y mejor escritura que el resto. Eso fue y nada más.

Ahora bien, el texto anterior y aquella parte de mi vida no son el motivo de esta entrada en la que usted, mi querido lector desprevenido, ha caído. Mi pretexto es mucho más mundano, ya que resulta y pasa, que mientras buscaba entre los desperdigados papeles guardados untados de polvo y olor a viejo, me encontré con un descubrimiento con el que nunca pensé toparme.

En el fondo de un baúl donde reposan revistas y papeles viejos me encontré con una pequeña carpeta tamaño carta, de color verde y con hojas amarillas adentro de ella, que en su portada tenía escrito el título de “SEMINARIOS Caminos NIÑOS” y debajo de aquel letrero, un dibujo de un niño tomando a una niña de la mano, mientras en aquel empalme de dedos e inocencia infantil se encontraban dos globos inflados con helio que volaban debajo del letrero “LA NUEVA GENERACIÓN”. Aquella carpeta trajo de nuevo a mi memoria una etapa de mi vida de mi infancia que tenía olvidada en aquel baúl de mis recuerdos y que tuvo lugar en septiembre del año 2001, cuando mi mama, impulsada por algún culebrero mercachifles, nos inscribió a mi hermana y a mí en aquel curso donde supuestamente cultivaban los “líderes” del mañana y donde tuve mi primera decepción amorosa.

Mis recuerdos de aquel septiembre del año 2001 son diversos, pero no va a ser mi memoria quien les sirva de guía en esta primera parte de la narración de los acontecimientos que ocurrieron en aquel centro de convenciones alquilado por aquella fundación; sino los papeles que encontré en la citada carpeta verde, y que recogen lo que viví en aquellos 3 días en un curso que mi pobre mama pagó inocentemente, que no sirvió de mucho, esperando tener unos hijos “líderes del mundo”, cosa que hoy se ve complicada, en razón a que solo me interesan cosas pequeñas como mi humilde ratonera o este blog en el que escribo queriendo aprender a escribir.

1. Mi paso por CAMINOS 



El seminario de la fundación Caminos del que les voy hablar, tuvo lugar en un centro de convenciones alquilado para albergar a un centenar de chicos que llegaron tras ser inscritos por sus papas, para unas “conferencias” de jueves a sábado. Apenas llegamos nos dividieron en grupos de 8 personas, conformadas por un(a) líder y dos co-líderes en la cabeza, y 5 niños (dentro de los que me encontraba yo). Lo primero que hacían esos tres “lideres” era entregar una carpeta verde, compuesta por 15 hojas (más o menos) con información que les relatare en los siguientes párrafos y 5 hojas de notas, para que tomáramos apuntes.
Es por la primera hoja de apuntes que supe que habían 8 personas en mi grupo conformadas por una guía llamada Ligia Ester, dos coguias de nombre Jenifer y Einy, y compañeros que respondían a los nombres de Katherine, Angelica, dos Andrés y Leidy (omito apellidos por razones de privacidad). Además de lo anterior, hubo una política de darnos entre sí el teléfono fijo de la casa(celulares todavía no eran un fenómeno masificado) disque para generar confianza, pero como verán más adelante, no fue la mejor idea para un niño tímido de 10 años.

Ahora bien, como las notas y mi mediana ortografía (escribía bien pero fallaba en tildes y confundía en ocasiones la s y c en palabras que utilizaban estas dos letras) no tienen nada de interesante, pasaré a contarles sobre mi estadía en aquel lugar por medio de las hojas amarillas conservadas en aquella carpeta rasgada de color verde:

La primera hoja contiene un escrito llamado “Sonrisas para Vivir” y que por lo meloso, remilgado y empalagoso no reproduciré en este medio, pero si resumiré en que uno puede ser niño, tener mil amigos, decir lo que se piensa, tener cariño y “sonrisas para vivir”. Si me piden una opinión, prefiero mil veces leer a Paulo Coelho (quien no me gusta de a mucho) que al autor de ese texto tan ñoño.

El folio número 2 titulado “BUENOS MODALES” trae un compendio de supuestos “buenos modales” (valga la redundancia) dentro de los cuales se encuentra: “decir siempre la verdad”, “no chismosear/chismear; es muy destructivo” o “no usar el baño de otro sin permiso, no importa la familiaridad” ya que si no se hace lo anterior, no se puede acceder a los beneficios de aquellos supuestos “BUENOS MODALES” que son: “ser respetado y apreciado inmensamente”, entre otros que por su carácter dengoso, no merecen la pena reproducirse. Lo peor del texto es que debajo de todo este epitome de normas sociales, se encuentra un párrafo en negrillas que dice lo siguiente “Yo………, prometo cumplir con estos buenos modales indicados aquí”, firma y fecha. Como pueden ver este seminario enseña a los niños a ser estafados desde sus primeros años de vida.

De las siguientes hojas, rescato una joyita que me encontré en un texto titulado “responsabilidad hacia dios”, donde se exige “orar a Dios cada día” en la mañana, tarde y noche; “Agradecer a Dios por tus bendiciones cada día” en razón a que “estas disfrutando lo que muchos otros no tienen” y como lo anterior es poquito, “hacer mínimo 1 PCI[1] todos los días de 5 a 10 minutos”; demostrando que el seminario no solo es de pseudoauto-ayuda(superación personal, promotor del liderazgo, etc.) sino también de proselitismo religioso entre los niños (e imagino que también los adultos). Afortunadamente la parte donde me exigen comprometerme con lo anterior no la firmé, demostrando que por más católico que era a los 10 añitos (por una enseñanza cristiana que tuve por parte de mi querida abuela y de mis papas, hijos de la constitución de 1887), no fui tan pendejo.   

En los siguientes 3 folios aparecen unos textos de auto-ayuda que por su memez, no merecen ser escritos en su totalidad, pero del que rescato el que se titula “COMO MEJORAR EN MIS ESTUDIOS”, donde algún genio escribió “tips” de altisonante inteligencia como: “Conocimiento es poder”, “estudiar en grupo” (como si por estudiar con otras personas lograra ser mejor), “ser amigo de tus profesores”(apología al clientelismo), “estudiar con tus padres” , “aprender la computadora, desde joven” (ya saben, “aprendan” la computadora y desde jóvenes), “estudiar desde tu castillo” (como si la imaginación tuviera que usarse para estudiar para exámenes del colegio).

En la siguiente página nos ofrecen (con un aire de exhorto) a crear nuestro “propio castillo/santuario”, donde nos tenemos que imaginar que entra la “luz divina de Dios” que es “purificadora” y cuyas reglas incluyen cosas como “Hacer PCI en tu santuario cada día”, “Hacer tus propias oraciones” o “Activa tu poder mágico”. Al respecto debo decir que como amante de la ficción soy el primero en promover la imaginación en los niños. Siempre he pensado que la imaginación es muchísimo más importante que el conocimiento (sin desmeritar este último), pero ya de ahí a invitar a los niños a imaginar lugares privados en los cuales se estudie, se oré y se realicen actos poco infantiles diferentes a crear historias o incentivar la creatividad…me parece frívolo. No obstante lo anterior, creo que estos métodos están creados para decirle a los papas de los niños que están incentivando valores como el estudio o el apego a dios que en un país como el nuestro, donde el remoquete de “país del sagrado corazón” estuvo manchando nuestra imagen por muchos años, lo anterior es la gran cosa. Como anécdota – y ya para terminar este párrafo—les cuento que una de las mujeres guías del seminario, le dijo a mi mama que yo iba a ser de los próximos sabios del país porque desde pequeño siempre me ha gustado leer y en esa época podía leer fácilmente 15 libros al año (en su mayoría cortos aclaro). Esos señores tienen buen conocimiento del marketing y saben decirle a la gente lo que le gusta oír.

La hoja que le sigue al supuesto santuario, contiene unos supuestos pasos de la buena comunicación que son: “Pararte delante de la persona”, “tomarle de las manos”, “mirarle a los ojos”, “saludar y decirle algo bonito”, “comenzar tu comunicación (desde tu corazón)”, “agradecerle por permitirle compartir con él”, “velar por su calidad de amistades”, “amores (sexualidad)…no es todavía tu tiempo” y “eliminar la competencia (hacer algo porque le gusta)”. Al respecto debo decir que la amistad está sobrevalorada.
Luego de lo anterior, la siguiente hoja amarilla contiene un letrero gigante que dice “QUERER ES PODER”, una de las mentiras más grandes que se repiten en cuanto seminario de autoayuda hay y del que tengo un post en mente, por lo que no profundizare más en el tema.

2. Mi primera decepción amorosa



Luego de contarles como fue mi travesía por aquel seminario “formador de líderes” llamado CAMINOS a través de las hojas que encontré en la ya varias veces citada carpeta verde, le permitiré a mi memoria que sea la que les cuente la absurda historia de mi primera decepción amorosa – que aunque no sería la última— fue la primera piedra que edificaría el cúmulo de fracasos con las mujeres que he tenido en mi vida (llevada y por venir).

Resulta y pasa que como bien dije anteriormente, dentro de mi grupo había tres mujeres que eran un año mayor que yo y de la que, por alguna razón completamente irracional, prevalecía en mi atención Leidy, aquella pequeña niña más bajita que yo y cuyo único recuerdo que conservo totalmente intacto son sus pequeños ojos medianamente rasgados de color café que decoraban su inocente pero bonito rostro.

El primer contacto que tuve con Leidy no fue nada del otro mundo. Hablé con ella como con el resto de mis compañeros, con un nivel de sociabilidad que hoy en día sería extraño verme (por diversas razones que no vienen al caso). El hecho es que, no sé en qué momento mis ojos de niño de diez años cohibidos por la timidez, se fijaban en aquella niña que momentos antes había sido una más del rebaño. El amor es irracional, imbécil, estúpido y no le permite a uno elegir. Por tanto aquel día, con el paso de las horas, empecé a interesarme de manera infantil e—viéndolo en retrospectiva—ingenua, en una chica que posiblemente estaba buscando novio y que pude por lo menos, haber invitado a qué sé yo, dar una vuelta u otra cosa.

Mi sentido de la investigación me llevó a enterarme de cuantos años tenía, sus apellidos completos, su lugar de residencia y el colegio en el que estudiaba. El problema era que a ese pequeño tonto le faltó utilizar su voz para tener contacto con la persona que ocupaba su cándida mente de 10 años. Lo peor de todo es que al terminar el día y llegar a la casa, llamé a un amigo del colegio a contarle que había sido flechado por aquella niña, le dije los datos que había conseguido (incluido el teléfono) y al desgraciado se le ocurrió disque por “ayudarme”, llamar a la niña y decirle que a mí me gustaba. La situación en lugar de mejorar las cosas las empeoró y ella al otro día, se volvió súper indiferente conmigo. No hablé más con ella. No fui capaz por ser un tonto cobarde e inocente niño de 10 años que sentía por primera vez el candoroso y casto primer amor no correspondido, o mejor, no intentado. Dicen que las peores cosas de las que uno se puede arrepentir son las que pudieron haberse hecho pero no se hicieron. Ahora viendo hacia atrás en el tiempo pienso que debí haber intentado hablar con aquella niña así recibiera una atronadora cachetada de rechazo.

Aquel pequeño recuerdo que les he narrado, me ha llevado a escribir esta entrada de una manera singular, dejando salir una pequeña parte de aquel sentimiento de vacío que comparten en el corazón tanto el pequeño niño de 10 años como el bloguero de 20 años que aquí les habla esperando expiar con este pequeño texto, aquel demonio escondido que retornó a mi mente con la aparición sorpresiva de una pequeña carpeta verde que no esperaba encontrar y que seguramente no es ninguna señal de nada, sino un recuerdo guardado debajo de hojas de papel. 

Imagenes tomadas de: - http://www.canibalitum.com/2005/08/cmo-superar-una-decepcin-amorosa.html
-http://caminoscolombia.org/images/CaminosEnElMundo.Imagen1.jpg
-http://todospechotierra.blogspot.com/2010/05/como-seguir-despues-de-una-decepcion.html


[1] (No sé qué satanaces quiere decir PCI, así que por el contexto lo podemos dejar en “Parálisis Cerebral Infantil”