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jueves, 30 de junio de 2016

The Conjuring 2 y la vida real



Como ya habrán visto varios de ustedes, soy fan de aquella práctica de ir a pasar miedo en una sala de cine o en el cuarto de mi casa. Por eso es que he estado esperando con ganas la segunda entrega de la saga de James Wan (que probablemente veré mañana), que me llevó por alguna razón a este artículo que les comparto, traducido por mí. En él encontrarán una visión resumida y un tanto crítica de la historia del poltergeist de Enfield comparada con el Conjuro 2, porque no olviden que en teoría, esta película está basada en “hechos reales” (o yo diría más bien en testimonios reales).

Advierto, contiene posibles SPOILERS de la película, para que después no se quejen.

Página original: http://www.historyvshollywood.com/reelfaces/conjuring-2-enfield-poltergeist/

 Preguntándose la historia

¿Cuándo fue que las apariciones de Enfield empezaron?
La historia verdadera de El conjuro 2 nos revela, de acuerdo a lo dicho por la madre Peggy Hodgson, que las apariciones en su casa de Enfield empezaron al final del día 30 de agosto de 1977, más exactamente la noche en la que su hija Janet le dijo que la cama de su hermano se tambaleaba. La noche siguiente, la señora Hogson oyó un fuerte ruido proveniente del piso de arriba que la hizo entrar a la habitación de sus hijos y ver una cajonera moviéndose. Ella intentó detener el pesado baúl de roble cuando éste se movió hacia la puerta, haciéndola concluir que una fuerza invisible intentaba dejarla atrapada en la habitación.
“Todo empezó en el cuarto de atrás, la cajonera se movió y uno podía escuchar eso arrastrándose” recordaba la Janet Hodgson de la vida real, muchos años después, en un documental del Canal 4 sobre el poltergeist de Enfield. Pensando que había podido ser Janet y sus hermanos los que hicieron el ruido, la entrevistada dijo que su madre los mandó a dormir. “Le dijimos lo que estaba pasando y ella vino para verlo con sus propios ojos. Ella observó la cajonera moviéndose. Cuando ella intentó  devolverla a su sitio, no pudo”. Daily Mail Online

¿Ellos escucharon un extraño golpeteo proveniente de las paredes?
Sí. El golpeteo se intensificó y atenuó mientras bajaba por la pared, supuestamente asustando a la familia, al punto de que ellos tuvieron que dormir en la misma habitación con la luz encendida. Vic Nottingham, un vecino, dijo que cuando fue a la casa para investigar, a solicitud de la familia, escuchó un golpeteo bajando por la pared y el techo que lo dejó un tanto asustado. El golpeteo puede oírse durante la entrevista con Janet Hodgson hecha en su casa. -Daily Mail Online

¿Fueron una docena de cruces puestas al revés?
No. En realidad, haciendo comparaciones entre el Conjuro 2 y el caso de la vida real del poltergeist de Enfield, no hay evidencia de que las cruces fueron puestas bocabajo en las paredes de la casa Hodgson.  Además, la cruz al revés no ha sido tradicionalmente considerada como un símbolo del mal. Ésta es en realidad la cruz de San Pedro, quien fue crucificado al revés puesto que él no se sentía digno de serlo de la misma forma que Jesús.

¿Es verdad que la madre, Peggy, fue a la casa del vecino para pedir ayuda?
Sí. Explorando un poco de la historia real que dio lugar a la película de El Conjuro 2, nos enteramos de que la madre soltera Peggy Hodgson llevó a su familia a la casa de al lado para pedir ayuda. Los vecinos, Vic y Peggy Nottingham se ofrecieron a entrar en la casa para investigar. “Yo fui allí y no pude haber hecho esos ruidos (había un golpeteo  en la pared, en la cama, en el techo” dijo Vic. “Estaba empezando a asustarme un poco”.-Daily Mail Online.

¿Janet Hodgson levitó de verdad?
En la película, la hija de Peggy, Jannet (Madison Wolfe) se eleva en el aire lo suficientemente alto hasta encontrarse anclada contra el techo. Esta es una completa exageración de lo que se alega que pasó en la vida real durante las apariciones de Enfield. Los fotógrafos de la “levitación” real de Janet Hodgson la muestran solamente levantándose a una corta distancia por encima de su cama.
Lo anterior, sumado a la forma en que su cuerpo se posiciona en el aire, ha hecho pensar a mucha gente de que en verdad sólo se trata de un simple salto desde la cama. Las fotos de cuestionable veracidad fueron tomadas por el fotógrafo del Daily Mirror, Graham Morris, después de que la familia contactó a la prensa (aquí hay que anotar que el Daily Mirror es un tabloide británico cuyas historias han tenido muy poca credibilidad). “La levitación fue atemorizante”, recuerda Janet, “porque no sabías donde ibas a aterrizar”.
Apoyando la versión de la familia hubo dos testigos: un panadero y la chica de los bonbonbunes, quienes pasaban por afuera y señalaban haber visto a Janet volando por encima de su cama, mientras ellos la miraban a través de la ventana de arriba. “La mujer me miró dando vueltas alrededor y siendo golpeada contra la ventana” rememora Janet. “Yo pensé que podría romper la ventana y pasar derecho”.  -Daily Mail Online

Los demonólogos Ed y Lorrain Warren investigaron realmente el caso del poltergeist de Enfield?
Sí, pero muchísimo menos de lo que se muestra en la película, lo cual es algo engañoso teniendo en cuenta que está “basada en los archivos de los casos verdaderos de los Warren”. Los investigadores paranormales Ed y Lorraine Warren investigaron de manera superficial el poltergeist de Enfield en el verano de 1978 y fueron sólo dos, de los innumerables investigadores que visitaron la residencia Hodgson del norte de Londres en Green Street. Muchos de los artículos sobre el Poltergeist de Enfield ni siquiera mencionan a los Warren, haciéndonos sospechar que su rol en el caso fue excesivamente dramatizado en El conjuro 2. En verdad, Guy Lyon Playfair, uno de los primeros investigadores paranormales del caso Enfield, se presentó antes de la première de la película diciendo que los Warren llegaron sin ser invitados y sólo estuvieron un día. Además mencionó que Ed Warren le dijo que él podía hacer muchísimo dinero con el caso (Darkness Radio).

Ed Warren hizo referencia al caso y sus escépticos en el libro de Gerald Brittle El demonólogo, asegurando  que “unos fenómenos de espíritus inhumanos estaban en progreso.  En este momento, ustedes no podrán grabar la peligrosa y amenazante atmosfera que había dentro de esa pequeña casa. Sin embargo, podrán filmar las levitaciones, teleportaciones y desmaterializaciones de personas y objetos que pasaron allá (por no mencionar los muchos cientos de horas de grabaciones en casete hechas de las voces de esos espíritus hablando fuerte en las habitaciones)”. Como el caso termino siendo ampliamente considerado como un engaño, algunos lo toman como prueba de que los Warren fueron un fraude.

¿Fue la pequeña Janet Hodgson de 11 años realmente poseída por un señor muerto llamado Bill Wilkins?
Una comprobación y verificación de El conjuro 2, nos hace descubrir que esta parte de la película fue en cierta medida inspirada por las grabaciones de la Janet Hodgson de la vida real. En ellas, la niña puede ser oída transmitiendo un mensaje a través de una estremecedora voz que pertenece supuestamente a Bill Wilkins, el hombre que murió en la sala de estar de la casa varios años atrás. “Justo antes de morir, me volví ciego”, decía la voz “luego tuve una hemorragia y sentí que me iba adormeciendo antes de morir en la silla de la esquina del piso de abajo”.
Una entrevista con Janet Hodgson en aquellos días sugería que la idea de hablar a través de una voz poseída pudo haber sido fomentada por el investigador paranormal Maurice Grosse. Cuando le preguntaron cuando empezaron las voces, Janet dijo que una noche éste le dijo “todo lo que necesitamos es que las voces hablen”. Casi de inmediato, siguiendo su indicación, ellos lo hicieron (las voces han principalmente gruñido, ladrado y hecho ruidos similares anteriores a éste).
“Me sentí utilizada por una fuerza que nadie entiende,” decía la verdadera Janet Hodgson al canal UK 4 años después. “No me gusta realmente pensar mucho en eso. No estoy segura de que el poltergeist fuera realmente ‘malvado’. Eso estaba como si quisiera ser parte de la familia. No quería lastimarnos. Debió haber muerto ahí y habría querido descansar. La única manera de poder comunicarse era a través de mi hermana y yo”. Daily Mail Online



¿El hombre que alegaba haber poseído a Janet había muerto en la sala de estar del piso de abajo años antes?
Sí. Explorando el espanto de Enfield, nos percatamos de que el hijo de Bill Wilkin, Terry, confirmó que su padre había muerto de una manera similar a lo descrito por Janet cuando ésta estaba poseída (Wilkins había perecido en un sillón después de haber sufrido un derrame cerebral). –Daily Mail Online

¿La actividad paranormal empezó después de que ellos jugaran con la tabla Ouija?
Sí, según Janet Hodgson, ella y su hermana Margaret jugaban a la tabla ouija un poco antes de que empezara la actividad supernatural. – Daily Mail Online

¿Cuántos hijos tiene la verdadera Peggy Hodgson?
Averiguaciones de la verdadera historia del poltergeist de Enfield, nos muestran que como en la película, la Peggy Hodgson fue una madre soltera con cuatro hijos: Margaret de 12 años, Janet de 11, Johnny con 10 y Billy de 7.

¿Fueron Janet y sus hermanos víctimas de matoneo en el colegio?
Sí y de acuerdo con Janet, los otros niños la llamaban la “niña fantasma” y ponían moscas en su espalda. Su hermano fue atormentado de formas parecidas. – Daily Mail Online

¿Los muebles en verdad se movieron?
Probablemente la afirmación más creíble de que los muebles se movían en la casa Hodgson del 284 Green Street tiene como partícipe a una policía, WPC Carolyn Heeps, quien firmó una declaración jurada de que ella fue testigo de cómo un sillón levitó aproximadamente media pulgada y se movió cerca de cuatro pies a través del suelo. Entre todo, hay más de 30 testimonios de extraños incidentes similares en la casa. Además de los muebles moviéndose, ellos también vieron supuestamente objetos volando alrededor, respiraciones frías, ataques físicos, charcos de agua apareciendo en el suelo, grafitis y posiblemente lo más increíble, fósforos que se encendía de manera espontánea. Daily Mail Online

¿Es posible que todo esto sea un engaño?
Sí. Dos expertos de la Sociedad para la Investigación Científica encontraron a los niños doblando cucharas. Además, también les parece extraño que nadie más estuviese autorizado para estar en la habitación cuando Janet hablaba con su voz poseída supuestamente por Bill Wilkins (entre otros). Janet admitió que varios de los espantos de Enfield fueron fabricados. En 1980, ella dijo a ITV Noticias “Ah sí, una o dos (cosas fueron falsificadas por nosotros), sólo para ver si los señores Grosse y Playfair podrían atraparnos. Ellos siempre lo hicieron”. En un artículo publicado el año anterior al Conjuro 2, Janet dijo que más o menos dos por ciento de la actividad paranormal en su casa de Green Street fue falsa. –Daily Mail Online
Durante una entrevista a Margaret y Janet Hodgson al aire por primera vez como parte de un especial de televisión de 1980, Janet fue preguntada de cómo se sentía siendo embrujada por un poltergeist. “No es embrujada” Janet respondió sonriendo. Su hermana sonríe estupefactamente, como si Janet hubiese contado un secreto y le susurra “¡cierra la boca!” a través de risitas calladas. Janet dice a continuación que ella nunca sintió que el poltergeist fuera malvado, dando a entender que la casa no estaba necesariamente “embrujada”.
Tal como la historia del poltergeist de Enfield, una cantidad similar de relatos emergieron en  1973, año en el que fue estrenado el Exorcista. Algunos aducen que el film dio lugar a una cultura paranormal de engaños creados por algunos buscadores de dinero y fama. Otros creen que el film de William Friedkin llevó a que mentes impresionables fueran fácilmente influenciadas por su argumento demoniaco. En todo caso, historias muy parecidas emergieron tales como las ya estudiadas Horror en Amityville, El exorcismo de Emily Rose, El conjuro 1  y su spin-off Annabelle (N del T: todas en la página web, sobre las cuales de pronto me aventure en hacerle traducción para los amigos que no leen en inglés).

¿Qué le pasó a la familia Hodgson después de que la actividad paranormal se calmó?
Cuando los eventos del poltergeist de Enfield se calmaron y la prensa no le prestó tanta atención, la familia tuvo que afrontar varios desafíos. Janet se casó joven después de haber dejado la casa a los 16 años. Su hermano menor murió de cáncer a los 14. La familia afirma que algo paranormal estuvo presente en la casa todo el tiempo hasta la muerte de Peggy, tiempo en el cual, el hermano de Janet Billy se fue de allá. Janet, quién tendrá 46 para la época del estreno del Conjuro 2, perdió un hijo mientras dormía a los 18. Ella dice que no quiere revivir los recuerdos dolorosos de los eventos del poltergeist de Enfield, aquellos de cuando su madre estaba viva, aunque está lista para contar su historia. – Daily Mail Online.

¿Cómo se sintió la verdadera Janet Hodgson respecto de la película?
Averiguando un poco de la historia real de El conjuro 2, nos percatamos que la Janet real de 45 años, estaba menos que emocionada cuando escuchó de la película. “No estaba contenta de escuchar cosas sobre el film”, dijo. “No sabía nada de aquello. Mi papá había muerto hace poco y me molestó bastante pensar en todo esto sacado de nuevo una vez más”. Ella puede verse como adulta en una entrevista de 2012.- Daily Mail Online

¿Alguna de las familias que ha vivido en esa casa ha pensado que está embrujada?

Después de que la verdadera Peggy Hodgson se hubiese ido, Clare Bennett y sus cuatro hijos se mudaron a la casa de Enfield. Tal como el hermano menor de Janet, Billy, Clare siempre sintió como si alguien la viese. Durante la noche, su hijo pudo haberse despertado a causa de voces viniendo del piso de abajo. Luego ella se enteró sobre el poltergeist de Enfield que había supuestamente embrujado la casa. La cerecita para el pastel fue el día en que su hijo, Shaka, de 15, se despertó y vio un tipo entrando en su cuarto. Ellos se mudaron al día siguiente, luego de haber estado en aquella casa sólo dos meses.- Daily Mail Online.


Nota final: Las fotos las tomé yo en Venecia, hace ya más de un año que estuve por allá. Es impresionante lo miedoso en que se pueden convertir aquellas calles llenas de humedad y baja luminosidad.

martes, 26 de agosto de 2014

Crónicas Eladiolinacerescas 2: Mi primer cine en París



La primera semana que estuve en París no visité ninguno de los lugares emblemáticos de la ciudad.  A Europa llegué un sábado a la una y pico de la tarde, madrugada colombiana. Era el último día del mes de agosto y hacía un calor infernal que sobrepasaba los 30 grados centígrados. Como había viajado desde Bogotá, tenía puesto un buzo verde que las compañeras de mi oficina me habían regalado de despedida y una camiseta blanca que dejaba en evidencia litros de sudor a causa del gigantesco calor que se sentía (por no mencionar las tres maletotas que llevaba en mi mano, espalda y cuello). En Madrid estuve cinco horas, caminando por el aeropuerto, siendo maltratado por los funcionarios españoles de las aerolíneas, descubriendo los nuevos tomacorrientes en los que no entraban mis enchufes (que me llevaron a economizar la energía del celular, el Ipad y el computador) y llevándome las manos a la cabeza cada vez que veía los precios en los puestos de comidas (sí, al final terminaría comprando un sándwich con una lata de coca cola en 9 euros).





Por aquel entonces estaba con ganas de descubrir La ciudad de las luces, de observar todas aquellas musas que tantas personas de distintas nacionalidades habían visto y sentido. Llevaba en mi mano derecha la última edición conmemorativa de Rayuela que había leído tanto, animado por la idea de aterrizar en París,  enamorarme de la ciudad, caminar por los distintos caminos mágicos de un lugar casi mítico que se mantiene con los años y pasar por el Pont des Arts para mirar al horizonte como la Maga, convencido de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentífrico. Pero no, más tarde que temprano me enteré que la París de hoy no se parece mucho a la que caminó Horacio Oliveira (¡ah! y por cierto, Rayuela volvería a Colombia por medio de una amiga en febrero del año siguiente, es decir cinco meses después de mi llegada).




En todo caso, luego de un viaje de más de diez horas de Colombia a España, cinco horas en el aeropuerto y otras dos saliendo con dirección a la capital de Francia, llegaría al aeropuerto de Orly, sin ver la torre Eiffel o alguno de esos monumentos que tanto hay en las postales. Fui hasta a Gambetta, ubicado en el vingtième arrondissement, que supuestamente es uno de los más peligroso de París (exagerados) y que sería mi lugar de residencia hasta febrero del otro año, mes en el cual me echaron porque necesitaban arrendarle la habitación a alguien más (sí, porque acá a uno lo echan así pague si no se tiene contrato).    



Me recibió la señora dueña de la casa, con la que había estado en contacto por correo electrónico desde hacía un par de semanas. Ella había estado viendo televisión (como de costumbre) hasta la hora de mi llegada. Me saludó en francés y yo le respondí con un tímido y mal pronunciado bonsoir, que por otro lado, estaba lleno de temblor y del miedo que tenía al ser la primera vez que me enfrentaba a un idioma extranjero sin la pequeña seguridad de que mi receptor sabría algo de español. Siempre quedaba la posibilidad del inglés, pero el problema con algunos franceses es que lo hablan tan mal, que inmediatamente cortan la comunicación. Pero no es culpa de ellos, ni tampoco mía, son sólo cosas que pasan. Afortunadamente nos pudimos entender y esto llevó a que la señora me mostrara una habitación pequeña en el primer piso de su casa (sí, afortunadamente era una casa), que si bien era demasiado pequeña (permítanme que insista, pero hasta el momento no tenía clara las proporciones de la palabra pequeña), sería mi lugar de reposo durante el primer mes de estadía. Le di las gracias por todo y luego de haberle pedido la clave del Wi-Fi, llamé a mis papás para decirles que había llegado bien. Luego me fui a dormir. O bueno, me puse a hojear los tres libros con los que llegué (Rayuela, El nacimiento de la tragedia de Nietzsche y How to be alone) porque no tenía sueño, pero tampoco la concentración para zambullirme en las palabras.






Mis sentimientos en aquel momento eran confusos. O más bien, mezclados. Por un lado estaba la impaciencia de comerme la ciudad, pero por el otro el miedo de estar por primera vez lejos del país, en un lugar lejano, cuyo idioma apenas sí conocía. No sabía si iba a poder cumplir el objetivo por el que vine (y naturalmente, todavía no sé si lo voy a cumplir pero yo ando más relajado) y estaba ansioso de hacer de todo, de pasar por todos los lugares turísticos lo más rápido posible, de hablar francés como un nativo y tantas otras cosas que se han venido perdiendo o aplacando con el paso del tiempo y la realidad.








El caso es que aquella noche no pude dormirme sino hasta las 5 de la mañana, un par de minutos antes de que saliera el sol. Eso llevó a que al otro día me despertara sobre las tres de la tarde y empezara a caminar por el barrio, con el miedo de perderme y de luego no saber cómo volver a mi casa. Caminé bastante, intentando recordar algunas tiendas y calles para el regreso. Encontré en aquel paseíto (milagrosamente abiertas, porque era domingo y en Europa, el domingo no se abra nada) una tienda de objetos electrónicos donde vendían el adaptador que necesitaba para mi enchufe y un Carrefour donde hice mis primeras compritas en idioma extranjero (coca cola, galletas de chocolate, pan, queso y jamón). Luego de cargada la batería del celular, volví a salir para tomar fotos de aquellas filas de carros tan comunes en París, pero tan insólitas para mí, que estaba acostumbrado a que los carros estuvieran principalmente en los parqueaderos. No fue la gran cosa. O de pronto sí, para aquel provinciano llegado a una ciudad que creía extraordinaria y donde cualquier memez le parecía algo maravilloso. En todo caso, como aquel día, no fui en aquella semana a ninguno de los (tantos) monumentos de la ciudad, puesto que estuve el lunes en la plaza de la République comprando una sim card (que un mes después perdería en Polonia) y viendo la manifestación de turno; el martes en el cementerio Père Lachaise (cuyas fotos publicaré en una entrega futura); el miércoles yendo a la Oficina de Inmigración; el jueves visitando el Barrio Latino y el viernes descansando del gigantesco calor (ausente este año) luego de comprar una pizza (que bien cara sí me salió) y unas cervezas que me tomé en mi cuarto al son de una película.  





   

Por tanto cuando llegó el sábado no sabía qué hacer: si ir a visitar de una vez los monumentos o hacer otra vaina. Ganó la otra vaina y me fui a visitar uno de los barrios que había conocido de oídas a través de Rayuela: Saint-Germain-des-Prés. Para tal efecto me fui hasta la parada de metro más cercana, tomé la línea 3 hasta Réaumur-Sebastopol, donde cambiaría a la 4 y llegaría a la estación Odéon, donde me bajaría dizque para ir conociendo los alrededores. Fue por allá que mi estómago me informó que debía comer y para tales efectos entré a uno de esos restaurantes griegos y “baratos”, donde los cocineros no son griegos pero miran feo. En aquel lugar pagué como 8 euros por el combo de Kebap (A.K.A. Gyro), papas y gaseosa, y me senté en una esquinita, al lado de varios turistas a esperar la comida y a pensar qué iba a encontrar en Saint Germain. Pasaron aproximadamente como diez minutos antes de que el señor de la caja me llamara para que cogiera mi pedido y fuera a comer. Debo mencionar que el dichoso señor era español y hablaba con un acento fuerte, casi grosero, que hacía su aparición ya fuese en inglés o francés.

También, que la formule me ganó. No pude comerme todo y por ello le pedí al señor de la caja que me lo empacara para llevar. Debo decir que se lo pedí en español y el tipo me respondió en español “claro no te preocupes”, con aquella tuteada tan propia de los ibéricos. Inmediatamente botó la comida que había en mi bandeja a la basura e inmediatamente a ese hecho inopinado le hice el reclamo:

— ¡Pero si le había dicho que era para llevar!
—No me importa, no es mi problema. ¿Quieres algo más?

Lo miré con ganas de ahorcarlo. Me dio rabia que hubiese sido tan grosero y que para completar hubiera lanzado la comida al fondo de la caneca. Me llené de motivos para insultar internamente a los españoles, para justificar que en este momento estuviesen en crisis y que tuviera todas las desgracias que llevaban (y siguen llevando). Ya había alimentado un poco de aquel odio irracional con los maltratos en el aeropuerto, pero la botada de la comida ya era la raya. Por aquel entonces me faltarían por un lado, diez meses para ir a España y comprender que no era cuestión de nacionalidad y que si bien hay españoles mala leche que se merecen que los llamemos euracas, también hay otros, buenas gentes, que son trabajadores y que no andan metiéndose con los latinoamericanos. Además me faltarían un par de meses en París, para comprender que como en Saint Michel y sus alrededores hay muchísimos turistas, los meseros, de la mayoría de restaurantes, siempre andan con un humor de perros, a toda hora, todos los días, tratando al cliente (sea colombiano, gringo o sueco) como si fuera un animal.






Aquella experiencia me llevó a salir un poco enfadado, refunfuñando entre dientes y echándole la madre a todo lo que se atravesara. Uno de aquellos lugares que se atravesó sin quererlo ni beberlo fue el Cinéma André des Arts ubicado en el 30, rue Saint-André des Arts, cerca de la estación de Saint Michel (que por aquel entonces no tenía en mi cabeza de la misma forma en que ahora la tengo). Me llamó la atención ver que en un par de minutos iban a presentar Los siete samuráis, película de Kurosawa que había visto en mi casa a través del DVD y que me había parecido buena. En aquel momento que estaba frente al teatro, no sabía que éste había sido fundado en 1972, ni tampoco que hay muchísimos otros como éste en toda la ciudad. Solamente me pareció curioso y por tanto, pagué los siete euros de la entrada, a sabiendas de que no habría hecho lo mismo en Colombia.






Mal de turista podemos llamar, el mismo que me haría pagar un día después 50 céntimos por la entrada al baño del Subway de Saint Michel (al frente del Sena). En todo caso me dirigí a una taquilla lo más de bonita, para decir con un francés bien charro “un ticket, si vous plait”. La señora me entregaría el billete, luego de recibir los siete euros que costaba la entrada, que yo le mostraría posteriormente a la mujer en la puerta de aquella sala en donde hubo muchas sillas, pero pocas personas. Como es normal en una película hubo trailers, sala oscura y voces en japonés subtituladas en francés. Creo que así no hubiera visto la película antes, la hubiera entendido igual, porque se hace entender sin importar el idioma (o de pronto es una simple elucubración que hago luego de haber visto la película en un idioma que manejo). Al finalizar el primer acto (porque fue presentada en dos actos) salí y me enteré que uno de los asistentes era un colombiano, que me deseó suerte en mi búsqueda de apartamento y que tendría en Facebook durante dos semanas antes de que él me eliminara.  De aquel día me acuerdo que apenas terminé la película, me fui a caminar por la ciudad, perdiéndome y escribiéndole por mensaje de texto a una chica paquistaní que había conocido en el curso que me había perdido. Ella me “felicitó” por haber hecho algo tan “bueno” en París como es perderse y volvió a su vida de siempre. Un par de días después me enteraría que ella no quería salir conmigo o peor aún, que le fastidiaba que le hablara. Nunca me dijo nada directamente, pero en español, inglés o francés; ya sea de Colombia o de Taiwán, las mujeres se fastidian de la misma manera y en todos lados se encargan de hacérselo saber a uno, ya sea por medio de las palabras o por medio del lenguaje corporal. En fin. París me tenía reservadas varias sorpresas (sobre todo negativas) y apenas estaba empezando a descubrir las cosas, estaba empezando a desmitificarme de una ciudad tan bonita y de un mundo que nos venden en Colombia como algo extraordinario (real-imaginario o utilicen el cliché que ustedes deseen).



Hace un par de semanas fui con una amiga brasileña al museo de Orsay para dar una vuelta por allá y mientras caminábamos, ella me comentó en un ataque de sinceridad, que luego de pensarlo creía que no podía dejar de pensar en que cuando estábamos en nuestros países de origen, todo el tiempo estábamos imaginándonos París y sus lugares como algo mágico, pero una vez ahí, todo perdía ese encanto casi sobrenatural. En aquel momento no le entendí del todo sus palabras, puesto que estábamos en un lugar que me sigue deslumbrando (sobre todo por las pinturas de Van Gogh). Pero ahora que escribo este pequeño vomito de palabras, creo entender qué era lo que me quería decir, porque un teatro de cine, por más que lleve más de treinta años en el mercado, por más cine-arte que presente y por más París que sea, no dejará de ser un teatro de cine; como aquel que visitaba en la séptima en Bogotá hace ya mucho tiempo (por un precio muchísimo más bajo) o como aquel al que fui en Bucaramanga un par de veces en los últimos meses en los que viví en la casa de mis papás.  

jueves, 17 de enero de 2013

Woody Allen, Match Point y la religión




En días pasados me encontré con un pequeño libro best-seller en el que se recogían diversas entrevistas que tuvo Eric Lax con Woody Allen. Comparto un pequeño fragmento que me gustó y que dejo a discreción de los lectores su opinión sobre el mismo.

E.L: ¿Cómo valora Delitos y faltas?

W.A.: Estaba bien, pero pecaba de mecánica para mi gusto. Creo que costó demasiado hacerla, mientras que Match Point me salió de una forma mucho más natural. De repente me vi con los personajes indicados en el lugar y el momento adecuados.

E.L: También contaba con catorce años más de experiencia. Cuando estaba escribiendo el guión de Match Point ¿pensaba que ya había tratado de algún modo el mismo tema en Delitos y faltas pero que le quedaban cosas por decir?

W.A: No, en lo que pensaba era en obedecer a la historia, y si uno obedece a las necesidades que impone la creación de una obra de ficción, su significado se revela por sí mismo. Y para mí que naturalmente, se va a revelar de una manera determinada. Hace años Paddy Chayefsky me iluminó con su inteligencia: “Cuando una película o una obra teatral falla hay que quitarle la sabiduría”. [Ríe]. Marshal Brickman decía lo mismo con otras palabras —alguna vez se lo habré comentado—, pero resultaba igual de convincente y perspicaz: “El mensaje de una película no puede estar en los diálogos”. Y esta es una verdad con la que cuesta vivir porque uno se ve tentado a detener de vez en cuando la acción para filosofar y volcar su sabiduría en la obra de ficción a fin de dotarla de significado. En cierta medida hice lo propio en Match Point, cuando están sentados a la mesa hablando de la fe como el camino de menor resistencia. Pero la verdad es que si el significado de la obra no se transmite a través de la acción, de nada te sirve. No funciona. No puedes reunir a unos individuos en torno a una mesa para que suelten comentarios ingeniosos y reflexiones perspicaces con la esperanza de que parezcan sabias palabras, porque mientras ellos hablan el espectador no asimila lo que dicen como al autor le gustaría…”Eh!, ¿te has quedado con ese epigrama de Shaw?” Lo que ve el espectador es un diálogo de personajes en una situación determinada: “Él dice eso porque ella piensa esto otro y quiere ganarse esto otro y quiere ganarse su lado bueno…”. Lo que ve es la acción de la historia. Cuando pierdes de vista eso, y todos lo hacemos —yo, desde luego—, crees que estás haciéndote entender, que estás infundiendo a tu obra sabiduría, pero lo que haces es suicidarte. Lo único que haces es impedir que el espectador disfrute con tu obra.

E.L: Pero Match Point aborda un tema presente en su obra desde hace y tiempo, el hecho de que un mundo sin Dios el único control sobre uno mismo es la propia moral. Nadie más va a castigarte si no te cogen.

W.A: Curiosamente, leí un artículo que me envió alguien de un cura católico que había escrito acerca de la película. Lo que decía estaba muy bien, pero partía de un supuesto erróneo. El supuesto era el siguiente: si, como yo digo, la vida carece de sentido y se rige por el caos y el azar, entonces todo vale, pues anda tiene sentido y no hay acción mejor que otra. Y dicho supuesto lleva de inmediato a una persona religiosa a la siguiente conclusión: o sea, que puedes cometer crímenes y quedar impune si eso es lo que quieres. Pero esa es una conclusión equivocada. Lo que digo realmente, y lo digo con toda claridad, sin ningún mensaje oculto ni esotérico de por medio, es que tenemos que aceptar que vivimos en un universo sin Dios y que la vida carece de sentido y que a menudo es una experiencia terrible, brutal y sin esperanza, y que las relaciones amorosas son durísimas y que aun así tenemos que encontrar la manera, no sólo de hacer frente, sino de llevar una vida decente y moral.

La gente enseguida llega a la conclusión de que lo que digo es que todo vale, pero en realidad me planteo la siguiente pregunta: poniéndonos en lo peor ¿cómo podemos seguir adelante, o incluso, qué razón habría para que decidiéramos seguir adelante? Naturalmente, no somos nosotros quienes decidimos; la decisión la llevamos interiorizada. Es la sangre la que decide vivir. [Ríe]. Fíjese en cómo pontifico; está entrevistando a un tipo con un deficiente mecanismo de negación. En fin, que la gente religiosa no quiere reconocer la realidad que contradice sus cuentos de hadas. Y si vivimos en un universo sin Dios [ríe], ellos se quedan fuera del negocio. Por falta de liquidez.

Por otra parte, hay mucha gente que opta por vivir de un modo completamente egocéntrico y homicida. Como nada tiene sentido, piensan, y puedo salirme con la mía si cometo un crimen, voy a hacerlo. Pero uno también puede optar por pensar que está vivo, al igual que el resto de sus congéneres y que viaja con ellos en un bote salvavidas y tiene que intentar comportarse con la mayor decencia posible por él y por todos los demás. Un planteamiento que a mí me parecería mucho más moral e incluso mucho más “cristiano”. Si uno reconoce la horrible verdad de la existencia humana y frente a ello opta por ser una persona decente en lugar de engañarse a sí mismo pensando que le espera una recompensa o un castigo divino, me parece una postura más noble. Si uno se comporta bien porque luego habrá una recompensa o un beneficio o porque evitará un castigo, su comportamiento no responde a tan nobles motivos, los mismos que se tienen por cristianos. Es como los terroristas suicidas que actúan supuestamente por nobles motivos de índole religiosa o nacional cuando en realidad sus familias reciben un beneficio económico y se deleitan con su heroico legado, por no mencionar la promesa de una corte de vírgenes para los autores del atentado, aunque no me explico por qué preferiría nadie un grupo de vírgenes a una mujer con una gran experiencia.

En cualquier caso, no estaba de acuerdo con lo que había escrito el cura católico, pero no entré en discusión con él. Era muy amable y no había nada hostil en su discurso. Me atribuía un punto de vista y trataba de rebatirlo. Lo que ocurre es que refutaba un punto de vista con el que no estoy de acuerdo, algo que responde a un pensamiento religioso preconcebido y sinceramente, no hay razón para interpretar la película como una insinuación por mi parte de que todo vale y de que eso me parece bien.

También leí otro artículo de un cura filósofo de la Universidad de Saint John, que consideraba la película como el filme probablemente más ateo [ríe] de todos los tiempos. Pero todo lo que decía era muy amable y elogioso. Su punto de vista era más benévolo conmigo porque, en su opinión, el hecho de que yo hubiera defendido constantemente a lo largo de los años la visión de un universo ateo y carente de sentido, sin Dios ni esperanza, significada que yo le daba importancia a la ausencia de Dios en el universo. Y creo que tiene arzón; lo que digo es que eso importa. Ya lo decía explícitamente en Delitos y Faltas. Para mí es una verdadera lástima que vivamos en un universo sin Dios, ni sentido alguno y, no obstante, solo cuando uno acepta ese hecho es capaz de seguir adelante con su existencia para llevar lo que ellos llaman una vida cristiana, es decir, una vida decente y moral. Pero eso solo es posible si, para empezar, uno reconoce a lo que se enfrenta y olvida todos esos cuentas que le llevan a tomar decisiones en la vida que en el fondo no responden a motivos morales sino al deseo de anotarse un tanto en la otra vida.

Así que la película suscitó mucho debate en ese sentido, algo que me alegra. Me alegro de que no se viera como un mero filme de suspense en torno a un asesinato, un género que me parece muy válido, que conste, y que como espectador me gusta más que a nadie. Pero con Match Point confiaba en transmitir al menos un par de ideas que forman parte de mi filosofía personal y creo que lo conseguí.    


Imágen tomada de: http://image.toutlecine.com/photos/m/a/t/match-point-2005-tou--02-g.jpg