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domingo, 3 de febrero de 2013

Mi visita al Hay Festival Cartagena 2013 (3)


4.Sábado 26 de enero de 2012

4.1. Cátedra Interamericana Carlos Fuentes. Arturo Fontaine, Sergio Ramírez y Luisa Valenzuela en conversación con Rodolfo Mendoza






El sábado fue el último día de Hay Festival para mí, por lo que me la pasé en la playa y en la piscina toda la mañana disfrutando de un sol que ya veo lejano. La fila para esta conversación fue pequeña y por ello, logré obtener un puesto en la parte de adelante cerca a los conversadores.

Cuando entraron a escena, fueron recibidos por tímidos aplausos provenientes de las palmas de las manos de la gente que quería de una u otra forma, saber más sobre ese gran coloso de las letras mexicanas (o mejor, de la literatura latinoamericana) llamado en vida Carlos Fuentes. Si bien esta no era la conversación más atractiva de la hora, quise ir, como un pequeño acto de respeto sobre ese viejo maestro que se fue.

La conversación inició con la presentación de unas fotos de Fuentes tomadas por Daniel Mordzinski, en el que se le veía al escritor desde varias perspectivas, mostrando su porte y elegancia, criticada después de su muerte por ciertos escritores sobrevalorados y envidiosos. Luego de las fotos, el moderador tomó la palabra diciendo que Carlos Fuentes tuvo diferentes intereses como la literatura y la política. Luisa Valenzuela le siguió, diciendo que cada novela del laureado escritor mexicano era un universo total. Comparó a Fuentes con un hombre del renacimiento, puesto que éste sabía de muchas disciplinas y comparó su obra con la de Balzac, donde se observan historias de todo tipo que nos ilustran sobre la sociedad de aquel tiempo.
Sergio Ramírez tomó la palabra y dijo que Fuentes buscaba un universo balzaciano en el que una novela se relaciona con la otra. Fuentes buscaba que las aguas de la historia se mezclaran con las de la novela y crearan una buena historia de ficción. Además consideró que el mexicano veía el poder a través de la historia de América Latina.

Arturo Fontaine siguió con el hilo narrativo de la conversación diciendo que su primer contacto con Carlos Fuentes fue en el colegio cuando lo pusieron a leer Aura. Según él, la historia en Fuentes no está en el pasado sino el pasado está en el presente. Además considera a Fuentes un gran cuentista.

El moderador tomó la palabra y dijo que Fuentes siempre fue generoso con los escritores nuevos y en tal sentido, siempre estuvo inquieto por todo lo que sucedía alrededor de la literatura. Además de lo anterior, considera que el escritor mexicano nunca tuvo miedo de decirles a los políticos la verdad en la cara, como ocurrió en el caso de Peña Nieto. Ahí intervino Luisa Valenzuela diciendo que Fuentes era un hombre muy democrático, que si bien nunca aspiró al poder, siempre opinó del mismo. Para Fuentes, la mejor manera de hacer política era escribir ficción y citó un par de anécdotas sobre el escritor.

Sergio Ramírez inició su intervención diciendo que el derecho no es ajeno a la literatura (lo decía como abogado que es), ya que al estudiar leyes, uno va aprendiendo que lo dictado en el código civil es preciso y las palabras cobran gran relevancia. Para ello, citó a Stendhal, quien alguna vez recomendó a los aprendices de escritores leer el código civil. Volviendo al tema de la política, recordó que Fuentes criticó a Bush, porque el mexicano criticaba todo los abusos y todas las cosas malas que veía. Fuentes era uno de los pocos escritores latinoamericanos oídos en Estados Unidos y la razón de que no hubiese entrado al poder es que de haberlo hecho, habría perdido su independencia crítica.

Arturo Fontaine siguió con la palabra diciendo que en Fuentes había una fe en la deliberación pública, ya que sospechaba que el poder era más impotente de lo que imaginábamos y en tal sentido, Fuentes pensaba con la imaginación.

Luego de aquella primera parte, los escritores intentaron hacer un retrato de Carlos Fuentes en base anécdotas que conocían de primera mano cómo amigos del escritor.

4.2. David Grossman en conversación con Jonathan Levi










Nota: Voy a sintetizar los hechos tanto en esta como en la última conversación, ya que no tomé notas y estoy con mis confusas remembranzas que se confunden con varios de los ensayos del escritor israelí. A esta conversación como dato adicional, también asistió Mario Vargas Llosa.

En su conversación, Grossman inició hablando de cómo se convirtió en un escritor luego de haber prestado el servicio militar, su relación con la literatura, como ésta le ayudó a superar la muerte de su hijo e hizo un paralelismo entre la situación colombiana y la israelí, diciendo que los dos eran unos pueblos sobrevivientes, que habían pasado por guerras y seguían vivos a pesar de sí mismos. Dijo también que el problema del pueblo israelí era que había aprendido a ser sobreviviente pero no a vivir y que no debería ocupar forzadamente territorios palestinos, sino debería llegar a un acuerdo con ellos para poder compartir un territorio y dar fin a una guerra eterna de dos pueblos que tienen más cosas parecidas que diferentes.

Además de ello criticó el idioma que utilizan algunos medios para referirse a conflictos y situaciones que ocurren dentro del mismo, ya que el idioma ha servido como arma para ablandar situaciones graves y engravecer situaciones no tan graves. Para Grossman el eufemismo no es bueno y las palabras cuando se hable de conflicto y de acciones bélicas deben ser exactas, ya que de lo contrario se estaría actuando mal en favor de algún bando. Por eso, conforme a uno de los ensayos que escribió en escribir en la oscuridad, invitó (con tono de exhortación) a los medios que utilizaran las palabras precisas para denotar la realidad en lugar de crear mundos no existentes.

(A continuación sigue un fragmento poco importante, que no quise releer o corregir después de leerlo. Si quiere conocer simplemente peripecias del Hay Festival siga de largo estos párrafos siguientes hasta que indique que finalizó la parte banal y fácilmente evitable).
Como plus adicional y a modo de exorcismo propio, les cuento que luego de la conversación hice un oso al bajar a la firma de libros, ya que cuando llegó la hora de que me firmaran el mio, le dije “Hello Mr Grossmann”, él me respondió el saludo de manera amable y queriendo hacer lo que había hecho con otro escritor antes, le quise decir a modo de pregunta “¿por ahí leí que usted es el mejor escritor israelí de la actualidad, es eso cierto?”, pero por los nervios y mi mala pronunciación dije algo así como “i…read…sorry,read (la pronunciación cambia en pasado) that youa…best writer…Israel…”, inmediatamente él me dijo “sorry, i don’t understand you” y le creo, porque ni yo mismo lo entendí. Intenté repetirle lo mismo pero dije fue como “usted es el mejor escritor de Israel”. Él me miró con ganas de reírse pero se guardó la burla para sí y me dijo de manera amable, “ok, that’s ok”. Unas señoras que estaban al lado mio se rieron y dijeron “a ese niño no le entiende nadie” y varias de las personas al lado mío se burlaron con toda razón. Por ello fue que al finalizar de firmar los libros le dije “thank you” y salí corriendo, queriendo esconderme entre la multitud.Ello me llevó a recordarme que tengo pésima dicción (en cualquier idioma que se hable y no sé si sea por enfermedad o por el hecho que me relaciono con muy poquita gente y casi que las únicas ocasiones que tengo para hablar con alguien es cuando me llama mi mamá o cuando almuerzo por ahí y pregunto ¿cuánto es?
Sí, tengo una vida insulsa, sin sabor, aburrida, casi parecida a la que tiene una persona en un ataúd, pero creo que no importa, igual algo se intenta hacer, así sea escribir en un blog en el que pocas personas llegan por casualidades azarosas. En todo caso traigo esto a colación, porque creo que en todo, se me pegó ese bicho del Hay de ser sociable, de cruzar dos o tres palabras con personas desconocidas, llevando como consecuencia el ridículo al que se ve enfrentado el ser humano todos los días de la vida. Creo que con la acción que antes les acabo de comentar, me quedo sin autoridad moral de acusar al gobernador de Bolivar y el alcalde de Cartagena por sus acciones en el conversatorio de Vargas Llosa. No soy mejor que ellos, antes creo que peor, porque ellos hacían un ridículo por quedar bien, pero yo…ni por quedar bien, sólo por ser un idiota solitario que cuando intenta ser sociable se ve todavía más idiota. En fin, son cosas personales que llegan al blog por esos azares por los que usted, querido lector (si existe) llegó acá. Siento si le hice perder el tiempo con estos tres párrafos, por lo que sigamos con el siguiente conversatorio.
(Fin del fragmento poco importante)

4.3. Mario Vargas Llosa y Julian Barnes en conversación con Marianne Ponsford
´











Luego de salir del desafortunado acontecimiento personal con David Grossman, me encontré de frente con una extraña masa de personas que se hacía llamar fila. Eso llevó a que se colaran muchas personas que no estaban haciendo la fila como uno y bueno…ya se imaginarán el mal trago que tuve que sufrir para entrar e ir al tercer piso para observar una conversación magistral.

Luego de esperar un rato dentro del auditorio, los escritores salieron a escena junto a Marianne Ponsford, la directora de Arcadia. Como los dos ya eran conocidos por todos, las presentaciones pasaron rápidamente para llegar al tema central del conversatorio: Flaubert. Julian Barnes inició comentando sus apreciaciones sobre el escritor francés, a quien consideró como uno de los primeros escritores que se tomó en serio su trabajo y que hizo que la novela, que era considerado un subgénero menor, se transformara en algo más grande grande. También consideró que Flaubert sirvió como paradigma para que los personajes, dejaran de ser muy buenos o muy malos, para convertirse en individuos con varios matices.
Vargas Llosa siguió exponiendo cuando fue que conoció a Flaubert y a Madame Bovary (a su llegada a Francia). Expuso algunas de las tesis de Sartre sobre Flaubert —que pueden ser encontradas en ese mamotreto llamado el idiota de la familia— en las cuales intentó mostrar por qué el autor decimonónico no era un buen escritor, pero al hacerlo, dejó en evidencia que el autor de la Educación Sentimental era un genio.

Tanto Vargas Llosa, como Barnes, hablaron de la influencia de Flaubert en autores contemporáneos (no por nada, era uno de los autores preferidos de Kafka, Joyce y Proust, los representantes de la literatura moderna), la novela a partir de Flaubert y todos los cambios que se dieron con su aparición.
En una de las mejores intervenciones de la hora (de la cual tomaron un video que dejo a disposición de ustedes) Mario Vargas Llosa hizo una eximia defensa en favor de Emma Bovary, diciendo que era un personaje como el Quijote, porque vivía metida en sus ficciones, sus vidas no vividas, que la llevaron a cometer una serie de errores al querer llevarlas a una realidad, en la que sólo existen mediocres y gente que 
no está a la altura de los personajes de su novela.



En el conversatorio se tocaron otros temas, como la tentativa imposible (es decir, aquellos novelistas que buscaron alcanzar la perfección), la correspondencia de Flaubert, la literatura francesa clásica, entre muchos otros que me llevaron a estar una hora completa siguiendo hierático y atento cada una de las palabras que pronunciaron los dos grandes escritores.

Finalmente, se acabó la conversación varios minutos después de lo presupuestado (cosa que agradezco como espectador) y entre muchos aplaudimos a Mario Vargas Llosa y a Julian Barnes por su eximia conversación. La mejor del festival y sin duda alguna, un cierre grandioso que me hizo olvidar el mal trago que había tenido minutos antes.

5. Epílogo

Voy a cerrar la anterior serie de tres capítulos, primero que todo, con una disculpa para los lectores, puesto que no fui tan detallista en esta última parte como con las primeras dos. Lo anterior, debido a que no tomé muchas notas como las primeras veces y supongo que el hecho de que hayan pasado muchos más días de mi llegada de Cartagena, hace que ya no tenga el sentimiento festivalino en mis dedos que a esta hora anotan estas palabras.

En todo caso, ¿qué puedo decir de Hay Festival después de dos años acudiendo al mismo?
Bueno, lo primero es que es un festival con varias caras: por un lado se dice que es un festival de la cultura, pero por otro, nos encontramos con que gran parte del aura del Hay Festival recae sobre las notas sociales, los cocteles, el debate en el Hotel Santa Clara, las preguntas estúpidas del canal caracol y los elitismos representados en las puertas con carteles de reservado que abarcaban prácticamente un piso o varias sillas del lugar (ver fotos que pongo debajo del párrafo). Al respecto debo decir que si bien el Hay no es un evento elitista en el sentido más puro de la palabra (porque cualquiera puede ir), lo cierto es que el hecho de que los mejores puestos queden reservados para patrocinadores y artistas hace que nosotros los ciudadanos de a pie estemos un peldaño por debajo…pero qué se le hace, de alguna forma la organización tiene que responderle a los que donan más plata que uno.






Los medio de comunicación que “informan” sobre el Hay, dedican la mayoría de sus notas para contar que Policarpo Procesalista se tomó una foto con Pepito Pérez, que en el concierto de Susana Baca bailaron en la Heroica el famoso XXX y otra vieja o sino, se dedican a mostrar las fotos de los escritores abrazándose y paseando por la Ciudad Histórica de Cartagena. Esto ha hecho que al Hay Festival se le llame el “Play Festival”.

Por ello, pienso que si los medios en verdad quisieran darle eco a la parte cultural de las conversaciones (que es en sí, el supuesto eje central del Hay Festival), hablarían y hasta analizarían lo dicho por los autores en sus conversaciones, en lugar de sacar las fotos, las curiosidades y las frases más simplonas y banales que rozan con la perogrullada tipo, vivamos sin violencia, la violencia es mala porque David Grossman lo dijo, etc.
Por otro lado, dentro del Hay Festival vi mucha gente que iba por la farándula, lo cual se notaba cuando compraban libros porque el autor “había hablado bonito” o porque “si es nobel, es bueno” (así me lo dijo una señora cuando le dije que los libros de Hertha Müller no eran para cualquiera y que podían aburrir fácilmente a los lectores ocasionales). Esa es la otra que vale la pena resaltar del evento: los libros. Estos son muy caros y la librería nacional (que es la única empresa que tiene stands en cada uno de los sitios donde hay conversatorios) trae las ediciones más caras. Sin ir tan lejos, la novela gráfica de Gabo que tanto promocionaron, valía 80 mil pesos. Además, el marketing se ve desde las conversaciones, en que los moderadores invitan en las charlas una y otra vez a que “apenas salgan tienen que ir a comprar este libro”.

Sobre los precios, sí es verdad que es caro ir al Hay Festival (me gasté mis ahorros de tres meses trabajando como abogado, que fue bastantico para alguien recién salido) ya que por ejemplo, cada noche de hotel está entre 150 mil y 300 mil (en hoteles relativamente baratos, en hostales vale 90 mil la noche). Las boletas están cada una a 20 mil pesos y más o menos, uno va entre 4 o 5 conversaciones por día, lo que se convertiría en 80 mil o 100 mil pesos día, que no todo el mundo tiene. Esto siempre y cuando no incluya el pasaje en avión o bus (para los que viven fuera de Cartagena), la comida (que como dije es cara), el agua para hidratarse y en fin, todas aquellas pequeñas cosas que el cuerpo pide en la ciudad. Por eso siempre veo con recelo las declaraciones de algunos escritores snob, que dicen que la gente no va al Hay Festival porque es de baja cultura y prefieren gastar su dinero en trago, ya que creo que son escritores autistas que viven en una aristocracia a la que pertenece el 1% de la población o simplemente, se las quieren tirar de cultos o de alguna vaina más.

Sin embargo, luego del pequeño memorial de agravios, debo decirles que no creo que todo sea tan malo. El Hay Festival genera la pequeña posibilidad para permitir que escritores famosos vengan al país y que varios organizadores de ferias del libro pequeñas, puedan acordar con los autores, visitas a otros eventos más pequeños en el país. Además, gracias al Hay Festival, ciudadanos a pie como yo, no que no saben qué es un coctel, pueden ver a autores y artistas que en condiciones normales sólo conocemos por youtube o la foto puesta en su libro. Debo agradecer que las mejores conversaciones tuvieran el mismo precio que las de más bajo rango, o si no, no podría ir ahorcado al Festival.

También los he de felicitar por su propuesta de que los estudiantes entran gratis (o más barato, no recuerdo como era la vaina) y sus eventos alrededor de autores medianos y pequeños, lo cual permite a otras personas que no tienen con qué entrar a una conversación, poder entrar.

Como plus, debo comentar que el Hay se creció este año, como consecuencia de que vino muchísima más gente que el año pasado (fue mi impresión). Por tanto, viendo que el evento va en auge, se deberían tomar mejores medidas de logística, para evitar el descalabro que hubo luego de la conversación de Herta Müller o las distintas quejas que hubo por parte de ciudadanos que tuvieron que quedarse por fuera o sentados en las escaleras por los extraños acontecimientos. Por otro lado, me da risa que las boletas dicen “prohibida la reventa” y las mismas vendedoras de taquilla lo mandan a uno con los revendedores cuando se “agotan” las boletas. Deberían pararle bolas a eso, porque vi que muchos eventos con “boletas agotadas” tenían muchas sillas vacías produciéndome la duda de qué había pasado.

Me despido finalmente del lector que haya caído en esta entrada, agradeciéndoles por haberme regalado minutos de su valioso tiempo para leer este texto y bueno, no sé si vuelva el otro año a Hay Festival, pero aquí les dejo mi pequeña historia en el evento de este año.

miércoles, 30 de enero de 2013

Mi visita al Hay Festival Cartagena 2013 (1)



Como en años anteriores,  acudí al Hay Festival de este año, animado por escuchar a Mario Vargas Llosa y a otros escritores como Eduardo Sacheri, Javier Cercas o David Grossman, quienes me mostraron un don de gentes excelente por fuera de las conversaciones e intervenciones interesantes, que si bien, algunas veces, volvían a lo dicho en otra(s) conferencia(s) (que se puede encontrar en youtube), en general fueron agradables. Me disculparán si posiblemente no me explayo en los temas tocados en los conversatorios o corto de tajo el tema, puesto que lo que narro dentro de los eventos es básicamente lo que copié en mis apuntes (que en ocasiones están muy desordenados por cierto, pido disculpas por ello) y además, esta entrada está hecha con el ánimo de contarles lo que vi en el evento y lo que copié en mis apuntes. Si alguno queda interesado en oír alguna de las charlas, la organización del Hay Festival sube los audios en febrero o marzo de este año. Así que empecemos.

1.       Exordio

Quiero a diferencia del año pasado, comentarles quien soy para que más o menos tengan un pequeño perfil del bloguero que les cuenta sus peripecias festivalinas. Soy un chico de 21 años, que se graduó de la carrera de abogado, pero que está constantemente en contacto con la literatura, que fue mi puerta de entrada a la lectura y a la escritura. En materia económica y social, pertenezco a la clase media, teniendo como padres a unas personas que hicieron lo posible por darme una buena educación y que lucharon por mantenerme en la universidad a punta de créditos y buenas intenciones (que espero retribuir haciendo algo que valga la pena). Lo anterior se los cuento porque en el Hay, la condición social, si bien no es un factor excluyente en el sentido estricto de la palabra, si es visto por las personas que acuden al lugar. Después volveré con este tema.

Frente al idioma inglés, tengo una relación agridulce, porque aunque se me dificulta hablarlo y escucharlo, lo leo con facilidad y fluidez, cosa que debo corregir, empezando por cortar los subtítulos en el idioma original de las películas, que no me permiten concentrarme en reconocer los fonemas anglosajones y de esa manera entender con mayor comodidad. Les digo lo anterior, porque (continuando con mi honestidad brutal) entré a los conversatorios en inglés sin audífonos, así que por ello, se puede decir que entendí la mitad de lo que dijeron (sí soy un mediocre, lo acepto y tengo que hacer algo para remediarlo). 

Dentro del borrador que venía escribiendo en el avión que venía de Cartagena, tenía algunas anotaciones en las que les contaba qué era el Hay Festival y alguno de los invitados de otros años, pero la verdad supongo que los que llegan a esta entrada ya conocen el festival. Sin embargo, he de decirles que ya fui el año pasado, así que ya sabía a qué atenerme y qué iba encontrar en el lugar.

Estas son las entradas del año pasado:


Ahora vamos a lo importante, la historia.

2.       Jueves 24 de enero de 2013

A diferencia del año pasado, llegué a Cartagena en las horas de la mañana del día jueves, esperando poder asistir a varios conversatorios del primer día del evento. Había comprado las boletas la primera semana de diciembre, ya que la última de noviembre (fecha en que salieron a la venta) se agotaron de manera insólita y sólo hasta la siguiente semana, volvieron a estar a la venta (en una de esas situaciones rarísimas, que ni siquiera yo entiendo). Les debo confesar que cuando vi el letrerito de boletas agotadas en la pantalla de mi computador, se me quitaron las ganas de ir a Cartagena en enero, pero cuando entré por cuestiones de suerte a la semana siguiente y vi las boletas disponibles, inmediatamente las compré sin pensarlo y luego busqué los pasajes.

Como pequeña anécdota, la única boleta que permaneció agotada en la página web desde su inicio fue la del conversatorio entre Mario Vargas Llosa y Carlos Granés. Nunca la vi disponible en el website de Gema Tours, por lo que tuve que pedirle el favor a alguien que me la comprara el mismo día que llegaron a la Librería Nacional de Bogotá (ese día estaba en otra ciudad). Esa persona llegó a las 2 en punto (hora en que inició la venta de boletas) y me contó que había una fila como de 7 personas que se fue acrecentando con los minutos. Esto, para que vean el mediatismo que tiene el nobel peruano en nuestra tierra colombiana.
En todo caso, una vez conseguidos los tiquetes importantes (Vargas Llosa y Herta Müller), compré los pasajes que me permitieron llegar al aeropuerto cartagenero en remodelación un mes más tarde, observando sus paredes desnudas y su pequeño encanto que en ocasiones me recordaba el de mi ciudad natal y en otras, al videojuego Trópico 4. La temperatura el día de la llegada era de 30 grados y a mi lado habían llegado unas mexicanas que se veían mayores de 30 años, pero con un alma aventurera de 25. Recogí mi maleta en las bandas de la salida del aeropuerto, tomé un taxi y fui al hotel, donde me registré y dejé la mayoría de mis cosas en la habitación. A las 11 y cuarenta de la mañana salí en dirección al Teatro Adolfo Mejía. El taxi duró 10 minutos aproximadamente en hacer arribo a la pequeña entrada de la Ciudad Antigua, que conecta con el antiguo teatro Pedro de Heredia.




Justo al momento de llegar me encontré con mi primera decepción: la primera boleta del evento (Alex de la Iglesia en conversación con Roberto Pombo) estaba agotada así que pensé que iba a tener que conformarme con quedarme por la Ciudad Antigua esperando el siguiente conversatorio. Sin embargo, una revendedora llegó a mi lado y me dijo “mirá te tengo la 1 si la quieres”. Pensé que me iba a cobrar los excesivos precios que piden los revendedores de aquel lugar, pero me dijo que me la dejaba en 20 mil pesos. Inmediatamente se los pagué y entré al recinto para oír al director de cine Alex de la Iglesia (a quien sólo conocía por El día de la bestia).

Ah por cierto, se me había olvidado comentar, las boletas del jueves no las había comprado porque no tenía certeza de que me iba desde el jueves en la mañana, por eso me tocó llegar a buscarlas en el lugar.

2.1.  Alex de la Iglesia en conversación con Roberto Pombo






Siendo las 12 y 15 aproximadamente, el auditorio estaba casi a rebosar. Me tocó ir al tercer piso del Teatro Adolfo Mejía para conseguir un puesto decente desde donde observar la conversación, que iba a ser también reproducida en varias pantallas colocadas alrededor del recinto. La mayoría de cubículos del primero y segundo piso estaban con el letrero de reservado, por lo que los ciudadanos de a pie, sin palanca, que no éramos patrocinadores, nos tocó correr como salvajes para conseguir un buen puesto.

Esperé un buen rato en mi solitario asiento, mientras otras personas (acompañadas por lo general), se sentaban a mi alrededor con el ánimo de observar qué tenía Alex de la Iglesia por decir. Un ayudante de Daniel Mordzinski (fotógrafo del Hay Festival) me pidió que sostuviera uno de los periódicos que dejaron encima de las sillas para aparecer en las fotos del festival. Le colaboré, pero realmente no creo que suban mi foto a la página web. En todo caso, luego de que casi toda la gente estuviese sentada, salieron a escena el director del tiempo Roberto Pombo y el cineasta y escritor (vi a la salida que vendían un libro escrito por él) Alex de la Iglesia. La gente ávida de conversatorios, estalló en aplausos mientras los conversadores tomaban asiento y sonreían.

Mi relación con Alex de la Iglesia ha sido en términos generales aceptable. De él conozco la película el día de la bestia, la cual me gustó y me produjo varias risas, que me llevaron a tenerle un lugar especial dentro de las películas de bajo presupuesto que admiro (donde también está la notable Braindead). Así que llegué ignorante del resto del cine de él y de sus últimas películas que tantas reacciones divididas han tenido por parte del público.

La conversación inició con varios chistes flojos, entre los que estaban las afirmaciones del director de que no era el verdadero Alex de la Iglesia, sino un doble y que la gente no sacaría nada de esta charla ya que no hablarían de cine sino de sexo. Varias de las personas entre el público rieron en una estruendosa carcajada, mientras yo seguía serio, esperando oír algo más interesante. Afortunadamente Alex llevó la conversación a un lugar mucho más apetecible, como lo es el terreno de la creación y los problemas que tienen quienes quieren llevar una película del mundo de la ficción a la realidad. Según Alex de la Iglesia, él filma películas porque ninguna de las que ha hecho, le ha gustado y sigue buscando la que lo enamore. Por ello filma para corregir y hacer algún día una buena película. Recordó que sus películas iniciales tenían mala fotografía y que dudaba de todo lo que hacía.

Recordó que el día anterior, en la cual se encontró con Mario Vargas Llosa en el coctel de bienvenida quien le dijo que le había gustado su última película. En palabras de él inmediatamente se enamoró de la literatura del peruano a quien dejó de ver como un buen escritor para verlo como un genio (lo decía molestando y refiriéndose a aquellos cambios de opinión que se generan cuando una persona nos hace un elogio).

Pombo siguió diciendo que iba a buscar el hilo conductor de las películas de Alex de la Iglesia y ahí iniciaron con el tema del humor en las películas del español. Él empezó diciendo que utilizaba en humor como mecanismo de defensa o arma en contra del mundo en el que siempre estamos solos y confundidos. El humor es un arma de violencia civilizada que lleva a la risa, puesto que si recordamos a Charlot (personaje de Chaplin) enviándole una tarta a la cara de una persona, estamos frente a una situación violenta que por alguna razón da risa.

Cuando estudiaba filosofía, de la Iglesia tuvo un profesor que le mostró el texto más transgresor jamás escrito, como es aquel fragmento en que Jesús enseñó que si te golpean en una mejilla pon la otra. Este acto cínico e indirectamente violento, quiere decir que si alguien te ofende, lo puedes golpear por partida doble con tu indiferencia.

Por otro lado, al hablar de su película anterior “balada de la trompeta triste”, Pombo le preguntó a Alex de la Iglesia que por qué utilizó payasos en aquel film. Éste respondió que los payasos siempre le han parecido personajes interesantes, de otra época, que representan la máscara o el disfraz grotesco de todos nosotros. Para el director español, todos tenemos disfraces como el de ser el lambón, el oficinista, el intelectual entre otros.

La figura del payaso siempre lo aterrorizó de niño, pero le apasionó de adulto cuando se dio cuenta de que era uno de ellos. “Un payaso somos todos” ya que “nos exigen ir de una manera determinada en la vida”. Según el director español nos obligan a ser graciosos y tener una sonrisa en este circo absurdo que es la vida. Por ello, siempre está mal vista la persona que no sonríe constantemente. Al lado de la risa, el ridículo también nos salva de la vida, ya que una persona ridícula es una persona transgresora.  

Pombo luego de lo anterior, le preguntó sobre el significado de la aparición de Franco en una de sus películas a lo que Alex de la Iglesia respondió que cuando uno cuenta una historia, no tiene por qué entenderla. En los años 20 y 30 por ejemplo, el proceso de creación era espontaneo, y directores como Buñuel colocaban en la pantalla de tajo lo que veían si estaba bien. Por ello es que lo importante del cine es contar algo que le apetece al director, en lugar de lo que debería estar bien. Según Alex de la Iglesia, lo importante de todo es que la persona que hace la película no se derrote al llegar a la práctica puesto que entre la idea y la expresión de esa idea hay mucho trecho y “somos lo que hacemos”, no lo que pensamos, soñamos o anhelamos.


Por otro lado, Alex de la Iglesia comentó que siempre le gusta que sus finales se desenvuelvan en las alturas porque en ellas, las personas son sinceras y siempre dicen la verdad (para esto trae como ejemplo el final de Star Wars el imperio contraataca). En las alturas, uno de los dos personajes cae y refleja su condición humana, su derrota.

Además de ello, agrega el director del día de la bestia que “lo bonito no es rodable” y por ello, las mejores películas y los mejores personajes no son en los cuales el personaje le va bien y no tiene problemas. Para Alex, los malos son más atractivos que los personajes buenos y por ello es que en las aventuras de Tintin, todos nos enamoramos del capitán Haddock, quien es un personaje borrachín y con problemas con el que podemos identificar sentimientos, en lugar de Tintin quien es una buena persona ,que le cae bien a todo el mundo, que todo le sale bien y que nunca tiene problema alguno. “El mal es lo atractivo de la vida” y el demonio somos todos…pero el vecino es peor.

Luego de aquella parte, Pombo dirigió la conversación hacía las relaciones y Alex de la Iglesia contó su relación con Mario Vargas Llosa (a quien conoció la noche anterior) y con Pedro Almodobar. De igual forma, se refirió a la identidad diciendo que hasta que no te insulten, no sabes quién eres. Hasta que no te sientas ofendido cuando te digan “hp español” o algo por el estilo, no descubres en qué lugar te encuentras clasificado.
Volviendo al tema de la risa, para Alex de la Iglesia, la risa es la mejor arma contra la que un dictador o un asesino no puede luchar ya que funciona mejor que un golpe o una bala, ya que ante el golpe, el gobernante arbitrario se levanta, pero frente al ridículo…tiene muy poco qué hacer porque si responde, se verá todavía más ridículo y si no responde, igual.

Finalmente Pombo preguntó sobre si con ocasión de la crisis española, vendría a hacer películas en Latinoamérica a lo que este respondió que en primer lugar, no tiene la sensación de que Europa salga a flote próximamente. Según Alex, un genio hay que plantarlo, fomentarlo y cosecharlo, aunque la gente de la industria quiere que el público vaya por otro lado. Por ejemplo, después de tener un magnifico cine italiano de los 50 y 60s (el neorrealismo italiano) en donde varias películas con no mucho presupuesto, quedaron muy por encima de la industria hollywoodense, pasamos a un cine italiano paupérrimo, del cual no hay figuras que puedan rescatarse. A cambio de aquella debacle del cine italiano, quedamos con Telecinco y Berlusconi, quienes son todo lo opuesto a un cine de calidad. Ahora bien, respondiendo a la cuestión del cine latinoamericano, lo ve en auge, puesto que quienes trabajan en este lado del mundo, lo hacen preocupados por sentir la vida con pasión.

2.2. Fútbol y literatura: Eduardo Sacheri y Daniel Titinger en conversación con Daniel Samper Ospina




Luego de la primera conversación con la que Pombo nos dio la bienvenida al Hay Festival de este año, quedé desparchado por dos horas (el evento terminó a la 1:30 y el siguiente era a las 3:30), razón por la cual me dirigí a la Ciudad Histórica para buscar un lugar en donde comer. Entré a un sitio chiquitico y normalito en el que pensé que iban a tener comida a un precio relativamente razonable. Sin embargo, luego de pedir un almuerzo, comérmelo y dirigirme a la caja, me encontré con la sorpresa de que los platos eran mucho más caros de lo que aparecían en el menú, por los adicionales que supuestamente eran gratis. Tengan cuidado a la hora de comer en  Cartagena, ya que hay mucho inescrupuloso intentando verle la cara a uno de bobo y además, lugares supremamente caros donde la comida vale cuatro y cinco veces lo que en otras ciudades (una entrada de tomates mozarela 22.000 en Cartagena, cuando en restaurantes de Bogotá los consigo en $8.000 o máximo en $14.000), pero qué se le hace, es una ciudad turística donde todo tiene precio de huevo de oro.

Después de mi suculenta pero dispendiosa comida, me dirigí al Teatro Adolfo Mejía, no sin antes comprar un cigarro para ir fumando por las calles de Cartagena, soportando el durísimo sol que azotó a los visitantes durante los tres días que estuve en el lugar. Llegué a la taquilla, encontrándome con que las boletas para el conversatorio de “Fútbol y Literatura” estaban agotadas. Inmediatamente sentí otra vez la rabia de llegar tarde, antes de que un “bienintencionado” cartagenero me dijera “hombe, yo te tengo la número 4 si la necesitas”.

—“Listo, ¿en cuánto me la vende?”
—“Cuarenta barras” me respondió. Inmediatamente hice un gesto de risa y le respondí “no mijo, ta muy cara”.
—“Bueno en treinta porque somos amigos” respondió. Los vendedores de Cartagena de Indias siempre van a decir que son amigos de uno, pero sus precios, denotan una cosa muy diferente.
—“No manito, está recara, mire sabe qué, le doy 22.000 ahí pa’ que se gane dos mil pesos”.
—“No hombe, está muy barata así si no”
—“Ah bueno, muchas gracias entonces” le dije y me retiré del lugar. Las boletas del Hay Festival de este año estuvieron a $20.000, un precio algo alto teniendo en cuenta que son aproximadamente 4 los conversatorios a los que uno acude por día. Por ello, no iba a pagar 10 mil pesos más por un conversatorio, ya que de ser así, me quedaría rápidamente sin el poco dinero que llevaba.
—“Bueno está bien, deme las veintidós barras y aquí está la boleta” me dijo cuando vio que me iba del lugar.

Saqué el dinero correspondiente y le cancelé la boleta al costeño, con la que entré más adelante al evento siguiente. Como no quería tener más sorpresas como esas, fui y adquirí en la taquilla las otras dos boletas de las 5:30 y de las 7:30 y me dirigí a fumarme otro cigarro al lado del Teatro Adolfo Mejía. Ahí me encontré casualmente con la señora que me había vendido a $20.000 la primera boleta y me saludó y me dijo que si necesitaba boletas que la buscara a ella. Le respondí afirmativamente y me quedé hablando sobre una y otra cosa del evento (algo insólito porque soy lo más asocial que se puede encontrar sobre la tierra), antes de despedirme y entrar al Teatro Adolfo Mejía que tenía una fila verdaderamente pequeña en comparación a la del evento anterior.



Ingresé rápidamente, con facilidad y conseguí un asiento en el primer piso al lado de la tarima en la cual iban a llegar los conversadores. Contrario a lo que decía la hoja de la taquilla, a este evento no vino mucha gente, por lo que empecé a tener mis reservas respecto a la disponibilidad de tiquetes por parte de la organización del evento. No sé si es que los revendedores compran toneladas de boletas o si por el contrario, los organizadores del Hay dan muchísimas escarapelas que en muchas ocasiones no utilizan los periodistas, estudiantes e invitados. En todo caso, después de unos minutos, Sacheri, Samper y Titinger hicieron su aparición en el escenario ante los aplausos del público.




Samper Ospina inició ironizando sobre el público que había venido al conversatorio, diciendo que no era una audiencia futbolera, ya que mientras estábamos ahí, jugaba el Barcelona (creo que por la Copa del Rey). Para justificar que la literatura tenía relación con el fútbol, Samper citó la casualidad de que el hijo de Shakira y Piqué era tocayo de Kundera. Luego de esto reprodujo una cita de Borges en la que éste despreciaba el fútbol y la tan manoseada cita de Camus sobre el mismo, para mostrar la dicotomía por parte de los intelectuales frente a este deporte.

Sacheri tuvo la palabra luego de finalizada la intervención del moderador, diciendo que veía en el fútbol unos elementos estéticos, como por ejemplo, que en este deporte se juega con las extremidades menos hábiles de los seres humanos. Además de lo anterior, consideraba que el fútbol es un deporte democrático, ya que iguala a personas en su torpeza (en principio).




Después, la palabra la tomó Daniel Titinger, quien inició diciendo que la crónica de fútbol prolonga los roles de la literatura y que el fútbol, no termina cuando finaliza el partido, sino hasta la semana siguiente, cuando viene un nuevo partido y el equipo ganador tiene la oportunidad de consolidar la victoria y/o el equipo perdedor tiene la oportunidad de ganar o seguir en desgracia. Además de ello, Titinger dijo que con las frustraciones peruanas en materia futbolera, ahora el Perú está con sus ojos puestos en la gastronomía.
Daniel Samper siguió con la charla, preguntando sobre qué es lo importante en el fútbol para encontrar en él historias literarias.

Eduardo Sacheri inició diciendo que en la literatura, el dolor es más importante que la alegría, puesto que las historias interesantes son las de perdedores, las de fracasados intentando hacer algo más con su vida y por ello es que considera que el fútbol sirve para hablar de cualquier otra cosa, como problemas sociales por ejemplo. Por otro lado, los personajes casi perfectos tipo Messi o Pelé, no son rentables literariamente porque no tienen problemas, ni dificultades que lleven al lector a identificarse con ellos o por lo menos, a ver una historia que narre una de esas carencias que tenemos en la vida real. En el mismo sentido fue la respuesta de Daniel Titinger, quien recomendó el cuento “suicidio en la cancha” de Horacio Quiroga.
Procedió luego Samper Ospina a preguntarle a Sacheri “¿el fútbol lo llevó a la literatura?” a lo que el escritor argentino respondió que no, que el fútbol apareció de manera accidental cuando él quería escribir sobre personas normales. La literatura futbolera está escrita desde el fracaso (ahí aparecen grandes escritores como Fontanarrosa o Soriano) y ocurre así, por cuanto se escribe sobre lo que falta en este mundo esquivo. Como dato adicional, esgrimió el escritor argentino que de fútbol se empieza a escribir, cuando la liga del país empieza a dejar mucho qué desear, puesto que la literatura futbolera es un acto de resistencia involuntaria.

Samper Ospina preguntó luego de lo anterior ¿puede el fútbol producir grandes obras? Y la respuesta de Sacheri fue que el fútbol ofrece una emotividad fácil que el escritor puede convertir en una mala historia llena de lugares comunes o por el contrario, una buena historia. Sin embargo, el fútbol no es el único deporte que permite hablar de la vida ya que en la literatura está el caso del boxeo por ejemplo, que ha llevado a varios narradores a realizar crónicas y obras literarias eximias.

Luego de ello, continuaron con anécdotas, historias y referencias a cuentos de otros autores literarios que infortunadamente no alcancé a tener en mi agenda por cuestiones de espacio, ya que llevé apenas tres hojas que me dieron en el hotel y sólo me quedaba una. Sin embargo, fue una interesante discusión.

2.3. Impunidad.  Luisa Valenzuela, Gioconda Belli, Carlos Vásquez-Zawadzki y Sergio Ramírez en conversación con Jorge Espinosa





Llegué faltando quince minutos para empezar el evento porque me quedé en la salida del Adolfo Mejía como víctima del fetichismo de la firma de libros que había en aquel lugar. Sacheri amablemente cruzó dos o tres palabras conmigo, firmó y luego yo volví a mí a mi común y solitario anonimato y él a sus compromisos dentro de la ciudad de Cartagena. La conversación que le siguió a la hora de fútbol, fue en el patio del Centro de Cooperación Española, en un bonito lugar rodeado de palmas y vientos deliciosos que refrescaban nuestras pieles sensibles al sol (sí, sonó todo cursi…sigamos).

El salón se llenó rápidamente y en menos de diez minutos, estuve agradecido de no haber llegado más tarde, puesto que todos los puestos fueron ocupados de manera fugaz. En todo caso, este conversatorio empezó puntualmente porque los panelistas llegaron dos o tres minutos antes de que fueran las cinco y media. Esto permitió que el moderador presentara a uno por uno de los que iban a estar encima de la tarima y de poner sobre el tapete el tema del periodismo y la impunidad.




Sergio Ramírez inició la charla aduciendo que la impunidad tiene que ver con la represión y que a veces la gente se cansa de tanta impunidad, como ocurrió con Somoza, quien fue tumbado luego del asesinato de un periodista que él ordenó. El moderador le preguntó a Ramírez por qué Somoza no fue implacable con las obras literarias y éste le respondió que Somoza no veía a los poetas y a los novelistas como peligrosos.
Luego habló Gioconda Belli quien al ser cuestionada por la censura en su caso personal, dijo que aunque salió exiliada de su tierra, su poesía política la escribió ya desde fuera de su país. Por otro lado, dijo que los periodistas de ahora (a diferencia de muchos de antes) no buscan cambiar el sistema, sino denunciar las irregularidades del poder y que de igual forma, los periodistas son más individuales y menos colectivos de lo que era en otras épocas.

Luisa Valenzuela siguió luego de Belli, aduciendo que en la Argentina los problemas eran difusos en los tiempos de la dictadura, ya que el país estaba cubierto por un manto grandísimo de autocensura. La dictadura de aquel tiempo, se encargaba de desvalorizar a la gente que se iba del país, tildándola de apátridas, traidores, etc. Además de ello, dijo que el escritor es un ser aislado y por eso necesitaba del cobijo de alguna organización que le brindara apoyo cuando los poderosos se pararan sobre él.
Luego de la intervención, Carlos Vásquez pidió la palabra diciendo que Colombia se raja en impunidad y para argumentar tal afirmación enunció unas cifras (que mi lento lapicero no logró atrapar) antes de dar unas posibles causas de este descalabro. Según él, en Colombia en 1886 una nueva constitución conservadora, tumbó una constitución liberal llena de derechos. Luego, en la década del siglo XX, los conversadores se hicieron con el poder y el único liberal que hubo en el congreso fue Rafael Uribe Uribe, quien fue asesinado. Esto evidencia, según el conversador, la propugnación del dogma que lleva a la exclusión del otro, que desemboca en la violencia sobre el otro. Si bien esta situación intentó ser reparada con la constitución del 91, los hechos no evidencian una mejoría.

El moderador luego de la intervención de Vásquez dejó una pregunta en el aire: ¿deben ponerse en riesgo los periodistas para luchar por una idea?

Sergio Ramírez empezó diciendo que la respuesta a esta pregunta se puede ver desde dos puntos: se puede decir que sí desde la comodidad de Cartagena, como se puede responder de forma más compleja desde la perspectiva del oficio, puesto que el periodista debe decir lo que la gente no sabe. Por ello, el periodismo no puede estar solamente concentrado en crónicas banales y poco relevantes como las notas sociales, ya que esto no iría en concordancia con los principios y la ética. Por ello, es que considera que en México muchos reporteros se sacrifican al intentar dar a conocer problemas gravísimos relacionados con el narcotráfico y la corrupción. Además en Honduras, país con más periodistas asesinados después de México, los radiolocutores son los que tienen los índices más altos de víctimas de la violencia, ya que por ese medio, es llega a más personas la información transmitida. Por tales razones, en lugar de preguntarse si deben ponerse en riesgo los periodistas se debe estar agradecido con ellos.

El moderador pidió de nuevo la palabra para contar que había conocido que en México existen los llamados “periodistas tóxicos” que son aquellos reporteros a quienes sus compañeros les tienen miedo en la sala de redacción, porque con sus escritos pueden ocasionar que la sala el medio sea víctima de la violencia, por contar información que grupos criminales no quieren que se cuente.



Luego Gioconda Belli tomó la palabra, esgrimiendo que como en el caso anterior, existe una falta de colectividad por parte del gremio, ya que faltan redes para proteger a los escritores y periodistas perseguidos por las manos oscuras que no quieren que estos hablen y que otro ejemplo de impunidad, es el que ocurre contra las mujeres, ya que a diferencia del narcotráfico, según ella ese tema casi no se toca.
Laura Valenzuela intervino después diciendo que en Argentina ya se habla de feminicidios y las leyes son más fuertes contra los sujetos activos de aquellos delitos. Además, la Ministra de Defensa del país del sur promulgó un decreto por medio del cual toda persona, sea hombre o mujer, puede utilizar el uniforme que vea más adecuado para colocarse. Por otro lado, la justicia es un aparato complejo y el problema de las denuncias no son en ocasiones hacerlas, sino dónde y cómo colocarlas.

Gioconda Belli interrumpió para decir que con la internet se pueden colocar denuncias más fácilmente, pero ocurre el inconveniente que sin el control que hacen algunos medios, esas denuncias pueden ser en gran parte falsas, obligando al lector a tener total cuidado con la credibilidad de la persona que la coloca.
Según Carlos Vásquez, las redes sociales permitieron que el ciudadano se transformara en un lector que se vuelve escritor. Por otro lado esgrimió que Somoza no sabía leer símbolos y por eso nunca persiguió la literatura.

Quisiera seguir con lo dicho en el conversatorio pero infortunadamente hasta aquí llegan mis apuntes de ese día. Les podría narrar aproximadamente lo que recuerdo de las intervenciones siguientes pero creo que caería en imprecisiones, incluso si hablo del partido de la izquierda erótica al que invitó Gioconda Belli. Pido disculpas a los lectores. Sigamos con el próximo evento del cual les hablaré de manera general ya que no tengo apuntes del mismo (porque no tenía hojas).

2.4.  La vida doble. Arturo Fontaine en conversación con Juan Gabriel Vásquez.

Lo primero que tengo que decir sobre este evento es que me demoré en llegar al lugar porque no sabía dónde quedaba la famosa casa de Bellas Artes de Cartagena. Le pregunté a varias personas y ninguna sabía. Finalmente me encontré mientras subía con un policía, que me envió al Hotel Santa Clara ya que el lugar queda al frente. Caminé con todas mis fuerzas e intenté llegar rápido para encontrarme con que habían salido recientemente del evento anterior y no existía el mínimo indicio de que se fuera a formar una fila. Por tal razón me fui a sentar y a organizar mi maleta, para luego darme cuenta que en el momentico que me fui 10 personas, todas conocidas entre sí, habían formado una fila para el siguiente conversatorio, a la que me uní todo “forever alone” (teniendo en cuenta que en todas las filas a las que iba, la gente se conocía una con otra y hablaban de los posibles viajes al exterior que iban a tener en los siguientes meses).

Me paré de forma estoica en la fila, sin importar el hecho de que quería fumarme otro cigarrillo, sin poder hacerlo porque detrás de mí se pararon como 4 personas y así empezó acrecentarse la fila de un momento a otro. Mientras esperaba mirando para el techo y leyendo los apuntes del día, vi pasar a Mario Vargas Llosa al lado mío, de la mano de su esposa, con quien entró al recinto mientras la gente ni se daba por enterada del espectador que tendrían los escritores Fontaine y Vásquez en el lugar.     

La gente hablaba del hotel al que habían llegado, de su vuelo de procedencia, por donde habían pasado, si el transporte había sido bueno o malo para llegar al lugar y conversaciones de turistas llegando a la ciudad de Cartagena. Mientras tanto yo miraba con curiosidad la puerta, puesto que me era difícil de pensar que Mario Vargas Llosa estuviera adentro y es que en el Hay, en lo poco que he ido, he observado que los autores no acostumbran a entrar a las conversaciones de otros autores y máxime cuando son los invitados más esperados del evento, por el cual más de uno había comprado pasaje a Cartagena. Sin embargo, afortunadamente para el autor, ningún visitante vio prudente ir a pedirle un autógrafo, salvándose del acoso del que es víctima por parte de algunos visitantes ávidos de firmas. No culpo a los visitantes, ya que soy un fetichista más, pero a veces hay que comprender que la persona que escribe y firma libros, también es un ser humano, que a veces quiere ir a disfrutar de una pequeña velada en el lugar.






Volviendo al relato, diez minutos después de la llegada de Vargas Llosa abrieron la puerta del auditorio y todos los que estábamos en la fila ingresamos juiciosamente buscando los puestos de adelante para estar más cerca de los conversadores. En primera fila observé a Vargas Llosa, a quien yo, como fastidioso paparazzi, le tomé unas fotos con el ánimo de publicarlas en este extraño relato con el cual les cuento mis andanzas hayfestivalinas. Como anécdota, unas señoras detrás de Vargas Llosa se cuchicheaban entre ellas “¿ese de adelante es Mario Vargas Llosa?” “¿sí o no?” e inmediatamente el escritor peruano se volteó y les dijo “sí, mucho gusto Mario Vargas Llosa”.



Después de varios minutos llegaron al lugar los dos escritores que pasaron por la primera fila saludando al nobel peruano y luego se dirigieron a las sillas que estaban presupuestadas para ellos. La conversación inició con Juan Gabriel Vásquez presentando a Arturo Fontaine, explicando que a los cuarenta años este chileno de formación de filósofo, que había escrito poesía anteriormente,  publicó su primera novela oír su voz.  Inmediatamente fue reconocido como uno de los grandes autores chilenos actuales y hace poco había escrito la vida doble, una novela que tiene lugar en la época de Pinochet y narra en la voz de una exguerrillera que le cuenta a un escritor su historia, la vida que tuvo en época de la dictadura. Fontaine dio algunas de las claves para entender mejor su novela y contó las vicisitudes a las que se enfrenta el autor de ficciones cuando se basa en hechos reales. De igual forma narró algunas anécdotas relativas a su padre y como éste veía su oficio de escritor.

En conclusión una charla amena, que estoy seguro hubiese podido disfrutar mejor después de haber leído previamente la vida doble. Vásquez sigue con un excelente nivel y Fontaine fue un descubrimiento ameno que espero conocer a través de su escritura en los próximos meses.

La única imagen que no me pertenece la tomé de: http://sphotos-a.xx.fbcdn.net/hphotos-ash4/c0.0.843.403/p843x403/394875_10151437570564664_1533871755_n.jpg