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domingo, 3 de febrero de 2013

Mi visita al Hay Festival Cartagena 2013 (3)


4.Sábado 26 de enero de 2012

4.1. Cátedra Interamericana Carlos Fuentes. Arturo Fontaine, Sergio Ramírez y Luisa Valenzuela en conversación con Rodolfo Mendoza






El sábado fue el último día de Hay Festival para mí, por lo que me la pasé en la playa y en la piscina toda la mañana disfrutando de un sol que ya veo lejano. La fila para esta conversación fue pequeña y por ello, logré obtener un puesto en la parte de adelante cerca a los conversadores.

Cuando entraron a escena, fueron recibidos por tímidos aplausos provenientes de las palmas de las manos de la gente que quería de una u otra forma, saber más sobre ese gran coloso de las letras mexicanas (o mejor, de la literatura latinoamericana) llamado en vida Carlos Fuentes. Si bien esta no era la conversación más atractiva de la hora, quise ir, como un pequeño acto de respeto sobre ese viejo maestro que se fue.

La conversación inició con la presentación de unas fotos de Fuentes tomadas por Daniel Mordzinski, en el que se le veía al escritor desde varias perspectivas, mostrando su porte y elegancia, criticada después de su muerte por ciertos escritores sobrevalorados y envidiosos. Luego de las fotos, el moderador tomó la palabra diciendo que Carlos Fuentes tuvo diferentes intereses como la literatura y la política. Luisa Valenzuela le siguió, diciendo que cada novela del laureado escritor mexicano era un universo total. Comparó a Fuentes con un hombre del renacimiento, puesto que éste sabía de muchas disciplinas y comparó su obra con la de Balzac, donde se observan historias de todo tipo que nos ilustran sobre la sociedad de aquel tiempo.
Sergio Ramírez tomó la palabra y dijo que Fuentes buscaba un universo balzaciano en el que una novela se relaciona con la otra. Fuentes buscaba que las aguas de la historia se mezclaran con las de la novela y crearan una buena historia de ficción. Además consideró que el mexicano veía el poder a través de la historia de América Latina.

Arturo Fontaine siguió con el hilo narrativo de la conversación diciendo que su primer contacto con Carlos Fuentes fue en el colegio cuando lo pusieron a leer Aura. Según él, la historia en Fuentes no está en el pasado sino el pasado está en el presente. Además considera a Fuentes un gran cuentista.

El moderador tomó la palabra y dijo que Fuentes siempre fue generoso con los escritores nuevos y en tal sentido, siempre estuvo inquieto por todo lo que sucedía alrededor de la literatura. Además de lo anterior, considera que el escritor mexicano nunca tuvo miedo de decirles a los políticos la verdad en la cara, como ocurrió en el caso de Peña Nieto. Ahí intervino Luisa Valenzuela diciendo que Fuentes era un hombre muy democrático, que si bien nunca aspiró al poder, siempre opinó del mismo. Para Fuentes, la mejor manera de hacer política era escribir ficción y citó un par de anécdotas sobre el escritor.

Sergio Ramírez inició su intervención diciendo que el derecho no es ajeno a la literatura (lo decía como abogado que es), ya que al estudiar leyes, uno va aprendiendo que lo dictado en el código civil es preciso y las palabras cobran gran relevancia. Para ello, citó a Stendhal, quien alguna vez recomendó a los aprendices de escritores leer el código civil. Volviendo al tema de la política, recordó que Fuentes criticó a Bush, porque el mexicano criticaba todo los abusos y todas las cosas malas que veía. Fuentes era uno de los pocos escritores latinoamericanos oídos en Estados Unidos y la razón de que no hubiese entrado al poder es que de haberlo hecho, habría perdido su independencia crítica.

Arturo Fontaine siguió con la palabra diciendo que en Fuentes había una fe en la deliberación pública, ya que sospechaba que el poder era más impotente de lo que imaginábamos y en tal sentido, Fuentes pensaba con la imaginación.

Luego de aquella primera parte, los escritores intentaron hacer un retrato de Carlos Fuentes en base anécdotas que conocían de primera mano cómo amigos del escritor.

4.2. David Grossman en conversación con Jonathan Levi










Nota: Voy a sintetizar los hechos tanto en esta como en la última conversación, ya que no tomé notas y estoy con mis confusas remembranzas que se confunden con varios de los ensayos del escritor israelí. A esta conversación como dato adicional, también asistió Mario Vargas Llosa.

En su conversación, Grossman inició hablando de cómo se convirtió en un escritor luego de haber prestado el servicio militar, su relación con la literatura, como ésta le ayudó a superar la muerte de su hijo e hizo un paralelismo entre la situación colombiana y la israelí, diciendo que los dos eran unos pueblos sobrevivientes, que habían pasado por guerras y seguían vivos a pesar de sí mismos. Dijo también que el problema del pueblo israelí era que había aprendido a ser sobreviviente pero no a vivir y que no debería ocupar forzadamente territorios palestinos, sino debería llegar a un acuerdo con ellos para poder compartir un territorio y dar fin a una guerra eterna de dos pueblos que tienen más cosas parecidas que diferentes.

Además de ello criticó el idioma que utilizan algunos medios para referirse a conflictos y situaciones que ocurren dentro del mismo, ya que el idioma ha servido como arma para ablandar situaciones graves y engravecer situaciones no tan graves. Para Grossman el eufemismo no es bueno y las palabras cuando se hable de conflicto y de acciones bélicas deben ser exactas, ya que de lo contrario se estaría actuando mal en favor de algún bando. Por eso, conforme a uno de los ensayos que escribió en escribir en la oscuridad, invitó (con tono de exhortación) a los medios que utilizaran las palabras precisas para denotar la realidad en lugar de crear mundos no existentes.

(A continuación sigue un fragmento poco importante, que no quise releer o corregir después de leerlo. Si quiere conocer simplemente peripecias del Hay Festival siga de largo estos párrafos siguientes hasta que indique que finalizó la parte banal y fácilmente evitable).
Como plus adicional y a modo de exorcismo propio, les cuento que luego de la conversación hice un oso al bajar a la firma de libros, ya que cuando llegó la hora de que me firmaran el mio, le dije “Hello Mr Grossmann”, él me respondió el saludo de manera amable y queriendo hacer lo que había hecho con otro escritor antes, le quise decir a modo de pregunta “¿por ahí leí que usted es el mejor escritor israelí de la actualidad, es eso cierto?”, pero por los nervios y mi mala pronunciación dije algo así como “i…read…sorry,read (la pronunciación cambia en pasado) that youa…best writer…Israel…”, inmediatamente él me dijo “sorry, i don’t understand you” y le creo, porque ni yo mismo lo entendí. Intenté repetirle lo mismo pero dije fue como “usted es el mejor escritor de Israel”. Él me miró con ganas de reírse pero se guardó la burla para sí y me dijo de manera amable, “ok, that’s ok”. Unas señoras que estaban al lado mio se rieron y dijeron “a ese niño no le entiende nadie” y varias de las personas al lado mío se burlaron con toda razón. Por ello fue que al finalizar de firmar los libros le dije “thank you” y salí corriendo, queriendo esconderme entre la multitud.Ello me llevó a recordarme que tengo pésima dicción (en cualquier idioma que se hable y no sé si sea por enfermedad o por el hecho que me relaciono con muy poquita gente y casi que las únicas ocasiones que tengo para hablar con alguien es cuando me llama mi mamá o cuando almuerzo por ahí y pregunto ¿cuánto es?
Sí, tengo una vida insulsa, sin sabor, aburrida, casi parecida a la que tiene una persona en un ataúd, pero creo que no importa, igual algo se intenta hacer, así sea escribir en un blog en el que pocas personas llegan por casualidades azarosas. En todo caso traigo esto a colación, porque creo que en todo, se me pegó ese bicho del Hay de ser sociable, de cruzar dos o tres palabras con personas desconocidas, llevando como consecuencia el ridículo al que se ve enfrentado el ser humano todos los días de la vida. Creo que con la acción que antes les acabo de comentar, me quedo sin autoridad moral de acusar al gobernador de Bolivar y el alcalde de Cartagena por sus acciones en el conversatorio de Vargas Llosa. No soy mejor que ellos, antes creo que peor, porque ellos hacían un ridículo por quedar bien, pero yo…ni por quedar bien, sólo por ser un idiota solitario que cuando intenta ser sociable se ve todavía más idiota. En fin, son cosas personales que llegan al blog por esos azares por los que usted, querido lector (si existe) llegó acá. Siento si le hice perder el tiempo con estos tres párrafos, por lo que sigamos con el siguiente conversatorio.
(Fin del fragmento poco importante)

4.3. Mario Vargas Llosa y Julian Barnes en conversación con Marianne Ponsford
´











Luego de salir del desafortunado acontecimiento personal con David Grossman, me encontré de frente con una extraña masa de personas que se hacía llamar fila. Eso llevó a que se colaran muchas personas que no estaban haciendo la fila como uno y bueno…ya se imaginarán el mal trago que tuve que sufrir para entrar e ir al tercer piso para observar una conversación magistral.

Luego de esperar un rato dentro del auditorio, los escritores salieron a escena junto a Marianne Ponsford, la directora de Arcadia. Como los dos ya eran conocidos por todos, las presentaciones pasaron rápidamente para llegar al tema central del conversatorio: Flaubert. Julian Barnes inició comentando sus apreciaciones sobre el escritor francés, a quien consideró como uno de los primeros escritores que se tomó en serio su trabajo y que hizo que la novela, que era considerado un subgénero menor, se transformara en algo más grande grande. También consideró que Flaubert sirvió como paradigma para que los personajes, dejaran de ser muy buenos o muy malos, para convertirse en individuos con varios matices.
Vargas Llosa siguió exponiendo cuando fue que conoció a Flaubert y a Madame Bovary (a su llegada a Francia). Expuso algunas de las tesis de Sartre sobre Flaubert —que pueden ser encontradas en ese mamotreto llamado el idiota de la familia— en las cuales intentó mostrar por qué el autor decimonónico no era un buen escritor, pero al hacerlo, dejó en evidencia que el autor de la Educación Sentimental era un genio.

Tanto Vargas Llosa, como Barnes, hablaron de la influencia de Flaubert en autores contemporáneos (no por nada, era uno de los autores preferidos de Kafka, Joyce y Proust, los representantes de la literatura moderna), la novela a partir de Flaubert y todos los cambios que se dieron con su aparición.
En una de las mejores intervenciones de la hora (de la cual tomaron un video que dejo a disposición de ustedes) Mario Vargas Llosa hizo una eximia defensa en favor de Emma Bovary, diciendo que era un personaje como el Quijote, porque vivía metida en sus ficciones, sus vidas no vividas, que la llevaron a cometer una serie de errores al querer llevarlas a una realidad, en la que sólo existen mediocres y gente que 
no está a la altura de los personajes de su novela.



En el conversatorio se tocaron otros temas, como la tentativa imposible (es decir, aquellos novelistas que buscaron alcanzar la perfección), la correspondencia de Flaubert, la literatura francesa clásica, entre muchos otros que me llevaron a estar una hora completa siguiendo hierático y atento cada una de las palabras que pronunciaron los dos grandes escritores.

Finalmente, se acabó la conversación varios minutos después de lo presupuestado (cosa que agradezco como espectador) y entre muchos aplaudimos a Mario Vargas Llosa y a Julian Barnes por su eximia conversación. La mejor del festival y sin duda alguna, un cierre grandioso que me hizo olvidar el mal trago que había tenido minutos antes.

5. Epílogo

Voy a cerrar la anterior serie de tres capítulos, primero que todo, con una disculpa para los lectores, puesto que no fui tan detallista en esta última parte como con las primeras dos. Lo anterior, debido a que no tomé muchas notas como las primeras veces y supongo que el hecho de que hayan pasado muchos más días de mi llegada de Cartagena, hace que ya no tenga el sentimiento festivalino en mis dedos que a esta hora anotan estas palabras.

En todo caso, ¿qué puedo decir de Hay Festival después de dos años acudiendo al mismo?
Bueno, lo primero es que es un festival con varias caras: por un lado se dice que es un festival de la cultura, pero por otro, nos encontramos con que gran parte del aura del Hay Festival recae sobre las notas sociales, los cocteles, el debate en el Hotel Santa Clara, las preguntas estúpidas del canal caracol y los elitismos representados en las puertas con carteles de reservado que abarcaban prácticamente un piso o varias sillas del lugar (ver fotos que pongo debajo del párrafo). Al respecto debo decir que si bien el Hay no es un evento elitista en el sentido más puro de la palabra (porque cualquiera puede ir), lo cierto es que el hecho de que los mejores puestos queden reservados para patrocinadores y artistas hace que nosotros los ciudadanos de a pie estemos un peldaño por debajo…pero qué se le hace, de alguna forma la organización tiene que responderle a los que donan más plata que uno.






Los medio de comunicación que “informan” sobre el Hay, dedican la mayoría de sus notas para contar que Policarpo Procesalista se tomó una foto con Pepito Pérez, que en el concierto de Susana Baca bailaron en la Heroica el famoso XXX y otra vieja o sino, se dedican a mostrar las fotos de los escritores abrazándose y paseando por la Ciudad Histórica de Cartagena. Esto ha hecho que al Hay Festival se le llame el “Play Festival”.

Por ello, pienso que si los medios en verdad quisieran darle eco a la parte cultural de las conversaciones (que es en sí, el supuesto eje central del Hay Festival), hablarían y hasta analizarían lo dicho por los autores en sus conversaciones, en lugar de sacar las fotos, las curiosidades y las frases más simplonas y banales que rozan con la perogrullada tipo, vivamos sin violencia, la violencia es mala porque David Grossman lo dijo, etc.
Por otro lado, dentro del Hay Festival vi mucha gente que iba por la farándula, lo cual se notaba cuando compraban libros porque el autor “había hablado bonito” o porque “si es nobel, es bueno” (así me lo dijo una señora cuando le dije que los libros de Hertha Müller no eran para cualquiera y que podían aburrir fácilmente a los lectores ocasionales). Esa es la otra que vale la pena resaltar del evento: los libros. Estos son muy caros y la librería nacional (que es la única empresa que tiene stands en cada uno de los sitios donde hay conversatorios) trae las ediciones más caras. Sin ir tan lejos, la novela gráfica de Gabo que tanto promocionaron, valía 80 mil pesos. Además, el marketing se ve desde las conversaciones, en que los moderadores invitan en las charlas una y otra vez a que “apenas salgan tienen que ir a comprar este libro”.

Sobre los precios, sí es verdad que es caro ir al Hay Festival (me gasté mis ahorros de tres meses trabajando como abogado, que fue bastantico para alguien recién salido) ya que por ejemplo, cada noche de hotel está entre 150 mil y 300 mil (en hoteles relativamente baratos, en hostales vale 90 mil la noche). Las boletas están cada una a 20 mil pesos y más o menos, uno va entre 4 o 5 conversaciones por día, lo que se convertiría en 80 mil o 100 mil pesos día, que no todo el mundo tiene. Esto siempre y cuando no incluya el pasaje en avión o bus (para los que viven fuera de Cartagena), la comida (que como dije es cara), el agua para hidratarse y en fin, todas aquellas pequeñas cosas que el cuerpo pide en la ciudad. Por eso siempre veo con recelo las declaraciones de algunos escritores snob, que dicen que la gente no va al Hay Festival porque es de baja cultura y prefieren gastar su dinero en trago, ya que creo que son escritores autistas que viven en una aristocracia a la que pertenece el 1% de la población o simplemente, se las quieren tirar de cultos o de alguna vaina más.

Sin embargo, luego del pequeño memorial de agravios, debo decirles que no creo que todo sea tan malo. El Hay Festival genera la pequeña posibilidad para permitir que escritores famosos vengan al país y que varios organizadores de ferias del libro pequeñas, puedan acordar con los autores, visitas a otros eventos más pequeños en el país. Además, gracias al Hay Festival, ciudadanos a pie como yo, no que no saben qué es un coctel, pueden ver a autores y artistas que en condiciones normales sólo conocemos por youtube o la foto puesta en su libro. Debo agradecer que las mejores conversaciones tuvieran el mismo precio que las de más bajo rango, o si no, no podría ir ahorcado al Festival.

También los he de felicitar por su propuesta de que los estudiantes entran gratis (o más barato, no recuerdo como era la vaina) y sus eventos alrededor de autores medianos y pequeños, lo cual permite a otras personas que no tienen con qué entrar a una conversación, poder entrar.

Como plus, debo comentar que el Hay se creció este año, como consecuencia de que vino muchísima más gente que el año pasado (fue mi impresión). Por tanto, viendo que el evento va en auge, se deberían tomar mejores medidas de logística, para evitar el descalabro que hubo luego de la conversación de Herta Müller o las distintas quejas que hubo por parte de ciudadanos que tuvieron que quedarse por fuera o sentados en las escaleras por los extraños acontecimientos. Por otro lado, me da risa que las boletas dicen “prohibida la reventa” y las mismas vendedoras de taquilla lo mandan a uno con los revendedores cuando se “agotan” las boletas. Deberían pararle bolas a eso, porque vi que muchos eventos con “boletas agotadas” tenían muchas sillas vacías produciéndome la duda de qué había pasado.

Me despido finalmente del lector que haya caído en esta entrada, agradeciéndoles por haberme regalado minutos de su valioso tiempo para leer este texto y bueno, no sé si vuelva el otro año a Hay Festival, pero aquí les dejo mi pequeña historia en el evento de este año.

miércoles, 30 de enero de 2013

Recordando la controversia Hector Abad contra Carlos Fuentes


El año pasado, una semana después de que murió el gran escritor mexicano Carlos Fuentes, Hector Abad intentó banalizarlo y empequeñecerlo de una manera despreciable en la que dejó en evidencia su envidia por el referente del Boom latinoamericano. Digo que fue despreciable porque en vida, Abad Faciolince nunca efectuó un ataque escrito en contra del mexicano y esperó a que se muriera para decir cosas como las que dijo en su columna "que digan que estoy dormido", la cual por cierto, le fueron vedados los comentarios para evitar la tan "fastidiosa" réplica por parte de los lectores.



Que digan que estoy dormido
Por: Héctor Abad Faciolince
Link original: http://www.elespectador.com/opinion/columna-347348-digan-estoy-dormido

Muriera donde muriera, el mexicano Carlos Fuentes dejó instrucciones precisas de que lo enterraran en el cementerio de Montparnasse, "cerca de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir".

Mientras cargan para allá con sus restos, me acordé de la voz de Jorge Negrete cantando un corrido de su país: “México lindo y querido / si muero lejos de ti / que digan que estoy dormido / y que me traigan aquí”. Aquí lo pueden oír: http://bit.ly/rz5N1I y aprovechen para fijarse en la imagen de Jorge Negrete. Su estampa fue el modelo de belleza para los latin lovers: moreno, delgado, mero macho, peinadísimo, de corbata, con bigotico negro muy cuidado. ¿A quién se parece mucho? Pues nada menos que a Carlos Fuentes.

Fuentes, desde hace decenios, se paseaba por el mundo entero como una especie de embajador de la literatura, perfectamente ataviado como Jorge Negrete, dando discursos en los que pontificaba sobre todo lo divino y humano: no solamente sobre quiénes eran sus herederos legítimos en la literatura latinoamericana, sino sobre cualquier tema de sociedad o política internacional. Al mismo tiempo, casi cada año presentaba nuevos libros, lo cual habla muy bien de su capacidad de trabajo, pero que comparados con sus grandes primeras obras (La muerte de Artemio Cruz, Aura, La región más transparente) parecían escritos por un aprendiz. Son ensayos y novelas descuidados, precipitados, como si hubieran sido escritos en hoteles y aeropuertos, cuando las recepciones y los agasajos dejan un espacio en la vida. Los libros de madurez de Fuentes eran dignos, aunque muy abundantes. Una vez Monsiváis declaró que si a Fuentes le habían dado una beca de dos años para escribir Terra Nostra, a él deberían darle otra para leerlo. Pero el personaje Fuentes acabó dándole un golpe de estado al escritor Fuentes. Cuanto más crecía el primero, menos bien escribía el segundo.

En la ‘cultura del espectáculo’ de la que habla Vargas Llosa en su último libro, el escritor contemporáneo corre un grave riesgo: que su imagen se lleve por delante su obra. Que la permanente exposición al mundo aniquile su concentración como artista. Al conocer a Fuentes había algo que llamaba la atención y que José Saramago registró con agudeza: “No soy persona que pueda ser fácilmente intimidada, pero mis primeros contactos con Carlos Fuentes, en todo caso siempre cordiales (…), no fueron fáciles, no por su culpa, sino por una especie de resistencia que me impedía aceptar con naturalidad lo que en Carlos Fuentes era naturalísimo, y que no es otra cosa que su forma de vestir. Todos sabemos que Fuentes viste bien, con elegancia y buen gusto, la camisa sin una arruga, los pantalones con la raya perfecta, pero, por ignotas razones, pensaba yo que un escritor, especialmente si pertenecía a esa parte del mundo, no debería vestir así. Gran equivocación mía. Al final, Carlos Fuentes hizo compatible la mayor exigencia crítica, el mayor rigor ético, que son los suyos, con una corbata bien elegida. No es pequeña cosa, créanme”.

Concuerdo con la primera observación de Saramago; menos con el matiz que luego le da. A Carlos Fuentes le gustaba hacer un permanente monumento de sí mismo, empezando por el exagerado atavío. Le gustaba oírse hablar, oírse caminar. Le gustaba su imagen de Negrete en los espejos. Se sentía cómodo en su papel de pontífice de las letras. Era tieso, solemne. Y su último acto fue prepararse la tumba en París, cerca de quienes él consideraba sus pares. Dijo en una de sus últimas entrevistas: “Tengo un monumento muy bonito esperándome; se acerca el momento de ir a ocuparlo”. Dentro de poco estará ahí, en su automonumento. Para algunos escritores este es “un modelo de intelectual”. Para otros, entre quienes me cuento, es el antimodelo: exactamente eso a lo que nunca quisiéramos parecernos. ¿Se imaginan a Coetzee, a Philip Roth o a García Márquez mandándose a hacer un monumento? No lo necesitan: su único y verdadero monumento son sus libros.

Ahí termina la cobarde columna de Abad Faciolince, quien repito, esperó a que muriera Fuentes para sacar toda la artillería que tenía en contra del mexicano. Sin embargo, luego de aquella columna, una periodista llamada Indira Vera respondió al memorial de agravios de Faciolince en una excelente réplica que fue publicada en el espectador y que traigo a este blog:
Réplica a la columna de Héctor Abad
Por: Cartas de los lectores

Muchos podríamos escribir de García Márquez, de Saramago e incluso de Héctor Abad lo que rechazamos de ellos como individuos.

Yo diría, por ejemplo, que cuando conocí a Saramago me pareció muy adusto, un poco áspero y algo receloso de la desbordada admiración que profesan los lectores a Gabo. Pensé que la bella e inteligente Pilar del Río, su esposa y traductora en español, suavizaba al hombre rígido que escondía a sensible escritor.
Podría decir que Gabo pudo haberme hablado en Guadalajara cuando lo tuve frente a mí, mirando mis ojos de periodista inquieta, de colombiana orgullosa y de lectora deslumbrada que no ocultaba su emoción de poder ver tan cerca los ojos y las manos del hijo del telegrafista de Aracataca que se hizo universal por la genialidad de su relato y la cadencia de su prosa.

“Gabo, dime unas palabras para Caracol Radio”, le dije un par de veces mientras él sostenía mi mirada como escudriñando a la mujer que tenía enfrente y quizá valorando su vieja decisión de no dar entrevistas. “Describe el momento, inventa la historia”, me dijo un poco pícaro, un poco en serio. Luego retomó su camino hacia la tarima donde lo esperaban Carlos Fuentes y otros grandes que ya estaban de pie, al igual que el auditorio atiborrado con más de dos mil personas que aplaudían al también colombiano Álvaro Mutis, que era homenajeado en esa Feria del Libro de Guadalajara.

Podría decir que Héctor Abad, a quien también conocí en aquella Feria, me pareció un paisa medio rolo, sensible a medias, un hombre de apariencia cercana pero de trato distante, meramente formal. Recuerdo que le ofrecí mi computador al verlo desubicado en el salón de prensa. Lo atendí con la admiración y el respeto que me inspiran los escritores de letras sensibles pero él fue incapaz de entregarse al momento. Su mera formalidad en el trato la confirmé meses después cuando lo entrevistaba por su éxito literario El Olvido que seremos. Luego de esos encuentros sin matices, y aunque valoro las bondades de sus escritos, me desapasioné por completo de sus lecturas.

Sin embargo las sombras humanas que vi en Saramago, en el mismo Gabo e inclusive en Fuentes no fueron suficientes para distanciarme de sus piezas literarias. A Fuentes lo conocí en México y luego en Cartagena. En efecto, era un hombre recio, riguroso, un poco infranqueable que se conducía con la seguridad de quien se sabe célebre. Pero ¿qué hay de malo en ello?
Fuentes y Gabo se ganaron el derecho a ser como se les dé la gana porque fueron gestores de la transformación que sufrió la literatura hispanoamericana, porque convirtieron relatos locales en piezas totalizantes y universales que le dieron identidad y nombre a América, tal como lo dijo el propio Fuentes.
Tiene razón Abad al decir que el escritor Fuentes maduro no escribía igual de genial al de La región más transparente, Aura o La muerte de Artemio Cruz. Pero ¿acaso el García Márquez de Cien Años de Soledad es el mismo de Noticia de un Secuestro? O el de Memoria de mis putas tristes? Seguro que no. El mismo Gabo ha reconocido que la escritura se le hizo más difícil con los años, quizá porque perdió la espontaneidad que da el anonimato o porque dejó de escribir por el simple placer de simpatizar a sus amigos. ¿Debe ser eso motivo de cuestionamientos? ¿No basta acaso con que hubiera creado la delirante historia de los Buendía para dejar ver el tope de su grandeza? No necesitaba seguir demostrándolo. Cada obra posterior es una muestra adicional de la genialidad ya indiscutible.

A Saramago basta leerle El Evangelio según Jesucristo o Caín para ser indulgente con el ser adusto que cubrió al escritor heterodoxo, disconforme, iconoclasta y místico si se quiere. Qué importancia tienen las sombras humanas de un narrador que fue capaz de mostrar de otra forma los tiempos históricos y bíblicos cuestionando los credos más sagrados de la religión judía e incluso del cristianismo.

Fuentes rompió los esquemas, dejó de ser libro y se hizo presente, vivo, actual y ciudadano pensante. Se atrevió a hablar de sociedad y actualidad y cuestionó sin tapujos a los políticos que resultaron inferiores a los requerimientos de su México descuadernado y violento. Fuentes aprovechó su prestigio inicial como escritor para darles luces a sus lectores pensantes, votantes, que reconocieron en él al líder desprovisto de intereses políticos. Suficiente con echar una mirada en las redes sociales para confirmar que los mexicanos se sienten huérfanos con la partida no sólo del escritor sino también del líder.

Tuvo otra virtud que reconocen todos, incluso Abad, aunque someramente: su interés porque los nuevos escritores encontraran cauces, hallaran casas editoriales que reprodujeran sus obras en su sueño ideal de un planeta habitado sólo por escritores y lectores.

Abad, con argumentos reales en parte y fútiles a veces, no le hace justicia al Fuentes celebridad, al personaje público que desafió las molestias propias de sus ochenta y tantos años y tomó vuelos largos y tediosos para atravesar continentes y exponer su pensamiento sociopolítico literario en auditorios sedientos de ideas nobles. No le luce a un buen escritor como Abad, ya no principiante pero tampoco universal, medir con una vara tan dura a un narrador que, si bien no fue en su madurez el mismo de los años mozos, sí fue capaz de congregar la fidelidad de sus lectores y de quitarse su corona para abrirles camino a sus herederos literarios.

Que me disculpe Abad pero Gabo, Fuentes, Cortázar, Borges, Neruda, Rulfo, Vargas Llosa, Mutis y muchos grandes hispanoamericanos que hicieron bien la tarea, se ganaron el derecho a ser vanidosos o no, a vestirse como gentleman o urbano, a simpatizar con la izquierda o la derecha, a inspirarse en Negrete, como lo hizo Fuentes, o en el genio Pessoa, como lo soñó Saramago.

Que me disculpe Abad pero me resulta un poco insolente su apreciación de que el célebre Fuentes hace parte de lo que Vargas Llosa llama la banalización de la cultura. Afirmar eso sería banalizar a un hombre culto.

Indira Vega. Periodista.

Luego de leídas las dos opiniones estoy de acuerdo con la periodista en el sentido de que Hector Abad se le fueron las luces y cometió un error de escritor principiante en su impulsivo texto. De Hector Abad he pensado que es un escritor sobrevalorado y no me pareció excelente (como muchos la pintan) su novela el olvido que seremos, sino más bien correcta y ya. Como dato personal, el libro que más he disfrutado de él se llama palabras sueltas y es un compendio de microensayos, no una narración ni nada que se le parezca. Sin embargo a esa imagen, ahora le tengo que agregar que es un envidioso al que se le subió la fama a la cabeza.
Ustedes tomarán sus propias conclusiones.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Hay Festival 2012 Cartagena (parte 3)



La mañana del sábado me sorprendió solitario, en ropa interior y queriendo dormir más. La temperatura era de 27 grados aproximadamente y el sol quemaba las desprotegidas espaldas de los turistas que a esa hora disfrutaban las primeras olas del mar. Me levanté emitiendo baladronadas contra las asquerosas leyes de este país que nos obligan a nosotros, los colombianos, a pagar más que los extranjeros por viajar dentro de nuestro país; mientras pensaba en el que iba a ser el segundo (y último) día de Hay Festival para mí. Como no se me ocurrió un ritual previo a la primera conversación, acudí a la playa a realizar aquella actividad sin sentido de adentrarme un par de metros en el mar, para sentir los golpes de las olas en mi cuerpo.

Me vestí con mi pantaloneta de ir a piscina y salí del hotel con dirección al mar. Lo primero con lo que me encontré al pasar la calle y tocar los primeros granos de arena, fue con dos costeñas, que en un tono de confianza me ofrecieron “el masaje relajante, las trenzas”, y otros servicios; a los cuales respondí negativamente, antes de recibir el ofrecimiento de la pruebita, que como sabemos los que ya hemos ido varias veces a Cartagena, no es sino el ofrecimiento del servicio por un tiempo menor por el mismo precio (no es gratis, es mentira). Luego de las dos mujeres, me topé con otro trabajador de la playa, que me ofrecía un viaje en “banana”, moto acuática y deportes extremos. Para sacármelo de encima, le dije con tono inocente “mañana me monto”, sin mencionarle que al otro día viajaría de vuelta a la nevera.

En fin, luego de esquivar de todas las formas toda clase de comercio playero que sirven como único medio de trabajo a la población de bajos recursos en Cartagena, entré en el mar salado que con fuerte ímpetu, impulsaba litros de agua contra la arena de la orilla. No sé qué tiene aquella actividad de introducirse en una pequeña parte del mar para recibir sus fuertes olas que golpean la espalda del bañista, pero es una actividad que parece tonta, pero que con mucho gusto ejecutamos. En todo caso y para no demorarlos más con mis choco-aventuras; por andar medio sumergido en el mar, me cogió la tarde y me tocó salir corriendo a eso de las 11 al hotel, para bañarme, vestirme y salir para el Hotel Sofitel, donde era la siguiente conversación.


Cuarta charla: 200 años del nacimiento de Dickens: Andrew Davies en conversación con Peter Florence (Salón Santa Clara Hotel Sofitel)







El Hotel Sofitel tenía un buen número de personas en su interior cuando yo llegué. Habían tres filas que llevaban a tres destinos distintos: la primera al lugar donde se compraban los libros (bien caros que si los vendía la “Librería Nacional”), la segunda para obtener la firma de varios autores que estaban sentados al lado del stand de la venta de libros; y la tercera, para entrar a la conferencia en inglés sobre los 200 años de Dickens que era adonde me dirigía. Pedí los audífonos porque la verdad es que no soy la gran cosa en “listening” (bueno y en inglés en general) y entré a aquel ceremonioso auditorio, con una cabina para las traductoras, velas, parlantes marca BOSE y un número extenso de sillas que serían ocupadas en instantes.



El auditorio se llenó y los dos conversadores llegaron para hablar de Dickens, Austen, la adaptación de sus novelas al cine y la televisión, entre otros temas. Fue una conversación bastante agradable, donde hablaron de la labor del guionista de televisión, como es llevar una obra maestra de la literatura al formato audiovisual y en qué momentos el guionista pone de su creatividad para modificar (tanto en la forma del lenguaje utilizado como en el fondo) la obra, de manera que sea más fácil de digerir por el espectador. Me disculparan que sea tan corto y más teniendo en cuenta que hablé pura paja en los renglones anteriores a este acápite, pero de nuevo, mi  memoria me trae momentos de aquel evento y por tanto, no quiero caer en imprecisiones. Lo siento.

Quinta charla: Ideas para un mundo en transición: Carlos Fuentes, Javier Moreno (Diario El País), Juan Manuel Santos y Sergio Ramírez (escritor y exvicepresidente de Nicaragua) en conversación con Alejandro Santos (Teatro Adolfo Mejía)








Esta fue la conversación más esperada del día. Inicialmente el presidente Santos no estaba en la lista de invitados, pero como el expresidente de España Felipe González no pudo venir, sirvió de llanta de repuesto para el conversatorio. Sobre los momentos pre-conversación les cuento que la llegada de Santos que fue buena para los espectadores, ya que abrieron la puerta más temprano. Yo llegué aproximadamente media hora antes de empezar el evento y la fila era cortica (pueden constatarlo con las fotos de arriba). En el lugar habían unos anillos de seguridad donde: lo requisaban a uno, le preguntaban si era empleado público (de qué entidad era de paso) y le daban las gracias por las molestias.







 
Antes de entrar en materia sobre la conversación quiero tocar un tema que siempre mencionan luego de los Hay Festival. En la prensa siempre aparecen columnistas que dicen que este tipo de eventos “culturales”, son elitistas, pero la verdad, es que no son elitistas, sino sociales. Las fotos que les muestro lo dilucidan. Ahí vi entrar al presidente del partido conservador (que les apuesto no ha leído nada de Fuentes y si al caso conocerá los libros que leyó en el colegio), a la esposa de Santos, a la afamada ministra de educación (que debería estar haciendo cosas más productivas), al expresidente Betancourt; entre muchas otras figuras del jet-set criollo que en su mayoría, simplemente iban a tirárselas de cultos yendo a esta clase de eventos. La política y la sociedad de los cocteles se tomaron los espacios culturales, pero bueno, eso a nadie importa.





Vamos a lo importante. Fuentes y su grupo de conversadores entraron al auditorio con Alejandro Santos, bajo una ola gigantesca de aplausos. En su conversación hablaron sobre los indignados, los medios de comunicación, las relaciones de poder (por el ladito tocaron el tema de la literatura y el poder), las drogas (que fue el tema que más eco se le hizo en los medios de comunicación), entre otros que ahorita no me acuerdo. Sobre los conversadores, Fuentes y Ramírez fueron los más lúcidos y carismáticos de la plataforma. Javier Moreno fue sobrio pero contundente. Juan Manuel Santos…bueno, la verdad es que el tipo parecía como en campaña cuando exaltaba los logros de su gobierno, y en un coctel cuando hablaba del amigo del amigo y de la amistad con Fuentes (de quien fue alumno en Harvard).
El único punto negro de la conversación, fue que el público aplaudía cada que intervenía uno de los conversadores y…Juan Manuel Santos.







La conversación fue correcta y apenas terminó, salí corriendo a hacer fila para la firma de Fuentes. Los que estuvimos ahí, esperamos entre la incertidumbre, los rumores sobre que él no iba a venir, que el presidente Santos se lo iba a llevar inmediatamente, que estaba cansado, ect. Pero Fuentes llegó. Salió de la cortina roja de entrada al auditorio y se paró en la mesa predestinada para la firma de libros. Todo el mundo lo aplaudió apenas lo vieron aparecer, ya que el tipo cansado y todo, quiso hacerles este gesto a sus lectores (era el único que podía decir si firmaba o no libros).       

Sexta charla: Revistas, hombres y rock and roll: Daniel Samper Ospina y Dylan Jones en conversación con Rosie Boycott







Antes que todo, las personas que asistimos al conversatorio, esperabamos una conversación light, donde los conversadores se dedicaran a tocar temas lights sobre las revistas para hombres. En realidad no fue así ya que fue una conversación sumamente formal donde hablaron de las revistas dirigidas a hombres, la publicidad, y la censura que padecen las revistas por parte de los anunciantes; política, ventas…y otros temas que no tenían nada que ver con rock and roll. Como cosa rara en las conversaciones de Samper Ospina, en el momento de las preguntas salió un atarban, oscurantista y cristiano  preguntando por la “prostituta” que hizo las imágenes de la última cena. Ya se imaginaran la respuesta de Samper Ospina.
Como elemento que resaltó de la discusión (y que no sé por qué los medios no reseñaron) el señor Dylan Jones se la pasó insinuando que el producto de Colombia, siempre estaba diez años por detrás de lo inglés; razón por la cual, una chica colombiana le preguntó en inglés, directamente al señor Dylan, la razón de aquellos ataques contra lo colombiano. Dylan, sorprendido por la pregunta, se inhibió y dijo que lo habían malinterpretado; la chica le contrapreguntó que entonces qué opinaba y le dijo que fuera concreto, a lo cual se unió Daniel Samper (que también es otro prepotente) diciendo que había entendido la misma cosa y lo exhortó a que respondiera, razón por la cual, la moderadora terminó abruptamente la charla con un “Peace boys”. No sé porque no hubo debate, ni una nota alrededor de esto por parte de los medios, pero bueno…cosas del festival. 

Séptima charla: Jonathan Franzen en conversación con Juan Gabriel Vásquez


La mejor charla del día.








Franzen es uno de los escritores más reconocidos de Estados Unidos y en el momento en que hacía la fila, conocía poco o nada de su obra y en aquel momento, a duras penas sabía que había quedado finalista para el Pulitzer con “The Corrections” y había sido vanagloriado por el presidente Obama por su libro “Liberty”.
Llegué faltando media hora para iniciar la conversación. La fila era gigantesca y no me la creía, de que un autor estadounidense que no es tan conocido en Colombia fuera tan taquillero. En todo caso, me paré e hice una fila de cuarenta minutos para conocer a Jonathan Franzen en su conversación. Para abreviar, abrieron las puertas faltando 5 minutos para empezar la conversación y la gente entró casi corriendo a buscar silla. A mí, me tocó en el último piso mirando de frente la tarima donde estarían los dos conversadores.





Franzen y Vásquez empezaron hablando del gusto por los pájaros el escritor estadounidense, rememoraron algunas escenas de su periodo de escritura antes de “Las Correciones” (donde tuvo un matrimonio cayéndose a pedazos); del significado de escribir, de la parafernalia a la hora de escribir (Franzen decía que escribía en un computador sin internet para evitar las distracciones);  sobre la última novela de Franzen “Libertad”; hubo una crítica hacia el capitalismo; el tema político pasó por los micrófonos, entre otros; de los cuales destaco el tema del libro electrónico y de las series de televisión americana.

El tema del libro electrónico me parece que fue el malentendido más grande de la conversación. El hombre dijo que no tenía nada en contra del libro electrónico, que no le caía mal, pero que prefería un libro de papel por lo siguiente (discúlpenme las citas desordenadas):

“The technology I like is the American paperback edition of ‘Freedom,’”   (Prefiero la tecnología del libro de papel de “Libertad”)

My problem with e-book readers is that one minute I’m reading some trashy website, the next minute I’m reading Jane Austen – on the same screen (Mi inconformidad con los lectores de libros electrónicos, es que en un momento están leyendo alguna web basura, y al otro, están leyendo Jane Austen – en la misma pantalla!!)


“I can spill water on it and it would still work! So it's pretty good technology. And what’s more, it will work great 10 years from now. So no wonder the capitalists hate it. It’s a bad business model,” (Le puedo echar agua y sigue trabajando! Es una muy buena tecnología. Además, puede seguir funcionando igual de bien después de 10 años. Así que los capitalistas la odian. Es un mal modelo de negocios) [hablando del libro de papel].


“The Great Gatsby was last updated in 1924. You don’t need it to be refreshed, do you?" (El Gran Gatsby tuvo su última actualización en 1924. Los lectores no necesitan estar actualizándola, o sí?) [Aquella frase esta sacada de contexto en varios medios de comunicación, se las explico. Lo que pasa es que antes estaba diciendo que él, siempre que quería ver los resultados de los partidos de football (creo que era de football), no acudía al periódico en papel sino al virtual, porque los subían de una vez. Por ello salió con aquello de que no era necesario  actualizar las obras literarias y por tanto, la utilidad era distinta a la de los periodicos.]


“I think, for serious readers, a sense of permanence has always been part of the experience. Everything else in your life is fluid, but here is this text that doesn’t change.” (Pienso, que para los verdaderos lectores, aquel sentido de permanencia siempre ha sido parte de su experiencia. Todo en la vida cambia, pero este texto nunca lo hace.)





Por las anteriores declaraciones y muchas más, unos personajes salieron a decir que Franzen había dicho que los libros electrónicos eran malévolos, que los odiaba y otra serie de estolideces que no corresponden a la verdad; ya que simplemente expuso sus razones de por qué preferia los libros de papel.

En otra intervención menos polémica, comentó que su libro las correcciones iba a ser llevado a la televisión en forma de serie y de paso, hizo una crítica de cine, diciendo que prefería el mundo de las series más que el de las producciones cinematográficas, porque mientras al año, la mayoría de películas que salían era para un público de 12 años con ganas de ver escenas inocuas y estúpidas (cosa que estoy completamente de acuerdo); la televisión está sacando muchas producciones excelentes en ese mismo tiempo (Homeland, Boardwalk empire y Californication, por ejemplo).

En fin. Fue una agradable conversación, donde vimos a un hombre solitario, con  ideas políticas, literarias que me gustaron.

Colofón

Antes de terminar este escrito de tres partes sobre mis peripecias en Hay Festival 2012, pido disculpas por ser breve en mi narración de esta tercera parte. La razón es que inicié esto por contar aquellos momentos que viví en Cartagena y bueno, las ocupaciones no me han dejado tiempo para sentarme a escribir como quisiera (o como lo estaba haciendo).

De lo que vi puedo comentar lo siguiente. Hay Festival, solo es un festival dentro de los conversatorios. Cartagena no cambia, no hay ningún aire de misticismo ni cultura (como puede existir medianamente con el Festival de Teatro por ejemplo); es un evento capitalista producido por las corporaciones y editoriales con el ánimo de vender libros (sé que sonó un poco a conspiranoico, pero así es). Los autores caminan por los lugares, te firman libros, te sonríen; pero si no eres una persona con pinta de ser de la sociedad de los cocteles, no van a tener una conversación contigo (me di cuenta de esto con varios). Hay extranjeros y extranjeras (muy buenas) que van con el ánimo de conocer Cartagena, disfrutar del calor…ah e ir a los conversatorios, así que el turismo es el de siempre. Los libros, son carísimos, se suben mucho de precio y por eso no son fáciles de adquirir. Al respecto quisiera citar las declaraciones desafortunadas y absurdas del escritor Oscar Collazos: "Como la lectura de obras literarias, es un evento elitista que tiene, en algunos casos, ribetes de masas cuando se trata de grandes escritores de prestigio internacional. Aquí todo gira alrededor de los escritores y sus obras. Por supuesto que el pueblo y la clase media que paga 100.000 pesos por un concierto de Diomedes Díaz, no pagará 10.000 por una conferencia de Carlos Fuentes, Almudena Grandes o Salman Rushdie, por ejemplo. Ni siquiera se plantea la posibilidad de pagar por escuchar a un escritor que no ha leído, como tampoco se ha planteado la posibilidad de comprar por 40.000 pesos una buena novela después de pagar 200.000 por una botella de whisky". Ojalá al señor Collazos le recuerden que en Colombia no se toma whisky de 200.000 pesos (de pronto él que gana mucho dinero), sino aguardiente de 20 mil (la mitad de una novela). También, que se pueden conseguir novelas muchísimo más baratas en Argentina o en España y que en Colombia son carísimas, por lo que no son asequibles a todo el mundo. También sería bueno que el escritor Collazos se paseara por los hoteles de la heroica,  para que se enterara que los precios no están al alcance de “el pueblo y la clase media” y que cobran más a los colombianos que a los extranjeros.

La anterior declaración también me lleva a otro punto que toqué de manera light antes: el elitismo. Hay Festival, no es un evento elitista, ya que como dije anteriormente, estuve sentado al lado de Paulo Laserna y en otros eventos, de personas de la alta alcurnia, sin que me echaran como un perro. Lo que sí es, y no tengo ninguna duda de ello, es un evento social, donde el jet-set criollo va a tomarse la foto y a decir que son cultos por haber asistido a este evento. A modo de paréntesis, no sé qué dirá el citado escritor Collazos sobre las personas que no han leído obras literarias, pero van simplemente por hacer pantalla y comprar libros con la firma de los autores, que luego chicanean a sus amigos que si saben sobre el autor. Lo más posible es que no diga nada, porque con la comida, uno no se mete.

En fin. Con esto termina mi texto sobre el Hay Festival 2012 diciendo para finalizar, que me gustó y si hay buenos invitados y hay plata (requisito indispensable), posiblemente vuelva el próximo año.