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domingo, 3 de febrero de 2013

Mi visita al Hay Festival Cartagena 2013 (3)


4.Sábado 26 de enero de 2012

4.1. Cátedra Interamericana Carlos Fuentes. Arturo Fontaine, Sergio Ramírez y Luisa Valenzuela en conversación con Rodolfo Mendoza






El sábado fue el último día de Hay Festival para mí, por lo que me la pasé en la playa y en la piscina toda la mañana disfrutando de un sol que ya veo lejano. La fila para esta conversación fue pequeña y por ello, logré obtener un puesto en la parte de adelante cerca a los conversadores.

Cuando entraron a escena, fueron recibidos por tímidos aplausos provenientes de las palmas de las manos de la gente que quería de una u otra forma, saber más sobre ese gran coloso de las letras mexicanas (o mejor, de la literatura latinoamericana) llamado en vida Carlos Fuentes. Si bien esta no era la conversación más atractiva de la hora, quise ir, como un pequeño acto de respeto sobre ese viejo maestro que se fue.

La conversación inició con la presentación de unas fotos de Fuentes tomadas por Daniel Mordzinski, en el que se le veía al escritor desde varias perspectivas, mostrando su porte y elegancia, criticada después de su muerte por ciertos escritores sobrevalorados y envidiosos. Luego de las fotos, el moderador tomó la palabra diciendo que Carlos Fuentes tuvo diferentes intereses como la literatura y la política. Luisa Valenzuela le siguió, diciendo que cada novela del laureado escritor mexicano era un universo total. Comparó a Fuentes con un hombre del renacimiento, puesto que éste sabía de muchas disciplinas y comparó su obra con la de Balzac, donde se observan historias de todo tipo que nos ilustran sobre la sociedad de aquel tiempo.
Sergio Ramírez tomó la palabra y dijo que Fuentes buscaba un universo balzaciano en el que una novela se relaciona con la otra. Fuentes buscaba que las aguas de la historia se mezclaran con las de la novela y crearan una buena historia de ficción. Además consideró que el mexicano veía el poder a través de la historia de América Latina.

Arturo Fontaine siguió con el hilo narrativo de la conversación diciendo que su primer contacto con Carlos Fuentes fue en el colegio cuando lo pusieron a leer Aura. Según él, la historia en Fuentes no está en el pasado sino el pasado está en el presente. Además considera a Fuentes un gran cuentista.

El moderador tomó la palabra y dijo que Fuentes siempre fue generoso con los escritores nuevos y en tal sentido, siempre estuvo inquieto por todo lo que sucedía alrededor de la literatura. Además de lo anterior, considera que el escritor mexicano nunca tuvo miedo de decirles a los políticos la verdad en la cara, como ocurrió en el caso de Peña Nieto. Ahí intervino Luisa Valenzuela diciendo que Fuentes era un hombre muy democrático, que si bien nunca aspiró al poder, siempre opinó del mismo. Para Fuentes, la mejor manera de hacer política era escribir ficción y citó un par de anécdotas sobre el escritor.

Sergio Ramírez inició su intervención diciendo que el derecho no es ajeno a la literatura (lo decía como abogado que es), ya que al estudiar leyes, uno va aprendiendo que lo dictado en el código civil es preciso y las palabras cobran gran relevancia. Para ello, citó a Stendhal, quien alguna vez recomendó a los aprendices de escritores leer el código civil. Volviendo al tema de la política, recordó que Fuentes criticó a Bush, porque el mexicano criticaba todo los abusos y todas las cosas malas que veía. Fuentes era uno de los pocos escritores latinoamericanos oídos en Estados Unidos y la razón de que no hubiese entrado al poder es que de haberlo hecho, habría perdido su independencia crítica.

Arturo Fontaine siguió con la palabra diciendo que en Fuentes había una fe en la deliberación pública, ya que sospechaba que el poder era más impotente de lo que imaginábamos y en tal sentido, Fuentes pensaba con la imaginación.

Luego de aquella primera parte, los escritores intentaron hacer un retrato de Carlos Fuentes en base anécdotas que conocían de primera mano cómo amigos del escritor.

4.2. David Grossman en conversación con Jonathan Levi










Nota: Voy a sintetizar los hechos tanto en esta como en la última conversación, ya que no tomé notas y estoy con mis confusas remembranzas que se confunden con varios de los ensayos del escritor israelí. A esta conversación como dato adicional, también asistió Mario Vargas Llosa.

En su conversación, Grossman inició hablando de cómo se convirtió en un escritor luego de haber prestado el servicio militar, su relación con la literatura, como ésta le ayudó a superar la muerte de su hijo e hizo un paralelismo entre la situación colombiana y la israelí, diciendo que los dos eran unos pueblos sobrevivientes, que habían pasado por guerras y seguían vivos a pesar de sí mismos. Dijo también que el problema del pueblo israelí era que había aprendido a ser sobreviviente pero no a vivir y que no debería ocupar forzadamente territorios palestinos, sino debería llegar a un acuerdo con ellos para poder compartir un territorio y dar fin a una guerra eterna de dos pueblos que tienen más cosas parecidas que diferentes.

Además de ello criticó el idioma que utilizan algunos medios para referirse a conflictos y situaciones que ocurren dentro del mismo, ya que el idioma ha servido como arma para ablandar situaciones graves y engravecer situaciones no tan graves. Para Grossman el eufemismo no es bueno y las palabras cuando se hable de conflicto y de acciones bélicas deben ser exactas, ya que de lo contrario se estaría actuando mal en favor de algún bando. Por eso, conforme a uno de los ensayos que escribió en escribir en la oscuridad, invitó (con tono de exhortación) a los medios que utilizaran las palabras precisas para denotar la realidad en lugar de crear mundos no existentes.

(A continuación sigue un fragmento poco importante, que no quise releer o corregir después de leerlo. Si quiere conocer simplemente peripecias del Hay Festival siga de largo estos párrafos siguientes hasta que indique que finalizó la parte banal y fácilmente evitable).
Como plus adicional y a modo de exorcismo propio, les cuento que luego de la conversación hice un oso al bajar a la firma de libros, ya que cuando llegó la hora de que me firmaran el mio, le dije “Hello Mr Grossmann”, él me respondió el saludo de manera amable y queriendo hacer lo que había hecho con otro escritor antes, le quise decir a modo de pregunta “¿por ahí leí que usted es el mejor escritor israelí de la actualidad, es eso cierto?”, pero por los nervios y mi mala pronunciación dije algo así como “i…read…sorry,read (la pronunciación cambia en pasado) that youa…best writer…Israel…”, inmediatamente él me dijo “sorry, i don’t understand you” y le creo, porque ni yo mismo lo entendí. Intenté repetirle lo mismo pero dije fue como “usted es el mejor escritor de Israel”. Él me miró con ganas de reírse pero se guardó la burla para sí y me dijo de manera amable, “ok, that’s ok”. Unas señoras que estaban al lado mio se rieron y dijeron “a ese niño no le entiende nadie” y varias de las personas al lado mío se burlaron con toda razón. Por ello fue que al finalizar de firmar los libros le dije “thank you” y salí corriendo, queriendo esconderme entre la multitud.Ello me llevó a recordarme que tengo pésima dicción (en cualquier idioma que se hable y no sé si sea por enfermedad o por el hecho que me relaciono con muy poquita gente y casi que las únicas ocasiones que tengo para hablar con alguien es cuando me llama mi mamá o cuando almuerzo por ahí y pregunto ¿cuánto es?
Sí, tengo una vida insulsa, sin sabor, aburrida, casi parecida a la que tiene una persona en un ataúd, pero creo que no importa, igual algo se intenta hacer, así sea escribir en un blog en el que pocas personas llegan por casualidades azarosas. En todo caso traigo esto a colación, porque creo que en todo, se me pegó ese bicho del Hay de ser sociable, de cruzar dos o tres palabras con personas desconocidas, llevando como consecuencia el ridículo al que se ve enfrentado el ser humano todos los días de la vida. Creo que con la acción que antes les acabo de comentar, me quedo sin autoridad moral de acusar al gobernador de Bolivar y el alcalde de Cartagena por sus acciones en el conversatorio de Vargas Llosa. No soy mejor que ellos, antes creo que peor, porque ellos hacían un ridículo por quedar bien, pero yo…ni por quedar bien, sólo por ser un idiota solitario que cuando intenta ser sociable se ve todavía más idiota. En fin, son cosas personales que llegan al blog por esos azares por los que usted, querido lector (si existe) llegó acá. Siento si le hice perder el tiempo con estos tres párrafos, por lo que sigamos con el siguiente conversatorio.
(Fin del fragmento poco importante)

4.3. Mario Vargas Llosa y Julian Barnes en conversación con Marianne Ponsford
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Luego de salir del desafortunado acontecimiento personal con David Grossman, me encontré de frente con una extraña masa de personas que se hacía llamar fila. Eso llevó a que se colaran muchas personas que no estaban haciendo la fila como uno y bueno…ya se imaginarán el mal trago que tuve que sufrir para entrar e ir al tercer piso para observar una conversación magistral.

Luego de esperar un rato dentro del auditorio, los escritores salieron a escena junto a Marianne Ponsford, la directora de Arcadia. Como los dos ya eran conocidos por todos, las presentaciones pasaron rápidamente para llegar al tema central del conversatorio: Flaubert. Julian Barnes inició comentando sus apreciaciones sobre el escritor francés, a quien consideró como uno de los primeros escritores que se tomó en serio su trabajo y que hizo que la novela, que era considerado un subgénero menor, se transformara en algo más grande grande. También consideró que Flaubert sirvió como paradigma para que los personajes, dejaran de ser muy buenos o muy malos, para convertirse en individuos con varios matices.
Vargas Llosa siguió exponiendo cuando fue que conoció a Flaubert y a Madame Bovary (a su llegada a Francia). Expuso algunas de las tesis de Sartre sobre Flaubert —que pueden ser encontradas en ese mamotreto llamado el idiota de la familia— en las cuales intentó mostrar por qué el autor decimonónico no era un buen escritor, pero al hacerlo, dejó en evidencia que el autor de la Educación Sentimental era un genio.

Tanto Vargas Llosa, como Barnes, hablaron de la influencia de Flaubert en autores contemporáneos (no por nada, era uno de los autores preferidos de Kafka, Joyce y Proust, los representantes de la literatura moderna), la novela a partir de Flaubert y todos los cambios que se dieron con su aparición.
En una de las mejores intervenciones de la hora (de la cual tomaron un video que dejo a disposición de ustedes) Mario Vargas Llosa hizo una eximia defensa en favor de Emma Bovary, diciendo que era un personaje como el Quijote, porque vivía metida en sus ficciones, sus vidas no vividas, que la llevaron a cometer una serie de errores al querer llevarlas a una realidad, en la que sólo existen mediocres y gente que 
no está a la altura de los personajes de su novela.



En el conversatorio se tocaron otros temas, como la tentativa imposible (es decir, aquellos novelistas que buscaron alcanzar la perfección), la correspondencia de Flaubert, la literatura francesa clásica, entre muchos otros que me llevaron a estar una hora completa siguiendo hierático y atento cada una de las palabras que pronunciaron los dos grandes escritores.

Finalmente, se acabó la conversación varios minutos después de lo presupuestado (cosa que agradezco como espectador) y entre muchos aplaudimos a Mario Vargas Llosa y a Julian Barnes por su eximia conversación. La mejor del festival y sin duda alguna, un cierre grandioso que me hizo olvidar el mal trago que había tenido minutos antes.

5. Epílogo

Voy a cerrar la anterior serie de tres capítulos, primero que todo, con una disculpa para los lectores, puesto que no fui tan detallista en esta última parte como con las primeras dos. Lo anterior, debido a que no tomé muchas notas como las primeras veces y supongo que el hecho de que hayan pasado muchos más días de mi llegada de Cartagena, hace que ya no tenga el sentimiento festivalino en mis dedos que a esta hora anotan estas palabras.

En todo caso, ¿qué puedo decir de Hay Festival después de dos años acudiendo al mismo?
Bueno, lo primero es que es un festival con varias caras: por un lado se dice que es un festival de la cultura, pero por otro, nos encontramos con que gran parte del aura del Hay Festival recae sobre las notas sociales, los cocteles, el debate en el Hotel Santa Clara, las preguntas estúpidas del canal caracol y los elitismos representados en las puertas con carteles de reservado que abarcaban prácticamente un piso o varias sillas del lugar (ver fotos que pongo debajo del párrafo). Al respecto debo decir que si bien el Hay no es un evento elitista en el sentido más puro de la palabra (porque cualquiera puede ir), lo cierto es que el hecho de que los mejores puestos queden reservados para patrocinadores y artistas hace que nosotros los ciudadanos de a pie estemos un peldaño por debajo…pero qué se le hace, de alguna forma la organización tiene que responderle a los que donan más plata que uno.






Los medio de comunicación que “informan” sobre el Hay, dedican la mayoría de sus notas para contar que Policarpo Procesalista se tomó una foto con Pepito Pérez, que en el concierto de Susana Baca bailaron en la Heroica el famoso XXX y otra vieja o sino, se dedican a mostrar las fotos de los escritores abrazándose y paseando por la Ciudad Histórica de Cartagena. Esto ha hecho que al Hay Festival se le llame el “Play Festival”.

Por ello, pienso que si los medios en verdad quisieran darle eco a la parte cultural de las conversaciones (que es en sí, el supuesto eje central del Hay Festival), hablarían y hasta analizarían lo dicho por los autores en sus conversaciones, en lugar de sacar las fotos, las curiosidades y las frases más simplonas y banales que rozan con la perogrullada tipo, vivamos sin violencia, la violencia es mala porque David Grossman lo dijo, etc.
Por otro lado, dentro del Hay Festival vi mucha gente que iba por la farándula, lo cual se notaba cuando compraban libros porque el autor “había hablado bonito” o porque “si es nobel, es bueno” (así me lo dijo una señora cuando le dije que los libros de Hertha Müller no eran para cualquiera y que podían aburrir fácilmente a los lectores ocasionales). Esa es la otra que vale la pena resaltar del evento: los libros. Estos son muy caros y la librería nacional (que es la única empresa que tiene stands en cada uno de los sitios donde hay conversatorios) trae las ediciones más caras. Sin ir tan lejos, la novela gráfica de Gabo que tanto promocionaron, valía 80 mil pesos. Además, el marketing se ve desde las conversaciones, en que los moderadores invitan en las charlas una y otra vez a que “apenas salgan tienen que ir a comprar este libro”.

Sobre los precios, sí es verdad que es caro ir al Hay Festival (me gasté mis ahorros de tres meses trabajando como abogado, que fue bastantico para alguien recién salido) ya que por ejemplo, cada noche de hotel está entre 150 mil y 300 mil (en hoteles relativamente baratos, en hostales vale 90 mil la noche). Las boletas están cada una a 20 mil pesos y más o menos, uno va entre 4 o 5 conversaciones por día, lo que se convertiría en 80 mil o 100 mil pesos día, que no todo el mundo tiene. Esto siempre y cuando no incluya el pasaje en avión o bus (para los que viven fuera de Cartagena), la comida (que como dije es cara), el agua para hidratarse y en fin, todas aquellas pequeñas cosas que el cuerpo pide en la ciudad. Por eso siempre veo con recelo las declaraciones de algunos escritores snob, que dicen que la gente no va al Hay Festival porque es de baja cultura y prefieren gastar su dinero en trago, ya que creo que son escritores autistas que viven en una aristocracia a la que pertenece el 1% de la población o simplemente, se las quieren tirar de cultos o de alguna vaina más.

Sin embargo, luego del pequeño memorial de agravios, debo decirles que no creo que todo sea tan malo. El Hay Festival genera la pequeña posibilidad para permitir que escritores famosos vengan al país y que varios organizadores de ferias del libro pequeñas, puedan acordar con los autores, visitas a otros eventos más pequeños en el país. Además, gracias al Hay Festival, ciudadanos a pie como yo, no que no saben qué es un coctel, pueden ver a autores y artistas que en condiciones normales sólo conocemos por youtube o la foto puesta en su libro. Debo agradecer que las mejores conversaciones tuvieran el mismo precio que las de más bajo rango, o si no, no podría ir ahorcado al Festival.

También los he de felicitar por su propuesta de que los estudiantes entran gratis (o más barato, no recuerdo como era la vaina) y sus eventos alrededor de autores medianos y pequeños, lo cual permite a otras personas que no tienen con qué entrar a una conversación, poder entrar.

Como plus, debo comentar que el Hay se creció este año, como consecuencia de que vino muchísima más gente que el año pasado (fue mi impresión). Por tanto, viendo que el evento va en auge, se deberían tomar mejores medidas de logística, para evitar el descalabro que hubo luego de la conversación de Herta Müller o las distintas quejas que hubo por parte de ciudadanos que tuvieron que quedarse por fuera o sentados en las escaleras por los extraños acontecimientos. Por otro lado, me da risa que las boletas dicen “prohibida la reventa” y las mismas vendedoras de taquilla lo mandan a uno con los revendedores cuando se “agotan” las boletas. Deberían pararle bolas a eso, porque vi que muchos eventos con “boletas agotadas” tenían muchas sillas vacías produciéndome la duda de qué había pasado.

Me despido finalmente del lector que haya caído en esta entrada, agradeciéndoles por haberme regalado minutos de su valioso tiempo para leer este texto y bueno, no sé si vuelva el otro año a Hay Festival, pero aquí les dejo mi pequeña historia en el evento de este año.

jueves, 31 de enero de 2013

Mi visita al Hay Festival Cartagena 2013 (2)


3.Viernes 25 de enero de 2013




El viernes era el día esperado por todos los que viajamos a Cartagena. Ese día estarían en la tarima, a diferente hora, los premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa y Herta Müller. Del primero conozco varias obras entre ensayos, novelas y cuentos. De la segunda sólo conocía la famosa historia del faisán, que con su ambiente opresivo de la Europa del Este de los tiempos de la cortina de hierro, logró tener mi atención para considerarla una muy buena obra.

Por otro lado, a diferencia del año pasado no les tengo fotos de la playa de Cartagena vista desde mi ventana (aunque no creo que a alguien le importe), puesto que este año me levanté sobre las siete de la mañana, fui a desayunar, para luego echarme bloqueador y salir solitariamente a la playa a caminar un poco y entrar al mar, al que no visito muy a menudo ya que vivo en una capital sin playas en medio de las montañas. Disfruté la mañana untándome mis pies de arena y luego volví al hotel para lavarme los pies y entrar en la piscina (otro pequeño lujo vedado para mí que vivo en un apartamento chiquito). 
Estuve metido en el agua como niño durante varios minutos, para luego a las once, irme directamente a mi habitación con el ánimo de cambiarme y salir al Centro Histórico donde iba a tener lugar el conversatorio entre Juan Gabriel Vásquez y Javier Cercas.

3.1.Javier Cercas en conversación con Juan Gabriel Vásquez






La charla inició con Vásquez inició haciendo un pequeño perfil del escritor español con el cual quería darlo a conocer al público que no tenía idea de quién era el hombre vestido de chaqueta negra que estaba en el lugar. Como dato adicional y antes de seguir, Mario Vargas Llosa también vino a este evento. 






Luego de lo anterior, procedió a preguntarle si luego de Franco se dio una guerra subterránea de los kinkis, ¿cuál es esa guerra y que tiene que ver con la transición?

Javier Cercas inició diciendo que la violencia, si bien no es la partera de la historia, es su cantera. Fue increíble que después de Franco los españoles decidieran formar un género democrático en lugar de seguirse matando, sobre todo teniendo en cuenta que muchos adolescentes del babyboom eran pobres, sin esperanza, sin horizontes y se veía aires de revolución en el aire.

Dentro de su generación, Javier Cercas conoció a mucha gente que murió, ya sea por la violencia, como por la heroína. Este un tema del que quiso hablar en las leyes de la Frontera, en la forma en que lo puede hacer la novela, es decir, formulando una pregunta de la manera más compleja posible. La literatura para Cercas (y creo que lo dijo citando a otra persona) es todo aquello que no parece literatura o en otras palabras, toda literatura es antiliteratura.

La novela tiene muchas cosas para decir a través de un punto ciego, es decir, un punto a través del cual no se ve nada, pero que justamente es el modo en que la novela tiene para ver. Por ejemplo, en el Quijote,  don Alonso Quijano es un tipo verdaderamente loco, pero en su locura es el hombre más lúcido del universo.  Esto plantea una ambigüedad  esencial que no puede resolverse y en la cual está el quid de la novela.  Toda novela (como ya lo había dicho antes en este texto, pero no sobra repetirlo) parte de una pregunta de la cual se busca una respuesta que nunca llega en el texto, porque la respuesta es la propia pregunta o en otras palabras, la búsqueda de esa respuesta.




Otro ejemplo claro de lo anterior es el proceso de Kafka, novela en la cual, acusan a K, pero nunca revelan de qué delito. Sin embargo, ese dato oculto es el corazón de aquella obra literaria. Otro ejemplo del punto ciego se puede observar en la ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa donde (alerta de spoiler) alguien mata al Esclavo, pero nunca se sabe quién. El Jaguar se echa la culpa, pero nunca se precisa si él es el asesino o no (fin del spoiler).

Además de lo anterior, para Javier Cercas vivimos en una sociedad muy presentista, que mira poco hacía el pasado. Esto es un gran problema, porque el presente no puede entenderse sin el pasado y de igual forma lo individual, no se explica sin lo colectivo.

La obligación del escritor para Cercas, es ser fiel a sus obsesiones, sus demonios que lo llevan a tomar la literatura como algo más que un mero entretenimiento. Esto lo lleva a crear unas reglas propias, que después se obliga a cumplir. Además, considera Cercas que la originalidad consiste en parecerse a todo el mundo (es decir a tomar varias influencias que considere necesarias).

Luego de lo anterior, Cercas retomó la pregunta inicial y explicó quiénes fueron los kinkis, su relación con la cultura y la sociedad española y en qué terrenos culturales están hoy en día. Vásquez hizo una comparación entre Cercas y Orhan Pamuk, en el sentido que en la obra de los dos escritores, ninguna novela se parece con otra. Con esto iniciaron a hablar de las novelas de Cercas iniciando con anatomía de un instante, un poco de soldados de Salamina y finalmente terminaron hablando de la última novela las leyes de la frontera.

Una muy buena conversación si me permiten, que me hace pensar que Juan Gabriel Vásquez es mejor detrás de las preguntas, que respondiéndolas ya que por alguna razón, la conversación de él con Mario Jursich del año pasado no me gustó mucho y creo que fui un poco duro hablando de aquel evento. Sin embargo y con el riesgo de contradecirme en lo anterior, considero que Vásquez sigue mostrando un excelente nivel en las conversaciones del Hay, con sus conocimientos casi borgianos de la literatura.  

3.2. Mario Vargas Llosa en conversación con Carlos Granés




Como dije al comienzo, esta era la conversación más esperada del Hay Festival. Las boletas, cuando salieron a la venta, se agotaron en un día como si fueran las entradas a la final de un partido de fútbol y es que la presencia de Mario Vargas Llosa es mediática y por tanto, muchísima gente (entre los que me incluyo, debo aceptarlo) quiere ir a verlo y oírlo.

El escritor peruano había venido a Cartagena en 2010, el año en que ganó el premio nobel, aunque sin aquel galardón en su palmarés. En aquel año tuvo una conversación con el pesado Hector Abad Faciolince, de la cual las boletas se agotaron rápidamente y obligó a los organizadores del evento a crear una segunda jornada de Vargas Llosa al siguiente día, la cual como ustedes adivinarán, también se llenó. Por tales razones, apenas terminó la conversación con Javier Cercas bajé casi que corriendo por las escaleras del Teatro Adolfo Mejía y esquivé cuanta gente pude, buscando llegar temprano al Centro de Convenciones de Cartagena.

Salí del teatro y le pregunté a uno de los trabajadores del evento que como podía llegar al Centro de Convenciones y me dijo que podía ir en dirección a la torre del reloj y salir por una entrada que había ahí (no es un error, así me dijo, puede salir por la entrada tal). Inmediatamente empecé a correr con dirección a la famosa torre del reloj. Debo confesarles que me perdí, ya que si bien conozco algo de la Ciudad Histórica, mi mala memoria me hizo entrar por caminos que pensé que eran los correctos, obligándome a preguntar y acelerar más el paso, que hicieron brotar grandes gotas de sudor alrededor de mi cara.

Luego, ya fuera de la Ciudad Historica, crucé la calle, caminé en línea recta hasta desembocar en otra pequeña calle que de seguirla, me hubiese llevado a doña Socorro y otros restaurantes de precios exorbitantes. Sin embargo por ahí vi un subway  y fui para almorzar y sentarme un rato a descansar de una caminada realmente galopante. Igual (pensaba) la gente de llegar, lo haría media hora antes del evento, así que no le veía ningún problema al respecto. Me alimenté con un sándwich, saqué uno de los libros que llevaba y me puse a ojearlo mientras esperaba que fueran las 2 y media. Lo anteriormente hecho, fue un gravísimo error, porque cuando me fui al Centro de Convenciones, sobre las dos y cuarenta y cinco de la tarde, había una fila lo suficientemente larga para quedar por fuera del lugar.

Debo decir que tuve una sorpresa en la fila y fue la de ver a Clara López, ex alcaldesa encargada de Bogotá haciendo fila delante de mí. Siempre pensé que ella era parte de esa aristocracia que siempre tenía pases de cortesía y sus asientos cuidaditos, a diferencia del resto de mortales como nosotros pero me equivoqué. En todo caso, media hora antes del evento pude entrar y en el edificio, corrí en dirección al segundo piso del Centro de Convenciones donde se dio la célebre charla del laureado escritor peruano. Al lado de la entrada al auditorio, había gigantescas torres de libros con el nombre de Mario Vargas Llosa en su carátula.







Ya dentro del auditorio, encontré un puesto relativamente central que fue desde donde vi el evento. Afortunadamente fui juicioso en llegar temprano y bueno,  pude sentarme en una silla, ¡ah!, porque se me había olvidado comentar, si bien el Centro de Convenciones tiene dos pisos para observar a la persona que va a estar en el centro del lugar, en esta ocasión todo el primer piso cercano a la tarima estaba reservado, un claro acto de elitismo, que bueno…se entiende porque los patrocinadores y la farsandula quería tener “al nobel” al lado de ellos. En fin. Cosas del Hay.

Como experiencia personal, les puedo comentar que una niña bonita, se sentó a mi lado sin ningún acompañante. Como considero que no soy bonito, no le presté cuidado pero cuando me percaté que su mirada se concentraba en mí y se perdía de manera tímida cuando ferozmente cruzaba mis ojos con los de ella, empecé a jugar a te veo, no te veo. Ella llevaba una blusa morada que escondía sus bien formadas tetas, un pantalón negro que hacía juego con la pieza de arriba y una cartera azul que sostenía entre sus piernas. No sé si al igual que yo, era una persona amante de la literatura que iba solitaria a estos eventos o si como yo, también escribirá sus ocurrencias en un blog esperando que alguien se tome la molestia de leer un texto tan mediocre. Sin embargo me acompañó y llamó mi atención durante los minutos previos a la charla, por lo que la rescato en estas palabras.

Finalmente, el reloj marcó las tres y media de la tarde y cuando todos esperábamos ver entrar al nobel, entró un señor explicando las medidas de seguridad que tenía el Centro de Convenciones y luego, una niña muy linda que pensé, iba a presentarnos al escritor que tanto esperábamos, pero no, le dio la bienvenida a los políticos oportunistas: el gobernador de Bolivar y el alcalde de Cartagena, quienes hicieron su entrada antes que el escritor, para darle un merecido homenaje.








Inmediatamente, la gente empezó a chiflarlos y es que es razonable, en su presentación se demoraron casi 20 minutos, que le quitaron a la hora de conversación de Mario Vargas Llosa. A nadie le importaba oír a dos políticos que de manera lagarta querían robar cámara y aparecer en uno de los medios de comunicación del lugar condecorando a Mario Vargas Llosa y es que aclaro, si bien Mario se merece todos los homenajes en vida que se le puedan dar por su magna obra, la verdad es que este estaba fuera de lugar. Si los dos políticos hubiesen querido hacerle un buen homenaje, lo hubieran hecho en otro espacio, en una tarima preparada para ello o en algún otro lugar y ahí créanme que nadie los hubiera chiflado.

Pero todavía venía lo peor, en el decreto de entrega de las llaves de Cartagena por parte del alcalde, se homenajeaba a Mario Vargas Llosa por su novela “el baile del chivo” (sí, ni siquiera son capaces de mirar en Wikipedia el nombre de las novelas del escritor) y por su contribución al “realismo mágico” (sí, tampoco se toman la molestia de preguntarle si quiera a google cuál es el género en que se mueve el peruano). Por tales razones los aplausos al nobel, estuvieron acompañados de chiflidos a los políticos, quienes para más inri, luego del homenaje fueron detrás del escritor para tomarse una foto con él, en un bochornoso espectáculo que se parece a cuando un jugador de fútbol de un equipo chico, va tras un buen jugador de un equipo grande para pedirle la camiseta. Es que ni vergüenza ajena tenían aquellos sinvergüenzas. Como dato adicional vi una pequeña molestia en el rostro de Mario Vargas Llosa y de Carlos Granés.











En todo caso, los políticos se fueron, la gente aplaudió a regañadientes su retirada, que ya eran casi las cuatro y habíamos perdido tiempo en el que pudimos oír al peruano. Cuando por fin se sentaron y les entregaron los micrófonos, lo primero que dijo Carlos Granés fue “ahora vamos con la literatura”. La gente rompió en aplausos. Mario Vargas Llosa inició dando de manera respetuosa gracias por los reconocimientos y empezó con una conversación, que no les reproduzco por la sencilla razón de que es la misma que ha dicho en otros escenarios, llámese entrevista o conferencia. Van a poder conseguir ustedes declaraciones muy similares sobre el porqué de su entrada al Leoncio Prado, su relación con su padre, su relación con Carlos Barral y bueno, cosas que ya se han dicho en otros espacios. Además de lo anterior, le preguntaron en un momentico de quince minutos sobre el libro la civilización del espectáculo y repitió la misma perolata que ya ha dicho en debates y entrevistas, en las que ha acusado la cultura de ser banalizada y afirmó que es más fácil utilizar una tableta que un libro porque se necesita menos preparación intelectual (cosa con la que no estoy nada de acuerdo).

Debo comentarles al respecto, ya que tanto se habla del tema, que el libro electrónico no es un desastre para la literatura puesto que lo importante de los libros son las palabras y éstas, siempre buscan la manera de seguir existiendo (sí, porque si no se acuerdan antes tuvimos papiros, códices, etc). De otra parte, si bien existen muchas exposiciones, canciones y libros con una calidad paupérrima, esto no es cosa del hoy sino siempre ha ocurrido. Lo que pasa es que algunos nostálgicos de otra época como Vargas Llosa, les parece que todo va camino a la hecatombe, aunque en verdad no veo que ocurra ello. Creo que lo que hay hoy en día es una variedad inconmensurable que nos permite tener más variedad y más arte que disfrutar, como también basura que ignorar

En todo caso, el dato importante del día es que Mario Vargas Llosa terminó su novela a la cual tituló el héroe discreto, la cual sus lectores podremos disfrutar en los próximos meses (y espero que a Alfaguara no se le vaya la mano con los precios), aunque no me siento seguro del todo para leer a Vargas Llosa, ya que no disfruté mucho su última novela.     




Luego de salir de la conversación de Vargas Llosa cinco minutos antes de que se acabara, fui a la fila de la firma de libros donde unas señoras se quejaron de que no obstante tener boleta, los señores de logística no las dejaron entrar. Esto, en razón a que el lugar estaba súper lleno y había gente sentada en los escalones, lo cual me lleva a dudar sobre si se sobrevendieron las boletas o se le dio a muchísima gente escarapela para entrar. No sé qué pasó, pero eventos bochornosos como estos no se deben repetir. Si se le vende la boleta a una persona, no se le puede prohibir su entrada. Así que organizadores del Hay Festival, pilas con esto, porque es molesto que uno haya hecho hasta lo imposible por conseguir una boleta y luego, de la nada, uno de los matoncitos con camiseta negra del Hay Festival le diga que no puede entrar porque hay mucha gente.

3.3. Herta Müller en conversación con Philip Boehm




Cuando salí del Centro de Convenciones eran las 5:05 minutos, razón por la cual tuve que correr con todas mis fuerzas al Teatro Adolfo Mejía puesto que ya iba súper tarde junto a muchísima gente que iba en masa caminando por las calles de Cartagena, para llegar a la fila ya armada del lugar.

La primera sorpresa que me encontré es que para poder ingresar, era necesario llevar unos audífonos con los cuales oír la traducción del alemán al español. Por ello, me tocó salirme de la fila e ir a una casa de al lado donde estaban repartiendo los audífonos y donde pedían que se  dejara un documento que debía ser o carnet de conducir o cédula de ciudadanía. Como dato plus, vi que un señor peleaba porque no le recibían la tarjeta profesional de alguna profesión y la señora que entregaba los aparatos le dijo “no aceptamos tarjetas de crédito”. Por poco y se me va un ataque de risa ante una confusión tan evidente y estúpida, aunque el señor no estaba nada contento.

Volví  a la larga fila que se había hecho y entré al teatro buscando desesperadamente sillas. En las anteriores conversaciones no había tenido tanto problema por lo que siempre era de los primeros que ingresaba al lugar. Sin embargo, en esta ocasión, habiendo llegado tarde, me encontré de frente con la gran cantidad de palcos reservados que me obligaron a subir al último piso para poder mirar un poco de lo que acontecía en la tarima. Si bien antes no le había parado bolas a la gran cantidad de reservados que había, en esta ocasión como llegué tarde y buscaba desesperadamente una silla, me encontré de lleno con la sección elitista del festival. En fin. Qué se le hace.










Después de unos minutos, como a las 5 y 35 entraron Herta Muller y su traductor al inglés a la sala, bajo el aplauso del público presente. Boehm inició preguntándole de su vida en Rumania, de su novela del faisán y Herta Müller con su carisma en idioma alemán, empezó a contar que fue víctima de las chuzadas cuando trabajaba en una fábrica por no estar denunciando a otras personas. Contó que en sus novelas ella recrea mucho los paisajes porque en su infancia campesina, se la pasaba con las vacas, las plantas y demás seres de la naturaleza y no veía su lugar en el mundo.

La escritora rumana decía que en su infancia, ella buscaba en su soledad ser aceptada por los animales y las plantas. Además de eso, era responsable de que las vacas no se comieran el pasto de fuera de la granja donde vivía, porque de ser así, el Estado caería con grandes multas y grandes castigos, puesto que el pasto de fuera de su finca era del Estado. En su niñez, Herta Müller se perdió observando paisajes y detallando hormiguitas, mirando la eternidad a través de las cosas. 

En contraposición a lo anterior, cuando Herta Muller llegó a la ciudad, se encontró con que el entorno era diferente ya que empezó a observar política, cambios de lenguaje y otros asuntos que cambiaron su vida. Su perspectiva cambió, pero algunas cosas no, como por ejemplo el hecho de pensar que las plantas eran políticas y estaban de acuerdo con el partido o también en desacuerdo.

Según la ganadora del premio nobel, en situaciones extremas de apresamiento, de dictadura, las plantas pueden ser la mejor compañía para los solitarios caminantes de las ciudades, supuestamente caracterizadas por su comunitarismo. En Rumania, luego de la dictadura no se aclararon muchas cosas que ocurrieron en ese estado de cosas y por tal razón nadie habla y hay unos nacionalismos radicales espantosos. Según Müller, la iglesia también jugó un papel fatal en la dictadura.

Luego de lo anterior, el traductor procedió a preguntarle ¿Cómo fue la relación de la Iglesia en su pueblo?
Ella respondió que si bien por allá todos eran católicos, la gente no tomaba en serio el cura, ni el acto (supuestamente) sagrado de la confesión. Los curas tenían mal reputación y siempre se veían ahí, alejados y solitarios. Para Müller si la religión se toma en serio se vuelve totalitaria. Ella tenía miedo de Dios, ya que le metieron el cuento de que él los ve a todos en todos lados y los vigila. La escritora no sabía cómo la gente se podía comunicar con Dios, no entendía la comunión y si el cura le preguntaba en el acto de la confesión si había visto animales teniendo relaciones sexuales, la hacía sentir avergonzada, ya que según el sujeto de sotana eso era malo.

Por todo ello, si uno toma la religión en serio, esto lo lleva a uno a muchas dificultades. Más adelante en su vida, ella pensó ya en la ciudad “Dios no está”, no apareció incluso luego de ser maltratada y por tal razón “si no está aquí, mejor que se quede dónde está”.

Inmediatamente se acabó la conferencia aplaudí y bajé con el ánimo de ir a entregar los audífonos, encontrándome con que los encargados de logística se trajeron las cajas para guardar los audífonos (donde estaban nuestros documentos) al primer piso del teatro y todo se transformó en un acabose total, en el que no había orden ni filas para entregar audífonos, en el que algunas señoras decían que les habían tocado la cola, en el que los gritos y los insultos hacían parte del ambiente y en donde los codazos se hicieron presentes. Qué hermosa postal de cultura, proporcionada por personas desesperadas ante una decisión errónea de logística. Como soy malo para tirar codazos y no me gusta andar tocándole la cola a mujeres que no conozco, guardé los audífonos y me fui a una fila más amable: la de la firma de libros de Herta Muller. Yo ya llevaba desde Bogotá mis libritos, así que no tuve que hacer parte de la pelea entre los usuarios y las empleadas de Librería Nacional, a quienes no les funcionaba ningún datafono, supuestamente porque la gente se atravesaba en la señal del datafono (al parecer Hay Festival es también un festival de la irracionalidad).




En todo caso, luego de cumplir con la parafernalia de llevarme un libro firmado y luego de que Herta Müller me dijera “gracias”, me dirigí a la fila, que ya estaba un poco más calmada en comparación a antes, cuando bajé del cuarto piso, pude entregar mis audífonos  y me salí para hacer una nueva fila para entrar a la conversación entre Carlos Granés y Fernando Savater, un tipo a quien admiro en sus discursos, pero no tanto en sus libros (toda la colección de XXXX para Amador me pareció mala y los libros sobre toros, tampoco me gustan).

3.4. Fernando Savater en conversación con Carlos Granés



Fernando Savater era otro de los intelectuales esperados por el público del Hay Festival, así que como pueden deducir, también llenó teatro. Sin embargo, debo decirles que estaba algo mamado, así que no tomé apuntes sino me dediqué a oír la eximia conversación que tuvo junto a Carlos Granés.

Antes de entrar de lleno en la conversación (o en la síntesis de la conversación más bien), les cuento que Mario Vargas Llosa vino al evento y tuvo que pasar un momento molesto cuando luego de que una persona le pidiera la firma del libro y el accediera, otras personas llegaran de la nada (así como en Walking Dead cuando los zombies escuchan que alguno encontró “comida”) creándose una fila de personas que pedían el autógrafo del escritor. El peruano por su parte, de manera cortés respondió amablemente firmando todos los libros, hasta que uno de los encargados de logística, se hizo al lado de él prohibiendo que siguiera la firma de libros, acto con el que estuve de acuerdo, máxime, teniendo en cuenta que Vargas Llosa venía de una larguísima firma de libros en la que duró como una hora.






En ella, Savater habló de su relación con la literatura, la cual quería un poco más que la filosofía. Para él la literatura es contar las cosas por primera vez y si bien le encantaba esta disciplina, tuvo que elegir como carrera universitaria a la filosofía ya que no existían buenas escuelas que le enseñaran lo necesario para dedicarse a la literatura. Según recuerdo, Savater dijo que se dedicó a escribir luego de leer a Bradbury, veía a las invenciones como un Frankenstein (ya que funciona a pedacitos) y a partir de ahí, habló con sapiencia y humor sobre su relación con la literatura, que desembocó en su visión de los invitados de la princesa, una novela que compré (ya llegado en Bogotá porque “llegó agotada” a Cartagena) luego de oír el excelente epitome de temas en que se basó para hacerla. Espero que no me decepcione como sus obras “xxx para amador”.



¡Ah! Cierto, Savater también tocó el tema de los derechos de los animales para justificar su idea de la tauromaquia (cosa que no comparto, pero que es debatible). Sin embargo, sus intervenciones fueron verdaderamente buenas y por eso, me gustaron muchísimo, no obstantes que no copié por quedarme oyéndolo. Dejaré que ustedes analicen cuando salga el audio qué tal les parece.