viernes, 20 de enero de 2012

Indefinido el destino de SOPA

En el día de hoy mientras entraba a mi correo electronico me encontré con esta noticia:

Hi everyone!

A big hurrah to you!!!!! We’ve won for now -- SOPA and PIPA were dropped by Congress today -- the votes we’ve been scrambling to mobilize against have been cancelled.

The largest online protest in history has fundamentally changed the game. You were heard.

On January 18th, 13 million of us took the time to tell Congress to protect free speech rights on the internet. Hundreds of millions, maybe a billion, people all around the world saw what we did on Wednesday. See the amazing numbers here and tell everyone what you did.

This was unprecedented. Your activism may have changed the way people fight for the public interest and basic rights forever.

The MPAA (the lobby for big movie studios which created these terrible bills) was shocked and seemingly humbled. “‘This was a whole new different game all of a sudden,’ MPAA Chairman and former Senator Chris Dodd told the New York Times. ‘[PIPA and SOPA were] considered by many to be a slam dunk.’”

“'This is altogether a new effect,' Mr. Dodd said, comparing the online movement to the Arab Spring. He could not remember seeing 'an effort that was moving with this degree of support change this dramatically' in the last four decades, he added."

Tweet with us, shout on the internet with us, let's celebrate: Round of applause to the 13 million people who stood up - #PIPA and #SOPA are tabled 4 now. #13millionapplause


Con un poco de escepticismo entré a google news para mirar si era cierto y me encontré con estas dos noticias:


Discúlpenme que sea tan improvisado y no traduzca las noticias ni hable del caso megaupload (que también se merece un post), pero esta es una noticia extraordinaria que debía ser reseñada. 

No obstante lo anterior, me permito decir no hay que bajar la guardia ya que “la industria” y sus “SS” están sacando cualquier excusa para encarcelar a quienes se les atraviese en sus intereses, con lo que no quiero crear un ambiente de conspiranoia, sino decir cosas que se estan viendo. En fin. Llama la atención como el gobierno del presidente del código abierto, está promoviendo actuaciones como la de ayer (el FBI es un agente del Departamento de Justicia del país estadounidense). Ya uno no sabe que es peor: un presidente republicano con todos sus defectos o uno como Obama que hace las cosas al contrario de lo que propone. 


Bueno, dejo hasta acá este post ya que estoy escribiendo ideas sueltas sin ningún orden, lo cual no beneficia esta entrada. En otro momento hablaré con más calma del asunto.

miércoles, 18 de enero de 2012

Entrevista a Juan Gabriel Vásquez publicada en la revista BOMB



Este año voy a ir a “Hay Festival: Cartagena” a disfrutar de las conversaciones entre escritores  que van a tener lugar en el auditorio del Hotel Sofitel Santa Clara, el Teatro Adolfo Mejía y la Plaza de Santo Domingo. Uno de aquellos escritores es Juan Gabriel Vásquez, quien he citado varias veces en este blog y del cual – como preámbulo personal al “Woodstock de la literatura”—traduciré una de sus mejores entrevistas, no sin antes advertir como en otras traducciones mías que si saben inglés acudan al documento original, en razón a que puedo cometer errores (como entender mal la expresión o el sentido de una oración), que les solicito, me los hagan saber para corregirlos. Advierto eso sí, que en algunas partes me tomé algunas libertades de forma, para intentar exponerles el texto lo mejor posible, ya que cosas que suenan bien en inglés puede que no lo hagan en español.

Juan Gabriel Vásquez
Por: Silvana Paternostro
Publicada en la revista BOMB en el año 2010 

Los actuales escritores colombianos de ficción, tienen que enfrentarse a dos sombras al momento de encarar la hoja en blanco: la cultura del tráfico de drogas y el legado del realismo mágico de Gabriel García Márquez. Juan Gabriel Vásquez ha logrado esquivarlos en sus dos últimas novelas. Lo empecé a conocer cuando publicó Historia Secreta de Costaguana en 2007. Utilizando el nombre del país ficticio latinoamericano de Joseph Conrad para su título, Vásquez fue distanciándose de las omnipresentes tropas que confinan los hombres de letras de Colombia. Escuche de Vásquez otra vez el pasado verano cuando su novela publicada anteriormente, Los Informantes, fue traducida al inglés.

Los informantes es una novela sobre los alemanes y judíos que emigraron a Colombia – en los tiempos en que los dos coincidían—durante la Segunda Guerra Mundial. En el libro, se cuenta la historia de Sarah Gutterman, una judía alemana que llegó a Colombia a finales de los años 30, y que da a conocer un pasado secreto, como muchos otros que se encuentran sin resolver en Colombia.
Una ley de (el presidente) Eduardo Santos con la que apoyaba las tropas aliadas, obligaba a los simpatizantes nazis a ser prisioneros y a que se le confiscaran todas sus propiedades. Oír a Wagner o hablar alemán era considerado evidencia más que suficiente para que la persona fuera enviada a una prisión “refugio” en la montaña. Por lo anterior, la gente era animada a vigilar e informar sobre los amigos o familiares; generando (como se puede percibir) una caza de brujas muy parecida a la del macartismo. Omito la siguiente parte por ser un spoiler gigantesco de la novela.

Leer los informantes es como  pelar una cebolla capa por capa, ya que cada persona muestra la complejidad de la condición humana y se rastrean sorprendentes paralelismos históricos; resaltándose similitudes –como por ejemplo— entre los saqueos de la Noche de los Cristales Rotos y el Bogotazo (que es el momento histórico donde fue asesinado el líder populista Jorge Eliecer Gaitán en 1948 y que marcó el comienzo de un periodo de sangre llamado “La Violencia”). Carlos Fuentes escribió que esta novela ofrece al lector “la zona gris de la acción y de la conciencia humana, donde nuestra capacidad de cometer errores, traicionar, ofuscar, crea una cadena de infidencias que nos condena a un mundo de insuficiencias”.  Con lo anterior concuerdo, en los informantes hay un lugar para el perdón.

En los días del pasado mes de octubre, me senté con Juan Gabriel Vásquez en la sala de conferencias de la oficina de su editor para hablar de sus libros e inevitablemente, lamentamos la violencia sin fin que hay en Colombia.

En un ambiente neutro e insulso,  Colombia se siente como aquella ficticia Costaguana de Joseph Conrad. En nuestra conversación, como en la vida, la ficción y la política confluyeron: la narración, como la mostrada con maestría en los informantes, es una ofrenda de paz.

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Silvia Paternoso: Antes de los informantes no había un libro sobre la comunidad judía en Colombia.
Juan Gabriel Vásquez: Habían algunos libros, claro, pero no novelas que narraran esos eventos. Y no solo de la comunidad judía, sino también, de aquellos alemanes que entraron en las listas negras, ni de la reclusión de los ciudadanos enemigos. Nosotros los novelistas somos terriblemente pretenciosos como tu bien sabes. Nosotros pensamos que el mundo está incompleto hasta que se explore en una novela.

SP: Recuerdo que solía haber una Pastelería Alemana en Barranquilla cuando era pequeña. Cuando leí tu libro, me miré en aquella poco iluminada pastelería donde las mujeres con acento corrían desde su casa. Yo caminaba en ella, pero inmediatamente sentí que ya no estaba en Colombia – sus pasteles huelen diferente. Yo nunca relacione el nazismo con la pastelería alemana anteriormente. Como tantas cosas de la historia de nuestro país, todos esos alemanes eran sospechosos y víctimas de una cacería de brujas que me había eludido por completo.
JGV: La gente no recuerda aquellos días, cuando el Gobierno Colombiano decidió participar activamente en la Segunda Guerra Mundial como aliados en contra las potencias del eje (axis), tomando como primera medida la protección de costas y fronteras. Ciudadanos alemanes, italianos y japoneses fueron retirados de aquellos lugares. Barranquilla, siendo el puerto más importante del Atlántico, tuvo una gran población inmigrante. Puedes imaginar toda esa gente teniendo que trasladarse de sus hogares al interior del país luego de décadas de vivir ahí, por la única razón de tener pasaportes que dicen que vienen de determinado lugar.



SP: No es interesante que la lectura de ficción sea la mejor forma de entender la historia?  Ahora me pregunto si los dueños de la pastelería no fueron “informados” por sus vecinos y si esa no fue la razón para que tuvieran un horario extraño con las luces apagadas la mayoría del tiempo. Aclaro que mi memoria es de los 70 y no de los 40 que es donde tu narrativa tiene lugar.
JGV: Barranquilla entra a jugar de otra manera: el Partido Nazi Colombiano fue fundado ahí. Los periodistas Silvia Galvis y Alberto Donadio encontraron asombrosas fotografías de esvásticas, banderas alemanas y brazos levantados en medio de la costa caribe. Para el novelista es una señal increíble. Eso probaba que la reacción del gobierno no era paranoica y por tanto había un motivo de preocupación. Por tal razón la situación descrita en los informantes era interesante para mí, ya que caía en un área gris.

SP: Los Informantes abrieron una cortina para mí. Yo no tuve muchos amigos con apellidos alemanes en Barranquilla y los que tuve, se deben haber ido a la Escuela Alemana. Por otra parte, tuve varios compañeros judíos en la Escuela Americana. Mi mejor amiga en la escuela primaria era una chica judía llamada Debbie Schwartz, cuyos ricitos de oro, pecas y ojos azules me llamaban la atención, aunque no tanto como su intrigante hogar. ¿Por qué no tenían un árbol de navidad y celebraban el nacimiento en diciembre?  Sus padres hablaban con acentos extraños e ir a su casa, era como viajar a un lugar diferente: una ciudad mejor.
Tú, tal como lo hice yo, dejaste Colombia. Tú fuiste a Paris. ¿Querías ser escritor antes de irte?
JGV: La decisión llegó mientras estudiaba derecho. Empecé a coquetear con la ficción – o  como R. L. Stevenson lo dice en un poema “estaba jugando con el papel” – mientras escribía una  descarada imitación de Cien Años de Soledad. Tomando algo que conoces muy bien y haciéndolo de nuevo, es la mejor manera de saber cómo funcionan los párrafos y las oraciones. Un día empecé a copiar, palabra por palabra, “The Dead” de Joyce y “Las Ruinas Circulares” de Borges. Hice lo anterior porque empecé a escribir mis propias historias.  Había estado escribiendo desde mucho tiempo atrás, pero esas historias fueron los primeros escritos antes de la publicación. Ahí empecé a sentirme totalmente desinteresado de cualquier cosa que no fuera dominar el arte de la narración.

SP: Se lo contaste a alguien?
JGV: Le dije a mi familia que no tenía ninguna intención de trabajar como abogado luego de terminar mis estudios de derecho. Había descubierto lo que quería hacer y no pensaba dejar la escritura como actividad de fin de semana, como si fuera una cosa en un rincón.

SP: Habías escrito a escondidas antes?
JGV: Escribí mi primer cuento corto cuando tenía ocho años  y este, ganó un premio en el colegio. No creo que haya existido un periodo de mi vida en el cual haya estado sin escribir.

SP: Sobre qué era aquella historia? Aunque antes dime cómo reaccionó tu padre con la noticia; ¿él quería que siguieras una tradición familiar?
JGV: Desearía tener algunas historias kafkianas sobre el enfrentamiento entre mi familia y mi oficio, pero no. Después de todo, ellos habían estado alimentándome de novelas. Alguna vez en mi vida, el futbol lo era todo para mí. La Copa del Mundo de España estaba cerca así que debió ser 1981.  Mi padre me dio una pequeña biografía de Pelé, el jugador brasileño, en inglés. Él quería leer el libro en español y por tanto, me preguntó si se la podía traducir por unos pesos. Lo hice. Ahora entiendo que estaba haciendo: él se las arregló para alimentar mi relación con los libros y el inglés. La pasé bien y pude recoger unos cuantos pesos.
Sobre la historia…extrañamente prefigura uno de los principales temas de mi ficción. No lo digo para sacar conclusiones psicológicas baratas sino porque no puedo dejar de notarlo. Es la historia de un pequeño chico atrapado por  accidente en un barco que va para Londres: se pierde en la ciudad, compra un perro caliente y encuentra la manera de volver a Colombia; todo en página y media.

SP: Es decir, desde los 7 años ya fantaseabas con irte. Nosotros los colombianos tenemos una especie de complejo de inferioridad – o ¿es curiosidad?, ¿un sentido de aventura? Para nosotros en Barranquilla Miami es mejor. Para ustedes en Bogotá les ocurre lo mismo, pero con Londres. En los informantes, el protagonista, que es provinciano, adora el medio europeo de Sara Gutterman y Enrique Desserer. ¿Aquello tiene alguna relación con nuestra fascinación por el exterior?
JGV: Bogotá no es diferente a cualquier capital tercermundista y aquella fascinación por la metrópolis es algo que encuentras en todos lados, desde Naipaul’s Trinidad hasta Carey’s Australia. No creo que aquello provenga de un sentido de inferioridad, que en todo caso, puede ser la razón para que la gente no se marche. De todas formas, Colombia es especial ya que tiene dos costas y su capital en el interior. Caracas es una ciudad costera, como también lo es Lima, Santiago y Buenos Aires. Antes de los aviones, un viaje de Barranquilla a Bogotá duraba entre 5 días y dos semanas. Bogotá es una ciudad escondida y por tanto, pienso que la elite cultural sintió la necesidad de irse y conocer el mundo, ya que de otra manera, morirían de provincialismo y tedio.

SP: La gente se viste más tweed en Bogotá que en Londres y ahí, podemos encontrar una arquitectura Victoriana y Tudor en toda la ciudad.
JGV: Un tío vivió en Londres por varios años durante los 50, y, durante ese tiempo, él llevó a mi padre – apenas adolescente – a pasar 3 años más o menos, en un internado cerca de Londres.  Desde ahí, mi padre desarrolló una incurable anglofilia que al parecer heredé. De todas formas, mi tío era una de esas personas de las que hablas, con su sombrero, sus guantes y su bastón. Todo está desapareciendo, obviamente, porque la ciudad está como 5 grados más calurosa que antes y por tanto ya nadie lleva guantes. “El calentamiento global y la influencia británica en Colombia”, sería un título para un buen ensayo.   



SP: Así que no hay ninguna coincidencia entre tu novela Historia Secreta de Costaguana que tiene lugar en Londres al final de la centuria y los bogotanos de clase alta que viajaron a Londres. En ese tiempo Joseph Conrad también estaba allí escribiendo Nostromo, que tiene lugar en una patria imaginaria de América Latina que él llamó Costaguana. Tu novela está basada en los tres días que Conrad gastó en la costa colombiana, así como las  conversaciones que tuvo con un colombiano en Londres. Sabes si alguna vez Conrad conoció algún bogotano?
JGV: Él se encontró con un colombiano, Santiago Pérez Triana, hijo de un ex presidente liberal que se fue de Colombia después de la persecución que le hizo el gobierno conservador. Él terminó en Londres y después de un tiempo, luego de reconciliarse con el país, se metamorfoseó en embajador. Conrad lo conoció a través de un amigo común de los dos, el escoces aventurero Robert Cunninghame-Graham, cuando escribía Nostromo. Este periodo coincidió con el momento en que Panamá se separaba de Colombia.
De todas formas, existió también una fuerte relación con Francia, ya que los colombianos siempre viajaban para estudiar en Paris como por ejemplo el gran poeta José Asunción Silva.

SP: En la costa, nunca tuvimos una fascinación con Inglaterra como si la tuvimos con la influencia francesa, italiana, libanesa o siria.
JGV: Y con la alemana. La cultura extranjera y los inmigrantes llegaron naturalmente a Barranquilla.

SP: Claro. Siendo la principal ciudad puerto, Barranquilla era un total bazar. Todo lo que llegó ahí, luego fue llevado al interior a través de nuestro corazón de las tinieblas: el Río Magdalena. Te refieres a él como “muddy Magdalena”[1]  en Costaguana. Escribí sobre eso en My Colombian War. Si el Congo fue el Corazón de las Tinieblas de Conrad, para mí, el Magdalena es la herida abierta de Colombia. Hoy, todo flota por el Magdalena: las drogas, las armas, los soldados, los rebeldes, los paramilitares; aunque también los suministros médicos, los profesores, los profesores y los clérigos.
Volviendo a la escritura y tu regreso a Colombia: muchos escritores de tu generación parece que pasan mucho tiempo en Europa. Ellos van primero a Paris y luego a España.
JGV: Es casi una tradición, cierto? Para mí, la decisión de ir a Paris fue la inmediata consecuencia de mi decisión  de ser un escritor. La tradición latinoamericana me dictaminó que tenía que irme y París era el lugar para ir.



SP: Estas hablando de los escritores del Boom.
JGV: Si, todos ellos fueron expatriados y estuvieron obsesionados con reinventar sus países en la literatura. Puedes pensar en Mario Vargas Llosa o Carlos Fuentes. Las mejores novelas sobre el Perú fueron escritas en Londres y Paris. Las grandes novelas sobre Méjico fueron escritas en Paris y Nueva York. Cien Años de Soledad fue escrita en México. Es un cliché latinoamericano. Obviamente los escritores del boom no inventaron esto: en el siglo 19, Rubén Darío fue el primero que creyó que Paris lo haría un poeta. Él, más o menos encontró la misma cosa que yo encontré, y esto es que el mundo literario en Paris no quería que él escribiera sobre la vida moderna, sobre la vida en los bulevares. Este quería que Darío escribiera sobre los paisajes de Latinoamérica. Lo exótico. El color local, es lo que querían. Esta tensión siempre ha existido. Para mi generación en Colombia, eso es el realismo mágico.
SP:No hay mucho de ello en tus libros. Fue una decisión consciente? De alguna forma Alberto Fuguet y Edmundo Paz Soldán, los fundadores de McOndo, el movimiento contra el realismo mágico, influyeron en ti?
JGV: No realmente. La mía no fue una decisión de rebeldía. Era consciente, en el sentido que mis materiales de trabajo no eran los mismos de García Márquez, por lo que era inútil apoyarse en su método. La literatura es cuestión de método. Tu trabajo como escritor es encontrar el método adecuado para contar la historia que quieres narrar, los personajes que quieres evocar. Cuando García Márquez empezó a escribir, él estaba aburrido hasta la muerte de la forma del realismo provincial, miope y comprometido que era aceptado en las novelas latinoamericanas. Él quería recontar las historias que su abuelo, un coronel de la guerra civil de 1899, le había contado. Cuando descubrió Faulkner, él supo cómo deberían leerse sus novelas. Así que no tuvo problemas con, por decirlo así, tomar prestado a Faulkner para escribir la hojarasca. Después de esto, deja a un lado a Faulkner, para tomar prestado a Hemingway y trabajar en el coronel no tiene quien le escriba. Él solo copiaba sus métodos.  Estuve en una situación similar cuando intentaba escribir  mis novelas – el método del gran novelista colombiano, no era para mí.
SP: García Márquez afirmaba que simplemente se dedicó a transcribir las narraciones de su madre y de su abuela. Tu no hablabas en ese lenguaje – el realismo mágico no es algo que se hablara en tu casa de Bogotá.
 JGV: Eso es. Mis historias no concordaban con el método prevalente y por tanto, tuve que buscarlo en otro lado. Una serie de novelas fueron las que me instruyeron en este campo: Pastoral Americana de Roth, El Intocable de Banville y El Diciembre del Decano de Below.

SP: Así que ¿Echaste por la borda los estudios de derecho o eres un abogado?
JGV: Me gradué con una muy extraña tesis sobre la venganza como prototipo legal en La Iliada. Nunca entendí como me aprobaron aquello como proyecto. Luego de haber terminado mis estudios de derecho, empecé a estudiar francés.
SP: ¿Por eso elegiste Francia? Estudiaste en la escuela americana, así que ¿por qué Paris y no Nueva York?
JGV: Alguien me dijo que tenía una tendencia escondida a hacerme las cosas más difíciles, pero no creo que sea eso. Escogí Paris porque pensé que eso hacían los escritores o los aspirantes a escritores. Los escritores responsables de mi vocación habían hecho algo en Paris en un momento u otro.



SP: Hablas de otras personas diferentes de los escritores del BOOM?
JGV: The Lost Generation, Hemingway, Fitzgerald. Pero me refiero sobre todo a James Joyce. Ulises y Cien Años de Soledad son los libros que me hicieron querer ser escritor. Ulises fue escrito en Paris y García Márquez vivió en Paris por un tiempo. La mayoría de escritores del BOOM, en diferentes momentos, vivieron en Paris: Julio Cortázar, Vargas Llosa, Fuentes. Por eso era que Paris, era para mí, la ciudad correcta para que fuéramos los que quisiéramos ser escritores. Qué ingenuo, ¿no?
Gasté tres años en Paris y aprendí cosas muy importantes. El primer año fue fantástico. El segundo, no tanto. El tercero, solo supe que quería tomar mis cosas e irme a otro lado.

SP: Así que tú llegaste, buscaste un apartamento, instalaste tu computador y empezaste a escribir al siguiente día? Como se hace eso?
JGV: El pretexto era una maestría en la Sorbona. Lo único que quería era estar en París y escribir ahí, así que cuando llego el momento de escribir algo grande, una tesis en la Sorbona; no lo pude hacer. Tuve que elegir entre escribir una novela y escribir esa tesis. No fue complicado elegir la novela.

SP: Así que ¿tú no fuiste a Paris con una novela en la mente?
JGV: Llevaba una novela casi terminada por mí.

SP: ¿Fue realmente escrita?
JGV: La termine dos meses después de llegar a Paris y fue publicada en 1997. A mí me gusta,  pero no era una obra madura, razón por la cual la desheredé junto con mi segunda novela –que es la razón por la cual digo que Los Informantes es mi primera novela. Soy responsable de esa pequeña desinformación.

SP: En los informantes diriges la ambigua naturaleza de la verdad y el dilema de ser un narrador – llamas a los escritores “parásitos”.
JGV: El origen real de la novela fue una conversación que tuve con una alemana judía en 1999, que llegó a Colombia en 1938. Ella me contó la historia de sus últimos años en Alemania y su vida como inmigrante en Colombia.  El material durmió entre cajas por tres años esperándome a que aprendiera a manejarlo. Mientras tanto, mi suegro se sometió a una operación del corazón. Estuve sentado afuera de su habitación en el hospital, esperando hasta que él estuviera lo suficientemente bien para que me contara sobre su operación y pudiera utilizarlo en mi historia. Es por eso que creo que el novelista es un parasito: él se alimenta de las cosas malas que le pasan a otras personas y a sí mismo, con una sorprendente falta de culpa. Todo es material para la ficción; no tengo reparos sobre esto. Me gusta la idea de que Dostoievski tomó la inscripción en la tumba de su madre y  la utilizó en uno de sus más encantadores personajes.
SP: La identidad es otro de los grandes temas en los informantes. Describes a Enrique Deresser como un tipo “de sangre mezclada sin nacionalidad fija”. Me identifico con lo anterior en razón a que he estado en Nueva York desde que deje Colombia a los 15 años. Te estabas describiendo en ese párrafo?
JGV: Supongo que era yo. He vivido en el extranjero más de una tercera parte de mi vida, en Francia, en Bélgica y en España. Cuando me moví a Barcelona hace 10 años, era la tercera vez que dejaba un país.  Yo escribía en español colombiano y el lugar de mis novelas era Colombia, sin que por ello viviera en el país.  No obstante lo anterior,  los países en los que estuve viviendo no cambiaron mis ideas literarias y culturales tanto como lo hicieron América o Inglaterra. Por eso es inevitable que vea la nacionalidad y los nacionalismos de cualquier clase con escepticismo.
SP: Así que luego de vivir en Paris viajaste a Barcelona en lugar de volver a tu hogar. Qué representa para ti Colombia?
JGV: Me fui en el 96, cuando Bogotá estaba saliendo de la década más violenta de su historia desde el periodo llamado como “La Violencia”.
SP: Ahí fue cuando decidí volver. Regresé en 1999. En mi regreso, Colombia era poseedor de varios records: tenía los mayores índices de secuestro y homicidios.  Todos tenían miedo de abandonar sus hogares, y por ese entonces leía en revistas que los colombianos eran la gente más feliz del mundo. Hubo una terrible desconexión que quería experimentar.
JGV: Decidí no volver porque Bogotá, estaba en mi mente como la ciudad que había dejado en el 96, con la guerra de carteles de la droga contra el gobierno, las bombas y los secuestros. Pero la violencia fue solo una de las razones – aunque no la principal que era la literatura – y no fue la definitiva para no querer volver. La verdadera razón para no regresar era abstracta: temía que si volvía, nunca sería el escritor que esperaba ser.
  Terminé mi segunda novela por la época que dejé Paris, aunque seguía inconforme con las dos novelas escritas hasta el momento. Respecto a la segunda, Alina Suplicante, estaba a punto de ser publicada y yo me encontraba inconforme con ella, por lo que pasé por una honda crisis. En mi estancia en París, conocí a una maravillosa pareja de ancianos de 70 años, Suzanne y Francis Laurenty. Ellos vivían en una casa gigantesca en las Ardenas Belgas.  Sus hijos se habían casado y se habían ido, así que había un gran espacio en su casa. A finales de 1998, los visité durante una semana (algo que hice con bastante frecuencia) y le conté a Francis sobre mi crisis. Él me dijo “bueno, por qué no vienes, te quedas una semana con nosotros y lo averiguas?”. Al final de la semana él dijo “Nada de suerte? Bueno quédate el mes”. Al final del mes me dijo “quédate el tiempo que quieras hasta que descubras que ocurre”.
SP: Ese es el sueño de un escritor; no tuviste que pertenecer a una colonia de escritores. Crees que ellos seguirán aceptando escritores colombianos?
JGV: Si es una colonia de escritores, claro, solamente.
SP: Lo tenías todo para ti.
JGV: Si. Llevé una especie de vida paralela durante 10 meses. En las mañanas salíamos y cazábamos, por ejemplo, faisanes, que luego cuando volvíamos a casa, Suzanne los cocinaba para la cena.
SP: Qué historia se cocinaba mientras tanto en tu cabeza?
JGV: Ninguna historia. Yo estaba intentando encontrar qué clase de escritor quería ser y que clase de lecturas lograrían ayudarme a aquello. No creo que vuelva a ser capaz de leer tanto como leí en ese año. Después de mi estadía en Bélgica, me di cuenta que la pretensión de Truman Capote de leer por lo menos un libro al día era posible. Así conocí escritores esenciales como Conrad.



SP: Escribiste un homenaje en su memoria.
JGV: No creo que Historia Secreta de Costaguana sea un homenaje. De todas formas, intenté humanizar el personaje de Conrad.
SP: Pero humanizarlo es como un homenaje. ¿Por qué Conrad?
JGV: A través de su escritura, aprendí qué es la ficción, lo que debe hacer y cómo funciona. Cosas que no solamente se conocen con su ficción, sino también con sus prólogos, sus cartas, sus pequeños ensayos, etc. Esos conceptos eran enormes y abstractos y no te puedo decir qué tan concretos y necesarios eran para mí.
Incluso, tanto Conrad como Naipaul me enseñaron a ver mi país como un área de oscuridad. Ellos me enseñaron que eso estaba bien y hasta incluso era deseable, para tener una buena relación  con mi lugar de nacimiento; la fidelidad hacía un país esta extremadamente sobrevalorada. Ellos me enseñaron a ver la historia en términos de personas, lo cual, increíblemente, es algo que olvidamos constantemente. Sobre todo lo anterior, ellos me enseñaron a ver el desplazamiento físico como una fuente de energía creativa.

SP: En tus libros, el asunto del desplazamiento y la búsqueda de entender qué significa Colombia es muy fuerte. Debes estar familiarizado con la historia “Ulrica” de Borges donde el personaje principal aspira a ser colombiano. Cuando el objeto de su deseo le pregunta que significa ser colombiano, este responde “un acto de fe”. Los colombianos citan esa frase constantemente y yo estoy en desacuerdo con ese grandísimo mal uso de Borges. Él la utilizó como una frase espontánea y no como un lema nacionalista! Sentí lo mismo cuando observe el nuevo lema de campaña del gobierno llamado “Colombia es Pasión”. Pasión y fe son parte de la habitación pero no tienen nada que ver con la responsabilidad de los ciudadanos.
JGV: Donde firmo? Has dado en el clavo. Parte de mi crisis en 1999 fue no poder escribir sobre Colombia. No entendía mi país, su historia o su política.

SP: Tampoco yo. Me alegra escucharte eso. Entre mis amigos hay un gran vacío sobre lo que conocemos o cuanto nos preocupamos por nuestra historia – posiblemente porque fuimos a una escuela americana donde la foto de JFK reemplazaba la de Simón Bolívar. Tenemos ciclos de violencia cada 50 años. Estás de acuerdo con que la explicación para nuestra falta de interés en los demás es a causa de la rivalidad regionalista? Has viajado mucho por Colombia? Porque yo no.
JGV: Si. El año que gasté en Bélgica, me di cuenta que la posibilidad de escribir sobre Colombia había sido desalentadora para mí. Había crecido con la idea “hemingwayana” de que uno solo escribe sobre lo que conoce, pero también había crecido con la imagen de Borges, que había sido el primero en desafiar aquella idea latinoamericana de que sus escritores debían escribir sobre sus países. Novelistas como embajadores, cierto? Borges tocó el tema de este tonto prejuicio en un pequeño ensayo llamado “El escritor argentino y la tradición” y la vida empezó a ser mucho más fácil para todos nosotros desde entonces. No sentí ninguna especie de obligación de escribir sobre Colombia pero me molestaba que no pudiera.
Empecé a obsesionarme con algunas áreas grises de nuestra historia, de nuestro geist[2]como pueblo. El problema era que pensando que podía  entender algo de escribirlo, me hacía sentir incapaz de abordar aquellos temas. Fue un terrible momento de parálisis. Hablando de la hoja en blanco, me estaba enfrentando a un mundo en blanco.

SP: Yo lo  hice al revés: me embarque en la educación por medio de la escritura. ¿Qué hay del país que no entendías?
JGV: Siempre he odiado aquellos personajes  que hablan del espíritu de sus países y todos esos bienintencionados patrioterismos esotéricos. La cuestión era que eso era lo que estaba más cerca de aquello que no entendía: el alma, la cualidad abstracta que hacía a Colombia lo que era. Tiene mucho que ver con la violencia, pero no es solo eso sino va más allá.

SP: Estaba nuestra violencia siendo más clara en el territorio belga? Sentías que a través de tu escritura podías abrir nuestros ojos a la cadena de eventos que están ocurriendo en Colombia?
JGV: No. Si al caso, creo que pude abrir los ojos de mis personajes. Cualquier lector de mis novelas puede sentir que al final aprendió algo, claro, pero las novelas nunca han sido solo de información, sabías? Puede derivar en conocimiento de forma indirecta, ambigua y por tanto, enriquecedora. Las novelas nos hacen conscientes de las relaciones entre el individuo y la historia y, esa es la forma en que aquel matrimonio extraño funciona.

SP: Lo mismo se puede decir de un buen libro de no ficción. Los Informantes nos pone de relieve como hay dos formas de abordar cada historia, la ambigua naturaleza de la verdad y la necesidad de conocer ambos lados para que ocurra la reconciliación.
JGV: Los países y los gobiernos son los mejores narradores! Su habilidad de hacer creer, de recurrir a las mejores metáforas; su poder – que los novelistas rara vez tienen – de eliminar cualquier elemento discordante, cualquier cosa que cuestione su narrativa. La historia es un relato contado por el poder, no hay nada nuevo en esto. Así que una de las pocas justificaciones posibles de la novela – aunque no lo requiera – es la contradicción. No es sobre contar que pasó sino que podría haber ocurrido.  Lo que llamamos pasado, público o privado, es solo una historia invariable contada por primera vez por alguien con ciertos intereses, prejuicios e influencias. Las novelas nos recuerdan eso,  que no hay una sola verdad, una sola historia ni un solo pasado. 


[1] Muddy quiere decir algo así como enlodado o fangoso.
[2] Según tengo entendido, Geist quiere decir espíritu.

sábado, 14 de enero de 2012

Hoy abrí facebook otra vez


Como dice el título de esta entrada hoy abrí Facebook otra vez y lo cerré como a la hora de haberlo abierto. Lo anterior en razón a que tenía que mandar un mensaje a una persona que ya no revisa el correo electrónico, sino su “inbox” de Facebook. El caso es que en los 60 minutos (aproximados tirando a menos) que estuve navegando por aquella red social, me encontré con varias actitudes que para mí, un profano a este cuento de redes sociales , me parecieron no menos que curiosas y que dejaré, que sea un excelente escritor y columnista quien les hable de ello:

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La música ambiental de nuestras vidas
Por: Juan Gabriel Vásquez


El martes pasado, en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, un estudiante me preguntó (así, sin anestesia) qué opinaba yo de las redes sociales.

Yo había pensado hasta ahora que esas cuestiones no surgían entre los seres humanos de última generación: que los nacidos en el mundo Facebook veían las redes sociales como una parte natural de su paisaje, y las preguntas sobre estas nuevas maneras de comunicarnos, sobre cómo nos cambian y qué novedades nos traen sobre nosotros mismos, venían siempre de fuera, de los profanos o los escépticos. La pregunta de ese estudiante me demostró que la cosa no es tan así. Y pensé: todavía hay esperanza.

Nadie me tiene que explicar las ventajas y las infinitas posibilidades de las redes. Pero hay en todo este asunto un lado oscuro, tanto más inquietante cuanto que mencionarlo está mal visto. Está mal visto decir, por ejemplo, que las redes sociales tienen un lado claramente pueril: ver a cuarentones mandar mensajitos que dicen “quiero ser tu amigo” me parece, más que conmovedor, preocupante. Está mal visto decir que las redes sociales, más que informarnos de lo que hacen los demás, están hechas para que los demás sepan lo que estoy haciendo yo: hay en eso una especie de ansiedad por estar todo el tiempo a la vista, por exhibirse y ser examinados, que se acerca demasiado al narcisismo. Sentimos que sólo existimos mientras los demás nos den prueba de ello: los Twitters y los Facebooks y los como-se-llamen son sólo intentos desesperados por no desaparecer: estoy aquí, también existo, no se olviden de mí.

Es un miedo atávico: el miedo a ser excluidos del grupo, el gregario miedo a estar únicamente con nosotros mismos. Las redes sociales son la manera más sofisticada que hemos inventado de paliar ese miedo, o de desterrarlo de nuestra rutina diaria. Lo cual no es de sorprenderse en una sociedad que le ha declarado la guerra a la soledad, donde los solitarios son señalados con el dedo y se trata por todos los medios de devolverlos al redil que sea, el de la religión, el del partido, el del gremio, el de los fans de cualquier cosa: fans de Obama, fans de Larissa Riquelme, fans de las aceitunas con anchoa. Sólo haciendo ruido constante nos sentimos vivos, sólo diciendo todo el tiempo quiénes somos, qué nos gusta, cómo estamos (felices, melancólicos). Eso necesitamos: el ruido, el ruido de nuestras vidas.

Y ésa es otra guerra contemporánea: la guerra al silencio. La gente no se queda callada: guardar silencio es impensable, como si callarse un segundo fuera desaparecer, perder nuestra carta de identidad, que consiste en estar comunicándonos. Los celulares sobre la mesa, la búsqueda desesperada del wi-fi, los pulgares moviéndose frenéticamente, la ansiedad por volver a estar en línea lo antes posible (y decir algo sobre los demás, y ver lo que los demás han dicho de mí): estar incomunicado, estar en silencio, es nuestra mayor fuente de inquietud o de angustia o de franco desasosiego. No por nada somos el mundo de la música ambiental, la única de la historia que ha sido inventada deliberadamente para que nadie la escuche, compuesta para que uno no tenga la sensación de estar solo o en silencio. Y se me ocurre que tal vez las glorificadas redes sociales no sean más que eso: la música ambiental de nuestras vidas.
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Solamente me queda por agregar, que no me pareció menos que curioso la forma en que las personas repetían constantemente que se “amaban”, ventilaban sus problemas esperando que se arreglaran con decirlos en aquella plataforma (lo más optimistas) o que la gente sintiera compasión antes de ver las fotos de otra en vestido de baño o saliendo a la discoteca de moda en el lugar. Creo que soy un anacrónico, pero no sirvo para esas cosas. Por lo anteriormente expuesto, cierro Facebook de nuevo esperando no tener que volver abrirlo en un bueeenn tiempo. 

viernes, 13 de enero de 2012

Dos artículos de Alfredo Iriarte

Hoy extraigo en esta entrada, dos artículos escritos por Alfredo Iriarte y recogidos en el libro “Lo que lengua mortal decir no pudo", invitándolos con ello, a que lean más de este prolífico pensador y escritor.

UNA ESTRELLA MÁS EN LA BANDERA



Para nadie es un secreto que el imperio norteamericano, que empezó modestamente con las trece colonias en 1776, creció hasta alcanzar las impresionantes de hogaño sin reparar mucho en la licitud de los medios, con el sabio expediente de trocar los escrúpulos de conciencia por el <<Destino Manifiesto>>. Igualmente sabido es que en cada caso los medios fueron diferentes y que en  cada caso se aplicó el más aconsejable. Por ejemplo: para mutilar medio México y hacer de él parte de la Unión, Estados Unidos emprendió una brutal guerra de agresión. Sin embargo, Lousiana fue comprada a Francia sin que nadie tuviera que morir para ello. 

El general Jackson ocupó la Florida y España la <<cedió>>. Claro que en la expedición de Jackson los muertos fueron indios seminoles. Este prócer norteamericano fue uno de los más aguerridos exterminadores de indios. Por eso es uno de los padres de la patria elegidos para ornamentar billetes con su efigie. En la Florida estuvo Jackson singularmente eficaz. Los pocos descendientes que hoy quedan de los seminoles luchan con cocodrilos en repugnantes escenas circenses para solaz de los turistas.
Alaska fue comprada al régimen zarista y Hawai ocupada en el proceso de expansión al oeste del Pacifico. El occidente del país fue ganado en guerras en las que el civilizador WASP (White, Anglo Saxon, Protestant) diezmó a los pueblos bárbaros, que no hablaban inglés, usaban plumas, tenían tez cobriza y defendían sus tierras.

Cuba, Puerto Rico, Panamá, Honduras, Nicaragua, Santo Domingo, Haití…El coto privado de los marines…El Caribe es el Mare Nostrum de los Estados Unidos, había dicho Teodoro Roosevelt.
Depredación, etnocidio, compraventa, ocupación. Todos los medios fueron permisibles siempre que condujeran a colocar más estrellas en la bandera nacional. Hubo, sin embargo, uno en el que nunca pensaron los gringos, acaso porque, pensándolo bien, es ciertamente insólito: que una joven república suramericana endeudada y mendicante se ofreciera espontáneamente para aumentar la rutilante constelación. Pues bien: eso ocurrió, esa joven nación fue Colombia y quien propuso formalmente su anexión a los Estados Unidos fue su presidente constitucional el doctor Mariano Ospina Rodríguez, cofundador del Partido Conservador y grande de la patria, además de haber engendrado una copiosa progenie de presidentes.

El 10 de julio de 1857, el presidente Ospina dirigió a su copartidario el general Pedro Alcántara Herrán, a la sazón ministro de Colombia en Washington, este histórico mensaje:

Me permito llamar otra vez la atención de usted sobre este punto: ¿Qué inconveniente le resultaría a la Nueva Granada de anexarse a la Unión Americana? La Unión estaría dispuesta a aceptar la anexión. Todos los hombres que tienen sentido común han empezado a preguntarse: siendo cierto que estos países van a ser absorbidos por la Confederación del Norte, ¿por qué no se hace de una vez aquella operación pacíficamente?

Mucho se ha hablado y escrito entre nosotros de estas plutocracias latinoamericanas serviles, genuflexas y venales que jamás han vacilado en traficar con la soberanía nacional a trueque de los mendrugos que les arroja el amo de turno. Pero yo estoy seguro de que ni en la más delirante imaginación de ninguno de estos lacayos llegó a caber la idea de entregar un país entero. Ellos siempre han enajenado riquezas, derechos, dignidad, trozos de tierra. Pero a ninguno se le ocurrió jamás <<salir del paso>> en forma tan expedita. El doctor Ospina Rodríguez les ganó a todos. Si su antecesor Mallarino planteó la venta de buena parte de la nación, él no podía quedarse atrás. Él no se puso con timideces de pedacitos ni de entregas parciales. El país entero o nada.

Lo cierto fue que los fámulos golpearon a la puerta y los caimacanes no respondieron. ¿Por qué? No lo sé. Desde luego que debieron de tener razones muy sólidas. Una de ellas pudo ser que entonces no habían inventado aún la novedosa figura del <<Estado libre asociado>> en virtud del cual es posible crear una curiosa especie de sub-gringos que, siendo <<American Citizens>>, padecen la capitis diminutio de pertenecer a razas inferiores y mestizas. Otra pudo ser que los arúspices de Washington ya entonces vislumbraban las ventajas que les ofrecían las neocolonias.

En todo caso, aquí el propósito no es discutir la actitud de Washington ante la abyecta oferta sino la oferta en sí, que difícilmente puede encontrar paralelo en la secular historia de infamias que, como dice Eduardo Galeano, va de Hernán Cortés a los funcionarios del BID, pasando por los infames de marina.
Cabe, pues, al ilustre fundador de uno de nuestros grandes partidos tradicionales el singular honor de haber sido un egregio paradigma de todos los vendepatrias que en el continente han sido desde la Independencia hasta nuestros días y desde el río Bravo hasta el estrecho de Magallanes.

 EL MULTIMUEBLE POÉTICO



Hace ya muchos años que la figura prócera del doctor Núñez, altísimo poeta y regenerador de iguales dimensiones, viene siendo blanco de los vituperios de leguaraces y envidiosos, en su doble condición de salvador de la República zarandeada por la anarquía y cifra suprema de la poesía colombiana. 
En estas líneas voy a referirme exclusivamente a la personalidad lírica del ilustre cartagenero y a demostrar fácilmente la inanidad y la injusticia de los ataques con que sus detractores han pretendido ensombrecer su obra poética.

Yo estoy convencido de que, si bien la opera omnia del portalira –regenerador—<<no tiene presa mala>>, el poema que sobresale dentro de su conjunto con dimensiones colosales es el que se convirtió en la letra de nuestro glorioso himno patrio, a cuyos acordes marciales se ponen de pies millones de colombianos, que precede a las peroratas presidenciales y clausura las emisiones diarias de las radiodifusoras y los canales de televisión.

En las estrofas vibrantes del himno de la patria amada brilla con esplendor inusitado el genio poético del felibre –regenerador—. Su concepción es audaz y revolucionaria y sus tropos y metáforas plenos de belleza, así les pese a los estólidos que han llegado a la desvergüenza de llamar cursis y ramplones los versos del himno con que aprendimos, de niños, a amar a la tierra de nuestros lares y penates.

Y ahora, concrétemonos a la magna revolución poética que representa el himno del doctor Núñez. Ella consiste en el genial hallazgo de que la poesía puede componerse con piezas intercambiables, a manera de prodigioso multimueble lirico. En otras palabras, el rapsoda nos da un poema matriz con cuyos versos, alterando su colocación, pueden elaborarse otros poemas en número casi infinito. Veamos, pues, el resultado de una de esas operaciones de ingeniería poética, que fue posible solamente gracias al luminoso genio literario de quien no fue menos diestro en las piruetas líricas que en las políticas:

—I—
La Virgen sus cabellos
Termópilas brotando
Mortal el viento hallando
Arranca en agonía.
Si el sol alumbra a todos
A orillas del Caribe,
En su expansivo empuje
Los cuelga del ciprés.

—II—
Constelación de cíclopes
Se colma de despojos;
En átomos volando
Cesó la horrible noche
Con cada espiga un héroe
Hambriento un pueblo lucha
De Boyacá en los campos
Que riega dos océanos
—III—

 Ricaurte en San Mateo
Se baña en sangre de héroes;
Debajo de laureles
Seguridad buscó;
Espadas cual centellas
Bendicen su pasión
Porque el viril aliento
Desprecia su virtud

—IV—
La humanidad entera
Lamenta su esperanza;
La abnegación es mucha
De su invencible luz.
Centauros indomables
Ganaron la victoria;
De sangre y llanto un río
Circunda su alba tez.

—V—

En surcos de dolores
Bolívar cruza el Andes
Que cubre losa fría;
Pero este gran principio
Resuena, y los que sufren
Descienden a los llanos,
Horrores prefiriendo
A pérfida salud.

—VI—

Independencia grita.
Nariño predicando.
<<el rey no es soberano>>
Con llamas escribió.
La humanidad entera
Derrama las auroras
Y de su amor viuda
Se mira allí correr.


Imagenes tomadas de:
-http://www.semana.com/photos/%5C1403%5CImgArticulo_T1_60712_2009321_175934.jpg
-http://mas.lne.es/fotos/img/2008/2/228/30271278647a76491cfb232.96008667-4.jpg

WALT DISNEY Y BOLÍVAR – Álvaro Cepeda Samudio


Hoy les vuelvo a traer uno de los artículos que escribió Álvaro Cepeda Samudio y que tomé del libro “Antología” para compartirlo.


Los países latinoamericanos son abundantes en la producción de patrioteros. Y es la patriotería la forma como más comúnmente se manifiesta la falta de inteligencia. El que un hombre en un momento dado se haga matar por el sentido de la patria, que es al fin y al cabo lo mismo que el hogar y al defenderla se defiende a una cosa concreta como son los hijos, los familiares, la tranquilidad y no a ese sentimiento abstracto en que quieren encerrarla los patrioteros, el que el hombre, repito, se haga matar por todo lo que significa la felicidad del sitio de su hogar, está muy bien. Y puede resultar hasta heroico. 
Pero el que pregone a gritos y a golpes de platillos y tambor, el amor a la patria, y todos estos sentimientos elementales que los profesionales en el arte de seducir a las masas emplean con tan buenos resultados, es ridículo.

Afortunadamente esto va desapareciendo y ya en Colombia se puede decir, sin que le sigan a uno un juicio por desacato, que entre las cosas cursis y de mal gusto que se han escrito en el país, las estrofas del Himno Nacional se llevan la palma. También se puede aquí en Colombia desmontar de sus pedestales a los héroes y a los forjadores de la nacionalidad y mostrar que también ellos tuvieron los pies de barro. La juventud ha hecho una revisión de los valores históricos y muchos han descendido de su antigua medida para situarse en su justo término, sin que por esto se hayan llenado las celdas de traidores a la patria.

Esto de la patriotería ha llegado a su más alta expresión con la protesta oficial de un sindicato venezolano porque Walt Disney bautizó a una caricatura de su mundo maravilloso de los dibujos animados con el nombre de nuestro Libertador Simón Bolívar. Hasta dónde esto ofende a la memoria de Bolívar es una cosa que yo, tal vez por una falla emocional o debido a una postura humorística ante el mundo, soy incapaz de determinar.

Al leer la noticia de la protesta, no pude distinguir entre si nombrar a un muñeco de Walt Disney con el nombre de Bolívar era un alto elogio a su memoria o una gravísima ofensa a nuestro héroe máximo.
Yo soy de opinión de que los bolivarianos deberíamos estar contentos de que Walt Disney nombrara a sus muñecos no sólo con los nombres de nuestras más famosas y respetables figuras de nuestra historia. Esta sería una de las maneras más eficaces para universalidad la memoria de los arquetipos de la raza, que es al final lo único que se persigue al endiosarlos. Las gentes de todas partes del mundo, al oír llamara a los dibujos animados con nombres como Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, Antonio Nariño, Hermógenes Maza, se interesarían por saber el origen de ellos, y de nuestra patria. Mucho más eficaz esto que las conferencias organizadas en las embajadas y consulados.   

jueves, 12 de enero de 2012

Quiero escribirles esta entrada de manera singular



Advertencia: Este post es personal y por tanto solo importa a quien aquí escribe. Si usted ha entrado a este blog a mirar cosas de verdadera importancia como el FAQ de Twin Peaks o escritos de diversa clase hechos por otras personas que escriben muchísimo mejor que yo, le recomiendo que haga caso omiso de la entrada y evite sentir que ha perdido valiosos minutos de su vida que pudo desperdiciar o aprovechar en algo diferente.

El otro día me acordé de un texto que escribí cuando contaba con 15 años y cursaba por aquel entonces décimo grado en el colegio.  Lo tengo en mi mente porque antes de escribirlo, yo era tomado como un aburrido vago de pelo largo, rostro sin expresión y malas calificaciones; pero luego de presentarlo y demostrar que escribía mejor que el resto del salón, mejoró el trato por parte de mis profesores y esto llevo a que ellos dejaran la hostilidad conmigo, lo cual me permitió recuperar 10 materias (de 14) que iba perdiendo a mitad de año (todo es una cadena de hechos consecutivos). Debo advertir que –como pueden ver – no soy la gran cosa en materia de escritura, sino lo que pasaba era que leía más que mis compañeros de curso y por tanto tenía más imaginación y mejor escritura que el resto. Eso fue y nada más.

Ahora bien, el texto anterior y aquella parte de mi vida no son el motivo de esta entrada en la que usted, mi querido lector desprevenido, ha caído. Mi pretexto es mucho más mundano, ya que resulta y pasa, que mientras buscaba entre los desperdigados papeles guardados untados de polvo y olor a viejo, me encontré con un descubrimiento con el que nunca pensé toparme.

En el fondo de un baúl donde reposan revistas y papeles viejos me encontré con una pequeña carpeta tamaño carta, de color verde y con hojas amarillas adentro de ella, que en su portada tenía escrito el título de “SEMINARIOS Caminos NIÑOS” y debajo de aquel letrero, un dibujo de un niño tomando a una niña de la mano, mientras en aquel empalme de dedos e inocencia infantil se encontraban dos globos inflados con helio que volaban debajo del letrero “LA NUEVA GENERACIÓN”. Aquella carpeta trajo de nuevo a mi memoria una etapa de mi vida de mi infancia que tenía olvidada en aquel baúl de mis recuerdos y que tuvo lugar en septiembre del año 2001, cuando mi mama, impulsada por algún culebrero mercachifles, nos inscribió a mi hermana y a mí en aquel curso donde supuestamente cultivaban los “líderes” del mañana y donde tuve mi primera decepción amorosa.

Mis recuerdos de aquel septiembre del año 2001 son diversos, pero no va a ser mi memoria quien les sirva de guía en esta primera parte de la narración de los acontecimientos que ocurrieron en aquel centro de convenciones alquilado por aquella fundación; sino los papeles que encontré en la citada carpeta verde, y que recogen lo que viví en aquellos 3 días en un curso que mi pobre mama pagó inocentemente, que no sirvió de mucho, esperando tener unos hijos “líderes del mundo”, cosa que hoy se ve complicada, en razón a que solo me interesan cosas pequeñas como mi humilde ratonera o este blog en el que escribo queriendo aprender a escribir.

1. Mi paso por CAMINOS 



El seminario de la fundación Caminos del que les voy hablar, tuvo lugar en un centro de convenciones alquilado para albergar a un centenar de chicos que llegaron tras ser inscritos por sus papas, para unas “conferencias” de jueves a sábado. Apenas llegamos nos dividieron en grupos de 8 personas, conformadas por un(a) líder y dos co-líderes en la cabeza, y 5 niños (dentro de los que me encontraba yo). Lo primero que hacían esos tres “lideres” era entregar una carpeta verde, compuesta por 15 hojas (más o menos) con información que les relatare en los siguientes párrafos y 5 hojas de notas, para que tomáramos apuntes.
Es por la primera hoja de apuntes que supe que habían 8 personas en mi grupo conformadas por una guía llamada Ligia Ester, dos coguias de nombre Jenifer y Einy, y compañeros que respondían a los nombres de Katherine, Angelica, dos Andrés y Leidy (omito apellidos por razones de privacidad). Además de lo anterior, hubo una política de darnos entre sí el teléfono fijo de la casa(celulares todavía no eran un fenómeno masificado) disque para generar confianza, pero como verán más adelante, no fue la mejor idea para un niño tímido de 10 años.

Ahora bien, como las notas y mi mediana ortografía (escribía bien pero fallaba en tildes y confundía en ocasiones la s y c en palabras que utilizaban estas dos letras) no tienen nada de interesante, pasaré a contarles sobre mi estadía en aquel lugar por medio de las hojas amarillas conservadas en aquella carpeta rasgada de color verde:

La primera hoja contiene un escrito llamado “Sonrisas para Vivir” y que por lo meloso, remilgado y empalagoso no reproduciré en este medio, pero si resumiré en que uno puede ser niño, tener mil amigos, decir lo que se piensa, tener cariño y “sonrisas para vivir”. Si me piden una opinión, prefiero mil veces leer a Paulo Coelho (quien no me gusta de a mucho) que al autor de ese texto tan ñoño.

El folio número 2 titulado “BUENOS MODALES” trae un compendio de supuestos “buenos modales” (valga la redundancia) dentro de los cuales se encuentra: “decir siempre la verdad”, “no chismosear/chismear; es muy destructivo” o “no usar el baño de otro sin permiso, no importa la familiaridad” ya que si no se hace lo anterior, no se puede acceder a los beneficios de aquellos supuestos “BUENOS MODALES” que son: “ser respetado y apreciado inmensamente”, entre otros que por su carácter dengoso, no merecen la pena reproducirse. Lo peor del texto es que debajo de todo este epitome de normas sociales, se encuentra un párrafo en negrillas que dice lo siguiente “Yo………, prometo cumplir con estos buenos modales indicados aquí”, firma y fecha. Como pueden ver este seminario enseña a los niños a ser estafados desde sus primeros años de vida.

De las siguientes hojas, rescato una joyita que me encontré en un texto titulado “responsabilidad hacia dios”, donde se exige “orar a Dios cada día” en la mañana, tarde y noche; “Agradecer a Dios por tus bendiciones cada día” en razón a que “estas disfrutando lo que muchos otros no tienen” y como lo anterior es poquito, “hacer mínimo 1 PCI[1] todos los días de 5 a 10 minutos”; demostrando que el seminario no solo es de pseudoauto-ayuda(superación personal, promotor del liderazgo, etc.) sino también de proselitismo religioso entre los niños (e imagino que también los adultos). Afortunadamente la parte donde me exigen comprometerme con lo anterior no la firmé, demostrando que por más católico que era a los 10 añitos (por una enseñanza cristiana que tuve por parte de mi querida abuela y de mis papas, hijos de la constitución de 1887), no fui tan pendejo.   

En los siguientes 3 folios aparecen unos textos de auto-ayuda que por su memez, no merecen ser escritos en su totalidad, pero del que rescato el que se titula “COMO MEJORAR EN MIS ESTUDIOS”, donde algún genio escribió “tips” de altisonante inteligencia como: “Conocimiento es poder”, “estudiar en grupo” (como si por estudiar con otras personas lograra ser mejor), “ser amigo de tus profesores”(apología al clientelismo), “estudiar con tus padres” , “aprender la computadora, desde joven” (ya saben, “aprendan” la computadora y desde jóvenes), “estudiar desde tu castillo” (como si la imaginación tuviera que usarse para estudiar para exámenes del colegio).

En la siguiente página nos ofrecen (con un aire de exhorto) a crear nuestro “propio castillo/santuario”, donde nos tenemos que imaginar que entra la “luz divina de Dios” que es “purificadora” y cuyas reglas incluyen cosas como “Hacer PCI en tu santuario cada día”, “Hacer tus propias oraciones” o “Activa tu poder mágico”. Al respecto debo decir que como amante de la ficción soy el primero en promover la imaginación en los niños. Siempre he pensado que la imaginación es muchísimo más importante que el conocimiento (sin desmeritar este último), pero ya de ahí a invitar a los niños a imaginar lugares privados en los cuales se estudie, se oré y se realicen actos poco infantiles diferentes a crear historias o incentivar la creatividad…me parece frívolo. No obstante lo anterior, creo que estos métodos están creados para decirle a los papas de los niños que están incentivando valores como el estudio o el apego a dios que en un país como el nuestro, donde el remoquete de “país del sagrado corazón” estuvo manchando nuestra imagen por muchos años, lo anterior es la gran cosa. Como anécdota – y ya para terminar este párrafo—les cuento que una de las mujeres guías del seminario, le dijo a mi mama que yo iba a ser de los próximos sabios del país porque desde pequeño siempre me ha gustado leer y en esa época podía leer fácilmente 15 libros al año (en su mayoría cortos aclaro). Esos señores tienen buen conocimiento del marketing y saben decirle a la gente lo que le gusta oír.

La hoja que le sigue al supuesto santuario, contiene unos supuestos pasos de la buena comunicación que son: “Pararte delante de la persona”, “tomarle de las manos”, “mirarle a los ojos”, “saludar y decirle algo bonito”, “comenzar tu comunicación (desde tu corazón)”, “agradecerle por permitirle compartir con él”, “velar por su calidad de amistades”, “amores (sexualidad)…no es todavía tu tiempo” y “eliminar la competencia (hacer algo porque le gusta)”. Al respecto debo decir que la amistad está sobrevalorada.
Luego de lo anterior, la siguiente hoja amarilla contiene un letrero gigante que dice “QUERER ES PODER”, una de las mentiras más grandes que se repiten en cuanto seminario de autoayuda hay y del que tengo un post en mente, por lo que no profundizare más en el tema.

2. Mi primera decepción amorosa



Luego de contarles como fue mi travesía por aquel seminario “formador de líderes” llamado CAMINOS a través de las hojas que encontré en la ya varias veces citada carpeta verde, le permitiré a mi memoria que sea la que les cuente la absurda historia de mi primera decepción amorosa – que aunque no sería la última— fue la primera piedra que edificaría el cúmulo de fracasos con las mujeres que he tenido en mi vida (llevada y por venir).

Resulta y pasa que como bien dije anteriormente, dentro de mi grupo había tres mujeres que eran un año mayor que yo y de la que, por alguna razón completamente irracional, prevalecía en mi atención Leidy, aquella pequeña niña más bajita que yo y cuyo único recuerdo que conservo totalmente intacto son sus pequeños ojos medianamente rasgados de color café que decoraban su inocente pero bonito rostro.

El primer contacto que tuve con Leidy no fue nada del otro mundo. Hablé con ella como con el resto de mis compañeros, con un nivel de sociabilidad que hoy en día sería extraño verme (por diversas razones que no vienen al caso). El hecho es que, no sé en qué momento mis ojos de niño de diez años cohibidos por la timidez, se fijaban en aquella niña que momentos antes había sido una más del rebaño. El amor es irracional, imbécil, estúpido y no le permite a uno elegir. Por tanto aquel día, con el paso de las horas, empecé a interesarme de manera infantil e—viéndolo en retrospectiva—ingenua, en una chica que posiblemente estaba buscando novio y que pude por lo menos, haber invitado a qué sé yo, dar una vuelta u otra cosa.

Mi sentido de la investigación me llevó a enterarme de cuantos años tenía, sus apellidos completos, su lugar de residencia y el colegio en el que estudiaba. El problema era que a ese pequeño tonto le faltó utilizar su voz para tener contacto con la persona que ocupaba su cándida mente de 10 años. Lo peor de todo es que al terminar el día y llegar a la casa, llamé a un amigo del colegio a contarle que había sido flechado por aquella niña, le dije los datos que había conseguido (incluido el teléfono) y al desgraciado se le ocurrió disque por “ayudarme”, llamar a la niña y decirle que a mí me gustaba. La situación en lugar de mejorar las cosas las empeoró y ella al otro día, se volvió súper indiferente conmigo. No hablé más con ella. No fui capaz por ser un tonto cobarde e inocente niño de 10 años que sentía por primera vez el candoroso y casto primer amor no correspondido, o mejor, no intentado. Dicen que las peores cosas de las que uno se puede arrepentir son las que pudieron haberse hecho pero no se hicieron. Ahora viendo hacia atrás en el tiempo pienso que debí haber intentado hablar con aquella niña así recibiera una atronadora cachetada de rechazo.

Aquel pequeño recuerdo que les he narrado, me ha llevado a escribir esta entrada de una manera singular, dejando salir una pequeña parte de aquel sentimiento de vacío que comparten en el corazón tanto el pequeño niño de 10 años como el bloguero de 20 años que aquí les habla esperando expiar con este pequeño texto, aquel demonio escondido que retornó a mi mente con la aparición sorpresiva de una pequeña carpeta verde que no esperaba encontrar y que seguramente no es ninguna señal de nada, sino un recuerdo guardado debajo de hojas de papel. 

Imagenes tomadas de: - http://www.canibalitum.com/2005/08/cmo-superar-una-decepcin-amorosa.html
-http://caminoscolombia.org/images/CaminosEnElMundo.Imagen1.jpg
-http://todospechotierra.blogspot.com/2010/05/como-seguir-despues-de-una-decepcion.html


[1] (No sé qué satanaces quiere decir PCI, así que por el contexto lo podemos dejar en “Parálisis Cerebral Infantil”

jueves, 5 de enero de 2012

La Crítica Constructiva de Doña Bertha - Lucas Caballero Calderón



Hoy les comparto una retro-columna de “Klim” en la que habla de la llegada de la televisión en Colombia y algunas curiosidades que sacan a relucir nuestro enanismo mental.




LA CRÍTICA CONSTRUCTIVA DE DOÑA BERTHA
Columna de Lucas Caballero Calderón “Klim”
El 18 de Noviembre de 1954


Doña Bertha, cuya arrogancia de criterio contrasta significativamente con la actitud postrada, zalamera y sumisa de ciertos escritores de “La República”, no tiene, como suele decirse, agua en la boca. Escribe lo que siente, sin recortes, ni aduanillas mentales, y en casi todos sus escritos se advierten una clara tendencia a hacer lo que algunos llaman oposición y otros, con mayor justicia, crítica constructiva.
Doña Bertha, en su ágil columna de ayer, descarga toda su artillería contra la televisión, movilizando para ello argumentos muy dignos de tenerse en cuenta. Entre otras cosas, dice ésta: “Hay inventos que no son todavía para nuestra cultura tan desigual, ¿más distracciones para las ciudades?, No. Necesitamos más carreteras, más escuelas y mejor estándar de vida para todas. La televisión entre nosotros es como la ida a un banquete de uno de nuestros campesinos en alpargatas…y con sombrero de pelo”.

En esta forma, gráfica e ingeniosa, se expresa de la TV doña Bertha, a quien le enviamos nuestros más rendidos agradecimientos por haber hecho la confianzuda transcripción de su párrafo y le rogamos decirle de paso a nuestro doctor Mariano que nos está haciendo inmensa falta. La TV es un invento notable pero que, como lo anota doña Bertha, le viene holgado al medio colombiano. Es un lujo sorprendente en un país en que todo está por hacer, hasta lo más elemental, y de él puede decirse, para modificar ligeramente la simpática comparación de doña Bertha, que equivale a ponerse los pantalones del frac directamente sobre el pellejo, por carecer de calzoncillos. La TV considerada en abstracto, claro que es una gran cosa. En días pasados, por ejemplo, oyendo hablar al señor alcalde de los problemas de toda índole que agobian a la ciudad, hasta los televidentes menos avisados debieron percatarse de que más que de televisión de lo que Bogotá está urgida es de agua, de alcantarillado, de higiene de transportes fáciles y de buenos pavimentos. Ese día, para decirlo en otros términos, la televisión sirvió para demostrar que, careciendo de tantas cosas esenciales, ella es entre nosotros una pompa superflua, extravagante y prematura.

Estando, sin embargo, ya instalada, nos parece que no es exactamente el caso de quitarla. Empero, prueba elocuente de que el país se anticipó a traerla, es la curiosa noticia de que ha dado cuenta la prensa en estos días, anunciando que un comisionado oficial viajará en breve a la Argentina, a fin de enganchar tanguistas y tele-actores, porque los que aquí tenemos dizque no son aptos para actuar ante el video. Lo más extraordinario del caso (y de ello damos el correspondiente traslado a doña Bertha, para que ella lo comente sabrosamente con nuestro recordado doctor Mariano) es que en la Argentina NO HAY TELEVISIÓN. Don Vicente Montero decía que para cazar leones lo más natural es ir donde haya, y eso que Don Vicente murió en Sibaté completamente chiflis y deschavetado. Alma Bendita. Quiera Dios que con los tele-actores milongueros no se repita la misma sensible ocurrencia que nos tocó presenciar aquí con el fútbol, del cual, idos los cracks extranjeros, lo único propio que nos quedó fue el estadio, patéticamente desocupado, de “El Campín”.

La lectura de la interesante nota de doña Bertha nos ha sugerido estas modestas glosas, que aquí finalizan, no sin rogarle a ella antes que nos salude con mucho cariño a nuestro inolvidable doctor Mariano, recomendándole que por estar ahora allá en invierno se nos cuide mucho y se nos abrigue bastante. Porque dizque las pulmonías neoyorquinas son mucho más entradoras que Laureano.