martes, 7 de febrero de 2012

Hay Festival 2012 Cartagena (parte 2)


En la última (y primera) entrega quedé en que eran aproximadamente las dos de la tarde, estaba decepcionado porque había sentido que aquel supuesto festival de la cultura era un lugar donde iban las señoras de “dedo parado” a oír a un escritor “comediante”, llevado bajo el patrocinio de la empresa privada que buscaba vender productos y servicios, y libros, muchos libros y café bien caro. También en la última entrega no recuerdo si lo escribí, pero sentí que (aquí le doy la palabra a mi libretica) el ambiente de festival era poco o nulo, ya que no era diferente del que tiene Cartagena en temporada baja, con vendedores ofreciendo chucherías, productos por el doble del precio original (me metieron 2 dolex forte en 4000 pesos, siendo que se puede conseguir en 1500 o 2000, pero me dolía mucho la cabeza) y canciones por billetes. Por último, también les conté mis apreciaciones del primer conversatorio entre Mario Jursich y Juan Gabriel Vásquez, donde mi sensación fue que los dos eran unos tipos agradables, buenas personas; pero que no colmaron unas expectativas que tenía altas al haber escuchado al escritor en otros espacios donde sus exposiciones habían sido muy interesantes.  


Segunda charla: Carlos Fuentes en conversación con Juan Gabriel Vásquez y Santiago Gamboa. (Teatro Adolfo Mejía)







Almorcé y me dirigí de nuevo al Teatro Adolfo Mejía para iniciar la fila de entrada a la conversación más esperada del día: Carlos Fuentes en conversación con Juan Gabriel Vásquez y Santiago Gamboa. De Carlos Fuentes merece hacer un punto en el camino para hablar un poco de su obra.

Fuentes es un escritor mexicano de 84 años que nació en Panamá, de padres diplomáticos (y por tanto pudientes), que pasó su infancia en distintos países como él mismo lo dice en su entrevista con Soler Serrano (que está un poco más atrás en este blog). Él empezó muy joven como periodista y escritor, y se graduó como abogado de la Universidad Autónoma de México. Fuentes en su escritura, tiene un estilo sofisticado que hace que muchas de sus novelas sean complicadas al leerlo por primera vez, razón por la cual, se recomienda empezar con sus cuentos o con Aura.
Su primer (magnifico en mi opinión) libro publicado, fue la región más transparente, donde buscó por medio de la novela, ir al quid de la identidad mexicana(o de la nación si se me permite), narrando en forma histórica las peripecias de varios personajes pertenecientes a distintas clases socioeconómicas de México. Luego de este libro, el siguiente gran éxito fue la muerte de Artemio Cruz, donde narra la historia del poderoso Artemio Cruz, quien en su lecho de muerte empieza a recordar las etapas más significativas de su vida, haciendo de paso un análisis a distintos momentos de la historia de México sin alejarse de la historia de aquel moribundo personaje. Luego continuaría publicando buenos libros como Aura o Terra Nostra (según la crítica ya que este no lo he leído); de los cuales el último mencionado, ha sido denominado por muchos estudiosos de la literatura, el último libro del llamado Boom Latinoamericano. A partir de ahí (según una opinión algo generalizada en la crítica) su obra empieza a decaer, y los libros publicados no aportan mucho a su obra ni a la narrativa en español. No obstante lo anterior, a Carlos Fuentes lo avalan como uno de los escritores con mayor reconocimiento en el mundo una serie de premios como el Cervantes (el más importante premio de la literatura en español), muchos de sus cuentos, ensayos y sus primeras novelas que renovaron la narrativa hispanoamericana; que contribuyeron para dar lugar a nuevas generaciones de escritores que antes no se veían. 

Siguiendo con mi relato, llegué una hora antes a la fila del antiguo Teatro Heredia, para esperar mi entrada al auditorio y con ello, la conversación que sostendría Fuentes con Gamboa y Vásquez, dos de los más reconocidos escritores de la actualidad. La fila fue larguísima desde una hora antes de empezar el espectáculo como pueden observar en las fotos, por lo que muchos tuvimos que comprar botellas de agua a $2.500 y $3.000 pesos, mientras veíamos a nuestro lado, a algunos expresidentes (como Samper) bajándose de sus grandes camionetas (prestadas posiblemente por la alcaldía) para entrar al espectáculo por una puerta diferente a la de nosotros sin hacer fila. A diferencia de ellos, “famosos”, escritores y otros conversadores del Hay sí hicieron la fila como la gente normal, demostrando más civismo que los políticos que se creen intocables. En todo caso, a las 5 y 30 (hora a la que supuestamente empezaba el evento) se abrieron las puertas para que nosotros, los ciudadanos de a pie que no ostentamos ni hemos ostentado cargos públicos (afortunadamente, no somos corruptos ni ladrones) entráramos a un auditorio que poco a poco se fue llenando hasta el punto de cubrir todos sus asientos, los cuales, no eran poquitos. Como último dato “resentido”, aquellos políticos que entraron por la puerta de al lado, no necesitaron ir a buscar silla como nosotros, ya que les dejaron varios palcos reservados para ellos.



El teatro, como pueden observar en las fotos, estaba lleno y a mí me toco ir a un palco lateral al lado derecho de Paulo Laserna, quien con su hermosa novia (creo que es novia) me hicieron compañía sin cruzar palabra en todo el conversatorio. A mi lado izquierdo (o más bien en el palco del lado izquierdo), estaba una hermosa periodista del espectador (eso decía su escarapela), cuyos ojos azules y pelo mono pintado, capturaron mi mirada en varias ocasiones del conversatorio. Su risa y sus suspiros; sus juegos de pisarme levemente para que yo levantara suavemente su pie incrustado en aquella sandalia blanca que estaba sobre el mio,  hicieron de mí, un desconcentrado estudiante que no cruzó palabra con aquella bella chica debido a mi desgraciada propensión a la monogamia que me puso limites que en condiciones de soltero habría dejado de lado (así me ganara una cachetada). En fin, los estoy aburriendo con mis apreciaciones subjetivas. Volvamos al conversatorio.



Fuentes, Gamboa y Vásquez ingresaron del lado izquierdo del auditorio mientras el lugar estallaba en aplausos dirigidos principalmente para el mexicano. Los tres escritores se sentaron y Fuentes fue el primero en hablar, para presentar (de forma atípica) a sus entrevistadores, elogiándolos por sus trabajos literarios. Luego de lo anterior, procedió a decir que esta era la continuación de una charla sobre “Literatura y Ficción” que habían tenido anteriormente en Paris y entraron a hablar de literatura y la novela; del cine, de las drogas…de un conjunto de temas que siempre tenían que ver con el tema principal literatura y ficción.

El conversatorio inició con Fuentes ironizando con sus dos entrevistadores sobre el evento del crucero “Costa Concordia”, para luego entrar a discutir sobre las relaciones de literatura y realidad. Fuentes inició rememorando la necesidad que tuvieron los escritores del Boom para romper con la literatura que se venía gestando en sus países, tomando influencias de Estados Unidos o Europa. También mencionó que todos los escritores publicaron las mejores novelas de sus países desde el extranjero porque ellos tuvieron que entender sus países desde la añoranza que tienen desde su extra-territorialidad que los llevó a reinventarlos por medio de la literatura. Fuentes habló sobre las cartas que le envío su buen amigo Gabriel García Márquez cuando escribía cien años de soledad, donde el escritor se daba cuenta de su propia creación y que hoy, se encuentran (según Fuentes) bajo siete candados en la Universidad de Princeton. Fuentes habló de Cortázar, de su amigo el cineasta Luis Buñuel, del cual, Hitchcock aprendió para sus posteriores grandes obras cinematográficas; y mencionó un supuesto proyecto que tenía Buñuel de llevar “Aura” al cine con la ayuda de Fellini (lo cual hubiese sido maravilloso de haberse dado). 

Siguiendo con la literatura, Fuentes insistió en que la novela (y el libro en general pensaría yo) no va a morir, porque esta cuenta las cosas de una manera que no se puede narrar de otra forma. De igual forma sostuvo que la ficción va a seguir viviendo porque a diferencia de la realidad no tiene fronteras. También Fuentes contó que empezó a escribir una novela sobre el jefe del M-19 Carlos Pizarro hace varios años, pero que no la ha publicado (y posiblemente no la publique) porque siempre obtiene nuevos datos y eso no le deja terminarla del todo bien. Por lo anterior, consideró que el novelista no puede competir con la realidad y por tanto, recurre a crear un mundo diferente del real para contar sus historias (algo parecido a lo que dice Vargas Llosa en Historia de un Deicidio). Finalmente la conferencia terminó con la pregunta a Fuentes por parte de Gamboa, de qué libros recomienda a los prospectos de escritores leer, a lo que él contestó “El quijote, el quijote y el quijote”, para luego ser ovacionado con los aplausos de todo el auditorio quienes se pararon en señal de respeto ante aquel grande de la literatura. La conferencia terminó y mi cara larga cambió ya que puedo decir que fui a un conversatorio bien interesante, donde se tocó un tema que tuvo diversos matices pero que estuvo en una misma tónica. También, aunque tuvo el método charla de cafetería, me sentí más conectado con esta conversación (no obstante mi querida vecina) que con la anterior.


Bajé corriendo del auditorio cuando eran las 6 y media de la tarde, estaba oscuro y se respiraba un calor con olor a agua de mar en la Ciudad Antigua de Cartagena. Llegué rápidamente a la (ya larga) fila que estaban haciendo unas personas con el fin de que Fuentes le imprimiera su firma en su respectivo libro. Junto a mí, estaban esperando personas conocidas como Diana Uribe y otros gatos como yo que solo conocen en la casa que esperábamos poder conseguir la firma de Fuentes. A nuestro lado, en una fila más grande estaban unas personas que esperaban que se abrieran las puertas para acudir al recital de piano que venía a continuación (y del cual no pude conseguir boletas). Infortunadamente todos los que esperamos tuvimos que irnos con las manos vacías siendo las 6 y 45 de la noche, porque por compromisos de Fuentes, la firma de libros tenía que darse el día siguiente.      

Tercera charla: Daniel Mordzinski en conversación con Juan Gabriel Vásquez. (Plaza de Santo Domingo Salón del Rey)

Como dije anteriormente esperaba ir al recital de piano pero se acabaron las boletas antes de que pudiese haberlas comprado. Por tal razón, acudí a la charla de Vásquez (tercer conversatorio) con el fotógrafo Mordzinski en uno de los salones de la Plaza de Santo Domingo ubicado en el segundo piso; mientras en el patio del primer piso, tenía lugar la conversación entre la escritora Jane Teller y Jon Gower. Sobre esta conversación me permito comentarles que cerca de ellos había un stand de la Librería Nacional ofreciendo los libros de Jane Teller a precios supremamente altos.

El salón estaba organizado de la siguiente manera: había una centena de sillas que rodeaban la plataforma donde minutos después se sentarían los dos conversadores; en el techo (y más exactamente la parte encima de mí) estaban dos video-beam encendidos que apuntaban a distintas partes de aquel lugar que expondrían unos videos que Mordzinski había preparado para la ocasión y habían tres puertas, de las cuales, dos eran para que entraran y salieran los espectadores. Eran las 7 y 35 de la noche y los protagonistas de aquella charla no llegaban. Todos estábamos a la espera mientras pasábamos el tiempo observando a las personas que estaban en aquel lugar, como por ejemplo los tres muchachos (como si yo fuera tan viejo) que estaban al lado izquierdo del salón, algo retirados de las sillas, con dos computadores portátiles; o el escritor (eso decía su escarapela) de abundante barba que estaba a mi lado y quien no recuerdo su nombre.

De un momento a otro, como a las 7 y 40 de la noche, entraron el escritor y el fotógrafo de los escritores para sentarse en sus respectivos sillones, mientras el público aplaudía por su llegada. Mordzinski estaba de negro, mencionando medio en broma que estaba nervioso; y Vásquez de blanco, agradeciendo la presencia de las personas en el lugar. La charla – en síntesis – se las divido en tres partes de la siguiente forma: la primera que pareció casi libreteada de este artículo del Malpensante, fue en relación de aquella anécdota del payaso y la cámara fotográfica que Mordzinski no pudo obtener. La segunda parte de la conversación inició con la presentación de imágenes del último libro de Mordzinski “Últimas noticias del sur”; que fue acompañada de una bella música de fondo. Luego de aquello, el fotógrafo contó anécdotas sobre su viaje con Luis Sepúlveda, que hicieron amena la charla. Como tercera y última parte, Vásquez y Mordzinski procedieron a hablar sobre las “Fotinskis”, que son fotos donde Mordzinski pone a los escritores a realizar cosas bizarras (en su término anglo), como empezar a correr mientras le toma fotos (Saramago), a tener vestidos que no utilizan normalmente, a tomar fotos evocando tiempos de niño (Vargas Llosa), entre muchas otras actitudes que el escritor no tomaría normalmente, pero que acepta para las fotos de Mordzinki. Luego de aquella conversación, la charla terminó con la presentación de “fotinskis” como las que pueden ver acá.  

Pido disculpas por no haber ofrecido tantos detalles de la conversación, y esto es porque no anoté los temas tocados (y no quiero caer en imprecisiones) en aquella charla amena donde Mordzinski me enseñó algunos paralelos entre literatura y fotografía, donde Vásquez se terminó de redimir (para mí) de su primera floja conversación. Con lo anterior, terminó mi primer día de Hay Festival, con un resultado que se puede decir fue positivo ya que dos de tres conversaciones me gustaron y me dejaron con ganas de más; que les seguiré contando en la siguiente entrada.  

Un pequeño homenaje al maestro Dickens



El 07 de febrero del año de 1812, nació en la casa de un empleado de dependencia naval, un pequeño crio con pinta de ratoncito (la misma que tenemos todos al nacer) y que revolucionaria el mundo de la literatura muchos años después. Su familia hacía parte de aquella embrionaria clase media de la Inglaterra victoriana; pero que poco a poco, fue cayendo en la pobreza por las deudas que John Dickens (padre de Charles) tuvo que adquirir para cubrir sus despilfarros. Charles Dickens nunca pudo obtener una educación formal (es decir, en una escuela) hasta los 9 años, razón por la cual, anterior a esa edad, tuvo que adquirir algunos de sus primeros conocimientos en los libros, tales como Robinson Crusoe o Don Quijote (que tuvo mejor acogida en el público anglo que en el español por esa época).

A los 12 años, luego de que su padre fuera encarcelado por no pagar sus deudas, el pequeño Charles ingresó a trabajar a una fábrica de betún para zapatos, donde pegó etiquetas en las latas por 6 monedas a la semana en un miserable trabajo de 12 horas diarias; que incluso, después de mejorada la situación económica de su familia (por la herencia de una abuela), su madre lo obligó a continuar. Aquella situación fue un demonio que intentó el escritor Dickens, exorcizar a través de su obra como nos muestra el fragmento de David Copperfield citado en Wikipedia: “«Yo no recibía ningún consejo, ningún apoyo, ningún estimulante, ningún consuelo, ninguna asistencia de ningún tipo, de nadie que me pudiera recordar. ¡Cuánto deseaba ir al cielo!»”

No sería sino hasta el año de 1827 cuando el joven Dickens de 15 años, empezaría a tener contacto con la escritura al ser pasante en un bufete de abogados donde aprendió a escribir crónicas judiciales, taquigrafía; que lo llevarían a publicar una década más tarde “Los papeles póstumos del Club Pickwick”. A partir de ahí empezaría a escribir su obra literaria de la que pueden encontrar geniales reseñas en la internet y de la que no hablaré para entrar en materia de mi pequeño homenaje a Dickens.



El año pasado, luego de leer una reseña del libro Oliver Twist de Dickens (de quien había leído algunos cuentos, cuyo más conocido es “A christmas carol” [o cuento de navidad]) quise adquirirlo y por tanto, entré a la internet a buscar el libro, ya que Dickens es un autor de Dominio Público. El problema fue que las versiones que encontré en internet, eran versiones de 50 hojas, que no tenía las 300 y pico que decían los libros de las editoriales; lo que me llevó a buscar en Project Gutenberg el libro original en inglés para percatarme que las ediciones gratuitas de la web (o por lo menos las que encontré) son fragmentos o resúmenes de la obra original. Ello me llevó a iniciar la traducción de Oliver Twist al español, para donarla al Proyecto Gutenberg y que otras personas que no conocen mucho el inglés (y más si es de Dickens que me toca leerlo con diccionario) puedan degustar de esta excelente obra. La traducción que empecé a hacer en octubre del año pasado, no la he podido terminar, ni tampoco he podido avanzar mucho por las obligaciones que me toca cumplir. No obstante lo anterior y a modo de homenaje para Dickens, comparto el primer capítulo de Oliver Twist, traducido por mí (lo cual quiere decir que posiblemente tenga fallas o problemas de traducción ya que no soy la mata del inglés), con el que espero, conozcan las primeras páginas de esta gran obra.


Capitulo 1: Sobre el lugar donde Oliver Twist nació y las circunstancias de su nacimiento



Ubicado entre algunos edificios públicos de cierto pueblo que por prudencia no nombraré, existe una edificación que es común a la mayoría de los pueblos (sin importar si son grandes, medianos o pequeños): una casa de trabajo[1], que fue donde nació Oliver Twist, el mortal que le da nombre a este capítulo y cuya fecha de parto tampoco diré, al no ser relevante por ahora para nuestra historia.

Luego de ser traído a este desgraciado mundo por el médico de la parroquia, muchos dudaban que este niño pudiera sobrevivir el suficiente tiempo para tener un nombre (caso en el cual, estas memorias no habrían existido o simplemente habrían tenido el inestimable mérito de ser la biografía más concisa y fiel de cuantas han existido en la historia); pero tengo que decir que su nacimiento en una casa de trabajo – aunque no es la forma más envidiable y afortunada de llegar a este mundo– fue una circunstancia afortunada para Oliver Twist; ya que fue muy difícil hacer que Oliver ejecutara aquella práctica molesta que la costumbre ha hecho necesaria para nuestra acomodada existencia llamada respirar;  y esto ocurrió mientras estuvo tirado y jadeando durante un buen tiempo, en una pequeña colchoneta, en la que se debatió entre este y el otro mundo, con una clara ventaja del segundo. Ahora bien, de haber estado Oliver en un hogar con cariñosas abuelas cuidadosas, tías preocupadas, enfermeras experimentadas y sabios doctores, lo más seguro es que él habría muerto rápidamente. Como a diferencia de lo anterior, nuestro personaje se encontraba simplemente con una menesterosa anciana abrumada por el irresponsable uso de la cerveza y un médico de la parroquia que trabajaba por contrato, Oliver y la naturaleza, se dieron cuenta de que tenían que resolver el asunto por otro lado.  El resultado de esto fue que después de una intensa lucha, Oliver respiró, estornudó y procedió a notificar a los inquilinos de la casa de trabajo, de la nueva carga que le era impuesta a la parroquia, con un gigantesco grito de llanto que razonablemente tenía que venir de un infante, quien solamente tenía ese útil instrumento que es la voz, por un espacio de tiempo no mayor a tres minutos y un cuarto.

Paralelamente, mientras Oliver daba la primera prueba de libre y buen funcionamiento de sus pulmones, se movió una colcha de cobertor que se encontraba destendida sobre la cama de hierro donde el pálido rostro de una joven mujer cayó sobre la almohada, mientras su debilitada e imperfecta voz, articuló las siguientes palabras:

-“Déjenme ver el niño y morir”. 

El médico que estaba sentado mirando el fuego, frotándose y calentándose las palmas de las manos, escuchó la voz de la joven mujer y se levantó de su asiento para acercarse a la cabecera de la cama a decirle con una gentileza que nadie habría esperado de él:

“Oh, no debes hablar de morir aún”.

“Por supuesto que no!” intervino la enfermera, depositando rápidamente en su bolsillo una botella de vidrio verde, cuyo contenido había estado probando en una esquina con evidente satisfacción. “Que el señor bendiga su muerte; ya que cuando han vivido tanto como yo y han tenido trece hijos que murieron, excepto dos que están aquí, se darán cuenta que es lo mejor que se puede hacer: ¡bendecir su pobre corazón! . Pensad en lo que es una madre y que hay un pequeño cordero que toca criar”.

 Al parecer esta consoladora perspectiva de esperanzas de una madre, fracasó en producir el efecto buscado.  La paciente movió su cabeza y estiró su mano en dirección a su hijo. El médico lo llevo a sus manos y ella,  al tenerlo en su poder, dirigió sus blancos labios a la inocente frente del infante, donde le imprimió un beso cargado de gran frenesí, para luego pasarse las manos sobre su rostro, mirar salvajemente a su alrededor, estremecerse y caer de espaldas…para morir.

Ellos frotaron su pecho, manos y sienes, más su sangre se había detenido para siempre. Habían hablado de esperanza y consuelos, los cuales habían sido desconocidos para ella.

-“Se acabó Señora Thingummy” dijo el médico finalmente.

-“Ah, pobrecita, así es!” dijo la enfermera, recogiendo la tapa de la botella verde que había caído sobre la almohada cuando se inclinó a recoger el niño. “Pobrecita!”.

-“No se preocupe en llamarme cuando el niño llore, enfermera” dijo el médico, colocándose sus guantes con gran tranquilidad. “Es muy probable que no esté a gusto, por lo que pueden darle un poco de gruel si es el caso” .Luego de esto, el médico tomó su sombrero y se dirigió a la puerta,  deteniéndose antes al lado de la cama para preguntar: “ella era bonita, ¿de dónde venía?” 

-“Ella llegó anoche”, le respondió la anciana, “por orden del capataz. Lo anterior por cuanto fue encontrada tirada en la calle después de probablemente haber caminado mucho, pues traía los zapatos destrozados; aunque no sabemos de dónde venía o para donde iba”.

El médico se acercó  al cuerpo de la mujer y le alzo la mano izquierda. “La historia de siempre” dijo apretando su mano, “no tiene anillo de boda. Ya veo. ¡Ah! Buenas noches”.

El doctor se fue a  cenar, la enfermera volvió a tomar una vez más de la botella verde y luego se sentó en una pequeña silla ante el fuego donde procedió a vestir al infante.
Qué excelente ejemplo del poder de la ropa se veía en el joven Oliver Twist!, quien arropado en un cobertor –que hasta el momento había sido su único abrigo— pudo haber sido el hijo de un noble o un mendigo y estoy seguro que ninguna persona se habría atrevido asignar su lugar en la sociedad; pero luego de ser envestido por ropas viejas y amarillas de percal, inmediatamente fue etiquetado y clasificado como lo que era: un hijo de la parroquia, huérfano de la casa de trabajo, modesto esclavo medio-hambriento, quien sería golpeado, abofeteado, escupido y despreciado por todos; pero compadecido por nadie.

Oliver lloró con mucha fuerza y de haber sabido que iba a ser un huérfano, dejado a merced de la benignidad de la gente de la capilla; posiblemente habría llorado con muchísima más fuerza. 


[1] Del inglés workhouse, término usado en Gran Bretaña para  referirse a unos lugares donde las personas que se encontraban sin un peso para subsistir, podían ir para tener un albergue donde quedarse y a su vez, donde trabajar. En Escocia es conocido como “poorhouse”.



Imágenes tomadas de: http://entrenomadas.files.wordpress.com/2012/02/charles-dickens.jpg
http://austenprose.files.wordpress.com/2009/02/twist4.jpg?w=500

domingo, 5 de febrero de 2012

Wislawa Szymborska, 5 dias después de su muerte



Por un lado, hay autores que se cruzan en la vida de uno sin que uno los busque. Por el otro lado, aunque la poesía no ha sido un género del cual me pueda declarar un lector asiduo (por lo general la evito), hay versos que me han atrapado y me han cautivado con su belleza. Con Wislawa Szymborska me pasó algo de los dos. Llegó a mí sin que la hubiese buscado (en forma de libro de poema al que me llevó internet sin que tecleara su nombre) y, aunque no soy un lector de aquella talentosa dama, ni su obra me ha llamado la atención de forma desmedida para ponerme a leerla con juicio, varios de sus poemas me han llamado mucho la atención. Por tal razón, le quiero rendir un pequeño homenaje a su memoria trayéndoles un pequeño poema de aquella poetisa ganadora del Nobel de Literatura en 1996, como acto de respeto por su muerte acaecida el pasado 1 de febrero.


 Nada sucede dos veces
 ni va a suceder, por eso
 sin experiencia nacemos,
 sin rutina moriremos.

 En esta escuela del mundo
 ni siendo malos alumnos
 repetiremos un año,
 un invierno, un verano.

 No es el mismo ningún día,
 no hay dos noches parecidas,
 igual mirada en los ojos,
 dos besos que se repitan.

 Ayer mientras que tu nombre
 en voz alta pronunciaban
 sentí como si una rosa
 cayera por la ventana.

 Ahora que estamos juntos,
 vuelvo la cara hacia el muro.
 ¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
 ¿Como una flor o una piedra?
 Dime por qué, mala hora,
 con miedo inútil te mezclas.
 Eres y por eso pasas.
 Pasas, por eso eres bella.
 Medio abrazados, sonrientes,
 buscaremos la cordura,
 aun siendo tan diferentes
 cual dos gotas de agua pura.

De Llamando al Yeti, 1957         
 Versión de Gerardo Beltrán

PD: Los invito a leer un pequeño artículo sobre ella en El Malpensante 

PD2: Espero salir de unas obligaciones que tengo y que me han copado mi tiempo para seguir con la narración que nadie lee de “Hay Festival” y con el análisis de las políticas de google.

lunes, 30 de enero de 2012

Hay Festival 2012 Cartagena (parte 1)




Ambiente de Pre-festival 

Ayer, luego de dos días de conversatorios y caminatas por el Centro Histórico de la ciudad, terminó Hay Festival para mí. Todo empezó el jueves pasado cuando salí tarde de Bogotá aproximadamente a las doce de la noche (bueno técnicamente fue el viernes) por culpa de un supuesto “tráfico aéreo” que retrasó el vuelo más de tres horas de lo acordado. Como pequeño paréntesis de entrada, si usted amigo lector piensa hacer un vuelo a cualquier destino nacional, le recomiendo que elija una aerolínea diferente de Avianca ya que este año ha incumplido horarios a diestra y siniestra excusándose en su supuesto “tráfico aéreo” para ni siquiera indemnizar con una cajita de jugo o un sándwich a sus clientes. En todo caso y para abreviar, luego de una tediosa espera en el aeropuerto y un vuelo muy movido en el que también iba uno de los escritores con su esposa y uno de los periodistas que iría a estar en varias charlas; llegué a la una y cuarenta y cinco de la mañana aproximadamente al aeropuerto Rafael Núñez junto con el resto de viajeros del vuelo AV 9754.

Me bajé del avión como todo el mundo mientras sentía el abrasador calor de la “ciudad cultural” de Colombia y me dispuse a tomar mi equipaje de las bandas como muchos otros viajeros que arribaban el lugar. Mientras esperaba mi maleta, el escritor que iba en mi vuelo pasó al lado mío de la mano de su esposa, saludando a las personas que lo saludaban o lo conocían –los cuales aclaro, no eran mortales como yo, sino periodistas y gente de la vida nacional que alguna vez he visto, pero que no recuerdo sus nombres – y pues la verdad, no le di importancia al hecho, ya que no tiene nada de especial ni raro ver a un escritor haciendo vida social. En cualquier caso, mi pequeña maleta negra con líneas rojas, donde iba mi ropa, mi desodorante y mi champú; salió por las bandas indicándome que debía tomarla para salir a tomar un taxi para llegar al hotel.

Como buen colombiano que ha vivido en Bogotá (aunque no soy de ahí) soy desconfiado y por tanto me dispuse a pedir un taxi en la central ubicada al lado de la salida de pasajeros, ya que es vox populi, que muchos de los taxistas (y más si son de Cartagena) que ofrecen prestarle a uno el servicio de transporte en la puerta de la salida, por lo general inventan tarifas por encima de la autorizada con el ánimo de quedarse ilegalmente y sin ninguna vergüenza con la plata de los pobres turistas. De cualquier manera, el taxi que me asignaron, fue el de un conductor extremadamente obeso que vestía una camiseta polo, de color azul claro que se encontraba desteñida; y cuyo aliento delataba un tufo que podría ahogar a cualquier pajarito que pasara frente a su boca. Sobre aquel singular personaje que transitó por las carreteras de Cartagena a toda velocidad, me molestó que tuviera la música de su automóvil a todo volumen sin importarle las reiteradas solicitudes mías de que le bajara el volumen. En todo caso, no ocurrió ninguna acción que lamentar y el hombre me cobró los 17.000 que piden todos los taxistas de Cartagena por llevarlo a uno del aeropuerto al hotel y viceversa (El precio legal es de -$16.300).

Luego de haberme bajado del automóvil y haber entrado en el hotel, me dirigí a la recepción donde se encontraban un botones que a esa hora recibía a los noctámbulos viajeros y un cashier(eso decía su escarapela), quienes me dieron la bienvenida y me dijeron de manera amable y con marcado acento costeño, que aunque había pagado el alojamiento y los impuestos por internet, tenía que pagar mucho más dinero ya que “la tarifa de los colombianos es mayor que la de los extranjeros”. ¡Qué belleza! tenía que pagar más por venir a alojarme en un lugar de mi país. No sé qué ley, decreto u ordenanza regule lo anterior, pero dos días después, al dejar la llave del hotel en recepción y pedir el paz y salvo para salir, no me lo querían dar disque por no pagar los tales impuestos extras que tenían que pagar los colombianos y bueno, me tocó meteré la mano al drill y dejarles 45 mil pesos más por ser colombiano (ojala esto lo lean los patrioteristas). En todo caso, aquel día me registré, subí a la habitación y caí muerto en aquella cama doble que estaba lista para que me hundiera en un letargo sin sueños, bajo el calor de aquella noche sofocante que se mezclaba el frio del aire acondicionado de la habitación.

Me desperté aquel mismo viernes a las ocho de la mañana, mientras el sol empezaba a lanzar sus primeros rayos fuertes del día y para abreviar la cosa, desayuné, me alisté y me dirigí sobre las diez y media de la mañana al Teatro Adolfo Mejía; lugar en el que tenía que recoger las boletas compradas anteriormente para poder entrar. Vale la pena mencionar que esta vez, el taxi en el que me subí, tenía aire acondicionado y un conductor que no estaba ebrio y manejaba con responsabilidad.

Supuestamente las boletas no se pueden revender. Sí, como no.


Entré a la Ciudad Antigua por una “pequeña” abertura en la muralla, que me conecto con el Teatro Adolfo Mejía y en aquel lugar tuve mi primer contacto con Hay Festival en la taquilla del lugar. Como no sabía dónde reclamar las boletas que había comprado por internet dos semanas antes, hice la primera fila que vi, que correspondía a la venta de boletas. Al lado mío hubo toda clase de los revendedores ofreciendo la boleta para el “siguiente evento” en precios que no se bajaban de 50 mil y por los que nadie pagó más de 20 mil (la boleta en taquilla valía 17 mil). Aquella mañana estuve de malas, porque luego de haber estado como veinte minutos en la fila, una de las personas de logística me informó que como tenía abono comprado en internet, tenía que reclamar las boletas en otro lugar y bueno, me dirigí al lugar correcto refunfuñando por haber sido tan bobo y no haber preguntado. En todo caso, reclamé mis boletas, las cuales guardé en el único bolsillo con cierre del bolso que llevé y luego de lo anterior, me dirigí al Hotel Sofitel Santaclara, ubicado a cuatro cuadras de donde me encontraba para ver cómo era el movimiento del lugar y poder sentir ambiente de “festival”. Infortunadamente no sentí aquel ambiente de festival. Entré al hotel luego de caminar aquellas cuatro cuadras para encontrarme con uno o dos escritores dando entrevistas a cuanto personaje con escarapela de periodista estaba por el lugar, mientras en el stand de la librería nacional (única librería vendedora de libros autorizada en el evento) se vendían libros carísimos de artistas que estaban presentes en Hay Festival o de escritores que no estaban, pero vendían como por ejemplo David Grossman (de quien compré Escribir en la oscuridad) o Gabriel García Márquez. En fin. Como no vi nada más de mi interés me retire del lugar y me dirigí al Teatro Adolfo Domínguez para hacer la fila correspondiente al primer conversatorio que iba a ver.
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Inicialmente en el citado teatro iba a tener lugar el conversatorio con Felipe González, ex presidente de España; pero como este no pudo venir, trajeron a Juan Gabriel Vásquez y Mario Jursich (director del Malpensante) del Hotel Sofitel al lugar para que realizaran su charla sobre la última obra del primero, ganadora el premio Alfaguara de novela 2011.
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Volviendo a este humilde servidor, empecé a hacer la fila a las doce del mediodía, es decir, media hora antes de (supuestamente) iniciar el evento y bueno, antes de que abrieran las puertas. Estuve detrás de dos mujeres paisas que conversaban a todo pulmón con un hombre con el que se hicieron amigas de un momento a otro, hablando sobre la conferencia del día anterior soobre Futbol y Literatura, la cual “las había enamorado de una forma maravillosa”. En todo caso, yo, fiel a mi estilo asocial, hice caso omiso a aquellas habladurías culturales y seguí en la fila esperando a que abrieran las puertas hasta que después de más de media hora lo hicieran trayéndome el siguiente problema: a pocos metros de entrar por la puerta, un grupo de personas diferentes a los que habíamos hecho al rayo del sofocante sol cartagenero del mediodía, al momento de abrir las puertas, crearon una fila improvisada y “se colaron”, o en palabras menos castizas, entraron primero y más rápido que nosotros. Lo peor de todo fue que yo, un pobre diablo que estaba literalmente a punto de entrar al auditorio (es decir, uno de mis pies tocó el piso de la entrada del auditorio), una señora que se había colado por medio de la fila improvisada, me empujó débilmente y empezó a gritar a todo pulmón con su acento rolo (bogotano) de verdulera “oigan que les pasa, esta persona se está colando”. Obviamente yo que no me la iba a dejar montar, empecé a contradecir lo que ella decía, diciendo de la mejor manera posible que había hecho la fila y que le podían preguntar a los que iban adelante y atrás mío. La señora gritó y gritó, y como tenía más edad que yo, los desgraciados de logística le iban a dar la razón y a sacarme de la fila, pero una persona que estaba adelante mío les dijo “él iba detrás de mío”. Por tal razón, me salve de hacer nuevamente una fila que era supremamente larga. La espinita, no obstante, me quedó y me hace escribir el siguiente razonamiento: Hay Festival es supuestamente uno de aquellos espacios para promover la cultura. La llamada “malicia indígena” colombiana (o haga las cosas ilegalmente y mal jodiendo al otro porque es un bobo) tan celebrada por la gente en general es una parte de cultura. Entonces ¿por qué estaba haciendo la fila? Creo que la respuesta es porque hago parte de aquellos bobos que todavía creen en cumplir con las reglas. De cualquier manera, entré al lugar cuya acústica reproducía los gritos de aquella señora que exclamaba a todo pulmón “que desastre de organización” y la música que provenía de los parlantes del auditorio mientras me dirigía a uno de los mini-palcos de la derecha del auditorio para sentarme y ver la primera charla en la que hablaría Juan Gabriel Vásquez.


Primera charla: Juan Gabriel Vásquez en conversación con Mario Jursich (Teatro Adolfo Mejía)



La charla fue decepcionante. El auditorio había estado casi lleno ya que el público estaba conformado por el gran número de personas que compraron la boleta para ir a ver a Juan Gabriel Vásquez y por la gente que tenía boleta para ver a Felipe González, pero que tuvieron que quedarse a presenciar al escritor en lugar del político. Los dos protagonistas de esta primera charla a la que asistía, salieron de bambalinas 10 minutos después de la hora acordada por el programa y se apropiaron de los dos asientos que había en la mitad del escenario junto a sus correspondientes micrófonos. Vásquez rompió el hielo agradeciendo de manera graciosa (para el público, no para mí) por “haber ido a ver a Felipe González, pero haber tenido que verlo a él y no haberse ido del auditorio” (la pseudo-cita que coloco en comillas no es exacta pero fue algo así).

El primer tema que tocaron fue la llegada de Juan Gabriel Vásquez a Cartagena desde Inglaterra, ya que el escritor había sido invitado por una fundación para que pasara 4 días encerrado en una réplica de un barco de Conrad, escribiendo algo sobre el autor de El Corazón de las Tinieblas, sobre Inglaterra o sobre los Juegos Olímpicos de Londres. En todo caso, aquella “Conradiana” introducción finalizó cuando con un tono de compinchería y/o compadrazgo (que no está mal aclaro) los dos conversadores discutieron sobre si publicarían aquel escrito en la revista mal pensante o no.

-JGV: Mira si quieres te doy el escrito para que lo publiques en tu revista.

-MJ: Eso lo hablamos en privado.

Más o menos así fue que finalizó la introducción. Luego, los conversadores entraron en materia y hablaron del libro El ruido de las cosas al caer, en una charla por la que pasaron citas, frases parafraseadas, preocupaciones del escritor ante la novela, cuestiones de estilo, guiños de la vida real que el escritor incluyó en la novela (como la tesis que hizo Vásquez para graduarse de abogado) y uno que otro detalle gracioso (para el público aclaro). Para finalizar, Mario Jursich terminó hablando de un supuesto libro que el escritor publicara algún día sobre las crónicas y trabajos periodísticos hechos en el pasado, con lo cual se tocó el tema de una crónica no publicada de Juan Gabriel Vásquez en el 2001, donde este cuenta las peripecias de los días en que acompañó a Los Tigres del Norte (risas en el auditorio, realmente soy bruto o no las comprendí) en una gira por España.

En todo caso, aunque omití muchísimos detalles que se mencionaron en el conversatorio, la verdad no me gustó la charla porque fue muy desordenada. Los dos personajes que estaban en la mitad del auditorio tocaron tantos temas de manera aleatoria que no encontré (por lo menos en mi caso) un hilo que me llevara por la conversación. Para hacerme entender les doy un ejemplo: en un momento dado, Vásquez y Jursich empezaron hablar de porqué un novelista logra imprimirle su estilo a una historia común. Para ello Vásquez dio como ejemplo el suicidio de Ana Karenina y explicó que lo que hace que aquella muerte por propia mano sea diferente a las otras miles que existen en la literatura, es que aquella mujer tenía una carterita que le molestaba al momento de lanzarse a las vías del tren y que por aquel detalle, nosotros los lectores diferenciamos aquel suicidio, que no es sino la capacidad del novelista de prestar atención a la realidad para crear su novela de forma diferente.  Luego Mario Jursich, prosiguió, preguntándole al escritor sobre el motivo por el que envío el libro al concurso de Alfaguara, titulado como “Todos los pilotos muertos” y cuál era el motivo de su pseudónimo. Vásquez respondió explicando que el motivo de enviar el libro con otro título, era porque el concurso pide este requisito para evitar suspicacias sobre el ganador y que su pseudónimo era un anagrama de Hemingway. Luego prosiguieron a hablar de la traducción como escuela de escritores, de los buenos y malos libros traducidos por Vásquez, del Gran Gatsby…en fin. ¿Me hago entender lo que quiero decir? Tocaron tantos temas que no profundizaron en ninguno y fue como una de aquellas entrevistas de Caracol o RCN en las que el entrevistador manda preguntas sueltas esperando que le respondan algo.

Me sentí decepcionado y a la vez tonto porque el resto de personas que salían decían “maravilloso” o “genial”. No obstante lo anterior, en mi tiempo muerto de las siguientes cuatro horas así fue como entendí la cosa(o la anoté en mi libretica tipo moleskine): la gente que fue aquel conversatorio (en su mayoría mujeres) eran personas de la media-alta sociedad –en su mayoría cartagenera—, estudiantes, pobres diablos desprogramados que pudieron ir como yo (aunque bueno, también me puedo incluir en la parte de estudiantes, así ya haya terminado materias) y personas de este estilo. Mucha gente del público (o eso observé), esperaban, más que un escritor a un comediante, razón por la cual aplaudieron y disfrutaron más con los comentarios “graciosos” del escritor que con las preocupaciones del novelista. Además de esto, el conversatorio utilizó el formato “conversación de café”, con el cual, se buscaba acabar con el ambiente académico (cosa que hizo); pero que en este caso terminó fue promocionando  de manera evidente (en una grandísima parte) el libro de Vásquez. Además de lo anterior, muchas personas como las mujeres que tuve al lado, sonreían y se exaltaban siempre que el autor nombraba un libro que alguna había leído (por ejemplo Ana Karenina y lo sé porque lo decían en voz baja) y por tanto se sentían cultas e importantes.
Puede que lo voy a decir suene muy feo, pero en esta primera conversación me dio la impresión de que existió un sentimiento de no sé si llamar culto, morbo o tabú (no soy capaz de organizar mis ideas y menos sabiendo que hablo de Vásquez, de quien he aprendido bastante de sus ensayos y conferencias), donde la gente asentía todo lo que decían tanto el entrevistador (o como lo quieran llamar) como el escritor, por una especie de sentimiento de “si lo dice el autor es interesante”. En todo caso y para sintetizar y no embolatarlos más en este cúmulo de opiniones encontradas, el conversatorio se enfocó en su mayoría en publicitar el libro de Vásquez (asunto que estaba en el programa), no se tocó un tema específico por lo que pudimos en un mismo espacio, enterarnos que Juan Gabriel Vásquez dejó de lado la técnica de la digresión en sus novelas y a la vez, estuvo en una gira con Los Tigres del Norte. Vuelvo a reiterar para no hacerme entender mal, que me cae bien Vásquez y siento un gran respeto por su obra, pero ese conversatorio fue paupérrimo.

Sigamos con las peripecias de Hay Festival en los exteriores. Salí decepcionado del conversatorio, al stand de la Librería Nacional, esperando que Vásquez me firmara mi libro de El ruido de las cosas al caer. Esta se puede decir que es mi segunda o tercera firma de libros luego de dos años, ya que la última a la que intenté ir fue a la de Hector Abad donde todo terminó desastroso. Por tal razón, supongo que le coloque excesivo misticismo al acto de ver El Autor imprimiéndole Su Firma al libro comprado el año pasado, que no era más sino uno más de los que están en el mercado. Qué pendejo era en aquel momento.

Esta es la diferencia entre la firma de Vásquez de 2010 que solo firmaba decenas de libros y Vásquez de 2012 que firma centenares de libros.


Ahora bien, les cuento que el momento de la firma de un escritor no es nada del otro mundo. Es como cuando se va a un banco y se realiza una transacción bancaria ya que llega uno, el cajero lo mira, sonríe, le pregunta a qué cuenta va a realizar la transacción, uno se la dice, lo hace y ya, chao. Así fue de mecánica la firma del libro ya que luego de hacer una fila donde había como 10 personas por delante de mí, una de las personas del staff de Librería Nacional me dijo “pase” y yo obediente asentí. Delante de mí vi a un escritor cansado y con ganas de no estar en el lugar (se notaba a leguas) intentando fingir una sonrisa falsa para hacerle sentir una falsa seguridad al lector. Le entregué el libro, él lo abrió, lo pasó a la página en la que está el título del libro y me preguntó mi nombre. Se lo dije, lo escribió debajo del título junto a la palabra “para” y un “espero le guste”. Luego trazó tres líneas para devolvérmelo y que siguiera el siguiente. En ese momento fue que lo entendí: la firma no significa nada, es simplemente un artilugio comercial para que la gente compre el libro. Vásquez ya no firma decenas de libros, sino cientos y por tal razón, tenía ganas de terminar rápido para irse. La única razón por la que no declinó la obligación de quedarse firmando es que tiene que comer y entre más libros venda (y firme) más comida puede llevar a la casa. El escritor no se queda nunca con las ganancias del libro, solo con un 5 o 10%, por tal razón tiene que vender a toda costa y por tal razón le toca quedarse en el stand, fingiendo sonrisas y queriendo largarse del lugar. Creo que el problema no es el escritor, sino nosotros, los monstruos consumistas que le exigimos al autor ser parte de su producto, en lugar de simplemente disfrutar lo que vale la pena: el libro. A Vásquez hay que disfrutarlo por sus notables ensayos,  sus buenas novelas (bueno, menos Historia Secreta de Costaguana que no me gustó del todo) y su magnífico libro de cuentos.  

En fin. Eran las 2 de la tarde por aquel entonces y tuve que ir almorzar por ahí cerca y de paso escribir estas notas que les traigo a ustedes en este espacio.
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En mi siguiente entrada seguiré relatándoles lo que fue mi estadía por HAY FESTIVAL con comentarios no solo de los conversatorios a los que asistí, sino de las cosas que vi y viví por aquella Cartagena de la Ciudad Antigua, llena de personas de las páginas sociales y amantes anónimos de la literatura como yo. En las próximas entrada les traeré lo que todos queríamos ver: Carlos Fuentes; también del momento en que me di cuenta de mis incapacidades en el idioma inglés y de la magnífica conversación con Jonathan Franzen, a quien no conocía, pero me convenció de comprar sus buenos libros y de quien están saliendo muchos malentendidos por causa de sus declaraciones sobre los libros electrónicos.      

¿Google es el nuevo Gran Hermano? Parte 1


“El gran hermano te vigila”
1984

Como lector de 1984, luego de entrar a mi correo de gmail (aunque esto es aplicable a blogger o a cualquier otra cuenta de algún servicio relacionado con google), encontrar un aviso de las nuevas políticas de google y leerlas, sentí que aquel personaje abstracto imaginado por Orwell estaba más presente que nunca en nuestra época. Con una mirada superficial pareciera que esto fuera así y por ello estoy seguro que en muchos foros la paranoia se va a propagar  y algunas webs que desde años atrás han propuesto teorías tan alocadas como la de la búsqueda de la dominación del mundo por parte de google  van a “tomar otra vez fuerza” (aunque hacen parte de la ciencia ficción).No obstante lo anterior, ¿todo es tan grave? Miremos a ver. 

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N: Aunque lo anterior puede parecer un ejemplo más de “Gran Hermano”, eso ya se venía haciendo desde hace rato en otros lados como por ejemplo Facebook. No obstante lo anterior esto no quiere decir que sea bueno, ya que posiblemente pueden recopilar que uno entró a taringa o a cuevana y luego, alguna de esas crápulas empresas de “la Industria”, lo demande sin ningún escrúpulo.

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N: Ellos saben dónde estás!! Que no aumente la paranoia, ubicar la ciudad ya lo hacía Facebook, blackberry (Cuando tomabas una foto si tenías GPS buscaba la ubicación automáticamente) desde hace rato y otro montón de páginas. Solo que me preocupa que ahora no solo rastreen la ciudad, sino el lugar exacto donde se encuentra la persona.

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N: Hay algo sobre lo que tengo dudas. Van a seguir almacenando información desde antes del primero de marzo o van a empezar almacenar información desde el primero de marzo?

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N: Lo anterior quiere decir que google va a conservar tus datos así los elimines de la web. Esto ya existía desde antes, razón por la cual, es importante tener cuidado con lo que se escriba en el correo electrónico. De igual forma, ya las cuentas con google no son personales sino compartidas.

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Consulta la política de privacidad del administrador de tu dominio para obtener información más detallada.

N: No sé algunos de ustedes, pero mi universidad por ejemplo nos presta el servicio de correo electrónico por medio de google. Estas son todas las cosas que puede hacer el administrador de dominio de la universidad con lo que haga en ese correo.

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N: Bueno, ¿y quiénes son esos terceros de confianza? A mí no me dan mucha confianza que digamos…

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Si Google participa en una fusión, adquisición o venta de activos, nos aseguraremos de mantener la confidencialidad de los datos personales e informaremos a los usuarios afectados antes de que sus datos personales sean transferidos o pasen a estar sujetos a una política de privacidad diferente.


N: Posiblemente sea paranoico, pero tengo miedo que si le envío una canción por correo a cualquier persona, comparta un link donde hay una película o mande un video hecho por mí pero que contenga una pista de una de las grandes empresas de “la Industria”; inmediatamente entren en mis datos y se los pasen a la disquera aduciendo “posible infracción”. Para ser más explícito si han visto que ustedes cuelgan imágenes en los blogs? Yo siempre trato de colocar la fuente de la imagen (si tiene copyright) para que no me lleguen con el cuento de violación a derechos de autor. No obstante lo anterior, tengan cuidado al compartir ideas teniendo de por medio la nueva política del miedo de Estados Unidos http://eljuiciodeeladio.blogspot.com/2012/01/la-nueva-politica-del-miedo-de-estados.html


También por otro lado, no se me olvida que UNA ENTIDAD LEGAL, utilizando unas funciones DISPUESTAS EN LA LEY llamada Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), espió de manera ilegal (pero con facultades que le permitía la ley, no sé si me hago entender) a un montón de personas que no eran amigas del gobierno anterior. Posiblemente el miedo es que pase algo así y ahora google entregue sin orden judicial los datos personales de las personas

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•             Google Libros
•             Google Wallet


No obstante, saben que es lo mejor de todo? Que el abogado que realizó el documento escrito es el mismo que hizo las políticas de censura que van a operar en twitter: el abogado Alexander MacGillivray. Él es hoy en día uno de los peores enemigos de la internet y de los usuario. Por razones de espacio seguiré en la siguiente entrada, pero por ahora, les comparto unos cuantos links para que sigan empapándose del tema:

http://www.washingtonpost.com/business/technology/faq-googles-new-privacy-policy/2012/01/24/gIQArw8GOQ_story.html
http://www.enter.co/internet/nuevas-politicas-de-privacidad-de-google-¿buenas-o-malas/
http://www.androidmodo.com/4614/editorial-que-significan-las-nuevas-politicas-de-privacidad-de-google/
http://www.forbes.com/sites/daviddisalvo/2012/01/24/google-says-bye-bye-to-user-privacy/
http://www.redsocialmedia.com/2012/01/como-afecta-a-los-usuarios-el-cambio-de-google/