lunes, 23 de enero de 2012

Carlos Fuentes en A Fondo Con Joaquín Soler Serrano




Otro de los escritores que viene a Hay Festival Cartagena 2012, es Carlos Fuentes cuya presentación no es necesaria por parte de este humilde bloguero ya que es uno de los mejores escritores que ha dado a luz México (no obstante que sus últimas novelas no han sido las mejores). En virtud de lo anterior, traigo la entrevista que tuvo con Joaquín Soler Serrano y que no ha sido hasta ahora distribuida en video y que tomé del libro "Escritores a Fondo". 


<<Era una vida como de gitanos con frac>>

-Carlos Fuentes, diplomático, hijo de diplomáticos, nacido en 1928 en México y escritor desde los 20 años, salta al conocimiento de las mayorías con su libro Cambio de Piel, Premio Biblioteca Breve 1967. ¿En qué ambiente social y familiar se desenvolvieron tus primeros años?
-Mi padre era, como tú lo acabas de decir, diplomático, de modo que llevamos un poco esa vida de gitanos de frac que es la de los diplomáticos, recorriendo muchas capitales, sobre todo del hemisferio americano. Estuve, siendo muy pequeño, en Montevideo y en Río de Janeiro, donde tuve mi primer contacto con la literatura en las rodillas de don Alfonso Reyes, que era entonces nuestro embajador en tanto que mi padre era secretario de la embajada. Posteriormente pasé ocho años en Washington, y allí me hice bilingüe, y fueron años desgraciados, años sin vacaciones, porque iba a la escuela norteamericana y empezaba a perder el español y mi padre me decía: <<¡No es posible, tu eres mexicano, tu lengua es el castellano!>>, y durante las vacaciones en Estados Unidos me mandaba al colegio en México para seguir aprendiendo el castellano. ¡Ocho años sin vacaciones! Para mí las vacaciones solo existían en las novelas de Mark Twain, pero no en la vida real.

-Pero esos viajes a México te permitían adquirir el sentido de tu nacionalidad…
-Así es, en efecto, gracias a ellos tuve consciencia de mi filiación mexicana, de mi pertenencia a una cultura. Recuerdo que esa toma de conciencia personal sucede cuando nacionaliza el petróleo el presidente Lázaro Cárdenas en 1938. Hasta ese momento yo había sido un niño, un niño querido en las escuelas, que participaba en los juegos y en las representaciones teatrales, que era buen alumno, y que tenía amigos…Pues bien, de la noche a la mañana empezaron a aparecer esos titulares gigantescos en la prensa: <<El rojo Cárdenas nos roba nuestro petróleo.>> <<Los mexicanos nos han confiscado…, etc.>> y me convertí en un apestado. Me di cuenta de que pertenecía a una nación, a su cultura y también a su historia.

-Estuviste también en Chile…
-Sí y en Santiago proseguí mis estudios. Fuer para mí esa instancia chilena muy importante, porque me encontré realmente con mi lengua, mi historia, mi cultura, y no sólo le debo eso a ese país al que quiero tanto, sino también el haber despertado a la consciencia política. Y es que era imposible vivir en Chile en la época del Frente Popular sin tener una participación en la consciencia política aunque tuviera uno 11 años de edad: la libertad sindical, la libertad de prensa, la extraordinaria politización de la gente…En Chile aprendí todas esas cosas, y allí empecé a escribir.

-Luego hay otra etapa bonaerense…
- Sí, me tocó asistir en Buenos Aires al ascenso del peronismo. Esta fue una experiencia desagradable de mi juventud, porque el ministro de educación era entonces un insulso novelista de cierto éxito popular que se llamaba Hugo Wast, aunque su verdadero nombre era Martínez Zubiría. Este señor Wast, como ministro de educación, impuso una serie de normas de interpretación de la historia en las escuelas, en virtud de las cuales, si a uno le preguntaban: <<¿Quién tenía la razón, Atenas o Esparta?>>, había que contestar <<Esparta>> y así por el estilo…¡Ah!, y teníamos que cantar todos los días estribillos como este:

¡Uno, dos, tres, cuatro…

Tenemos Perón para rato!

Lo de Perón era tremendo. A otra pregunta sobre los tres hombres más grandes de la historia de América nos hacían responder: <<Colón, San Martín y Peron>>. Así que pedí out y regrese a México, y habiendo toda la vida en escuelas laicas y liberales en virtud de la ideología de mi padre, mi madre decidió que ingresara en una escuela religiosa, y fue la de los maristas. Descubrir aquella cultura, aquella enseñanza fue un verdadero shock para mí. En un momento traumático como es el de la adolescencia, descubrir las nociones del pecado resultó tremendo. Ya de ahí pasaría luego a la Universidad, a seguir el camino que se les reserva (o más bien se les reservaba) a los escritores hispanoamericanos, que debían ser abogados para evitar morirse de hambre.

<<Conocer la estructura, la lógica, las formas, aunque solo sea para violarlas>>



-Sin embargo, tu vocación literaria era ya una cosa decidida
-Sí, pero no había quien te librara de hacerte abogado. Algo incomprensible. Recuerdo que una vez estaba yo comiendo con Alfonso Reyes, quien trataba de persuadirme de que siguiera la carrera de abogado, contra mi inclinación literaria. (Había escrito ya cuentos en Chile. Y una infumable novela de ochocientas páginas que pasaba en una plantación de Haití con mucho vudú). Y Reyes me decía: México es un país muy formalista, y la gente necesita un asa para levantar nuestra tacita, y ese asa es el título profesional, el título de abogado. México, según sabes, es un país de licenciados. Desde que llegaron los primeros licenciados a quitarle los frutos de la conquista a Hernán Cortés, los licenciados han imperado en México, de modo que yo debía licenciarme. Me resistí duramente, pedí venir a Europa, estudié en Ginebra, supe entender en Suiza que era interesante para un escritor conocer el derecho, y que no el faltaba razón a Stendhal cuando decía que <<el mejor modelo para un novelista es el código civil napoleónico>>.   

-El indispensable conocimiento de las estructuras.
-Eso, aunque solo sea para violarlas. Hay problemas de estructura, de lógica, de formas, incluso para violar la estructura, la lógica y las formas. Yo diría que ese conocimiento es necesario para cualquier artista. Picasso era un extraordinario dibujante clásico, que era dueño de la forma a efecto de violarla. Y es el caso de muchas de las empresas de la narrativa hispanoamericana actual. No es gratuito el desencaje de tiempos y espacios que buscamos, sino que hay siempre una razón, y en cualquier cosa conocer las formas es básico. A mí el derecho me dio el conocimiento de las formas a violar. Regresé a la escuela de derecho de México, y tuve la enorme ventaja de conocer a un gran maestro español, refugiado de la emigración repúblicana, don Manuel Pedroso, que había sido rector de la Universidad de Sevilla y era un gran internacionalista, un hombre que formó toda una generación de mexicanos, y que nos enseñó a leer y a pensar. Nos daba clases de derecho constitucional y de teoría del estado, y nos decía: <<En vez de rellenarte de teorías, leer seriamente tres libros: La República de Platón; El Principe de Maquiavelo y El Contrato Social de Rousseau. Con eso basta.>> Y si yo le decía <<No puedo con el derecho mercantil, don Manuel, no me entra>>, me decía <<léete el Cesar Birotteau de Balzac y entenderás todo lo que es el derecho mercantil.>> Y cuando llegué a esa clase de derecho mercantil, me dije: aquí es el Rubicon, donde se parten las aguas. O apruebo derecho mercantil y soy abogado, o renuncio al derecho y me hago escritor.
-Y decidiste lo segundo, claro.
-Así fue. Viví un poco en la diplomacia, y cuando mi primera novela, La Región Más Transparente, tuvo un gran éxito editorial en México, eso ya me petrimitió vivir de mis regalías, y a partir de entonces he vivido siempre escribiendo, con el intermedio de la embajada de París, que ocupé durante los dos últimos años.

<<El “Quijote” funda la literatura europea y nos enseña a leer de nuevo>>.



-¿Qué influencias más decisivas recibiste de tus padres?
-De mi padre una gran curiosidad, un gusto enorme por la lectura, y una gran afición al cine. Recuerdo como uno de los días más felices de mi vida aquel en que mi padre me llevó al cine (tenía yo unos 10 años y estábamos en Nueva York) para ver Citizen Kane de Orson Welles. En ese momento se abrió ante mis ojos un mundo y decidí ser novelista; entendí la relación entre el destino personal y la circunstancia histórica, que luego sería tema constante de todas mis novelas. Mi padre pertenecia a una familia de emigrantes alemanes y españoles, españoles de Canarias y de Murcia, y alemanes por parte de mi abuela, emigrados políticos, ya que mi abuelo había sido un socialista lasaliano alemán en oposición a Bismarck que decidió emigrar al Nuevo Mundo y fundó una plantación cafetalera en el estado de Veracruz. Mi madre no tenía la orientación liberal de mi padre, sino que es mucho más tradicionalista, católica, lo que siempre me creó un conflicto que agradezco, porque me enseñó una cosa muy importante, Joaquín, y es que solo se puede combatir lo que se ama, y se tiene que conocer lo que se combate por dentro para poder escribir sobre ello. De los dos recibí, sobre todo, mucho cariño.

-Naturalmente, la tuya fue una niñez sin problemas económicos.
-Desde luego, ninguno. Yo pertenezco a la alta burguesía mexicana.
-¿Y eso no te planteó algún condicionamiento de entrada para tu entendimiento del mundo?
 - Por supuesto, pertenecer a esa clase social, y además ser un mexicano que observaba a su país desde el extranjero, me permitió una perspectiva de la cual carecen los demás escritores de mi generación.



-¿Por eso irritó tanto La región más transparente?
-Si, fue un libro que molestó mucho y tuvo gran repercusión en México, porque yo podía ver a la ciudad de México y el fenómeno histórico mexicano con una distancia que no tenía mis contemporáneos. Era también el resultado de mi vida fuera del país lo que yo estaba viendo: Cárdenas, lo que pasó después de Cárdenas, llegar a una ciudad donde se burlaban de mí porque hablaba un poco como chileno o como argentino, y porque usaba las bombachas argentinas, porque no sabía los chistes mexicanos (las groserías, los albures, como se dice en México) …Todo eso me condicionó para tener una perspectiva muy peculiar frente al país, y frente al lenguaje del país.

-Tal voracidad de lector, que has confesado a veces, ¿te llevaba por caminos concretos?
-Yo creo que leí lo que todos los niños. Hay un amigo mío, Llerasi, que es hijo de un pintor español emigrado tras la guerra civil, que esta haciendo la biografia de Sartre. Él creció en los Estados Unidos, adonde se fue su padre, y una vez que salía de ver a Sartre me dijo: he empezado por pedirle que me dé la lista de los libros que leyó de niño y yo no conozco ni uno solo de estos libros. Dime tú que libros son…
-¿Y eran?
-Pues allí se hablaba, por ejemplo de Alejandro Dumas. Y es que cambian los libros de la infancia de una cultura a otra. Yo tuve la fortuna de compartir los libros de la infancia del mundo hispánico con los de la infancia del mundo anglosajón, y fui lector de Julio Verne, de Alejandro Dumas y de Robert Louis Stevenson.

-¿Cuándo empiezas a hallar en los libros el gusto de lo literario?
La más grande revelación literaria me ocurrió a los 12 años, cuando leí el Quijote por primera vez. Desde entocnes es un libro que leo todos los años sin falta. Cada semana santa le dedico a leer el Quijote.
-Sobre él has escrito bastantes páginas…
-Sí, porque no solamente creo que es el libro esencial de nuestra literatura, sino que es también la novela fundadora. Es la novela que funda la literatura europea, la narrativa europea moderna, y sigue siendo el libro más moderno que se ha escrito. Te he dicho que lo leo cada año, y  en cada nueva lectura he descubierto facetas y aspectos que antes no habían advertido.
-En tus lecturas sistemáticas de ese libro descubres también las intenciones cervantinas…
-Estoy seguro de que cualquier lector de Cervantes que se propusiera escribir un libro sobre Cervantes daría una riqueza de interpretación insospechada para todo lo demás, incluso para los profesores y cervantólogos con diploma. Es un libro para todos porque es un libro que nos enseña a leer de nuevo. Y ése fue el propósito inicial del libro: hacer una nueva lectura del mundo frente al mundo de la escolástica, que se dejaba atrás y frente al mundo tridentino de Felipe II. Y sigue siendo hoy un libro que nos enseña a leer de nuevo.

El cuadro sociopolítico del México en que me tocó crecer

-En esa época de tus años juveniles, ¿Cuál era el cuadro político mexicano?
-Yo nací el año del asesinato del presidente electo Álvaro obregón, gracias al cual se impuso el maximato de Plutarco Elías Calles como jefe máximo de la revolución, y la fundación del Partido Nacional Revolucionario que con el tiempo llegaría a ser el actual PRI (Partido Revolucionario Institucional).  En aquel momento la fase armada de la revolución mexicana había terminado, y se trataba de crear instituciones que permitiesen a la Revolución desaturnizarse, ya que la Revolución Mexicana (como toda revolución) tuvo su carácter satúrnico, devoró a sus propios hijos, proliferaron las facciones y los ejércitos privados, los grupos en guerra entre sí. El gran mérito de Calles fue demostrar al país que se necesitaba en ese momento una unidad revolucionaria frente a la amenaza exterior. Esta amenaza provenía de los Estados Unidos, que estaban en contra de la aplicación de la Constitución mexicana, y notablemente en contra del artículo 27, que preveía la nacionalización de las riquezas del subsuelo, y también en contra de la reforma agraria que afectaba a muchos intereses norteamericanos. Ese partido fundado por Calles ha seguido en el poder desde entonces. Pero Calles creó además una serie de instituciones fundamentales, entre ellas el Banco Nacional de México, y creó una política de infraestructura básica (carreteras, electrificación, sanidad, educación, etcétera), que fue el primer país del mundo subdesarrollado en diseñar y acometer. No obstante, Calles se dedicó posteriormente a hacer el poder detrás del trono y fue amainando en su actitud revolucionaria a medida que se iban enriqueciendo él y sus amigos y fueron cambiando las circunstancias internacionales, pero en esos momentos llegó al poder Lázaro Cárdenas, y fue quien le dio el impulso a la revolución mexicana. Llevó la reforma agraria a sus últimas consecuencias, y liberó totalmente el peonaje mexicano, lo convirtió en mano de obra barata para la industrialización de México, con lo cual sentó las bases de esa industrialización y nacionalizó el petróleo.
-Que estaba siendo explotado irracionalmente por compañías extranjeras…
-Tanto que las reservas mexicanas estaban agotándose… Al nacionalizar el petróleo, canalizó esa enorme fuerza hacia el país mismo, lo que permitió que el país se industrializara de forma veloz. En esa época que a mi me tocó de niño, la Revolución mexicana, un poco como el Japón después de la restauración de 1860, creó un estado nacional, que a su vez creó las clases sociales modernas, el estado revolucionario alfombró al país, lo amuebló, y después de la salida de Cárdenas lo ocupó la burguesía nacida al amparo de la reforma revolucionaria.

-Y a ti te tocó vivir el momento de esa nueva burguesía
-Una burguesía rapaz, poco ilustrada, egoísta, que estaba logrando una extraordinaria acumulación de capital con la teoría de que el capital al acumularse en la cima acaba por desparramarse hacia la base. Tal cosa no sucedió en México ni ha sucedido en parte alguna del mundo. Y ése era el cuadro político y social dentro del cual crecí, asumí, ví y describí notablemente en La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz, que son dos libros críticos sobre esta situación.

<<La Revolución permitió a México conocer su propio rostro>>

-La Revolución mexicana fue vista con simpatía por el mundo. Era una revolución que tenía un halo romántico…
-En efecto. Y yo añadiría que fue la revolución más revolucionaria, porque lo fue sobre todo en el aspecto cultural, entendiendo a la cultura en su aspecto profundo de los lazos hondos que unen a una sociedad. Tú sabes que cuando Cortés se presentó ante Carlos V, el emperador le preguntó: ¿y cómo es ese país que ha conquistado usted?  Y Cortés no dijo una palabra, agarró un papel, lo hizo bola, y se lo puso en la mesa al emperador. Así le mostraba lo que era México: un país de una orografía impresionante, de abismos, picos, aislamiento en una palabra, y que en virtud de estas dificultades de la comunicación geográfica creció como un país de aislamientos, de compartimentos estancos. Hace tres o cuatro años, regiones indígenas del estado de Jalisco, donde viven los indios güicholes, unos artesanos maravillosos y aterrizamos en un campo de aviación junto al cual había un enorme barranco, un gigantesco abismo, tan hondo como el Cañón del Colorado, que es el Cañón del río Santiago en Jalisco. Del lado en que aterrizábamos nos recibían sus jefes indígenas; del otro lado del barranco estaban los jefes indígenas de otro pueblo haciendo señas. Los del pueblo al que llegamos nos dicen: llevamos siglos y siglos de vernos, pero nada más que vernos, pero nunca nos hemos hablado ni hemos estado cerca, siempre nos separa este abismo, un abismo que sin duda no era solo físico, sino también cultural. Y entonces el presidente mandó su avión para que los jefes de un pueblo fueran al otro y por fin se pudieran dar las manos. Y éste es el sentido más profundo de la Revolución Mexicana: la ruptura del aislamiento que existía entre los mexicanos. Porque lo cierto es que los mexicanos no se conocían entre sí. Y lo hicieron gracias a la Revolución, en el sentido de las grandes cabalgatas de Pancho Villa, que venía desde el norte, y de las de Zapata, que venían desde el sur, para encontrarse ambos en la Ciudad de México. Y esas gentes acarreaban canciones, colores, lenguajes, modos de hablar, modos de amar, modos de comer, modos de llorar, modos de odiar, que finalmente se juntaron, se fundieron, y permitieron a México conocerse, revelar su propio rostro. Y voy a contarte una anécdota muy significativa a este respecto: cuando las fuerzas de Zapata, que venían del estado de Morelos, ocuparon la ciudad de México en 1915, los peones, con carrilleras, y fusiles, y grandes sombreros de palma, fueron acuartelados en los viejos hoteles particulares, en las viejas mansiones del porfiriato, de la aristocracia del antiguo régimen. Descubrieron un lujo que desconocían: grandes arañas, escaleras maravillosas, pisos de mármol, pero sobre todo descubrieron espejos de cuerpo entero con marco dorado. Entonces arrojaron sus fusiles y se dedicaron a verse en los espejos, porque aquella era la primera vez que se veían, jamás se habían visto antes, ni sabían cómo eran, y estaban allí reunidos y diciéndose: <<Mira, soy yo>>, <<ése eres tú>>, y finalmente: <<somos nosotros>>…Es decir, que la Revolución permitió a México descubrir su rostro, permitió descubrir su <<nosotros>>, y ésta es la gran vitalidad de la Revolución mexicana, a pesar de todas las <<traiciones>>, las claudicaciones…es un hecho cultural, histórico, sumamente profundo, que sigue latiendo en el centro del país en sus entrañas ¡y guay del que se desvíe demasiado de esa consciencia revolucionaria, porque el país si tiene consciencia y sabrá responder!  

-¿Y adonde quiere ir la Revolución Mexicana?>>
-Tiene ahora problemas nuevos. Es una crisis total de sistema o modo operatorio. En 1968, gracias al movimiento estudiantil, que fue también un despertar del país amodorrado por el desarrollismo económico, se vio que México no tenía respuestas a un desafío social y político de la juventud y de grandes capas de la clase media y de la clase proletaria. Sólo supo responder con el crimen, con la matanza del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, en la plaza de las Tres Culturas. La respuesta política vino más tarde con el presidente Luis Echevarría, quien hizo una apertura democrática con el propósito de que las fuerzas sociales y políticas se sintieran libres para actuar, para expresarse y para criticar, y sobre todo con un ánimo dispuesto a la autocrítica y al señalamiento de los problemas nacionales. Echevarría corrió el enorme riesgo de que se le acusara de crear problemas…problemas que a veces datan del tiempo de los aztecas…o incluso de la colonia española, o del 15, el 17, el 39, tanto da, puesto que eran problemas endémicos, muy viejos, que él puso de relieve. Y nos dijo estas cosas tremendas pero evidentes: el país sufría una explosión demográfica incontenible; el desempleo escalaba cotas muy altas; la su producción era más que preocupante; la riqueza estaba muy injustamente repartida…Y sólo mediante la apertura de los canales de comunicación social a efecto de los problemas surgieran y de paso se discutieran, se podría llegar a las soluciones. Creo que por todos estos motivos fue muy interesante la etapa que inició Echevarría, y por esa razón yo le presté mi ayuda, pues sentí que las críticas que yo había hecho en mis libros coincidían a otro nivel (a un nivel político) con el esfuerzo que realizaba Luis Echevarría.

<<Aquellos conquistadores rudos se llevaban nuestro oro, y nos dejaban su oro: la lengua>>

-Desde la perspectiva que dan los años, ¿Cómo ve el mexicano moderno la época de la conquista y de la colonia?
-La historia tiende a tomar caminos maniqueos con mucha facilidad, lo sabes tú y lo sé yo. En México se procedió a la exaltación exagerada de los vencidos, la exaltación de los valores indígenas frente a los valores españoles. Es una aberración histórica, pero que tenía sentido en mi país, porque tendía a revalorizar el mundo indígena, a rescatarlo de su postración. Es significativo que en México hay una estatua de Cuahtémoc, el último emperador azteca vencido, y no hay ninguna de Hernan Cortés. Fíjate que en Lima hay una estatua de Pizarro, y que en Perú ha habido una oligarquía que durante siglos se ha perpetuado en el poder, descendientes todos de los capitanes de Pizarro, de los conquistadores en suma.  En cambio en México, que ha sido un país de transtornos violentos, en el que ninguna clase dirigente ha podido mantenerse como tal y las aristocracias han sido barridas cada cuarenta o cincuenta años del poder por insurgencias populares volcánicas, era natural que se valorizara la herencia indígena por encima del a herencia española para darle razón al vencido. Incluso Porfirio Díaz, nuestro dictador de principios de siglo, lo decía de una manera bastante jocosa. Decía: <<Al niño hay que darle la razón aunque no la tenga>>. Es verdad que había demagogia en esto, pero también había un lado humano: al vencido es al que hay que proteger. Y esta corriente se desbordó en aspectos maniqueos, como por ejemplo los murales de Diego Rivera, en los que aparece Cortés como una especie de monstruo, parece el enano calabacillas, es un bufón de corte, jorobado, con las rodillas hinchadas, sifilítico…¡un horror! Y sabemos perfectamente que no era así. También aparece Alvarado siempre poniéndoles el fuego rojo a las indias en la frente, en una especie de maniqueísmo a la western, de buenos y malos, españoles malos e indios buenos…Y ha tenido que pasar mucho tiempo, ha tenido que pasar la guerra civil y la emigración (que nos trajo a los mejores hombres de España), para que México acabe por entender que tenemos dos herencias, y que hay que asumirlas y decantarlas, que hay aspectos negativos y positivos en ambas herencias, y en esto también se le debe mucho al presidente Echevarría, que fue el primer presidente meixcano en insistir en que descendemos de indios y de españoles, y que nuestra herencia española es valiosísima y no podemos echarla por la borda.

-En ese sentido, Octavio Paz ha influido grandemente…
-Ha sido sumamente útil, porque es el primer gran poeta mexicano que, siendo además un gran ensayista, entra a fondo en el estudio de esos tres siglos de nuestro silencio histórico, que son los siglos de la colonia, sobre los cuales casi nada se sabe, sobre los cuales casi nada se ha escrito, y en los que la Inquisición, la lejanía, y una serie de factores le impusieron silencio a México y a sus escritores. Sor Juana Inés de la Cruz es un ejemplo evidente. Y estamos en trance de recuperar todo esto. Yo creo que no hay una página escrita más hermosa sobre el problema que estás planteando que la que Neruda dedica en sus memorias a la lengua española, y habla de estos conquistadores rudos que se lo llevaban todo, pero que también nos lo dejaban todo. Se llevaban nuestro oro, y nos dejaban su oro, su lengua.

<<A mí no me interesa agradar al lector y tenerlo adormecido>>

-En 1955 fundaste la Revista Nacional de Literatura, en cuyos artículos editoriales expusiste siempre la convicción de que la disciplina es el nombre cotidiano de la creación.

- En todos nuestros países hay una tendencia a que la vida literaria oscile entre el café y la academia, y hemos sido testigos de tantas generaciones de escritores que por falta de emulación o por provincianismo terminan perdidas en las oficinas públicas y en las cantinas. Yo siempre supe desde niño, y lo supe por Reyes y Pedroso, que sin dsiciplina no hay obra literaria. Hay que levantarse todos los días y sentarse en la máquina de escribir tanto si llueve como si truena. No llego al extremo de decir que caminaría sobre el cadáver de mi abuelita para escribir un libro como un personaje del Watergate, pero sí diría que nada debe impedir que el escritor se siente y trabaje diariamente. Porque de otro modo no se escriben los libros, y el escritor se queda en promesa, demasiadas promesas y muy pocas realizaciones. El mundo hispanoamericano es un mundo de promesas excesivas que no llegan a realizarse. Afortunadamente hay una generación de escritores hispanoamericanos que entendieron el problema de la disciplina como esencial para la creación literaria, y tanto nosotros como los que nos precedieron inmediatamente, y hablo de los padres de la literatura moderna de la América Latina, como son Borges, Carpentier u Onetti, todos hemos tenido una consciencia muy clara de que no somos la culminación de nada, sino el principio de algo. Nuestra literatura sigue siendo sumamente pobre en comparación con el cuerpo riquísimo de la literatura inglesa, o alemana, o francesa, pero hay que empezar y hay que empezar con una lección de disciplina, de integridad, de probidad en la creación del lenguaje, del ejercicio de la imaginación, para sentar los cimientos de lo que puede ser una gran literatura del futuro.
-¿Escribes con la misma facilidad en inglés que en castellano?
-Sí, pero me abstengo de hacerlo en inglés.
-Alguna novela y algunos artículos habías escrito en inglés…
-Pero me di cuenta de que no tiene chiste, de que no vale la pena ser un escritor más de lengua inglesa, que es una lengua que se basta a sí misma, de una riqueza salvaje. No hay lengua con una literatura más rica en estos momentos. No hay un lenguaje más liberado y más capaz de metamorfosearse, de nutrirse a sí mismo, de explotar, de morir, de renacer, que la lengua inglesa. De manera que me pareció mucho más  interesante plantearme los problemas de la creación frente a la lengua castellana, una lengua sometida, depauperada, metida en toda clase de corsés morales, políticos y religiosos. Esto representaba un desafío. Y además, yo creo que uno escribe en la lengua en que sueña y ama e incluso insulta. Tenemos la experiencia de que nos insultan en inglés o en francés y el insulto nos pasa como aire; nos insultan en español y respondemos.

-Tu respuesta a este reto es amplia y fecunda: el lenguaje experimenta cambios asombrosos, se producen distorsiones…
-Déjame que te diga cosas sumamente concretas de mi quehacer y el de muchos compañeros hispanoamericanos, ahora ya sin teorizar en absoluto. Se nos ha acusado de jugar con el idioma, de teorizar en absoluto. Se nos ha acusado de jugar con el idioma, de romperlo, de desquiciarlo de una manera gratuita, no experimental. No es cierto, Joaquín, porque para mí el lenguaje es la expresión de algo y el sostén de algo: el lenguaje sostiene al poder, el lenguaje es la cultura, es comunicación es memoria, es olvido. Para mí, el hecho de escribir novelas está íntimamente ligado al acto de la memoria. Hay muchas maneras de la memoria: hay una manera que es la de Proust, que es la memoria de la memoria, un hombre que quiere recordar; hay otra manera que es la de Kafka, la memoria del olvido: Kafka se está recordando que quiere olvidar. Para mí el problema como hispanoamericano es recordar todo lo no dicho por la historia; es rescatar del silencio de casi cuatro siglos de nuestra historia, pues creo de la manera más profunda que un individuo (o un pueblo) sin un pasado vivo no puede tener un presente vivo ni un futuro viable. Éste es para mí el papel que juega el lenguaje: ser el vehículo mismo de este acarreo, de este rescate o salvación de la mentira y del olvido. Esa considero que es la tarea principal mía como novelista…y de muchos amigos y colegas míos.

-Es una manera de obligar al lector…
-Y al crítico también, si es que el crítico es lector. Hay que obligarles a darse cuenta de que la palabra no puede seguir siendo como antes. Esta palabra que estoy distorsionando se ha convertido en una moneda gastada, y hay que troquelarla de nuevo, para que pueda volver a circular y a significar algo. Lo que estoy haciendo es llamar la atención del lector, haciéndole detenerse, incluso mediante una injuria o una bofetada, a reflexionar sobre la palabra o la frase que está leyendo, y que no la pase por alto, lo cual nos conduce a una manera especial de concebir la relación novelista-lector, y la única relación que yo concibo es la de una pugna: a mí no me interesa agradarles al lector y tenerlo adormecido.
-Lo que tú haces es provocarle abiertamente
-¡Bastante adormecido estaba! Y si los medios de adormecimiento abundan en el mundo actual, ¿por qué voy a añadir yo un elemento hipnótico más? Al contrario, yo quiero sacudir al lector, sacarlo de su modorra, ayudarlo a escribir la novela conmigo. Y en esto debo señalar la influencia de mi amistad con Buñuel, porque yo creo que fue él quien directamente me enseñó esa lección a través del trato personal y de sus películas, que son todas películas abiertas, en que finalmente la solución queda en manos del espectador.

<<Hernán Cortés es el hombre más importante de México y hay que rescatarlo de la ignominia con que ha sido cubierto>>



-Hablemos de tus libros: Los días enmascarados trataban de dar validez al tema mitológico. De La Región más transparente hemos hablado antes. Las buenas consciencias es en cierto modo una novela anglosajona.
-Es mi homenaje a Pérez Galdós. Hasta aparecen personajes de Fortunata y Jacinta.
-La Muerte de Artemio Cruz la empezaste en Cuba, desde la perspectiva de la Revolución Cubana y es una novela política…
-La novela de un hombre que surgió con la Revolución y que narra la historia desde su lecho de muerte. Y en su agonía se desdobla en tres: hay un <<yo>>, un <<tu>> y un <<él>>.
-Pasado, presente y futuro. Las técnicas de Carlos Fuentes empiezan a ser más complejas y nos da tres planos distintos. Aura es una novela casi gemela de La Muerte de Artemio Cruz.
La escribí como un respiro de la otra, y ambas se refieren a Artemio Cruz. La primera se refiere a una muerte disfrazada de vida, y Aura a una vida disfrazada de muerte.
-Aura es una muchacha que vive con una vieja excéntrica en un caserón casi en ruinas…
-Y llegas tú, y tú entras, tú llamas a la puerta…sí, eres tú, el lector; quien se enamora de la joven (NOTA: SPOILER) y al final descubre que la joven es una emanación de la vieja, a la cual la presencia de él le ha dado una apariencia de juventud, pero cuando ese amor se va agotando vuelve a ser la vieja, no es más que la vieja, y él permanece prisionero de la vieja para siempre.



-¿Ese <<tú>> soy yo, o se trata de un <<tú>> abstracto?
- Es el tú más concreto del mundo. Es el que tiene el libro manos, es el tú del espectador que está viendo Las meninas.
-Es un intento verdaderamente audaz de que el lector esté dentro de la historia.
-Eso lo inventó Velásquez y está en el Prado.
-Sí, pero no en la narrativa. Sigue luego Cantar de Ciegos, cuentos en los que te refieres a la vieja creencia de que los ciegos son videntes, adivinos, autorizados a leer en el futuro…
-¡Ahí tienes a Homero y a Borges!...
-Cambio de piel presenta al lector un proyecto más ambicioso que todos los anteriores: un mapa del inconsciente mexicano. Cuatro personajes muy diversos parecen hacer un viaje por la carretera de México a Cholula, sin llegar jamás a Cholula. ¿Cuántos planos se mezclan en esta novela?
-Hay muchos, pero son sobre todo planos culturales, que finalmente se resuelven en uno solo: el plano de la historia.
-Los críticos han dicho que es tu mejor obra.
-Creo que un escritor escribe una sola obra con distintos capítulos. Y aún podría ir más allá y diría repitiendo una observación de mi amigo García Márquez que en realidad en América Latina estamos escribiendo una sola novela con distintos capítulos: en Cuba escribe un capítulo Alejo Carpentier; en Argentina, Julio Cortázar; en Perú, Vargas Llosa…

-En Zona sagrada hay una visión personal de un joven obsesionado por la personalidad mítica de su madre, famosa estrella de cine. Y luego aparece este tremendo libro, Terra Nostra, del que Antonio Tovar ha escrito que trata poco generosamente a España.
-¡No es cierto! En absoluto. Tomo uno de los personajes de la leyenda negra española, que es Felipe II, para demostrar que este hombre no pertenece totalmente al mundo de las tinieblas, sino también en gran medida al mundo de la luz. Eso no me parece una actitud poco generosa, ni mucho menos.
-La novela gira en torno a tres fechas decisivas: 1521, derrota de los comuneros; 1492, descubrimiento de América; 1598, muerte de Felipe II. Son tres fechas simbólicas que corresponden a las tres partes del libro: el viejo mundo, el mundo nuevo y el otro mundo. Un joven blanco llega a América, huyendo de España, convertida en viejo mundo por voluntad de Felipe II y va a fundar un mundo nuevo. El hombre blanco acaba con el mundo ritual americano, pero la colonización americana acabará con el viejo mundo de la monarquía universal.
-Lo que pasa, Joaquín, es que ese peregrino en tierras de Indias busca una utopía. Claro que me salto a la torera las fechas históricas, porque el descubrimiento de América en Terra nostra tiene lugar durante el reinado de Felipe II, y he tratado de reunir allí, en un Escorial de la imaginación a todos los Austrias coexistiendo en el mismo espacio y en el mismo tiempo. Hay una abolición del tiempo histórico real a fin de darle una intensidad mayor a una serie de eventos históricos que suceden casi al mismo tiempo. Y el peregrino en tierras de América se encuentra, al enfrentarse a la teocracia azteca, con un régimen tan opresivo como el régimen del viejo mundo que abandonó.
-Es un esfuerzo colosal, un ejercicio de estilo impresionante, en el que se nos da una concepción enteramente novedosa de lo que es el fenómeno de la conquista…
-Ahora devolvemos las carabelas…
-Afortunadamente, son de ida y vuelta.
-Las naves se quemaron una sola vez…pero no se quemaron realmente nunca.

-¿Qué memoria queda en México de Hernán Cortés?
-Creo que Hernán Cortés es el hombre más importante de México, pero hay que rescatarlo de la ignominia con que ha sido descubierto…
-Ha sido una maniobra digamos natural…
-Porque fue el gran vencedor. Pero en verdad yo pienso que Cortés era un derrotado: por la Corona y por la Iglesia. Cortés representaba la promesa de modernidad de España que fue aplastada por Carlos V en Villabar al derrotar los comuneros. Y es muy significativo que la derrota de la revolución comunera de Castilla que tiene lugar en Villalar en 1521 ocurre el mismo año de la caída de Tenochtitlán en manos de Cortés, es decir, que España era en la Edad Media, y a principios del siglo XVI, el país más democrático de Europa sin duda alguna. Y se convierte en una nación de régimen vertical y autoritario gracias a la restauración del imperio vertical por Carlos V que interrumpe todo ese gran proceso de democratización española: fueros, vida municipal libre, garantías, etc. Y en lugar de la teocracia vertical azteca, lo que Carlos V impone es una teocracia vertical de los Austrias. Aquel experimento democrático avanzado que pudo haber cambiado totalmente la ruta política de la América española fue frustrado en ese momento y con eso se frustró también la personalidad de Hernán Cortés, que representaba a esos hombres nuevos salidos de las pequeñas ciudades de Extremadura, Castilla y Andalucía, que eran hijos de molineros, de porquerizos, de agricultores, que fueron los verdaderamente derrotados.
-Y que eran probablemente los que iban por delante en la España de su tiempo…
-Sí, detrás ya solo vinieron los tinterillos, los licenciados.
-Es impresionante también la historia de amor de Cortés
-Apasionante. Y esencial para entender la historia de México, porque el peor insulto que hay en México es hijo de la Malinche, hijo de la chingada, el hijo de la mujer violada, el bastardo…Y México siempre se ha sentido como un país huérfano, un país sin padre, porque el conquistador Hernán Cortés tuvo este hijo natural, violó a la mujer nativa y luego la abandonó…Y la gran respuesta política de la colonia española, concretamente del arzobispo de México, Zumárraga, fue crearle una Madre a los mexicanos: la Virgen de Guadalupe. En ello se puede estar en desacuerdo, pero hasta los comunistas son guadalupanos. Es el símbolo de nuestra maternidad pura, es la anti-Malinche, sustituimos a la Malinche por la Virgen de Guadalupe, y al papá ausente, Hernán Cortés, por el señor presidente de la República.

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