viernes, 13 de enero de 2012

Dos artículos de Alfredo Iriarte

Hoy extraigo en esta entrada, dos artículos escritos por Alfredo Iriarte y recogidos en el libro “Lo que lengua mortal decir no pudo", invitándolos con ello, a que lean más de este prolífico pensador y escritor.

UNA ESTRELLA MÁS EN LA BANDERA



Para nadie es un secreto que el imperio norteamericano, que empezó modestamente con las trece colonias en 1776, creció hasta alcanzar las impresionantes de hogaño sin reparar mucho en la licitud de los medios, con el sabio expediente de trocar los escrúpulos de conciencia por el <<Destino Manifiesto>>. Igualmente sabido es que en cada caso los medios fueron diferentes y que en  cada caso se aplicó el más aconsejable. Por ejemplo: para mutilar medio México y hacer de él parte de la Unión, Estados Unidos emprendió una brutal guerra de agresión. Sin embargo, Lousiana fue comprada a Francia sin que nadie tuviera que morir para ello. 

El general Jackson ocupó la Florida y España la <<cedió>>. Claro que en la expedición de Jackson los muertos fueron indios seminoles. Este prócer norteamericano fue uno de los más aguerridos exterminadores de indios. Por eso es uno de los padres de la patria elegidos para ornamentar billetes con su efigie. En la Florida estuvo Jackson singularmente eficaz. Los pocos descendientes que hoy quedan de los seminoles luchan con cocodrilos en repugnantes escenas circenses para solaz de los turistas.
Alaska fue comprada al régimen zarista y Hawai ocupada en el proceso de expansión al oeste del Pacifico. El occidente del país fue ganado en guerras en las que el civilizador WASP (White, Anglo Saxon, Protestant) diezmó a los pueblos bárbaros, que no hablaban inglés, usaban plumas, tenían tez cobriza y defendían sus tierras.

Cuba, Puerto Rico, Panamá, Honduras, Nicaragua, Santo Domingo, Haití…El coto privado de los marines…El Caribe es el Mare Nostrum de los Estados Unidos, había dicho Teodoro Roosevelt.
Depredación, etnocidio, compraventa, ocupación. Todos los medios fueron permisibles siempre que condujeran a colocar más estrellas en la bandera nacional. Hubo, sin embargo, uno en el que nunca pensaron los gringos, acaso porque, pensándolo bien, es ciertamente insólito: que una joven república suramericana endeudada y mendicante se ofreciera espontáneamente para aumentar la rutilante constelación. Pues bien: eso ocurrió, esa joven nación fue Colombia y quien propuso formalmente su anexión a los Estados Unidos fue su presidente constitucional el doctor Mariano Ospina Rodríguez, cofundador del Partido Conservador y grande de la patria, además de haber engendrado una copiosa progenie de presidentes.

El 10 de julio de 1857, el presidente Ospina dirigió a su copartidario el general Pedro Alcántara Herrán, a la sazón ministro de Colombia en Washington, este histórico mensaje:

Me permito llamar otra vez la atención de usted sobre este punto: ¿Qué inconveniente le resultaría a la Nueva Granada de anexarse a la Unión Americana? La Unión estaría dispuesta a aceptar la anexión. Todos los hombres que tienen sentido común han empezado a preguntarse: siendo cierto que estos países van a ser absorbidos por la Confederación del Norte, ¿por qué no se hace de una vez aquella operación pacíficamente?

Mucho se ha hablado y escrito entre nosotros de estas plutocracias latinoamericanas serviles, genuflexas y venales que jamás han vacilado en traficar con la soberanía nacional a trueque de los mendrugos que les arroja el amo de turno. Pero yo estoy seguro de que ni en la más delirante imaginación de ninguno de estos lacayos llegó a caber la idea de entregar un país entero. Ellos siempre han enajenado riquezas, derechos, dignidad, trozos de tierra. Pero a ninguno se le ocurrió jamás <<salir del paso>> en forma tan expedita. El doctor Ospina Rodríguez les ganó a todos. Si su antecesor Mallarino planteó la venta de buena parte de la nación, él no podía quedarse atrás. Él no se puso con timideces de pedacitos ni de entregas parciales. El país entero o nada.

Lo cierto fue que los fámulos golpearon a la puerta y los caimacanes no respondieron. ¿Por qué? No lo sé. Desde luego que debieron de tener razones muy sólidas. Una de ellas pudo ser que entonces no habían inventado aún la novedosa figura del <<Estado libre asociado>> en virtud del cual es posible crear una curiosa especie de sub-gringos que, siendo <<American Citizens>>, padecen la capitis diminutio de pertenecer a razas inferiores y mestizas. Otra pudo ser que los arúspices de Washington ya entonces vislumbraban las ventajas que les ofrecían las neocolonias.

En todo caso, aquí el propósito no es discutir la actitud de Washington ante la abyecta oferta sino la oferta en sí, que difícilmente puede encontrar paralelo en la secular historia de infamias que, como dice Eduardo Galeano, va de Hernán Cortés a los funcionarios del BID, pasando por los infames de marina.
Cabe, pues, al ilustre fundador de uno de nuestros grandes partidos tradicionales el singular honor de haber sido un egregio paradigma de todos los vendepatrias que en el continente han sido desde la Independencia hasta nuestros días y desde el río Bravo hasta el estrecho de Magallanes.

 EL MULTIMUEBLE POÉTICO



Hace ya muchos años que la figura prócera del doctor Núñez, altísimo poeta y regenerador de iguales dimensiones, viene siendo blanco de los vituperios de leguaraces y envidiosos, en su doble condición de salvador de la República zarandeada por la anarquía y cifra suprema de la poesía colombiana. 
En estas líneas voy a referirme exclusivamente a la personalidad lírica del ilustre cartagenero y a demostrar fácilmente la inanidad y la injusticia de los ataques con que sus detractores han pretendido ensombrecer su obra poética.

Yo estoy convencido de que, si bien la opera omnia del portalira –regenerador—<<no tiene presa mala>>, el poema que sobresale dentro de su conjunto con dimensiones colosales es el que se convirtió en la letra de nuestro glorioso himno patrio, a cuyos acordes marciales se ponen de pies millones de colombianos, que precede a las peroratas presidenciales y clausura las emisiones diarias de las radiodifusoras y los canales de televisión.

En las estrofas vibrantes del himno de la patria amada brilla con esplendor inusitado el genio poético del felibre –regenerador—. Su concepción es audaz y revolucionaria y sus tropos y metáforas plenos de belleza, así les pese a los estólidos que han llegado a la desvergüenza de llamar cursis y ramplones los versos del himno con que aprendimos, de niños, a amar a la tierra de nuestros lares y penates.

Y ahora, concrétemonos a la magna revolución poética que representa el himno del doctor Núñez. Ella consiste en el genial hallazgo de que la poesía puede componerse con piezas intercambiables, a manera de prodigioso multimueble lirico. En otras palabras, el rapsoda nos da un poema matriz con cuyos versos, alterando su colocación, pueden elaborarse otros poemas en número casi infinito. Veamos, pues, el resultado de una de esas operaciones de ingeniería poética, que fue posible solamente gracias al luminoso genio literario de quien no fue menos diestro en las piruetas líricas que en las políticas:

—I—
La Virgen sus cabellos
Termópilas brotando
Mortal el viento hallando
Arranca en agonía.
Si el sol alumbra a todos
A orillas del Caribe,
En su expansivo empuje
Los cuelga del ciprés.

—II—
Constelación de cíclopes
Se colma de despojos;
En átomos volando
Cesó la horrible noche
Con cada espiga un héroe
Hambriento un pueblo lucha
De Boyacá en los campos
Que riega dos océanos
—III—

 Ricaurte en San Mateo
Se baña en sangre de héroes;
Debajo de laureles
Seguridad buscó;
Espadas cual centellas
Bendicen su pasión
Porque el viril aliento
Desprecia su virtud

—IV—
La humanidad entera
Lamenta su esperanza;
La abnegación es mucha
De su invencible luz.
Centauros indomables
Ganaron la victoria;
De sangre y llanto un río
Circunda su alba tez.

—V—

En surcos de dolores
Bolívar cruza el Andes
Que cubre losa fría;
Pero este gran principio
Resuena, y los que sufren
Descienden a los llanos,
Horrores prefiriendo
A pérfida salud.

—VI—

Independencia grita.
Nariño predicando.
<<el rey no es soberano>>
Con llamas escribió.
La humanidad entera
Derrama las auroras
Y de su amor viuda
Se mira allí correr.


Imagenes tomadas de:
-http://www.semana.com/photos/%5C1403%5CImgArticulo_T1_60712_2009321_175934.jpg
-http://mas.lne.es/fotos/img/2008/2/228/30271278647a76491cfb232.96008667-4.jpg

3 comentarios:

  1. ¿Cómo consigo el libro Lo Que Lengua Mortal Decir No Pudo? ¿Dónde lo venden?

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    Respuestas
    1. Es fácil de conseguir en cualquier librería de Colombia. O sino puedes ir a sacarlo de la biblioteca Luis Ángel Arango. O si vives fuera de Bogotá te inscribes a la red de biblioteca y puedes pedir a la Luis Ángel. Saludos.

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